martes, 30 de enero de 2007

Cristeros y Mártires de la Cruzada

Los Mártires de la Cristiada de México y de la Cruzada de España, hermanos en la Fe y de la Hispanidad contra la Revolución


El Sagrado Corazón de Jesús, siempre presente en las Banderas de los Cristeros y en las de los Requetés carlistas

Oración por la Hispanidad

¡Oh Dios! Que para vergüenza de los cobardes, confusión de los perseguidores y enseñanza de los ignorantes, Os habéis dignado suscitar en tiempos de de cobardía, de persecución e ignorancia, modelos de valor, heroísmo y doctrina; concedednos el triunfo absoluto de Cristo Rey en el suelo mexicano, en el español y en el de toda la Hispanidad de ambas orillas de la Mar Océana, como lo anhelaban el Beato Anacleto González Flores y sus ocho compañeros beatos de la Cruzada Cristera de México junto con el Beato José Aparicio Sanz y 232 compañeros mártires de la Cruzada de España.

Dignaos así mismo declarar al mundo por medio de nuestra Santa Madre Iglesia Católica Romana, que la muerte de los que por la Santa Causa sucumbieron, fue testimonio de la Santa Fe que hasta el último instante profesaron. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Junto a Nuestro Señor Jesucristo, está Su Madre la Virgen, Santa María Reina, presente en los corazones y las casas de los Cristeros y de los Carlistas, pero también en sus Banderas

La Cristiada de México

[Para escuchar el corrido mexicano El martes me fusilan, interpretado por Vicente Fernández pulsa aquí]

La gloriosa Gesta Cristera ha sido ignorada sistemáticamente por la historia oficial mundialista por espacio de siete décadas, actualmente se le ha tomado más en cuenta, porque la verdad no puede mantenerse oculta todo el tiempo. Desde el año 2002, el Centro de Estudios Cristeros “Anacleto González Flores”, de la prestigiosa Universidad Autónoma de Guadalajara, está trabajando en dar a conocer a los gloriosos Cristeros, y al cual agradecemos profundamente el material que ofrece en su portal.

Cuando se habla de La Cristiada, muchos inmediatamente piensan únicamente en el conflicto que se dio entre la Iglesia y el Estado mexicano entre 1926 y 1929, pero no toman en cuenta que este conflicto tiene su antecedente más próximo en la Revolución, en su episodio carrancista de 1914 y que sus consecuencias alcanzan hasta el año 1940, con el fin de lo que se llamó La Segunda Cristiada.

El P. Francisco Vera en el momento de ser fusilado (esta fotografía la mandaron sacar los militares)

Esta Guerra de Religión que los poderes del averno instigaron y avivaron, fue una lucha desigual contra un poder estatal, prepotente constituida por la aglomeración que formaban de un lado: el ejército regular, las fuerzas judío-masónicas, el protestantismo de sus vecinos del Norte y el considerable auxilio de esa gran potencia, favorable a los perseguidores del Catolicismo; del otro, un pueblo inerme, cuyos únicos poderes imponderables se limitaban a la audacia y bravura que en ellos producía el profundo y vital amor que profesaban a su Fe católica, y una confianza inconmovible en la protección de Dios y de su veneradísima Patrona, la Virgen de Guadalupe.

Santa Misa de Campaña en Campamento Cristero

«Todos los Cristeros a quienes se hacía prisioneros eran pasados por las armas. La pena de muerte era también el castigo de quienes ayudaban a los rebeldes, de los que propalaban falsas noticias, y hasta de los que hacían bautizar a sus hijos, asistían a las Misas clandestinas o se casaban por la Iglesia. Los civiles sucumbieron en más de una ocasión, víctimas de matanzas colectivas. En Tenanzingo todos los lunes había fusilamientos y muertes en la horca, en público. Como los turistas norteamericanos denuncian en la prensa la presencia de ahorcados en los postes telegráficos a lo largo de las vías férreas y de las carreteras».

Cristeros ahorcados en los postes telegráficos a lo largo del ferrocarril en Zapotlán el Grande

«La tortura se practicaba sistemáticamente, no solo para obtener informes, sino también para hacer que durara el suplicio, para obligar a los católicos a renegar de su Fe y para castigarlos eficazmente, ya que la muerte no bastaba para asustarlos. Caminar con las plantas de los pies en carne viva, ser degollado, quemado, deshuesado, descuartizado vivo, colgado de los pulgares, estrangulado, electrocutado, quemado por partes con soplete, sometido a la tortura del potro, de los borceguíes, del embudo, de la cuerda, ser arrastrado por caballos... Todo esto era lo que esperaba a quienes caían en manos de los federales». (Jean Meyer, La Cristiada, tomo III, págs. 251-252).

Exhibición del cadáver de un Mártir Cristero

¿Por qué tanta ferocidad y atrocidad contra el pueblo sencillo que se resistía a dejar de ser católico? Emilio Portes Gil, presidente de México, en su Discurso pronunciado ante los líderes de la Masonería (27 de julio de 1929), tras la firma de los Arreglos que pusieron fin al Levantamiento Cristero, nos proporciona la respuesta, y deja claro que la persecución al clero y pueblo católicos, a la Iglesia, “dura veinte siglos... y es eterna”, fue ejecutada por la Masonería para implantar sus principios anticatólicos:

«Venerables hermanos: Mientras el clero fue rebelde a las instituciones y leyes del gobierno de la República, estuve en el deber de combatirlo como se hiciese necesario... ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al Estado y ha declarado sin tapujos que se somete estrictamente a las leyes...

La lucha no se inicia, la lucha es eterna. La lucha se inició hace veinte siglos. De suerte, pues, que no hay que espantarse: lo que debemos hacer es estar en nuestro nuevo puesto, no caer en el vicio en que cayeron los gobiernos anteriores... que tolerancia tras tolerancia, y contemplación tras contemplación, los condujo a la anulación absoluta de nuestra legislación. Lo que hay que hacer, pues es estar vigilantes. Los gobernantes y los funcionarios públicos, celosos de cumplir la ley y de hacer que se cumpla. Y mientras esté yo en el gobierno, ante la Masonería yo protesto que seré celoso de que las leyes de México, las leyes constitucionales que garantizan plenamente la conciencia libre, pero que someten a los ministros de las religiones a un régimen determinado; yo protesto, digo, ante la Masonería que mientras yo esté en el gobierno se cumplirá estrictamente con la legislación.

En México, el Estado y la Masonería en los últimos años han sido una misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el poder han sabido siempre solidarizarse con los principios revolucionarios de la Masonería».

Soldado federal con dos cabezas de Mártires Cristeros

La ferocidad y las atrocidades cometidas por las fuerzas callistas, durante aquella persecución religiosa son algo inaudito y monstruoso, o diríamos, satánico, que en los tiempos modernos sólo encuentran semejantes en la URSS y en el bando rojo de la Cruzada Española de 1936–1939.

No es livianamente que atribuimos a la acción de Maligno, al satánico, mucho de lo que ocurre. Hoy es reconocido por las mayores autoridades religiosas en el mundo la acción frecuente y muy activa de Satanás, como aparece claramente en algunas sectas actuales que actúan a la luz del día, y que están causando serias preocupaciones a los observadores de esos movimientos y hasta a las autoridades públicas.

La última prueba de la Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica, 675.677)

675 «Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18,8; Mt 24,12)».

Lc 18,8: «Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».

Mt 24,12: «Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará».

«La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21,12; Io 15,19-20) desvelará el “Misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad».

Lc 21,12: «Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre».

Io 15,19-20: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque Yo al elegiros Os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que Os he dicho: “El siervo no es más que su señor. Si a Mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado Mi Palabra, también la vuestra guardarán”».

«La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de Su Mesías venido en la carne (cf. 2 Thess 2,4-12; 1 Thess 5,2-3; 2 Io 7; 1 Io 2,18.22)».

2 Thess 2,4-12: «El Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el ministerio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de Su boca, y aniquilará con la Manifestación de Su Venida. La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad».

1 Thess 5,2-3: «Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: “Paz y seguridad”, entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán».

2 Io 7: «Muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el Seductor y el Anticristo».

1 Io 2,18.22: «Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. [...] ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo».

677 «La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en Su muerte y Su Resurrección (cf. Apc 19,1-9)».

Apc 19,1-9: «Después oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: “¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque Sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado en ella la sangre de Sus siervos”. Y por segunda vez dijeron: “¡Aleluya! La humareda de la Ramera se eleva por los siglos de los siglos”. Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: “¡Amén! ¡Aleluya!”. Y salió una voz del trono, que decía: “Alabad a nuestro Dios, todos Sus siervos y los que le teméis, pequeños y grandes”. Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían: “¡Aleluya! Porque ha establecido Su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso. Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y Su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura –el lino son las buenas acciones de los santos–”. Luego me dice: “Escribe: ‘Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero’”. Me dijo además: “Estas son palabras verdaderas de Dios”».

«El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Apc 13,8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Apc 20,7-10) que hará descender desde el Cielo a Su Esposa (cf. Apc 21,2-4)».

Apc 13,8: «Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado».

Apc 20,7-10: «Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar. Subieron por toda la anchura de la tierra y cercaron el campamento de los santos y de la Ciudad amada. Pero bajó fuego del cielo y los devoró. Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos».

Apc 21,2-4: «Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá Su morada entre ellos y ellos serán Su pueblo y Él Dios –con– ellos, será Su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado”».

«El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Apc 20,12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 Pe 3,12-13)».

Apc 20,12: «Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras».

2 Pe 3, 12-13: «¿Esperando y acelerando la venida del Día de Dios, en el que los cielos, en llamas, se disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán? Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia».

Santos y Beatos Mártires Cristeros

San David Galván Bermudes (+ 1915)

Nació en Guadalajara, Jal., el 29 de enero de 1881. Profesor del Seminario de Guadalajara. Su gran caridad para con los pobres y los trabajadores le hizo organizar y ayudar al gremio de zapateros, oficio que ejerció al lado de su padre. Defensor de la santidad del matrimonio, ayudó a una jovencita perseguida por un militar, quien ya casado pretendía contraer matrimonio con ella. Esto acarreó al Padre Galván la enemistad del teniente que, al final, se convirtió en su verdugo. El 30 de enero de 1915, por auxiliar espiritualmente a los soldados heridos en un combate efectuado en Guadalajara, fue tomado prisionero. En espera de la ejecución su compañero de prisión le comentó que no había desayunado, y el Padre Galván tranquilamente le dijo: «Hoy vamos a ir a comer con Dios». Y, frente a los encargados de ejecutarlo, se señaló serenamente el pecho para recibir las balas.

San Luis Batis Sainz (+ 1926)

Nació en San Miguel del Mezquital, Zac. (Arquidiócesis de Durango), el 13 de septiembre de 1870. Párroco de San Pedro Chalchihuites, Zac. (Arquidiócesis de Durango). Celoso Sacerdote en todos sus ministerios, tuvo especial dedicación a los jóvenes. Fue para ellos un guía y padre bondadoso que de diversas formas les hacía crecer espiritual y culturalmente, y les ayudaba a superarse hasta en lo material. Especialmente supo infundir en la juventud el espíritu de heroísmo cristiano para profesar su Fe. Apenas habían pasado quince días de la suspensión del culto público ordenado por los Obispos, fue tomado prisionero. Al comunicarle que los soldados lo buscaban, dijo: «¡Que se haga la voluntad de Dios, si Él quiere, yo seré uno de los mártires de la Iglesia!». Y al día siguiente, 15 de agosto de 1926, fue conducido junto con sus más cercanos colaboradores en el apostolado: Manuel Morales, Salvador Lara Puente y David Roldán, al lugar conocido como “Puerto de Santa Teresa”. El Sr. Cura Batis y Manuel Morales fueron llevados fuera de la carretera para ser fusilados; entonces el Sacerdote intercedió por su compañero recordándoles a los verdugos, que Manuel tenía esposa e hijos. Todo fue inútil y el Párroco, con su característica sonrisa bondadosa, absolvió a su compañero y le dijo: «Hasta el Cielo». Pocos segundos después se consumaba su martirio en el día de la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen.

San Manuel Morales (+ 1926)

Nació en Mesillas, Zac., perteneciente a la Parroquia de Sombrerete, Zac. (Arquidiócesis de Durango), el día 8 de febrero de 1898. Cristiano de una pieza, esposo fiel, padre cariñoso con sus tres pequeños hijos, trabajador cumplido, laico comprometido en el apostolado de su Parroquia y de intensa vida espiritual alimentada con la Santa Misa. Miembro de la Acción Católica de la Juventud Mexicana y presidente de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, asociación que trataba de obtener la derogación de las leyes impías. El día 15 de agosto de 1926, al conocer la prisión del Sr. Cura Batis se movilizó para ir a pedir la libertad de su Párroco. Apenas había reunido un grupo de jóvenes para deliberar, cuando la tropa se presentó y el jefe gritó: «¡Manuel Morales!». Manuel dio un paso adelante y con mucho garbo se presentó: «Yo soy. A sus órdenes». Lo insultaron y comenzaron a golpearlo con saña. Junto con el Sr. Cura fue conducido fuera de la ciudad, y al escuchar que su Párroco pedía que le perdonaran la vida en atención a su familia, lleno de valor y de Fe le dijo: «Señor Cura, yo muero, pero Dios no muere. Él cuidará de mi esposa y de mis hijos». Luego se irguió y exclamó: «¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!». Y el testimonio de su vida quedó firmado con su sangre de Mártir.

San David Roldán Lara (+ 1926)

Nació en Chalchihuites, Zac. (Arquidiócesis de Durango), el 2 de marzo de 1902. Huérfano de padre desde muy pequeño, fue para su madre un hijo bueno y cariñoso y un padre para sus hermanos. Sus amigos le estimaban por la alegría y generosidad de su vida, sus compañeros de trabajo por su bondad y comprensión. Para el patrón de la empresa minera donde prestaba sus servicios, fue el empleado cumplido, honrado y trabajador. Para su novia fue el joven íntegro y limpio. Compartía con su Párroco, el Sr. Cura Batis, los afanes del apostolado de la Acción Católica de la Juventud Mexicana, las angustias de la situación que vivía la Iglesia y los deseos de ser fieles a Cristo hasta el martirio. Unido por los mismos ideales de su amigo Manuel Morales y de su primo Salvador Lara, fue hecho prisionero. A unos cuantos metros de donde fue sacrificado el Sr. Cura Luis Batis y Manuel se fijó el lugar de la ejecución. Sin amedrentarse, recorrió sereno en la tierra los últimos pasos que le separaban del cielo y fue fusilado junto a su primo Salvador. Aquel 15 de agosto de 1926, el sol en el cenit, la vida en plenitud y el amor supremo a Cristo se unieron en el martirio de David.

San Salvador Lara Puente (+ 1926)

Nació en el poblado de Berlín, Dgo., perteneciente a la Parroquia de Súchil (Arquidiócesis de Durango) el 13 de agosto de 1905. En plena juventud Salvador era alto y fuerte de cuerpo, aficionado a practicar el deporte de la charrería; educado y fino en el trato con todos, respetuoso y cariñoso con su madre viuda; íntegro y responsable como empleado en una empresa minera. Vivía su Fe en la pureza de sus costumbres y en la entrega al apostolado como militante de la Acción Católica de la Juventud Mexicana. Cuando llegaron los soldados para apresarlo, junto con Manuel y David, respondió al ser llamado: «Aquí estoy». Caminó sonriente, como siempre, junto a su compañero y primo David hasta el lugar que les señalaron para ser fusilados. Acababan de darse cuenta del fusilamiento de su Párroco, el Sr. Cura Batis y de su amigo Manuel Morales. Orando en voz baja, Salvador recibió la descarga que abrió las heridas para que brotara su sangre de Mártir y se descubriera su grandeza de cristiano, el 15 de agosto de 1926.

San Jenaro Sánchez Delgadillo (+ 1927)

Nació en Zapopán, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 19 de septiembre de 1886, Vicario de Tamazulita, de la Parroquia de Tecolotlán, Jal, (Diócesis de Autlán). Su Párroco elogiaba su obediencia. Los fieles admiraban su rectitud, su fervor, la elocuencia de su predicación, y aceptaban gustosos la energía del Padre Jenaro cuando les exigía la buena preparación para recibir los Sacramentos. Los soldados y algunos agraristas le tomaron preso junto con unos feligreses amigos cuando iban al campo. A todos les dejaron libres menos al Padre Jenaro quien fue conducido a una loma cercana a Tecolotlán y en un árbol prepararon la horca. El Padre Jenaro colocado en el centro de la tropa, con heroica serenidad les habló: «Bueno, paisanos, me van a colgar; yo les perdono, que mi Padre Dios también les perdone y ¡Siempre Viva Cristo Rey!». Los verdugos tiraron la soga con tal fuerza que la cabeza del Mártir pegó fuertemente en una rama del árbol. Poco después murió en aquella noche del 17 de enero de 1927. La saña de los soldados continuó y en la madrugada regresaron, bajaron el cadáver, le dieron un tiro en el hombro y una puñalada que casi atravesó el cuerpo inerte del testigo de Cristo.

San Mateo Correa Magallanes (+ 1927)

Nació en Tepechitlán, Zac. (Diócesis de Zacatecas), el 23 de julio de 1866. Párroco de Valparaíso, Zac., (Diócesis de Zacatecas). El Padre Mateo cumplió fielmente las obligaciones de su Sacerdocio: evangelizar y servir a los más pobres, obedecer a su Obispo, unirse a Cristo Sacerdote y Víctima, especialmente al convertirse en Mártir a causa del sello sacramental. Fue perseguido continuamente y hecho prisionero varias veces, la última vez fue cuando iba a auxiliar a una persona enferma. Lo detuvieron algunos días en Fresnillo, Zac., y fue llevado después a Durango. Allí le pidió el general que confesara a unos presos y después le exigió que le revelara lo que había sabido en confesión, o de lo contrario le mataría. El Señor Cura Correa respondió con dignidad: «Puede usted hacerlo, pero no ignore que un Sacerdote debe guardar el secreto de la confesión. Estoy dispuesto a morir». Fue fusilado en el campo, a las afueras de la ciudad de Durango, el 6 de febrero de 1927 y así inició su verdadera vida aquel Párroco abnegado y bondadoso.

San Román Adame Rosales (+ 1927)

Nació en Teocaltiche, Jal. (Diócesis de Aguascalientes), el 27 de febrero de 1859. Párroco de Nochistlán, Zac. (Arquidiócesis de Guadalajara). Sacerdote de profunda humildad. Jamás se le oyó quejarse; ante cualquier sufrimiento decía con serenidad: «Sea todo por Dios». Catequesis, misiones populares, construcción de Capillas para que los fieles tuvieran cerca al Santísimo, atención a los enfermos y educación a los niños fueron las principales acciones de su ministerio parroquial. Durante la persecución, siguió oculto administrando los Sacramentos. Alguien delató su escondite y de noche fue hecho prisionero. Llegado el momento de la ejecución, el día 21 de abril de 1927, con un gesto de bondad trató de salvar al soldado, que por no querer dispararle, iba a ser también fusilado. Luego, decidido y firme, pero con humildad, entregó su vida.

San Julio Álvarez Mendoza (+ 1927)

Nació en Guadalajara, Jal. el 20 de diciembre de 1866. Párroco de Mechoacanejo, Jal. (Diócesis de Aguascalientes), lugar donde pasó toda su vida sacerdotal. Párroco cariñoso, padre y amigo de los niños, pobre que vivió entre los pobres, Sacerdote sencillo. Enseñó trabajos de artesanía para que pudieran superarse sus feligreses. Había aprendido el oficio de sastre y le sirvió para hacer ropa a los más necesitados. Amó filialmente a la Santísima Virgen de Guadalupe. Entregado a su ministerio de Cura rural, camino de un rancho, fue reconocido como Sacerdote y apresado por miembros del ejército. Allí inició su camino hacia el martirio: fue llevado en medio de mil incomodidades a Villa Hidalgo, Jal., a Aguascalientes, Ags., a León, Gto., y por último a San Julián, Jal. El 30 de marzo de 1927 fue colocado sobre un montón de basura para ser fusilado y dijo suavemente: «Voy a morir inocente. No he hecho ningún mal. Mi delito es ser ministro de Dios. Yo les perdono a ustedes». Cruzó los brazos y esperó la descarga.

Beato Anacleto González Flores (+ 1927)

José Anacleto González Flores nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888, en un ambiente de extrema pobreza.

En 1908 ingresó al Seminario auxiliar de San Juan de los Lagos; pronto alcanzó grandes adelantos en las ciencias y hasta pudo suplir con creces las ausencias del Catedrático, ganándose el apodo de toda su vida: “Maistro Cleto”. Cuando comprendió que su vocación no era el Sacerdocio ministerial ingresó en la Escuela libre de Leyes. Notable pedagogo, orador, catequista y líder social cristiano, se convirtió en Paladín laico de los católicos de Guadalajara.

Poseedor de vasta cultura, escribió algunos libros llenos de espíritu cristiano, así como centenares de artículos periodísticos. En octubre de 1922 contrajo matrimonio con María Concepción Guerrero, quien no asimiló el amor al apostolado de su marido; con todo fue esposo modelo y padre responsable de sus dos hijos.

Muy fiel a su prelado, el siervo de Dios Francisco Orozco y Jiménez, propuso a los católicos la resistencia a los ataques del Estado contra la Iglesia; constituyó por ese tiempo la obra cumbre de su vida, la Unión Popular, que llegó a contar con decenas de miles de afiliados.

Al finalizar el año 1926, después de haber agotado todos los recursos legales y cívicos habidos, y ante la inminente organización de la resistencia activa de los católicos, apoyó con su prestigio, su verbo y su vida, los proyectos de la Liga nacional defensora de la libertad religiosa.

Alimentado con la oración y la comunión diaria, fortaleció su espíritu para dar su voto con sangre por la libertad de la Iglesia católica. La madrugada del 1 de abril de 1927 fue aprehendido en el domicilio particular de la familia Vargas González; se le trasladó al cuartel Colorado, donde se le aplicaron tormentos muy crueles; le exigían, entre otras cosas, revelar el paradero del Arzobispo de Guadalajara: «No lo sé, y si lo supiera, no se lo diría», respondió. Los verdugos, bajo las órdenes del general de división Jesús María Ferreira, jefe de operaciones militares de Jalisco, descoyuntaron sus extremidades, le levantaron las plantas de los pies y, a golpes, le desencajaron un brazo.

Cuando el general Ferreira ordenó su cuadro de ejecución, Anacleto habló en tales términos a los soldados que éstos se rehusaron a disparar, y el general los sustituyó por otro pelotón. Antes de morir, dijo a Ferreira: «Perdono a usted de corazón, muy pronto nos veremos ante el tribunal divino, el mismo Juez que me va a juzgar, será su Juez, entonces tendrá usted, en mí, un intercesor con Dios». Fue entonces, cuando Anacleto gritó: “Yo muero, pero Dios no muere. ¡Viva Cristo Rey!” – y una descarga cerrada de catorce balas ahogó sus últimas palabras. El militar ordenó que lo traspasaran con el filo de una bayoneta calada. Su muerte hundió en luto a los tapatíos.

Beato [José Dionisio] Luis Padilla Gómez (+ 1927)

Nació en Guadalajara, Jalisco, el 9 de diciembre de 1899. Recibió una esmerada educación en el seno de una familia distinguida y cristiana. En 1917 ingresó al Seminario conciliar de Guadalajara, donde destacó por su conducta intachable y la pureza de sus costumbres; abandonó la institución en 1921 para aclarar ciertas dudas vocacionales.

Una vez fuera del Seminario, se dio de alta como profesor, impartiendo clases sin retribución alguna a niños y jóvenes pobres. Fue socio fundador y miembro activo de la Asociación católica de la juventud mexicana, donde desarrolló un intenso apostolado, sobre todo en el campo de la promoción social; tenía una ferviente devoción a la Santísima Virgen.

Al estallar la persecución del Estado contra la Iglesia católica, Luis se afilió a la Unión Popular para trabajar en la defensa de la Religión. En repetidas ocasiones expresó su deseo de seguir a Jesús hasta el dolor, el sufrimiento y la entrega total de la vida.

El día 1 de abril de 1927, a las dos de la mañana, fue acordonado su domicilio por un grupo de soldados del ejército federal, bajo las órdenes del mismo jefe de operaciones militares del Estado de Jalisco, general de división Jesús María Ferreira, quien con lujo de fuerza ordenó el saqueo de la morada y la aprehensión de sus habitantes, además de Luis, su anciana madre y una de sus hermanas.

El joven Luis fue remitido al cuartel Colorado, soportando en el trayecto golpes, insultos y vejaciones. Poco después fueron aprehendidos otros cuatro cristianos. Presintiendo su fin, Luis expresó su deseo de confesarse sacramentalmente; su compañero de apostolado y de prisión, Anacleto González Flores, lo confortó diciéndole: «No, hermano, ya no es hora de confesarse, sino de pedir perdón y de perdonar. Es un Padre y no un juez el que te espera. Tu misma sangre te purificará». Ya en el paredón mientras Luis, arrodillado, ofrecía su vida a Dios con ferviente oración, los verdugos descargaron sus armas sobre él, consumando, a los 26 años cumplidos, su oblación a Dios hasta el derramamiento de la sangre.

Beato Ramón Vicente “Colorado” Vargas González (+ 1927)

Ramón Vargas González nació en Ahualulco, Jalisco, el 22 de enero de 1905. Fue el séptimo de once hermanos; tres notas lo distinguieron de ellos: el color rojo de su pelo, que le ganó el sobrenombre de Colorado, su elevada estatura y su jovialidad. Siguió los pasos de su padre al ingresar a la Escuela de Medicina, donde destacó por su buen humor, su camaradería y su clara identidad católica.

En cuanto pudo hacerlo, atendió gratuitamente la salud de los pobres. A los 22 años, próximo a concluir sus estudios universitarios, recibió en su hogar, con responsabilidad subsidiaria, a Anacleto González Flores, quien no tardó en advertir las cualidades de Ramón, pidiéndole sumarse a los campamentos de la resistencia activa como enfermero: «Por usted hago lo que sea, Maistro, pero irme al monte, no», contestó el interpelado.

La madrugada del 1 de abril de 1927 alguien azotó la puerta de los Vargas González; Ramón atendió el llamado; al entreabrir la puerta, un nutrido grupo de policías se apoderaron de la casa. Se cateó la vivienda y se aprehendió a sus ocupantes. Ramón mantuvo la calma pese a su indignación; en la calle, aprovechando el tumulto, pudo escapar sin que lo advirtieran sus captores, pero no tardó en volver sobre sus pasos y entregarse.

Cuando supo que iba a morir, su hombría de bien y su esperanza cristiana le bastaron para unir su sacrificio al de Cristo. Ante una exclamación de su hermano Jorge, respondió: «No temas, si morimos nuestra sangre lavará nuestras culpas». Para atenuar la cruel sentencia, el general de división Jesús María Ferreira, ofreció dejar en libertad al menor de los hermanos Vargas González; el indulto correspondía a Ramón, pero este, sin admitir reclamos, cede su lugar a Florentino. Era más del mediodía, urgía matar a los reos cuanto antes. Antes de ser fusilado, Ramón flexionó los dedos de su mano diestra formando la señal de la cruz.

Beato Jorge [Ramón] Vargas González (+ 1927)

Jorge Vargas González nació en Ahualulco, Jalisco, el 28 de septiembre de 1899. Fue el quinto de once hermanos. Recibió el bautismo el 17 de octubre de ese año, imponiéndole el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó sólo el primero. Siendo niño, su familia se trasladó a Guadalajara. Como muchos jóvenes católicos en México, Jorge participó de los anhelos y de las inquietudes de quienes sufrían el flagelo de la persecución religiosa; ejemplos en su familia no faltaban, en especial el de su íntegra y piadosa madre.

Durante la persecución religiosa, en 1926, siendo Jorge empleado de la Compañía hidroeléctrica, su hogar sirvió de refugio a muchos Sacerdotes perseguidos, entre otros, el Padre Lino Aguirre, quien sería luego Obispo de Culiacán, Sinaloa, de quien Jorge fue custodio y compañero de correrías. A finales de marzo de 1927, los Vargas González recibieron en su hogar al proscrito líder Anacleto González Flores, columna de la resistencia católica de Jalisco y sus alrededores; la familia conocía de sobra lo que podía costar su acción.

En ese lugar los sorprendió la celada del 1 de abril. Todos, hombres, mujeres y niños, entre vejaciones y sobresaltos, fueron aprehendidos por el jefe de la policía de Guadalajara. Un mismo calabozo sirvió para alojar a tres de los Vargas González: Florentino, Jorge y Ramón; su crimen, haber alojado a un católico perseguido.

Horas después encerraron en una celda contigua a Luis Padilla Gómez y a Anacleto González Flores. Se lamentó luego de no poder recibir la Comunión, siendo ese día viernes primero, pero su hermano Ramón le reconvino: «No temas, si morimos, nuestra sangre lavará nuestras culpas». La entereza de ánimo de los hermanos se mantuvo, charlando con desenfado antes de ser ejecutados. Por una orden de último momento, uno de los tres hermanos, Florentino, fue separado del resto.

Antecedió a la muerte de Jorge algún tipo de tormento, pues su cadáver presentó un hombro dislocado, contusiones y huellas de dolor en el semblante; lo cierto es que llegada la hora, con un crucifijo en la mano, y esta junto al pecho, el Beato recibió la descarga del batallón, que ejecutó la sentencia. Durante el sepelio, cuando la madre de las víctimas estrechó en sus brazos a Florentino, le dijo: «¡Ay, hijo! ¡Qué cerca estuvo de ti la corona del martirio!; debes ser más bueno para merecerla»; el padre, por su parte, al enterarse cómo y por qué murieron, exclamó: «Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires».

Beato [José Luciano] Ezequiel Huerta Gutiérrez (+ 1927)

Nació en Magdalena, Jalisco, el 6 de enero de 1876. Esposo y padre ejemplar de numerosa familia, fue poseedor de una magnífica y bien cultivada voz de tenor dramático, gracias a la cual asistía a los oficios litúrgicos con bastante lucimiento y decoro. Muy devoto de la Santa Misa, comulgaba con frecuencia. Muy caritativo, compartía sus bienes entre los necesitados.

Fue aprehendido la mañana del 2 de abril de 1927; tenía dos hermanos presbíteros, Eduardo y José Refugio, los cuales eran muy respetados en Guadalajara. Cuando fue hecho prisionero, acababa de visitar la Capilla ardiente donde era velado el cadáver del líder católico Anacleto González Flores. En los calabozos de la Inspección de Policía, lo torturaron hasta hacerlo perder el conocimiento. Cuando volvió en sí, expresó sus lamentos cantando el himno eucarístico: «Que viva mi Cristo, que viva mi Rey».

La madrugada del día siguiente, 3 de abril, fue trasladado, junto con su hermano, al cementerio municipal; se formó el cuadro para la ejecución; había llegado la hora. Ezequiel dijo a su hermano Salvador: «Los perdonamos, ¿verdad?». «Sí, y que nuestra sangre sirva para la salvación de muchos», repuso el interpelado; una descarga de fusilería cortó el diálogo. Muy cerca de ese lugar, la esposa de Ezequiel escuchó los disparos; ignoraba quiénes eran las víctimas; con todo, reunió a su numerosa familia: «Hijitos, vamos rezando el Rosario, por esos pobres que acaban de fusilar».

Beato [J.] Salvador Huerta Gutiérrez (+ 1927)

Nació en Magdalena, Jalisco, el 18 de marzo de 1880. Mecánico por vocación, se dedicó a este oficio, llegando a ser uno de los más competentes de Guadalajara. Devoto de Jesús Sacramentado, participaba todos los días de la Santa Misa y adoraba, con frecuencia, el Santísimo en el Sagrario. Su conducta como hijo, esposo y padre fue siempre ejemplar. Poseía una particular intuición ante el peligro, al que se enfrentaba con singular fortaleza.

Al comenzar el año de 1927 la situación religiosa se tornó imposible para los católicos. Se perseguía sin tregua a los clérigos por considerárseles instigadores de la resistencia armada. El 2 de abril de 1927, consumado el asesinato de Anacleto González y sus tres compañeros, acudió al cementerio a despedir los restos del conocido líder.

De regreso a su taller, lo esperaban agentes de la policía, quienes valiéndose de un ardid, lo arrestaron. En la Inspección general comenzó un crudísimo tormento; lo colgaron de los dedos pulgares; querían los verdugos conocer el paradero de los presbíteros Eduardo y José Refugio. Exánime lo tiraron en un calabozo.

En las primeras horas del 3 de abril, lo condujeron, junto con su hermano Ezequiel, al panteón de Mezquitán. Ante el pelotón de fusilamiento, pidió una vela encendida, iluminando su pecho descubierto dijo: «¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!; disparen; muero por Dios, que lo amo mucho».

San David Uribe Velasco (+ 1927)

Nació en Buenavista de Cuéllar, Gro. (Diócesis de Chilapa), el 29 de diciembre de 1889. Párroco de Iguala, Gro. (Diócesis de Chilapa). Ejerció ejemplarmente su ministerio en una región atacada por la masonería, el protestantismo y un grupo de cismáticos. El militar que le apresó le propuso toda clase de garantías y libertad si aceptaba las leyes y el ser Obispo de la Iglesia cismática creada por el Gobierno de la República, pero el Padre David reafirmó lo que había escrito un mes antes, y que revela toda la fuerza de su Fe y de su fidelidad: «Si fui ungido con el óleo santo que me hace ministro del Altísimo, ¿por qué no ser ungido con mi sangre en defensa de las almas redimidas con la sangre de Cristo? ¡Qué felicidad morir en defensa de los derechos de Dios! ¡Morir antes que desconocer al Vicario de Cristo!». Ya en la prisión escribió sus últimas palabras: «Declaro que soy inocente de los delitos que se me acusa. Estoy en las manos de Dios y de la Virgen de Guadalupe. Pido perdón a Dios y perdono a mis enemigos; pido perdón a los que haya ofendido». Llegado a un lugar cercano a la estación de San José Vistahermosa, Mor. (Diócesis de Cuernavaca), fue sacrificado con un tiro en la nuca el 12 de abril de 1927.

San Sabas Reyes Salazar (+ 1927)

Nació en Cocula, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 5 de diciembre de 1883. Vicario de Tototlán, Jal. (Diócesis de San Juan de los Lagos). Sencillo y fervoroso, tenía especial devoción a la Santísima Trinidad. También invocaba frecuentemente a las Ánimas del Purgatorio. Procuró mucho la formación de los niños jóvenes, tanto en la catequesis como en la enseñanza de ciencias, oficios y artes, especialmente en la música. Cumplido y abnegado en su ministerio. Exigía mucho respeto en todo lo referente al Culto y le gustaba que con prontitud se cumpliera cualquier deber. Cuando, por el peligro que había para los Sacerdotes, le aconsejaban que saliera de Tototlán, él replicaba: «A mí aquí me dejaron y aquí espero, a ver qué dispone Dios». En la Semana Santa de 1927 llegaron las tropas federales y los agraristas buscando al Sr. Cura Francisco Vizcarra y a sus ministros. Sólo encontraron al Padre Reyes y en él concentraron todo su odio. Lo tomaron preso, lo ataron fuertemente a una columna del templo parroquial, lo torturaron tres días por medio del hambre y la sed y con sadismo incalificable, le quemaron las manos porque estaban consagradas. El 13 de abril de 1927, Miércoles Santo, fue conducido al cementerio. Lo remataron a balazos, pero antes de morir, más con el alma que con la voz, pudo gritar el Sacerdote Mártir: «¡Viva Cristo Rey!».

Beato José Trinidad Rangel (+ 1927)

Nació en el rancho “El Durazno”, de la ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato, el sábado 4 de junio de 1887, en el seno de una familia cristiana humilde.

Siendo muy joven sintió la vocación al Sacerdocio, pero debido a la escasez de recursos económicos de sus padres tuvo que posponer su entrada en el Seminario hasta los veinte años. Ingresó en el Seminario como alumno gratuito y externo en 1909, concediéndole una beca por su aplicación al estudio, que le permitió vivir como seminarista interno. El 13 de abril de 1919 recibió la ordenación sacerdotal.

El primer destino como Sacerdote fue el de adscrito a la Parroquia del Sagrario de León en calidad de miembro del Centro Catequístico de la Salle. Se refugió en la ciudad de León, Guanajuato, por no cumplir con la ley civil de inscribirse como Sacerdote en el registro del Gobierno.

En León, viviendo como refugiado en casa de las hermanas Alba, entabló amistad con el P. Andrés Solá, refugiado como él, con el que compartía sus temores y dificultades, y en quien encontró una ayuda en su vivencia sacerdotal. Sabedor de su vocación y opción, rechazó el ofrecimiento de su hermano Agustín a dejar el país y refugiarse en Estados Unidos, prefiriendo aceptar el ofrecimiento de su superior eclesiástico de ir a celebrar clandestinamente los oficios de la Semana Santa a las Hermanas Mínimas de San Francisco del Rincón, donde fue detenido y trasladado a la comandancia antes de sufrir el martirio.

Como Sacerdote destacó por su modestia, humildad, sencillez y celo por la salvación de las almas. Con intrepidez evangélica, desempeñó su ministerio, sin negar en ningún momento su condición sacerdotal aunque eso significara el encarcelamiento y la muerte.

Beato Andrés Solá y Molist (+ 1927)

Nació el 7 de octubre de 1895 en la masía conocida con el nombre de Can Vilarrasa, situada en el municipio de Taradell, Parroquia de Santa Eugenia de Berga, provincia de Barcelona, Diócesis de Vich, Las Españas peninsulares. Fue el tercer hijo de una familia numerosa compuesta de once hermanos y los padres, que eran agricultores.

Al escuchar la predicación de un misionero claretiano en el pueblo de Sentforas, él y su hermano Santiago sintieron la vocación religiosa y entraron en el Seminario que los misioneros tenían en Vich. Recibió la ordenación sacerdotal el 23 de septiembre de 1922 en la Capilla del palacio episcopal de Segovia, España. Durante un año estuvo preparándose para el ministerio de la predicación en Aranda de Duero.

Terminado el curso de preparación recibió su destino, México, llegando junto con otros cinco claretianos a Veracruz el 20 de agosto de 1923. Ocho días más tarde llegó a la capital y visitó el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, poniendo bajo su protección su ministerio sacerdotal. En México desempeñó diversos oficios.

En diciembre de 1924 recibió, junto con sus hermanos de comunidad de León, la noticia de las leyes anticatólicas y anticlericales del presidente Calles, optando por refugiarse en una casa amiga, la de las hermanas Josefina y Jovita Alba, para evitar la expulsión del país.

En marzo de 1927, al arreciar la persecución religiosa, obedeciendo al superior local, P. Fernando Santesteban, dejó León y se marchó a México, D.F., donde estuvo unos cuantos días, regresando con el permiso del Superior provincial para residir en León y ejercer allí su ministerio misionero. A los pocos días de haber llegado, el 23 de abril el superior de la comunidad le entregó una carta en la que le comunicaba la existencia de una orden de detención contra él y le invitaba a suspender toda actividad, a huir o a esconderse, y a cambiar de domicilio. No le dio importancia a dicha carta, considerando que nada malo le podría pasar, siendo detenido al día siguiente.

Una detención que no fue fruto de su imprudencia, sino más bien de la ingenuidad de dos señoras que tratando de hacer el bien, no se les ocurrió tomar las precauciones necesarias tras su visita al cuartel, donde pidieron la libertad para el P. Rangel. Cuando entraron los soldados en la casa de las hermanas Alba no reconocieron al P. Solá como Sacerdote, sólo tras el registro efectuado a su habitación descubrieron una fotografía en la que estaba dando la primera Comunión a una niña. En ningún momento negó su condición sacerdotal, más bien confesó su nombre y condición, siendo suficiente para detenerlo junto con Leonardo Pérez, que se encontraba en el oratorio de la casa.

Fue llevado a la comandancia militar, último lugar terreno antes de abrazar la palma del martirio y contemplar a Cristo.

Beato Leonardo Pérez Larios (+ 1927)

Nació el 28 de noviembre de 1883 en Lagos de Moreno, Jalisco. Fue el tercer hijo de los once que tuvieron sus padres. Hijo de una familia sencilla, recibió una buena educación cristiana en el seno de su familia. A la muerte de su padre se trasladó la familia a vivir a León.

Quiso contraer matrimonio, desistiendo de hacerlo por la oposición que encontró en la familia de la novia. Quiso ser religioso, pero le resultó imposible por tener a su cargo a dos hermanas que no poseían medios de subsistencia, siendo él el que proveía a su sustento y cuidado. Pero estos proyectos irrealizados no le llevaron a apartarse de la Fe y de la Iglesia, a pesar de las dificultades sociales por las que estaba pasando y que afectaban a los fieles cristianos.

Era una persona que vivía intensamente su vida cristiana, con una profunda devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María. Perteneció a una Congregación Mariana donde sus miembros hacían voto de castidad y se reunían semanalmente para hacer adoración al Santísimo Sacramento.

Fue detenido en la casa de las hermanas Alba tras participar en la Santa Misa y en la Hora Santa que el P. Solá había organizado después de la celebración de la Santa Misa. Los soldados al verlo vestido de negro y con una actitud muy devota, pues estaba concentrado en su meditación y acción de gracias por la Comunión recibida, lo tomaron por un Sacerdote. Fueron inútiles las aclaraciones realizadas por el P. Solá y las personas que estaban en ese momento en la casa en relación al estado de vida de Leonardo. Cuando le preguntaron sobre su condición sacerdotal él la negó, pero afirmó ser católico, apostólico y romano. Fue conducido al cuartel y de ahí con sus dos compañeros al martirio.

San Cristóbal Magallanes Jara (+ 1927)

Nació en Totaltiche, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 30 de julio de 1869. Párroco de su tierra natal. Sacerdote de Fe ardiente, prudente director de sus hermanos Sacerdotes y pastor lleno de celo que se entregó a la promoción cristiana y humana de sus feligreses. Misionero entre los indígenas huicholes y ferviente propagador del Rosario a la Santísima Virgen María. Las vocaciones sacerdotales eran la parte más cuidada de su viña. Cuando los perseguidores de la Iglesia clausuraron el Seminario de Guadalajara, él se ofreció para fundar en su Parroquia un Seminario con el fin de proteger, orientar y formar a los futuros Sacerdotes y logró abundante cosecha. El 25 de mayo de 1927 fue fusilado en Colotlán, Jal. (Diócesis de Zacatecas). Frente al verdugo confortó a su ministro y compañero de martirio, Padre Agustín Caloca, diciéndole: «Tranquilízate, hijo, sólo un momento y después el cielo». Luego dirigiéndose a la tropa, exclamó: «Yo muero inocente, y pido a Dios que mi sangre sirva para la unión de mis hermanos mexicanos».

San Agustín Caloca Cortés (+ 1927)

Nació en San Juan Bautista del Teúl, Zac. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 5 de mayo de 1898. Ministro en la Parroquia de Totaltiche y Prefecto del Seminario Auxiliar establecido en la misma población, para quienes fue un modelo de pureza sacerdotal. Fue hecho prisionero después de ayudar a escapar a los seminaristas y conducido a la misma prisión en donde se encontraba su Párroco el Sr. Cura Magallanes. Un militar, en atención a su juventud, le ofreció la libertad, pero no aceptó si no la concedían también al señor Cura. Frente al pelotón encargado de su ejecución, la actitud y las palabras de su Párroco lo llenaron de fortaleza y pudo exclamar: «Por Dios vivimos y por Él morimos». Sufrió el martirio el 25 de mayo de 1927 en Colotlán, Jalisco (Diócesis de Zacatecas, Zac.). Frente al verdugo tuvo la fuerza de confortar a su ministro y compañero de martirio, que lo consoló, diciéndole: «Reanímate, Dios quiere mártires; un momento, Padre, y estaremos en el cielo». Después volviéndose a las tropas exclamó: «Soy y muero inocente y pido a Dios que mi sangre sirva para la paz de mexicanos desunidos».

San José Isabel Flores Varela (+ 1927)

Nació en Santa María de la Paz, de la Parroquia de San Juan Bautista del Teúl, Zac. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 28 de noviembre de 1866. Capellán de Matatlán, de la Parroquia de Zapotlanejo, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara). Por 26 años derramó la caridad de su ministerio en esa Capellanía, siendo para todos un padre bondadoso y abnegado que los edificó con su pobreza, su espíritu de sacrificio, su piedad y su sabiduría. Un antiguo compañero, a quien el Padre Flores había protegido, lo denunció ante el cacique de Zapotlanejo y fue apresado el 18 de junio de 1927, cuando se encaminaba a una ranchería para celebrar la Santa Misa. Fue encerrado en un lugar degradante, atado y maltratado; el cacique le hizo escuchar música al mismo tiempo que le ofrecía: «Oye, qué bonita música, si afirmas acatando las leyes, te dejo en libertad». Sin alterarse, el Mártir le expresó: «Yo voy a oír una música mejor en el Cielo». El Padre José Isabel cumplía la palabra expresada varias veces: «Antes morir que fallarle a Dios». El 21 de junio de 1927 fue conducido, en la noche, al camposanto de Zapotlanejo. Intentaron ahorcarlo pero no pudieron. Ordenó el jefe que le dispararan, pero el soldado, que reconoció al Sacerdote que lo había bautizado, se negó a hacerlo, entonces enfurecido el verdugo asesinó al soldado. Misteriosamente las armas no hicieron fuego contra el Padre Flores por lo que uno de aquellos asesinos sacó un gran cuchillo y degolló al valeroso Mártir.

San José María Robles Hurtado (+ 1927)

Nació en Mascota, Jal. (Diócesis de Tepic), el 3 de mayo de 1888. Párroco de Tecolotlán, Jal. y fundador de la Congregación religiosa Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado. Ferviente apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, escribió pequeñas obras para propagarla. Poco antes de ser ejecutado, escribió en una poesía sus últimos anhelos.

Quiero amar Tu Corazón, Jesús mío, con delirio; quiero amarle con pasión, quiero amarle hasta el martirio. Con el alma te bendigo, mi Sagrado Corazón; Dime: ¿Se llega al instante de feliz y eterna unión?

En la sierra de Quila, Jal. (Diócesis de Autlán), fue colgado de un roble el 26 de junio de 1927.

San Miguel de la Mora de la Mora (+ 1927)

Nació en Tecalitlán, Jal. (Diócesis de Colima), el 19 de junio de 1878. Capellán de la Catedral de Colima, Sacerdote sencillo, discreto, ordenado y puntual, siempre se mostró lleno de caridad para con los pobres y dispuesto a servir. Colima fue el primer Estado de México en que el gobierno exigió la inscripción de los Sacerdotes para otorgarles licencias de ejercer. El Obispo y sus Sacerdotes protestaron afirmando que sufrirían todo antes que ser traidores a su Fe y de su fidelidad a la Iglesia. La respuesta del gobierno fue procesar y desterrar a todos los Sacerdotes. El Padre Miguel, como algunos otros, se ocultó para continuar prestando ayuda a los fieles. Fue descubierto y amenazado de cárcel definitiva si no abría el culto en la Catedral, contra lo dispuesto por el Obispo. Ante la presión del gobierno militar prefirió salir de la ciudad. En el camino fue apresado y llevado ante el general, quien lo condenó a ser pasado por las armas. Caminó en silencio hasta donde le indicaron y como proclamación de su Fe y de su amor a María Santísima sacó su rosario, empezó a rezarlo, y con él en la mano, cayó abatido por las balas. Eran las doce del día 7 de agosto de 1927.

San Rodrigo Aguilar Alemán (+ 1927)

Nació en Sayula, Jal. (Diócesis de Ciudad Guzmán), el 13 de marzo de 1875. Párroco de Unión de Tula, Jal. (Diócesis de Autlán). Sacerdote poeta de fina sensibilidad. Consagró su Sacerdocio a la Virgen Santísima de Guadalupe. Con todo su corazón imploró: «Señor, danos la gracia de padecer en Tu nombre, de sellar nuestra Fe con nuestra sangre y coronar nuestro Sacerdocio con el martirio. Fiat voluntas Tua!» Por eso, cuando tuvo que abandonar su Parroquia y ocultarse en la población de Ejutla, Jal., y cuando llegaron las tropas federales para apresarlo, su rostro resplandecía de paz y gozo, y se despidió diciendo: «Nos vemos en el Cielo». En la madrugada del 28 de octubre de 1927 fue conducido a la plaza de Ejutla. Arrojaron la cuerda a una rama gruesa de un árbol de mango, hicieron una lanzada y la colocaron al cuello del Sacerdote. Luego quisieron poner a prueba su fortaleza y con altanería le preguntaron: «¿Quién vive?» La valiente respuesta fue: «¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!». Entonces la cuerda fue tirada con fuerza y el señor Cura Aguilar quedó suspendido. Se le bajó de nuevo y se le repitió la pregunta: «¿Quién vive?». Por segunda vez dijo con voz firme: «¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!». Nuevamente al mismo suplicio y por tercera vez, el «¿Quién vive?». El Mártir agonizante, arrastrando la lengua repitió: «Cristo Rey y Santa María de Guadalupe».

San Margarito Flores García (+ 1927)

Nació en Taxco, Gro. (Diócesis de Chilapa), el 22 de febrero del 1899. Párroco de Atenango del Río, Gro., (Diócesis de Chilapa). Tres años de ministerio fueron suficientes para conocer la entrega sacerdotal del Padre Margarito. Se encontraba fuera de la Diócesis a causa de la persecución, cuando supo de la muerte heroica del Sr. Cura David Uribe, exclamó: «Me hierve el alma, yo también me voy a dar la vida por Cristo; voy a pedir permiso al Superior y también voy a emprender el vuelo al martirio». El Vicario general de la Diócesis le nombró Vicario con funciones de Párroco de Atenango del Río, Gro. El Padre Margarito se puso luego en camino. Fue descubierto como Sacerdote al llegar a su destino; apresado y conducido a Tulimán, Gro., donde se dio la orden de fusilarlo. El Padre Margarito pidió permiso para orar, se arrodilló unos momentos, besó el suelo y luego, de pie, recibió las balas que le destrozaron la cabeza y le unieron para siempre a Cristo Sacerdote, el 12 de noviembre de 1927.

San Pedro Esqueda Ramírez (+ 1927)

Nació en San Juan de los Lagos, Jal. (Diócesis de San Juan de los Lagos), el 29 de abril de 1887. Vicario de San Juan de los Lagos. El ministerio al que se dedicó con verdadera pasión fue la catequesis de los niños. Fundó varios centros de estudio y una escuela para la formación de catequistas. Siempre fue muy devoto del Santísimo. En plena persecución organizaba a las familias para que no faltaran a la guardia perpetua a Jesús Sacramentado en casas particulares. Desde el momento de ser apresado fue tan duramente golpeado, que se le abrió una herida en la cara. Un militar, después de golpearlo, le dijo: «Ahora ya has de estar arrepentido de ser Cura»; a lo que contestó dulcemente el Padre Pedro: «No, ni un momento, y poco me falta para ver el Cielo». El 22 de noviembre de 1927 fue sacado de su prisión para ser ejecutado; los niños le rodearon y el Padre Esqueda insistentemente le repitió a un pequeño que caminaba junto a él: «No dejes de estudiar el Catecismo, ni dejes la doctrina cristiana para nada». Y en un pedazo de papel escribió sus últimas recomendaciones para las catequistas. Al llegar a las afueras del poblado de Teocaltitlán, Jal., le dispararon tres balas que cambiaron su vida terrena por la eterna.

San Jesús Méndez Montoya (+ 1928)

Nació en Tarímbaro, Mich. (Arquidiócesis de Morelia), el 10 de junio de 1880. Vicario de Valtierrilla, Gto. (Arquidiócesis de Morelia). Sacerdote que supo hacerse todo a todos no escatimó medios para intensificar la vida cristiana entre sus feligreses. Se sujetó a largas horas de confesionario de donde salían los cristianos convertidos o con anhelos de mayor perfección debido a sus prudentes consejos. Convivía con las familias pobres, era un catequista y guía para los obreros y campesinos; y un asiduo maestro de música que formó un buen coro para las celebraciones. El 5 de febrero de 1928 entraron las fuerzas federales para sofocar un pequeño grupo de Cristeros y se dirigieron luego a la casa donde se ocultaba el Padre Jesús, quien trató de salvar un Copón con Hostias consagradas. Descubierto por los soldados, les pidió un momento para consumir el Santísimo Sacramento y le fue concedido. Después, con dulzura, se dirigió a una de sus hermanas y le dijo: «Es la voluntad de Dios. Que se haga Su voluntad». Los soldados le llevaron a unos metros fuera del atrio del templo y lo sacrificaron con tres disparos. El Sacerdote que aprovechó su ciencia de Dios y sus conocimientos humanos para hacer amar a Jesucristo, con su sangre proclamó su gran amor a Cristo Rey.

Beato Luis Magaña Servín (+ 1928)

Nació en Arandas, Jalisco, el 24 de agosto de 1902. Fue un cristiano íntegro, esposo responsable y solícito; mantuvo sus convicciones cristianas sin negarlas, aun en tiempos de prueba y persecución. Fue miembro activo de la Asociación católica de la juventud mexicana y de la Archicofradía de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, en la Parroquia de Arandas.

Contrajo matrimonio con Elvira Camarena Méndez el día 6 de enero de 1926; tuvo dos hijos, Gilberto y María Luisa, que no conoció. El día 9 de febrero de 1928, un grupo de soldados del Ejército Federal, capitaneado por el general Miguel Zenón Martínez tomó la población de Arandas.

De inmediato dispuso fueran capturados los católicos que simpatizaran con la resistencia activa en contra del Gobierno; uno de ellos fue Luis. Cuando llegaron a su domicilio, no pudieron aprehenderlo por haberse ocultado debidamente; fue reemplazado por su hermano menor.

Al enterarse del acto, Luis se presentó ante el mismo general Martínez, solicitando la libertad de su hermano a cambio de la suya. Estas fueron sus palabras: «Yo nunca he sido rebelde Cristero como ustedes me titulan, pero si de cristiano se me acusa, sí, lo soy, y si por eso debo ser ejecutado, bienvenido y en hora buena. ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!». Sin mayores preámbulos, el militar decretó la muerte de Luis; momentos antes de ejecutarse la sentencia, en el atrio de la iglesia parroquial, Luis pidió la palabra: «Pelotón que me ha de ejecutar: quiero decirles que desde este momento quedan perdonados y les prometo que al llegar ante la presencia de Dios será por los primeros que pediré»; dicho lo cual, exclamó con voz potente: «¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!». Eran las tres de la tarde del 9 de febrero de 1928.

Beato José “Tarsicio” Sánchez del Río (+ 1928)

José Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán. Al decretarse la suspensión del culto público, José tenía 13 años y 5 meses. Su hermano Miguel decidió tomar las armas para defender la Causa de Cristo y de Su Iglesia. José, viendo el valor de su hermano, pidió permiso a sus padres para alistarse como Soldado; su madre trató de disuadirlo pero él le dijo: «Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el Cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión». Su madre le dio permiso, pero le pidió que escribiera al Jefe de los Cristeros de Michoacán para ver si lo admitía. José escribió al jefe Cristero y la respuesta fue negativa. No se desanimó y volvió a insistir pidiéndole que lo admitiera, si no como Soldado activo, sí como un asistente. En el campamento se ganó el cariño de sus compañeros que lo apodaron Tarsicio. Su alegría endulzaba los momentos tristes de los Cristeros y todos admiraban su gallardía y su valor. Por la noche dirigía el Santo Rosario y animaba a la tropa a defender su Fe.

El 5 de febrero de 1928, tuvo lugar un combate, cerca de Cotija. El caballo del General cayó muerto de un balazo, José bajó de su montura con agilidad y le dijo: «Mi General, aquí está mi caballo, sálvese Usted, aunque a mí me maten. Yo no hago falta y Usted sí» y le entregó su caballo. En combate fue hecho prisionero y llevado ante el general callista quien le reprendió por combatir contra el Gobierno y, al ver su decisión y arrojo, le dijo: «Eres un valiente, muchacho. Vente con nosotros y te irá mejor que con esos Cristeros». «¡Jamás, jamás! ¡Primero muerto! ¡Yo no quiero unirme con los enemigos de Cristo Rey! ¡Yo soy su enemigo! ¡Fusíleme!».

El general lo mandó encerrar en la cárcel de Cotija, en un calabozo oscuro y maloliente. José pidió tinta y papel y escribió una carta a su madre en la que le decía: «Cotija, 6 de febrero de 1928. Mi querida mamá: Fui hecho prisionero en combate en este día. Creo que voy a morir, pero no importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios. No te preocupes por mi muerte... haz la voluntad de Dios, ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre...».

El 10 de febrero de 1928, como a las 6 de la tarde, lo sacaron del templo y lo llevaron al cuartel del Refugio. A las 11 de la noche llegó la hora suprema. Le desollaron los pies con un cuchillo, lo sacaron del mesón y lo hicieron caminar a golpes hasta el cementerio. Los soldados querían hacerlo apostatar a fuerza de crueldad, pero no lo lograron. Dios le dio fortaleza para caminar, gritando vivas a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe. Ya en el panteón, preguntó cuál era su sepultura, y con un rasgo admirable de heroísmo, se puso de pie al borde de la propia fosa, para evitar a los verdugos el trabajo de transportar su cuerpo. Acto seguido, los esbirros se abalanzaron sobre él y comenzaron a apuñalarlo. A cada puñalada gritaba de nuevo: «¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!». En medio del tormento, el capitán jefe de la escolta le preguntó, no por compasión, sino por crueldad, qué les mandaba decir a sus padres, a lo que respondió José: «Que nos veremos en el cielo. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!». Mientras salían de su boca estas exclamaciones, el capitán le disparó a la cabeza, y el muchacho cayó dentro de la tumba, bañado en sangre, y su alma volaba al Cielo. Era el 10 de febrero de 1928. Sin ataúd y sin mortaja recibió directamente las paladas de tierra y su cuerpo quedó sepultado, hasta que años después, sus restos fueron inhumados en las catacumbas del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús. Actualmente reposan en el Templo Parroquial de Santiago Apóstol, en Sahuayo, Michoacán.

Santo Toribio Romo González (+ 1928)

Nació en Santa Ana de Guadalupe, perteneciente a la Parroquia de Jalostotitlán, Jal. (Diócesis de San Juan de los Lagos), el 16 de abril de 1900. Vicario con funciones de Párroco en Tequila, Jal., (Arquidiócesis de Guadalajara). Sacerdote de corazón sensible, de oración asidua. Apasionado de la Santa Misa pidió muchas veces: «Señor, no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la Comunión». En una Primera Comunión, al tener la sagrada Hostia en sus manos, dijo: «¿Y aceptarías mi sangre, Señor, que te ofrezco por la paz de la Iglesia?». Estando en Aguascalientes, un lugar cercano a Tequila que le servía de refugio y centro de su apostolado, quiso poner al corriente los libros parroquiales. Trabajó el viernes todo el día y toda la noche. A las cinco de la mañana del sábado 25 de febrero de 1928, quiso celebrar la Santa Misa pero, sintiéndose muy cansado y con sueño prefirió dormir un poco para celebrar mejor. Apenas se había quedado dormido cuando un grupo de agraristas y soldados entraron en la habitación y cuando uno de ellos le señaló diciendo: «Ése es el Cura, mátenlo», el Padre Toribio se despertó asustado, se incorporó y recibió una descarga. Herido y vacilante caminó un poco, una nueva descarga, por la espalda, cortó la vida del Mártir y su sangre generosa enrojeció la tierra de esa barranca jalisciense.

Beato Miguel Gómez Loza (+ 1928)

Nació en Tepatitlán, Jalisco, el 11 de agosto de 1888. Hijo de campesinos, desde su niñez hasta su juventud cuidó de su madre, viuda, en la modesta aldea de Paredones; sin embargo, nunca abandonó el deseo de superarse en ciencia y en virtud. Desde su juventud fue promotor incansable de la doctrina social de la Iglesia. Junto con su entrañable amigo Anacleto González, en las filas de la Asociación católica de la juventud mexicana, de Guadalajara, encontró escuela y cátedra para su formación religiosa y moral, y para sus ansias apostólicas.

Sorteando mil dificultades, ingresó a la Escuela libre de Derecho, perseverando en sus estudios hasta concluir la Carrera de Derecho. Hombre intrépido, de convicciones, nada le arredraba en sus propósitos cuando estos eran justos, lícitos y debidos. Por defender los derechos de los necesitados, cincuenta y nueve veces fue encarcelado, y muchas veces golpeado.

En 1922 contrajo matrimonio con María Guadalupe Sánchez Barragán. De su matrimonio le nacieron tres hijas. En 1927, durante la persecución religiosa contra la Iglesia, Miguel se unió a la Liga defensora de la libertad religiosa, empleando todos los medios para resistir los ataques del Estado a la libertad de credo. Para defender la libertad y la justicia, aceptó el nombramiento de Gobernador de Jalisco, conferido por los católicos de la resistencia. Perseguido por las fuerzas federales, fue sorprendido caminando rumbo a Guadalajara en “El Lindero”, Atotonilco el Alto, Jalisco; lazado, arrastrado a cabeza de silla y asesinado a balazos por el ejército federal, el 21 de marzo del año 1928. Le sobreviven dos de sus tres hijas, una de ellas, Guadalupe, vive en Lice 405, a una cuadra del Santuario de nuestra Señora de Guadalupe, en donde descansan los restos de su padre, al lado derecho del Altar mayor, junto con los de su maestro el también Beato Gonzáles Flores.

San Justino Orona Madrigal (+ 1928)

Nació en Atoyac, Jal. (Diócesis de Ciudad Guzmán), el 14 de abril de 1877. Párroco de Cuquío, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara). Fundador de la Congregación religiosa de las Hermanas Clarisas del Sagrado Corazón. Su vida estuvo marcada por la cruz pero siempre se conservó amable y generoso. En cierta ocasión escribió: «Los que siguen el camino del dolor con fidelidad, pueden subir al Cielo con seguridad». Cuando arreció la persecución, permaneció entre sus feligreses diciendo: «Yo entre los míos vivo o muero». Una noche, después de planear con su Vicario y compañero de martirio, el padre Atilano Cruz, su especial actividad pastoral, ejercida en medio de incontables peligros, ambos Sacerdotes se recogieron para descansar en una casa de rancho de “Las Cruces” cercano a Cuquío. En la madrugada del 1° de julio de 1928 las fuerzas federales y el presidente municipal de Cuquío irrumpieron violentamente en el rancho y golpearon la puerta donde dormían el Párroco y su Vicario. El Sr. Cura Orona abrió y con fuerte voz saludó a los verdugos: «¡Viva Cristo Rey!». La respuesta fue una lluvia de balas.

San Atilano Cruz Alvarado (+ 1928)

Nació en Ahuetita de Abajo, perteneciente a la Parroquia de Teocaltiche, Jal. (Diócesis de Aguascalientes), el 5 de octubre de 1901. Ministro de la Parroquia de Cuquío, Jal. Se ordenó Sacerdote cuando esto se consideraba como el mayor crimen que podía cometer un mexicano. Pero él, con una alegría que le desbordaba extendió sus manos para que fueran consagradas bajo el cielo azul de una barranca jalisciense donde se escondía el Arzobispo y el Seminario. Once meses después, el pacífico y alegre Sacerdote, mientras ejercía a salto de mata su ministerio, fue llamado por su Párroco el Sr. Cura Justino Orona. Obediente se encaminó al rancho de “Las Cruces”, lugar que sería su calvario. Poco antes había escrito: «Nuestro Señor Jesucristo nos invita a que lo acompañemos en la pasión». Mientras dormía llegaron las fuerzas militares y la autoridad civil. El Padre Atilano, al oír la descarga que cortó la vida de su Párroco, se arrodilló en la cama y esperó el momento de su sacrificio. Allí fue acribillado, dando testimonio de su fidelidad a Cristo Sacerdote, la madrugada del 1° de julio de 1928.

San Tranquilino Ubiarco Robles (+ 1928)

Nació en Zapotlán el Grande, Jal. (Diócesis de Ciudad Guzmán), el 8 de julio de 1899. Vicario con funciones de Párroco en Tepatitlán, Jal. (Diócesis de San Juan de los Lagos). Fue uno de los infatigables y abnegados misioneros en los tiempos difíciles de la persecución. Nada le detenía para ir, lleno de caridad, a administrar los Sacramentos y a sostener la vida cristiana de los fieles celebrando la Santa Misa en casas particulares. A principios del mes de octubre de 1928 fue a Guadalajara a comprar lo necesario para el Santo Sacrificio del Altar. Alguien le hizo ver que su campo pastoral estaba enclavado en la zona de mayor peligro: «Ya me voy a mi Parroquia; a ver qué puedo hacer y si me toca morir por Dios, ¡Bendito sea!». Cuando una noche preparada la celebración de la Santa Misa y la bendición de un matrimonio, fue hecho prisionero y condenado a morir ahorcado en un árbol de la alameda, a las afueras de la ciudad. Con entereza cristiana bendijo la soga, instrumento de su martirio, y a un soldado que se negó a participar en el crimen, le dijo, repitiendo las palabras del Maestro: «Hoy estarás conmigo en el paraíso».

Beato Darío Acosta Zurita (+ 1931)

Nació el 13 de diciembre de 1908, en Naolinco, Veracruz. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Mateo Apóstol, el 23 de diciembre, con el nombre de Ángel Darío.

El ambiente familiar era cristiano y sencillo y su infancia transcurrió tranquila. Recibió la primera Comunión a la edad de seis años y posteriormente el Sacramento de la Confirmación.

Desde niño conoció las limitaciones y los sacrificios, ya que en las revueltas armadas por la Revolución su padre perdió el ganado que poseía y los medios económicos necesarios para el sostenimiento de su familia, enfermó de gravedad y al poco tiempo falleció. La joven viuda tuvo que hacer frente a la situación de extrema pobreza en que quedó. Darío la ayudó en el sostén de sus cuatro hermanos.

Con el apoyo de su madre y la ayuda del señor Cura Miguel Mesa, pudo ingresar en el Seminario del Obispo Guízar y Valencia; primero como alumno externo, y al poco tiempo, por su excelente aprovechamiento y óptima conducta, con la ayuda de una beca, como seminarista.

Eran tiempos difíciles para la Iglesia por la Revolución y las continuas luchas por el poder que asolaban el país, y mons. Guízar decidió trasladar su Seminario a la ciudad de México.

Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de abril de 1931, de manos de Mons. Guízar y Valencia y cantó su primera misa el día 24 de mayo, en la ciudad de Veracruz. Mons. Guízar lo nombró Vicario cooperador de la Parroquia de la Asunción, en la ciudad de Veracruz, donde se desempeñaba como Párroco el señor canónigo Justino de la Mora. También estaban ahí de vicarios el P. Rafael Rosas y el P. Alberto Landa.

Desde su llegada a Veracruz, fue notable para la gente su fervor y bondad, su preocupación por la catequesis infantil y dedicación al Sacramento de la reconciliación.

El vendaval de la persecución rugía con gran violencia, y el Párroco llamó en varias ocasiones a sus Vicarios para manifestarles la gravísima situación en que se encontraba la Iglesia y el peligro constante que corrían sus vidas, por el simple hecho de ser Sacerdotes, dejándoles en absoluta libertad de ocultarse, si así lo consideraban; o de irse a sus casas, si así lo deseaban. La respuesta que obtuvo de los tres fue siempre: «Estamos dispuestos a arrostrar cualquier grave consecuencia por seguir en nuestros deberes sacerdotales». La disposición al martirio era manifiesta y constantemente renovada en aquellos días en que el perseguidor mostró todo su odio a Dios y a la Iglesia católica, al promulgar el decreto 197, Ley Tejeda, referente a la reducción de los Sacerdotes en todo el Estado de Veracruz, para terminar con el “fanatismo del pueblo”. De parte del gobernador, fue enviada a cada Sacerdote una carta exigiéndoles el cumplimiento de esa ley. Al P. Darío le correspondió el número 759 y la recibió el 21 de julio.

El día 25 de julio era la fecha establecida por el gobernador para que entrara en vigor la inicua ley. Era un día lluvioso, y en la Parroquia de la Asunción todo transcurría normal. Las naves del templo estaban repletas de niños que habían llegado de todos los Centros de Catecismo, acompañados por sus catequistas. Había también un gran número de adultos, esperando recibir el Sacramento de la Reconciliación. Eran las 6.10 de la tarde, cuando varios hombres vestidos con gabardinas militares entraron simultáneamente por las tres puertas del templo, y sin previo aviso comenzaron a disparar contra los Sacerdotes. El P. Landa fue gravemente herido, el P. Rosas se libró milagrosamente, al protegerse en el púlpito y el P. Darío, que acababa de salir del baptisterio, en donde había bautizado a un niño, cayó acribillado por las balas asesinas, alcanzando a exclamar: «¡Jesús!».

Al escuchar los disparos, salió de la sacristía el Señor Cura De la Mora pidiendo que a él también lo mataran, pero los asesinos ya habían huido. El Señor Cura se acercó al P. Darío para darle los últimos auxilios.

San Pedro de Jesús Maldonado Lucero (+ 1937)

Nació en la ciudad de Chihuahua, Chih. (Arquidiócesis de Chihuahua), el 15 de junio de 1892. Párroco de Santa Isabel, Chih. Su propósito de seminarista: «He pensado tener mi corazón siempre en el Cielo, en el Sagrario» se convirtió en el ideal de su vida y fuente de toda su actividad sacerdotal. Sacerdote enamorado de Jesús Sacramentado, fue un continuo adorador y fundador de muchos turnos de Adoración Nocturna entre los feligreses a él confiados. El 10 de febrero de 1937, Miércoles de Ceniza, celebró la Santa Misa, impartió la ceniza y se dedicó a confesar. De pronto se presentó un grupo de hombres armados para apresarlo. El Padre Pedro tomó un relicario con Hostias consagradas y siguió a sus perseguidores. Al llegar a la presidencia municipal, políticos y policías le insultaron y le golpearon. Un pistoletazo dado en la frente le fracturó el cráneo y le hizo saltar el ojo izquierdo. El Sacerdote bañado en sangre, cayó casi inconsciente; el relicario se abrió y se cayeron las Hostias. Uno de los verdugos las recogió y con cinismo se las dio al Sacerdote diciéndole: «Cómete esto». Por manos de su verdugo se cumplió su anhelo de recibir a Jesús Sacramentado antes de morir. En estado agónico fue trasladado a un hospital público de Chihuahua y al día siguiente, 11 de febrero de 1937, aniversario de su ordenación sacerdotal, consumió su glorioso sacrificio el Sacerdote Mártir.

La Cruzada de España

LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA ESPAÑOLA (1936-1939)

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La II República española, proclamada el 14 de abril de 1931, llegó impregnada de fuerte anticlericalismo. Apenas un mes más tarde se produjeron incendios de templos en Madrid, Valencia, Málaga y otras ciudades, sin que el Gobierno hiciera nada para impedirlos y sin buscar a los responsables para juzgarles según la ley. Los daño fueron inmensos, pero el Gobierno no los reparó ni material ni moralmente, por lo que fue acusado de connivencia. La Iglesia había acatado a la República no sólo con respeto sino también con espíritu de colaboración por el bien de España. Estas fueron las instrucciones que el Papa Pío XI y los obispos dieron a los católicos. Pero las leyes sectarias crecieron día por día. En este contexto fue suprimida la Compañía de Jesús y expulsados los jesuitas.

Durante la Revolución de Asturias, comunista (octubre de 1934) derramaron su sangre muchos sacerdotes y religiosos, entre ellos los diez Mártires de Turón (9 Hermanos de las Escuelas Cristianas y un Pasionista, canonizados el 21 de noviembre de 1999).

Durante el primer semestre de 1936, después del triunfo del Frente Popular, formado por socialistas, comunistas y otros grupos radicales, se produjeron atentados más graves, con nuevos incendios de templos, derribos de cruces, expulsiones de párrocos, prohibición de entierros y procesiones, etc., y amenazas de mayores violencias.

Como muestra del incremento de actos anticatólicos cabe decir con Fr. Justo Pérez de Urbel[1] que tan sólo entre febrero y junio de 1936 se quemaron al menos 297 iglesias con el consiguiente saqueo y profanación de las mismas, produciéndose incluso, en esos días previos al Levantamiento en armas contra la injusticia roja, pérdidas irreparables para el patrimonio artístico nacional.

Hispanistas tan poco sospechosos de mantener posiciones políticas vinculadas al tradicionalismo o a los alzados, como Hugh Thomas[2], han llegado a afirmar que «posiblemente en ninguna época de la historia de Europa y posiblemente del mundo, se ha manifestado un odio tal contra la religión y todo cuanto con ella se encuentra relacionado». Por ello, siguiendo la tradición bimilenaria de honrar a sus mártires elevándolos a la santidad como firmes testigos de la fe de Cristo, se ha colocado ya en los altares a un considerable número de los perseguidos y se tramita igualmente numerosas causas de beatificación entre los asesinados en aquellos días[3].

Otro testimonio que quiero destacarles, abrumador por independiente y espontáneo, es el que nos deja D. Félix Schlayer, Cónsul de Noruega en Madrid[4] en aquel tremendo 1936, verdadero ángel de la guarda para los más de 900 refugiados en su legación diplomática y uno de los primeros en percatarse en Madrid del Holocausto de Paracuellos del Jarama en el que se asesinó, a sangre fría sin juicio ni justificación, a más de 8000 personas en sólo unos días, sacándolas de madrugada de las cárceles en las que se hallaban recluidas. Pues el Sr. Schlayer nos recuerda como «[...] Al propio Calvo Sotelo, gran diputado y líder de los partidos derechistas, le anunció la muerte que le esperaba el mismo presidente del Consejo de Ministros, Casares Quiroga, quien lo hizo en el marco de una agitada sesión parlamentaria [de la que se conservan actas] [...] pocos días después tuvo lugar el asesinato durante la noche y a manos de la policía [...]»[5].

Y respecto de los desórdenes generalizados en la zona roja una vez los alzados se levantaron contra la Revolución, dice Schlayer que «[...] entre finales de julio y mediados de diciembre de 1936 [...] estimo, y con mucha cautela, que el número de asesinatos practicado en Madrid, sin procedimiento judicial alguno, se sitúa entre los 35.000 y 40.000, quedándome con seguridad por debajo de la cifra real, si estimo que el número de hombres, mujeres y niños asesinados en toda la zona roja, durante dicho tiempo, fue de 300.000»[6].

Debemos destacar para hacer honor a la verdad que dicha barbarie no sólo provenía de turbas incontroladas sino que era perfectamente conocida y tolerada por el gobierno. Y el diplomático noruego de origen alemán, por terminar con sus testimonios, también nos lo indica: «[...] El gobierno rojo imposibilitaba la distinción que tanto Franco como la Cruz Roja Internacional pretendían establecer [...] porque pretendía utilizar a la población civil a modo de escudo para sus militares. Culpables de sacrificar de tal modo a mujeres y niños, no por ello dejaban de utilizar esas mismas víctimas como cartel de propaganda ante el mundo [...]»[7].

Y es que «en la zona dominada por los rojos, estos crímenes, producto de la ferocidad de las masas, iban en aumento semana tras semana, hasta convertirse en una espantosa orgía de pillaje y de muerte, no sólo en Madrid sino en todas las ciudades y pueblos de dicha zona. Aquí se trataba del asesinato organizado. Ya no era sólo el odio del pueblo, sino algo que respondía a una metodología rusa: era el producto de una “animalización” consciente del hombre por el bolchevismo»[8].

En España se desató el Infierno, con verdadero furor después del 18 de Julio de 1936, y volvió a ser tierra de mártires desde esa fecha hasta el 1 de abril de 1939, pues en la zona roja se desencadenó la mayor persecución religiosa conocida en la historia desde los tiempos del Imperio Romano, superior incluso a la Revolución Francesa.

Fue un trienio trágico y glorioso a la vez, el de 1936 a 1939, que debe ser fielmente recordado para que no se pierda la memoria histórica, tan cacareada por los enemigos de la Iglesia y de la España Católica.

Al finalizar la persecución, el número de mártires ascendía a casi diez mil: 13 Obispos; 4.184 Sacerdotes diocesanos y seminaristas, 2.365 Religiosos, 283 Religiosas y varios miles de seglares, de ambos sexos, militantes de Acción Católica y de otras asociaciones apostólicas, cuyo número definitivo todavía no es posible precisar.

El testimonio más elocuente de esta persecución lo dio Manuel de Irujo, ministro del Gobierno rojo, que en una reunión del mismo celebrada en Valencia –entonces capital de la República–, a principios de 1937, presentó el siguiente Memorándum:

«La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente:
a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio.
b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido.
c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron.
d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aún han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales.
e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos.
f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos.
g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso.
h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones, de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerde».

Hasta tal punto llegó la represión roja de la catolicidad del pueblo español que sólo dos testimonios más, ahora provenientes de los asesinos, son elocuentes: El secretario general de la sección española de la III Internacional, José Díaz, afirmaba en Valencia el 5 de marzo de 1937 que «En las provincias en que dominamos, la Iglesia ya no existe. España ha sobrepasado en mucho la obra de los soviets, porque la Iglesia, en España, está hoy día aniquilada».

Y en el mismo sentido, el tristemente conocido diario socialista-anarquista, Solidaridad Obrera en el número correspondiente al 25 de mayo de 1937, publicaba la siguiente confesión de parte: «¿Qué quiere decir restablecer la libertad de cultos? ¿Qué se puede volver a decir misa [sic]? Por lo que respecta a Barcelona y Madrid, no sabemos dónde se podrá hacer esta clase de pantomimas. No hay un templo en pie ni un altar donde colocar un cáliz... Tampoco creemos que haya muchos curas por este lado... capaces de esta misión».

El cardenal arzobispo de Tarragona, Francisco Vidal y Barraquer (1868-1943), que se hallaba refugiado en Italia y fue invitado por el Gobierno rojo en 1938 para que regresara a su diócesis, dijo:

«¿Cómo puedo yo dignamente aceptar tal invitación, cuando en las cárceles continúan sacerdotes y religiosos muy celosos y también seglares detenidos y condenados, como me informan, por haber practicado actos de su ministerio, o de caridad y beneficencia, sin haberse entrometido en lo más mínimo en partidos políticos, de conformidad a las normas que les habían dado?».

Y añadía: «Los fieles todos, y en particular los sacerdotes y religiosos, saben perfectamente los asesinatos de que fueron víctimas muchos de sus hermanos, los incendios y profanaciones de templos y cosas sagradas, la incautación por el Estado de todos los bienes eclesiásticos y no les consta que hasta el presente la Iglesia haya recibido de parte del Gobierno reparación alguna, ni siquiera una excusa o protesta».

Sobre esta persecución son esenciales:

A. Montero Moreno, Historia de la persecución religiosa en España. 1936-1939. Madrid, BAC, 1960, reimpresa en 1999.
F.J. Fernández de la Cigoña, «¿Cruzada o guerra civil? La perspectiva de Eugenio Vegas», Verbo nos. 247-248, Madrid, Speiro, 1986.
V. Cárcel Ortí, La persecución religiosa en España durante la Segunda República (1931-1939). Madrid, Rialp, 1990.
V. Cárcel Ortí, Mártires españoles del siglo XX. Madrid, BAC, 1995.
V. Cárcel Ortí y R. Fita Revert, Mártires valencianos del siglo XX. Valencia, Edicep, 1998.
V. Cárcel Ortí, Buio sull’altare. La persecuzione religiosa spagnola, 1931-1939. Roma, Città Nuova, 1999.
V. Cárcel Ortí, La gran persecución. España 1931-1939. Barcelona, Planeta, 2000.
V. Cárcel Ortí, Persecuciones religiosas y mártires del siglo XX. Madrid, Palabra, 2001.
V. Cárcel Ortí, Mártires del siglo XX. Cien preguntas y respuestas. Valencia, Edicep, 2001.
J. Cayón, Conferencia «Persecución religiosa en España». Varsovia, Klub Zachowawczo-Monarchistyczny, 2006.

Beatos Mártires de la Cruzada

CAUSA DE LOS SACERDOTES DIOCESANOS, MUJERES, HOMBRES Y JÓVENES DE ACCIÓN CATÓLICA Y DE OTRAS ASOCIACIONES APOSTÓLICAS DE LA ARCHIDIÓCESIS DE VALENCIA (Decreto de la Congregación de las Causas de los Santos, leído ante el Santo Padre el 18 de diciembre de 2000)

SACERDOTES DIOCESANOS

1. Beato José Aparicio Sanz,
Arcipreste de Enguera (* Enguera, 12-III-1893 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936). Martirizado junto con su coadjutor (n. 12).

2. Beato Fernando González Añón, Párroco de Turís (* Turís, 17-II-1886 + 27-VIII-1936).

3. Beato Juan Ventura Solsona, Arcipreste de Villahermosa del Río (* Villahermosa del Río, Castellón, 1875 + Castillo de Villamalefa, Castellón, 17-IX-1936).

4. Beato José Ruiz Bruixola, Párroco de San Nicolás, de Valencia (* Foios 1857, 30-III-1857 + Gilet, 29-X-1936).

5. Beato Ramón Martí Soriano, Cura Regente de Vallada (* Burjassot, 7-X-1902 + Carretera de Godella a Bétera, 27-VIII-1936).

6. Beato Joaquín Vilanova Camallonga, Coadjutor de Ibi (* Ontinyent, 6-X-1888 + Ibi, Alicante, 29-VII-1936).

7. Beato Enrique Morant Pellicer, Cura de Barx (* Bellreguard, 13-X-1908 + Xeraco, 3-X-1936).

8. Beato Carmelo Sastre Sastre, Párroco de Piles (* Pego, Alicante, 21-XII-1890 + Palma de Gandía, 15-VIII-1936).

9. Beato Vicente Ballester Far, Capellán de las Agustinas de Xábia (* Benidoleig, Alicante, 4-II-1888 + Carretera de Teulada a Benissa, Alicante, 23-IX-1936).

10. Beato Ramón Esteban Bou Pascual, Cura Regente de Planes (* Benimantell, Alicante, 12-X-1906 + La Nucía, Alicante, 15-X-1936).

11. Beato Pascual Ferrer Botella, Capellán de San Vicente de Algemesí (* Algemesí, 9-XI-1894 + Sueca, 24-IX-1936).

12. Beato Enrique Juan Requena, Coadjutor de Enguera (* Aielo de Malferit, 2-III-1903 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936). Martirizado junto con su párroco (n. l).

13. Beato Elías Carbonell Mollá, Coadjutor de Cocentaina (* Cocentaina, Alicante, 20-XI-1869 + Sax, Alicante, dióc. Orihuela, 2-X-1936). Martirizado junto con su hermano Juan (n. 14).

14. Beato Juan Carbonell Mollá, Coadjutor de Cocentaina (* Cocentaina, Alicante, 6-VI-1874 + Sax, Alicante, dióc. Orihuela, 2-X-1936). Martirizado junto con su hermano Elías (n. 13).

15. Beato Pascual Penadés Jornet, Regente de Bélgida (* Montaverner, 3-1-1894 + Puerto de Cárcer, 15-IX-1936).

16. Beato Salvador Ferrandis Seguí, Párroco de Pedreguer (* L’Orxa, Alicante, 25-V-1880 + Carretera del Vergel, Alicante, 3-VIII-1936).

17. Beato José Toledo Pellicer, Coadjutor de Banyeres (* Llaurí, 15-VII-1909 + El Saler de Valencia, 10-VIII-1936).

18. Beato Fernando García Sendra, Cura de Sagra (* Pego, Alicante, 31-III 1905 + La Pedrera de Gandía, 18-IX- 1936).

19. Beato José García Mas, Capellán del Ecce Homo de Pego (* Pego, Alicante, 11-VI-1896 + La Pedrera de Gandía, 18-IX-1936).

20. Beato José María Segura Penadés, Coadjutor de Ontinyent (* Ontinyent, 13-X- 1896 + Genovés, 11 -IX- 1936).

21. Beato Salvador Estrugo Solves, Capellán del Hospital de Alberic (* Alzíra, 12-X- 1862 + Alberie, 10-VIII- 1936).

22. Beato Vicente Sicluna Hernández, Párroco de Navarrés (* Valencia, 30-IX-1859 + Bolbaite, 22-IX-1936).

23. Beato Vicente María Izquierdo Alcón, Párroco de La Pobla de Farnals (* Mosqueruela, Teruel, 25-V-1891 + Rafelbunyol, 18-VIII-1936).

24. Beato José María Ferrándiz Hernández, Arcipreste de Alcoi (* El Camp de Mirra, Alicante, 11-VIII-1879 + Rotglá, 24-IX-1936).

25. Beato Francisco Ibáñez Ibáñez, Abad de la Colegiata de Xátiva (* Penáguila, Alicante, 22-IX-1876 + Llosa de Ranes, 19-VIII-1936).

26. Beato José González Huguet, Párroco de Cheste (* Alaquás, 23-1-1874 + Ribarroja, 12-X-1936).

27. Beato José Fenollosa Alcayna, Canónigo de la Colegiata de San Bartolomé, de Valencia (* Rafelbunyol, III-1903 + Sagunto, 27-IX-1936).

28. Beato Félix Yuste Cava, Párroco de San Juan y San Vicente, de Valencia (* Chulilla, 21-II-1887 + El Saler de Valencia, 14-VIII-1936).

29. Beato Vicente Pelufo Corts, Capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, de Alzíra (* Alzira, 26-11-1868 + 11-IX-1936).

30. Beato José Canet Giner, Vicario de Catamarruch (* Bellreguard, 24-VIII-1903 + La Pedrera de Gandía, 4-X-1936).

31. Beato Francisco Sendra Ivars, Cura Regente de Calpe (* Benissa, Alicante, 23-1V-1899 Teulada, Alicante, 4-1X-1936).

32. Beato Diego Llorca Llopis, Coadjutor de Benissa (* Oliva, 2-VII- 1896 + Gata de Gorgos, Alicante, 6-1X- 1936).

33. Beato Alfonso Sebastiá Vinals, Director de la Escuela de Formación Social de Valencia (* Valencia, 27-V-1910 + Paterna, 1-IX-1936).

34. Beato Germán Gozalbo Andreu, Misacantano de Torrent (* Torrent, 30-VIII-1933 + Monserrat, 22-IX-1936).

35. Beato Gonzalo Viñes Masip, Canónigo de la Colegiata de Xátiva (* Xàtiva, 19-I-1883 + Valles, 10-XII- 1936).

36. Beato Vicente Rubiols Castelló, Cura Párroco de La Pobla Llarga (* Gandía, 13-III-1874 + La Pobla Llarga, 4-VIII-1936).

37. Beato Antonio Silvestre Moya, Cura Ecónomo de Santa Tecla, de Xàtiva (* L’Ollería, 26-X-1892 + El Saler de Valencia, 7-VIII-1936).

MUJERES DE ACCIÓN CATÓLICA

38. Beata Amalia Abad Casasempere.
Viuda y madre de dos hijas. Dedicada a sus labores. (* Alcoi, Alicante, 11-XII-1897 + Beníllup, Alicante, 21-IX-1936).

39. Beata Ana María Aranda Riera. Soltera. Sus labores. (* Denia, Alicante, 24-1-1888 + Paterna, 14-X-1936).

40. Beata Florencia Caerols Marúnez. Soltera. Obrera textil. Caudete, Albacete, 20-II-1890 + Rotglá Corbera, 2-X-1936).

41. Beata María Climent Mateu. Martirizada junto con su madre. Sus labores. (Xàtiva, 13-V-1887 + 20-VIII- 1936).

42. Beata Társila Córdoba Belda. Madre de tres hijos fallecidos, viuda. Sus labores. (* Sollana, 8-V-1861 + Algemesí, 17-X-1936).

43. Beata Francisca Cualladó Baixauli. Soltera. Modista (* Valencia 3-XII-1890+ Benifaió, 19-IX-1936).

44. Beata María Teresa Ferraguid Roig. Martirizada a sus 83 años junto con sus cuatro hijas, religiosas de clausura (n. 117, 118, 119 y 122). Sus labores. (* Algemesí, 14-1-1853 + Alzira 25-X-1936).

45. Beata Luisa María Frias Cañizares. Soltera. Profesora de la Universidad de Valencia. (* Valencia, 20-VI-1896 + Paterna, 6-XII-1936).

46. Beata Encarnación Gil Valls. Soltera. Maestra nacional. (* Ontinyent, 27-1-1888 + Ollería, 24-IX-1936).

47. Beata María Jordá Botella. Soltera. Sus labores. (* Alcoi, Alicante, 26-1-1905 + Benifállím, Alicante, 27-IX-1936).

48. Beata Herminia Martínez Amigó. Martirizada junto con su marido. Sus labores. (* Puzol, 31-VII-1887 + Gilet, 26-IX-1936).

49. Beata María Luisa Montesinos Orduna. Martirizada junto con su padre, sus tres hermanos y su tío. Sus labores. (* Valencia, 3-III-1901+ Picassent, 31-1-1937).

50. Beata Josefina Moscardó Montalvá. Soltera. Sus labores. (* Alzira, 10-1V-1880 + 22-1X-1936).

51. Beata María del Olvido Noguera Albelda. Sus labores. (* Carcaixent, 30-XII-1903 + Benífairó de Valldigna, 30-XI-1936.

52. Beata Crescencia Valis Espí. Martirizada junto con sus tres hermanas. Sus labores. (* Ontinyent, 9-VI-1863 + 20-1X-1936).

53. Beata María de la Purificación Vidal Pastor. Soltera. Sus labores. (* Alzira, 14-IX-1892 + Corbera, 21-IX-1936).

54. Beata María del Carmen Viel Ferrando. Soltera. Sus labores. (* Sueca, 27-XI-1893 + El Saler de Valencia, 4-XI-1936).

55. Beata Pilar Villalonga Villalba. Soltera. Sus labores (* Valencia, 22-1-1891 + Burjassot, 11-XII-1936).

56. Beata Sofía Ximénez Ximénez. Viuda, madre de dos hijos. Sus labores. Martirizada junto con su hermana Puri­ficación, religiosa (n. 204) y con otra religiosa (n. 205). (* Valencia, 15-X-1876 + Paterna, 23-IX-1936).

HOMBRES Y JÓVENES DE ACCIÓN CATÓLICA

57. Beato Rafael Alonso Gutiérrez.
Casado, padre de seis hijos. Administrador de correos. (* Ontinyent, 14-VI-1890 + Agullent, 11-VIII-1936). Martirizado junto con Carlos Díaz (n. 60).

58. Beato Marino Blanes Giner. Casado, padre de nueve hijos. (* Alcoi, Alicante, 17-IX-1888 + 8-IX-1936).

59. Beato José María Corbín Ferrer. Soltero. Universitario. (* Valencia, 26-XII-1914 + Santander, en el barco-prisión “Alfonso Pérez”, 27-XII-1936).

60. Beato Carlos Díaz Gandía. Casado, padre de una niña de ocho meses. (* Ontinyent, 25-XII- 1907 + Agullent, 11 -VIII- 1936). Martirizado junto con Rafael Alonso (n. 57).

61. Beato Salvador Damián Enguix Garés. Viudo, padre de seis hijos. Veterinario. (* Alzira, 27-IX- 1862 + 29-X- 1936).

62. Beato Ismael Escrihuela Esteve. Casado, padre de tres hijos. (* Tavernes de Valldigna, 20-V-1902 + Picadero de Paterna 9-IX-1936).

63. Beato Juan Bautista Faubel Cano. Casado, padre de tres hijos. Pirotécnico. (* Llíria, 3-I-1889 + Paterna, 28-VIII-1936).

64. Beato José Ramón Ferragud Girbés. Casado, padre de ocho hijos. Labrador. (* Algemesí, 10-X-1887 + Alzira, 24-IX-1936).

65. Beato Vicente Galbis Gironés. Casado, padre de un hijo. Abogado. (* Ontinyent, 9-IX-1910 + Benisoda, 21-IX-1936).

66. Beato Juan Gonga Marúnez. Soltero. Oficinista. (* Carcaixent, 25-111-1911 + Simat de Valldigna, 13-XI-1936).

67. Beato Carlos López Vidal. Casado, sin hijos. Segundo sacristán de la Colegiata de Gandía. (* Gandía, 15-XI- 1894 + La Pedrera de Gandía, 6-VIII- 1936).

68. Beato José Medes Ferrís. Casado, sin hijos. Martirizado junto con sus tres hermanos religiosos. (* Algernesí, 13-1-1885 + Alcudia de Carlet 12-XI-1936).

69. Beato Pablo Meléndez Gonzalo. Abogado y periodista. Casado, padre de diez hijos. Martirizado junto con su hijo Alberto. (* Valencia, 7-XI-1876 + Castellar, 23-XII-1936).

70. Beato José Perpiñá Nácher. Casado. Telegrafista y abogado. (* Sueca, 22-II-1911 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936).

71. Beato Arturo Ros Montalt. Casado y padre de seis hijos, Trabajador de la yutera. (* Vinalesa, 26-X-1901 + Moncada, 28-VIII-1936).

72. Beato Pascual Torres Lloret. Casado y padre de cuatro hijos. Constructor. (* Carcaixent, 23-I-1885 + 6-IX-1936).

73. Beato Manuel Torró Garúa. Casado, sin hijos. Aparejador. (* Ontinyent, 2-VII-1902 + Benisoda, 21-IX-1936).

74. Beato José María Zabal Blasco. Casado, padre de tres hijos. Empleado de la Estación del Norte de Valencia. (* Valencia, 20-III-1898 + Picadero de Paterna 8-XII-1936).

CAUSA DE LA ORDEN DE PREDICADORES (DOMINICOS) O.P. (Decreto del 20 de diciembre de 1999)

Este grupo comprende 18 frailes predicadores de la provincia religiosa de Aragón, la cual fue erigida en 1301. A esta provincia pertenecieron San Vicente Ferrer, San Luis Bertrán y los beatos Dalmacio Moner y Francisco Coll.

Son los primeros dominicos españoles víctimas de la persecución religiosa de los rojos durante la II República elevados al honor de los altares.

Nueve de los nuevos beatos eran miembros del convento de Calanda (Teruel), entonces Casa de Formación; cinco de Valencia y cuatro de Barcelona.

A ellos se unen dos sacerdotes de la archidiócesis de Zaragoza.

75. Beato Jacinto Serrano López, vicario provincial (* Urrea de Gaén, Teruel, dióc. Zaragoza, 30-VII- 1901 + Puebla de Híjar, Teruel, 25-XI-1936).

76. Beato Luis Urbano Lanaspa, vicario provincial. (* Zaragoza, 3-VI-1882 + Valencia, 25-VIII-1936).

77. Beato Constantino Fernández Álvarez (* La Vecilla, León, 7-11-1907 + Valencia, 29-VIII- 1936).

78. Beato Rafael Pardo Molina, cooperador (* Valencia, 28-X-1899 + 26-IX-1936).

79. Beato Lucio Marúnez Mancebo, maestro de novicios (* Vegas del Condado, León, 28-VII-1902 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).

80. Beato Antonio López Couceiro (* El Ferrol, La Coruña, dióc. Mondoñedo-El Ferrol, 15-XI-1869 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).

81. Beato Felicísimo Díez González (* Devesa de Curueño, León, 26-XI-1907 + Calanda, Teruel 29-VII-1936).

82. Beato Saturio Rey Robles (* Devesa de Curueño, León, 21-XII-1907 + Calanda, Teruel 29-VII-1936).

83. Beato Tirso Manrique Melero (* Alfaro, La Rioja, dióc. Calahorra y La Calzada, 26-I-1877 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).

84. Beato Gumersindo Soto Barros, cooperador (* Amil, La Coruña, 2 1 -X- 1869 + Calanda, Teruel, 29-VII- 1936).

85. Beato Lamberto de Navascués y de Juan, novicio, cooperador (* Zaragoza, 18-V-1911 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).

86. Beato José María Muro Sanmiguel (* Tarazona, Zaragoza, 26-X-1905 + Castelserás, Teruel , 30-VII-1936).

87. Beato Joaquín Prats Baltueña, novicio, clérigo (* Zaragoza, 5-III-1915 + Castelserás, Teruel, 30-VII-1936).

88. Beato Francisco Calvo Burillo (* Hijar, Teruel, 21-XI-1881 + 2-VIII-1936).

89. Beato Francisco Monzón Romeo (* Hijar, Teruel, 29-111-1912 + 29-VIII-1936).

90. Beato Ramón Peiró Victorí (* Aiguafreda, Barcelona, 7-III-1891 + El Morrot, Barcelona, 21-VIII-1936).

91. Beato José María Vidal Segú (* Secuita, Tarragona, 3-II-1912 + Barcelona, IX-1936).

92. Beato Santiago Meseguer Burillo (* Híjar, Teruel, 1-V-1885 + Barcelona, XI-1936).

Sacerdotes de la archidiócesis de Zaragoza, incluidos en el proceso de los dominicos:

93. Beato Manuel Albert Ginés,
coadjutor de Calanda. (* Calanda, Teruel, 3-X-1867 + 29-VII-1936).

94. Beato Zósimo Izquierdo Gil, párroco de Castelserás (* Víllahermosa del Campo, 17-XII-1895 + Castelserás, 30-VII-1936).

CAUSA DE LA ORDEN FRANCISCANA DE LOS FRAILES MENORES (O.F.M.) (Decreto del 20 de diciembre de 1999)

95. Beato Pascual Fortuño Almela.
Vicario del convento de Santo Espíritu del Monte. (* Villarreal de los Infantes, Castellón, dióc. Segorbe-Castellón, 5-III- 1886 + 7-IX-1936). Martirizado con un golpe de machete en el pecho.

96. Beato Plácido García Gilabert (* Benitachell, Alicante, dióc. Valencia, 1-I-1895 + Denia, Alicante, dióc. Valencia, 16-VIII-1936). Fue atrozmente mutilado y asesinado.

97. Beato Alfredo Pellicer Muñoz. Estudiante de Teología. (* Bellrreguard 10-IV-1914 + 4-X-1936). Fusilado.

98. Beato Salvador Mollar Ventura. Sacristán del colegio de Benissa. (* Manises 27-III-1896 + Paterna, 26-X-1936). Fusilado.

CAUSA DE LA ORDEN FRANCISCANA DE LOS FRAILES MENORES CONVENTUALES (O.F.M.Conv.) (Decreto del 26 de marzo de 1999)

Estos seis mártires eran miembros de la comunidad religiosa de Granollers (Barcelona), la única que la Orden de los Frailes Menores Conventuales había erigido en España a principios del siglo XX, después de la supresión llevada a cabo por S.M. el Rey don Felipe II en 1567.

La violenta persecución que se levantó en el verano de 1936 sorprendió a los religiosos en sus puestos de trabajo, dispuestos a confesar su fidelidad a Cristo. En la tarde del 20 de julio, los milicianos anarquistas de la F.A.I. (Federación Anarquista Ibérica) quemaron la iglesia y el convento, mientras que todos los religiosos se dispersaron y buscaron refugio junto a amigos y bienhechores. Sin embargo, muy pronto fueron descubierto y, en fechas distintas, del 27 de julio a los primeros días de septiembre, fueron arrestados, encarcelados, juzgados sumariamente y, en fin, matados por el simple hecho de ser religiosos y sacerdotes franciscanos.

99. Beato Modesto Vegas Vegas. Sacerdote. (* La Serna, Palencia, 24-II-1912 + Llisa, Barcelona, 27-VII-1936).

100. Beato Dionisio Vicente Ramos. Sacerdote. (* Caudé, Teruel, 9-X-1871 + Granollers, Barcelona, 31-VII-1936). Martirizado junto con el siguiente.

101. Beato Francisco Remón Játiva. Hermano. (* Caudé, Teruel, 22-IX-1890 + Granollers, Barcelona, 31-VII-1936).

102. Beato Alfonso López López. Sacerdote. (* Secorún, Huesca, dióc. Jaca, 16-XI-1878 + Samalús, Barcelona, 3-VIII-1936). Martirizado junto con el siguiente.

103. Beato Miguel Remón Salvador. Hermano. (* Caudé, Teruel, 17-IX-1907 + Samalús, Barcelona, 3-VIII-1936).

104. Beato Pedro Rivera Rivera. Sacerdote. (* Villacreces, Valladolid, 3-IX-1912 + Barcelona, 1-IX-1936).

CAUSA DE LA ORDEN FRANCISCANA DE LOS FRAILES MENORES CAPUCHINOS (O.F.M.Cap.) (Decreto del 20 de diciembre de 1999)

En el grupo de los Mártires españoles de la Orden de los Frailes Capuchinos, hay 12 religiosos y 5 monjas clarisas Capuchinas. Los Capuchinos sacerdotes y hermanos, pertenecían todos a la Provincia religiosa de la «Preciosísima Sangre de Cristo» de Valencia, y fueron asesinados en distintos lugares, sin hacerles ningún proceso formal previo.

Todos ellos de edades diferentes que van de los 23 a los 80 años de edad, provenientes de las distintas fraternidades de la Provincia Religiosa, empeñados en trabajos y apostolados diversos, predicadores, confesores, profesores formadores, otros empeñados en los trabajos de servicio a la fraternidad y a la gente que se acercaba al Convento.

Se trata de los primeros Capuchinos españoles martirizados durante la persecución del 1936-1939 que son Beatificados.

A este grupo se añade una monja agustina hermana de tres de las Capuchinas con su madre que quiso estar junto a sus hijas hasta la muerte.

105. Beato Aurelio de Vinalesa (José Ample Alcaide). Sacerdote. (* Vinalesa, 3-II-1896 + Barranco de Carraixet, 28-VIII-1936).

106. Beato Ambrosio de Benaguacil (Luis Valls Matamales). Sacerdote. (* Benaguasil, 3-V-1870 + Carretera de Valencia a Barcelona, 24-VIII-1936).

107. Beato Pedro de Benisa (Alejandro Mas Ginester). Sacerdote. (* Benissa, Alicante, 11 -XII- 1876 + Denia, Alicante, 26-VIII- 1936).

108. Beato Joaquín de Albocácer (José Ferrer Adell). Sacerdote. (* Albocásser, Castellón, 23-IV-1879 + Carretera de Puebla Tornesa a Villafamés, Castellón, 30-VIII- 1936).

109. Beato Modesto de Albocácer (Modesto García Martí). Sacerdote. (* Albocásser, Castellón, 18-I-1880 + 13-VIII-1936).

110. Beato Germán de Carcagente (Jorge María Garrigues Hernández). Sacerdote. (* Carcaixent, 12-II-1895 + Carcaixent, junto al puente del Júcar, 9-VIII-1936).

111. Beato Buenaventura de Puzol (Julio Esteve Flores). Sacerdote. (* Puzol, 9-X-1897 + 26-IX-1936).

112. Beato Santiago de Rafelbuñol (Santiago Mestre Iborra). Sacerdote. (* Rafelbuñol, Valencia, 10-IV-1909 + Gilet, Valencia, 29-IX-1936).

113. Beato Enrique de Almazora (Enrique García Beltrán). Diácono. (* Almassora, Castellón, 16-III-1913 + Pedrera de Castellón, 16-VIII-1936).

114. Beato Fidel de Puzol (Mariano Climent Sanchís). Hermano. (* Puzol, Valencia, 8-I-1856 - Sagunto, Valencia, 27 septiembre 1936).

115. Beato Berard de Lugar Nuevo de Fenollet (José Bleda Grau). Hermano. (* Lloch Nou de Fenollet, 23-VII-1867 + Genovés, 4-IX-1936).

116. Beato Pacífico de Valencia, lego (Pedro Salcedo Puchades). Hermano. (* Castellar, 24-II-1874 + Monteolivete, 12-X-1936).

Cinco religiosas capuchinas de la Orden de Santa Clara Monasterio de Agullent, incluidas en este proceso:

117. Beata María Jesús (María Vicenta Masiá Ferragud).
(* Algemesí, 12-I-1882 + Cruz Cubierta de Alzira, 25 octubre 1936).

118. Beata María Verónica (María Joaquina Masiá Ferragud). (* Algemesí, 15-VI-1884 + Idem).

119. Beata María Felicidad (María Felicidad Masiá Ferragud). (* Algemesí, 28-VIII-1890 - Idem).

Estas tres eran religiosas clarisas y fueron martirizadas junto con su anciana madre (n. 44) y otra hermana religiosa, agustina descalza (n. 122).

120. Beata Isabel Calduch Rovira
(* Alcalá de Chivert, Castellón, dioc. Tortosa, 9-V-1882 + Cuevas de Vinromá, Castellón, dióc. Tortosa, 14 abril 1937). Del monasterio de Castellón de la Plana.

121. Beata Milagros Ortells Gimeno (* Valencia, 29-XI-1882 - Picadero de Paterna, 20 noviembre 1936). Del monasterio de capuchinas de la calle de Ruzafa, de Valencia.

122. Beata Josefa de la Purificación Masiá Ferragud. Agustina descalza (en el siglo: María Josefa Ramona). (* Algemesí, 1887). Martirizada el 25-X-1936 junto con su anciana madre (n. 44) y sus tres hermanas religiosas clarisas (n. 117, 118, 119).

CAUSA DE LA COMPAÑÍA DE Jesús (JESUITAS) S.J. (Decreto del 20 de diciembre de 1999)

Los Beatos Mártires jesuitas pertenecían al territorio de la Provincia de Aragón de entonces; eran siete padres y cuatro hermanos. A ellos se añade un laico, D. Luis Campos Górriz, antiguo alumno, congregante mariano y dirigente nacional de Acción Católica.

La Compañía de Jesús estaba legalmente disuelta en España desde 1932; los novicios y los jóvenes en formación, con sus profesores y formadores fueron acogidos por diversas provincias europeas y pudieron proseguir en ellas su formación. Un número apreciable de padres y hermanos continuaron viviendo dispersos y en clandestinidad, realizando sus ministerios con grandes dificultades y en medio de circunstancias adversas. A partir del comienzo de la Cruzada el 18 de Julio de 1936, la persecución religiosa se hizo más intensa y sus vidas estaban en peligro. De hecho, más de un centenar de jesuitas sufrieron el martirio durante esos años.

Entre los que la Iglesia se dispone ahora a beatificar había superiores de comunidad y operarios, enfermeros y electricistas, rectores y profesores de Colegios, un eminente profesor de Derecho Canónico, directores de Congregaciones Marianas, así como los que se dedicaban con especial predilección a los más pobres y a trabajar con la juventud obrera. Sabían que sus vidas estaban en peligro, se les ofreció ocultarse o huir, pero prefirieron permanecer consolando a sus hermanos, celebrando la Santa Misa y el Sacramento de la Penitencia. Testimoniaron su fidelidad a Cristo y a su Iglesia; no ocultaron su identidad de religiosos y jesuitas, ofreciendo sus personas a seguir a Cristo Rey en la pena hasta el derramamiento de la sangre.

123. Beato Tomás Sidar Fortiá (* Gerona, 1866 + Cruz Blanca, carretera de Albaida a Gandía, 19-VIII-1936), superior de la residencia de Gandía.

124. Beato Constantino Carbonell Sempere (* Alcoi, 1866 + Tavernes de Valldigna, Valencia, 23 agosto 1936).

125. Beato Pedro Gelabert Amer (* Manacor, Mallorca, 1887 + Tavernes de Valldigna, Valencia, 23-VIII-1936).

126. Beato Ramón Grimaltós Monllor (* La Pobla Llarga, Valencia, 1861 + Tavernes de Valldigna, 23 agosto 1936).

127. Beato Pablo Bori Puig (* Vilet de Maldá, Lérida, 1864 + Benimaclet, 29 septiembre 1936).

128. Beato Vicente Sales Genovés (* El Grao de Valencia, 1881 + Picadero de Paterna, 29 septiembre 1936).

129. Beato José Tarrats Comaposada (* Manresa, Barcelona, 1878 + Barcelona, 28 septiembre 1936).

130. Beato Darío Hernández Morató (* Buñol, 1880 + Paterna, 29 septiembre 1936).

131. Beato Narciso Basté Basté (* San Andrés de Palomar, Barcelona, 1866 - Paterna, 15 octubre 1936).

132. Beato Alfredo Simón Colomina (* Valencia, 1877 - Paterna, 29 noviembre 1936).

133. Beato Juan Bautista Ferreres Boluda (* L’Ollería, 1861 - Cárcel de San Miguel de los Reyes de Valencia, 29 diciembre 1936). Murió víctima de los sufrimientos padecidos antes de que llegaran los asesinos.

134. Beato Luis Campos Górriz, Congregante mariano y antiguo alumno de los Jesuitas (* Valencia, 1905 - Picadero de Paterna, 28-XI-1936).

CAUSA DE LA SOCIEDAD SALESIANA DE SAN JUAN BOSCO (SALESIANOS) S.D.B. (Decreto del 20 de diciembre de 1999)

Los Salesianos martirizados en la España roja fueron 88, a los que se añaden dos Salesianas y cinco seglares Cooperadores. La mayoría fueron asesinados por separado o en grupos reducidos en lugares, situaciones y fechas muy diferentes, a causa de la dispersión obligada en diversos domicilios muchas veces en grandes ciudades. La mayor parte murieron sin ningún juicio previo, pocos con uno de mero trámite, y sólo nos consta un juicio formal en el Tribunal de Espionaje y Alta Traición de Barcelona: en él fue condenado a muerte el sacerdote don Julio Junyer Padern el 23 de marzo de 1938, sentencia que se cumplió al ser fusilado en los fosos de Montjuich el 26 de abril de 1938.

La Provincia Salesiana Tarraconense en aquellas fechas abarcaba: el Principado de Cataluña, el Reino de Valencia, las Baleares y el Reino de Aragón. Un buen grupo de sus religiosos se hallaba en el Colegio Salesiano de Valencia, de la calle Sagunto, practicando los Ejercicios Espirituales que todos los hijos del Beato Don Bosco solían tener cada verano. Recordaremos primero a los salesianos sacrificados junto con el Provincial, después a los que sufrieron la muerte en Barcelona y por último a otros dispersos en otras diócesis.

El primer grupo de Salesianos martirizados está formado por nueve religiosos de la Comunidad de Valencia, detenidos todos ellos en julio de 1936 y ejecutados en lugares distintos:

135. Beato José Calasanz Marqués. Sacerdote, Inspector de la Provincia Tarraconense. (* Azanuy, Huesca, 23-XI-1872 + Valencia 29-VII-1936).

136. Beato Jaime Buch Canals. Coadjutor. (* Bescanó, Gerona, 9-IV-1889 + El Saler de Valencia, 31-VII-1936).

137. Beato Juan Martorell Soria. Sacerdote. (* Picassent, Valencia, 1-IX-1889 + Valencia, 10-VIII-1936).

138. Beato Pedro Mesonero Rodríguez. Clérigo. (* Aldearrodrigo, Salamanca, 29-V-1912 + El Vedat de Torrent VIII-1936).

Los cinco que siguen, después de haber pasado algunos meses en San Miguel de los Reyes y en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron fusilados en el Picadero de Paterna el 9 de diciembre de 1936.

139. Beato Antonio Marún Hernández.
Sacerdote (* Calzada de Béjar, Salamanca, 18-VII-1885).

140. Beato Recaredo de los Ríos Fabregat. Sacerdote. (* Bétera, Valencia, 11-I-1893).

141. Beato Julián Rodríguez Sánchez. Sacerdote. (* Salamanca, 16-X-1896).

142. Beato José Giménez López. Sacerdote. (* Cartagena, Murcia, 31-X-1904).

143. Beato Agustín García Calvo. Coadjutor. (* Santander, 3-II-1905).

A la Comunidad Salesiana de Alcoy (Alicante) pertenecían:

144. Beato José Otín Aquilé. Sacerdote.
(* Huesca, 22-XII-1901 + Valencia, 1-XI-1936).

145. Beato Álvaro Sanjuan Canet. Sacerdote. (* Alcocer de Planes, Alicante, 26-IV-1908 + Villena, 2-X-1936).

Pertenecían a la Comunidad Salesiana de Sarriá (Barcelona):

146. Beato Francisco Bandrés Sánchez.
Sacerdote. (* Hecho, Huesca, 24-1V-1896 + Barcelona, 3-VIII-1936).

147. Beato Sergio Cid Pazo. Sacerdote. (* Allariz, Orense, 24-IV-1884 + Barcelona, 30-VII-1936).

148. Beato José Batalla Parramón. Sacerdote. (* Abella, Lérida, 15-1-1873 + Barcelona, 4-VIII-1936).

149. Beato José Rabasa Bentanachs. Sacerdote. (* Noves, Lérida, 26-VII-1862 + Barcelona, 8-VIII-1936).

150. Beato Gil Rodicio Rodicio. Coadjutor. (* Requejo, Orense, 20-III-1888 + Barcelona, 4.VIII.1936).

151. Beato Ángel Ramos Velázquez. Coadjutor. (* Sevilla, 9-III-1876 + Barcelona, 11-X- 1936).

152. Beato Felipe Hernández Martínez. Estudiante de Teología. (* Villena, Alicante, 14-III-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).

153. Beato Zacarías Abadía Buesa. Clérigo. (* Almuniente, Huesca, 5-XI-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).

154. Beato Jaime Ortiz Alzueta. Coadjutor. (* Pamplona, 24-V-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).

155. Beato Javier Bordás Piferer. Clérigo. (* San Pol de Mar, Barcelona, 24-IX-14 + Barcelona, 23-VII-1936).

156. Beato Félix Vivet Trabal. Clérigo. (* San Félix de Torelló, Barcelona, 23-I-1911 + Esplugues, Barcelona, 25-VIII-1936).

157. Beato Miguel Domingo Cendra. Clérigo. (* Caseres, Tarragona, 1-III- 1909 + Prat de Compte, Tarragona, 12-VIII-1936).

De la Comunidad Salesiana del Tibidabo, de Barcelona:

158. Beato José Caselles Moncho.
Sacerdote. (* Benidoleig, Alicante, 8-VIII-1907 + Barcelona, 27-VII-1936).

159. Beato José Castell Camps. Sacerdote. (* Ciudadela, Menorca, 12-X-1902 + Barcelona, 28-VII-l936).

De la Comunidad Salesiana de la calle de Rocafort, de Barcelona:

160. Beato José Bonet Nadal.
Sacerdote. (* Santa María de Montmagastrell, Lérida, 26-XII-1875 + Barcelona, 13-VIII-1936).

161. Beato Jaime Bonet Nadal. Sacerdote. (* Santa María de Montmagastrell, Lérida, 4-VIII-1884 + Tárrega, 18.VIII.1936). Primo hermano del anterior.

De la Comunidad Salesiana de San Vicente dels Horts, Barcelona:

162. Beato Alejandro Planas Saurí.
Fiel laico, célibe. (* Mataró, Barcelona, 31-X-1878 + Garraf, 19-XI-1936). Conocido como El Sordo, por lo que no pudo profesar salesiano, aunque lo fue por voluntad y dedicación.

163. Beato Elíseo García García. Coadjutor. (* El Manzano, Salamanca, 25-VIII-1907 + Garraf, 19-XI-1936).

De la comunidad Salesiana de Gerona:

164. Beato Julio Junyer Padern.
Sacerdote. (* Vilamaniscle, Gerona, 30-X-1892 + Monjuic, 26-IV-1938). Condenado a muerte el 23-X-1938, por el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, que manifestó su odio al sacerdote.

El 6 de septiembre de 1936 alcanzaron el Martirio en Barcelona dos Hijas de María Auxiliadora, del colegio de Santa Dorotea de Sarriá (Barcelona), unidas en su renuncia a la libertad para atender a una hermana enferma, unidas también al dar la vida por Cristo:

165. Beata María del Carmen Moreno Benítez, f.m.a.
(* Villamartín, Cádiz, 1885).

166. Beata María Amparo Carbonell Muñoz, f.m.a (* Alboraia, Valencia, 9-XI-1893).

CAUSA DE LOS TERCIARIOS CAPUCHINOS DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES T. C. (Decreto del 18 de diciembre de 2000)

Guiado por el Espíritu, el padre Luis Amigo dijo a sus seguidores:

Vosotros, zagales del Buen Pastor, sois los que habéis de ir en pos de la oveja descarriada hasta volverla al aprisco. Y no temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que os habréis de poner para salvar la oveja perdida; ni os arredren zarzales ni emboscadas.

Les confió así la misión de ser, entre los niños y jóvenes inadaptados, testigos del amor misericordioso de Cristo, que vino a buscar al que estaba perdido.

Y consciente, además, de que el amor se testifica desviviéndose por la persona amada, les invitó a que estuviesen dispuestos a sacrificar incluso la propia vida en el servicio a sus muchachos. Y al trasluz de la estampa del Buen Pastor, la vida de los diecinueve amigonianos beatificados cobra un significado especial. Algo similar sucede también con la vida de la laica amigoniana Carmen García Moyón. A mediados de aquel año 1936, obligados por las autoridades rojas, tuvieron que abandonar muchas de las instituciones que regían en favor de los menores inadaptados. La mayoría de sus comunidades fueron dispersadas y sus bienes patrimoniales enajenados, cuando no destruidos.

Todos ellos, -con su actitud de dar libremente la vida y de afrontar los últimos momentos de pie, como la Santísima Virgen María, y con las sandalias puestas, al estilo de quien no huye ante las dificultades- constituyen un acabado ejemplo de lo que significa ser zagal del Buen Pastor.

167. Beato Vicente Cabanes Badenas. Sacerdote. (* Torrente, 25-II-1908 + Bilbao, 30-VIII-1936). Después de haberle disparado cuatro tiros lo dejaron por muerto, pero pudo ser llevado al hospital de Basurto, donde murió.

168. Beato José Arahal de Miguel (Bienvenido María de Dos Hermanas). Sacerdote. (* Dos Hermanas, Sevilla, 17-VI-1887 + Madrid, 1-VIII-1936). Fue martirizado bárbaramente, abierto en canal y expuesto su cuerpo al público.

169. Beato Salvador Chullá Ferrandis (Ambrosio María de Torrente). Sacerdote. (* Torrente, Valencia, 16-IV-1866 + Torrente, 18-IX-1936).

170. Beato Manuel Ferrer Jordá (Benito María de Burriana). Hermano. (* Burriana, Castellón, 26-XI-1872 + Masía de Calabra Turís, 16-IX-1936).

171. Beato Crescencio García Pobo. Sacerdote. (* Celadas, Teruel, 15-IV-1903 + Madrid, 3-X-1936).

172. Beato Vicente Gay Zarzo (Modesto Modesto María de Torrente). Hermano. (* Torrente, Valencia, 19-I-1885 + Torrente, 18-IX-1936).

173. Beato Urbano Gil Sáez (* Albarracín, Teruel, 9-111-1901 + La Pobla de Vallbona, Valencia, 23-VIII-1936).

174. Beato Agustín Hurtado Soler (Domingo Miaría de Alboraya). Sacerdote. (* Alboraya, 28-VIII-1872 + Madrid, 15-VIII-1936).

175. Beato Vicente Jaunzarás Gómez (Valentín María de Torrente). Sacerdote. (* Torrente, Valencia, 6-III-1896 + Torrente, 18-IX-1936).

176. Beato Salvador Ferrer Cardet (Laureano María de Burriana). Sacerdote (* Burriana, Castellón, 13-VIII-1884 + Masiá de Calabra 16-IX-1936).

177. Beato Manuel Legua Martí (León María de Alacuás). Sacerdote. (* Alacuás, Valencia, 23-IV-1875 + Madrid, 26-IX-1936).

178. Beato Justo Lerma Marúnez (Francisco María de Torrente). Hermano. (* Torrente, Valencia, 12-XI-1886 - Torrente, 18-IX-1936).

179. Beato José María López Mora (Recaredo María de Torrente). Hermano. (* Torrente, Valencia, 22-VIII-1874 + Torrente, 18-IX-1936).

180. Beato José Llosá Balaguer. Hermano. (Benaguacil, Valencia, 23-VIII-1901 + Benisanó, Valencia, 7-X-1936).

181. Beato Pablo Martínez Robles (Bernardino María de Andújar). Hermano. (* Andujar, Jaén, 28-I-1879 + Masiá de Calabra, Turís, 16-IX-1936).

182. Beato Florentín Pérez Romero. Sacerdote. (* Valdecuenca, Teruel, 14-III-1904 + La Pobla de Vallbona, Valencia, 23-VIII-1936).

183. Beato José María Sanchís Mompó (Gabriel María de Benifayó). Hermano. (* Benifayó, Valencia, 8-X-1858 + Benifayó, 16-VIII-1936).

184. Beato Francisco Tomás Serer. Sacerdote. (* Alcalalí, Alicante, 11-X-1911 + Madrid, 2-VIII-1936).

185. Beato Timoteo Valero Pérez. Sacerdote. (* Terriente, Teruel, 24-I-1901 + Vicálvaro, Madrid, 17-IX-1936).

Unida a este grupo, en el proceso canónico, está también:

186. Beata Carmen García Moyón.
Cooperadora laica. (* Nantes, Francia, 13-IX- 1888 + Torrent, 30-1-1937). Después de haber intentado abusar de ella, los milicianos socialistas la rociaron de gasolina y la quemaron viva.

CAUSA DEL SACERDOTE DEL SAGRADO CORAZÓN DE Jesús (Dehoniano o Reparador) S.C.I. (Decreto del 18 diciembre 2000)

187. Beato Mariano Juan María de la Cruz García Méndez
(* San Esteban de los Patos, Ávila, 1891 + Silla, 23-VIII-1936). Párroco en la diócesis de Ávila desde 1916. En 1926 ingresó en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

CAUSA DE LOS HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS F.S.C. Y RELIGIOSAS CARMELITAS DE LA CARIDAD (Decreto del 20 diciembre 1999)

188. Beato Leonardo Olivera Buera,
Capellán del Colegio de la Bonanova (Barcelona). (* Campo, Huesca, dióc. Barbastro, 6-III-1889 + El Saler de Valencia 23-X-1936). Sacerdote de Zaragoza. Había sido Párroco de Movera en Puente Gallego.

Los tres religiosos siguientes eran hermanos que formaban parte de la Comunidad del Colegio de la Bonanova y fueron martirizados juntos el 23 de octubre de 1936 en Benimaclet (Valencia).

189. Beato Ambrosio León (Pedro Lorente Vicente).
(* Ojos Negros, Teruel, dióc. Zaragoza, 7-I-1914).

190. Beato Florencio Martín (Álvaro Ibáñez Lázaro). (* Godos, Teruel, dióc. Zaragoza, 12-VI-1913).

191. Beato Honorato Andrés (Andrés Zorraquim Herrero).

Los dos religiosos siguientes formaban parte de la Comunidad de Cambrils (Barcelona) y fueron martirizados juntos en Paterna (Valencia) el 22 de noviembre de 1936.

192. Beato Elías Julián (Julián Tormo Sánchez).
(* Torrijo del Campo, 17-XI-1900).

193. Beato Bertrán Francisco (Francisco Lahoz Molí). (* Campos, Teruel, 14-XII-1912).

Estas nueve religiosas formaban la comunidad del Colegio-Asilo de la Purísima, de Cullera (Valencia). Fueron asesinadas todas juntas en la playa del Saler, cerca de Valencia, el 19 de agosto de 1936, por un grupo de milicianos rojos armados, que les habían obligado a subir a un camión con la excusa de trasladarlas a Valencia, después de haber asaltado el colegio y haberlas sometido a violencias.

194. Beata Elvira Torrentallé Paraire de la Natividad de Nuestra Señora
(* Balsareny, Barcelona, 29-VI-1883). Superiora de la comunidad.

195. Beata Rosa Pedret Rull de Nuestra Señora del Buen Consejo (* Falset, Tarragona, 5-XII-1864). Murió en el camino cuando la llevaban el 18 de agosto, para asesinarla.

196. Beata María Calaf Milagro de Nuestra Señora de la Providencia (* Bonastre, Tarragona, 18-XII-1871).

197. Beata Francisca de Amezúa Ibaibarriaga de Santa Teresa (* Abadiano, Vizcaya, 9-III-1881).

198. Beata María Desamparados Giner Líster del Santísimo Sacramento (* El Grao de Valencia, 13-XII- 1877).

199. Beata Teresa Chambó Palés de la Divina Pastora (* Valencia, 5-II-1889).

200. Beata Águeda Hernández Amorós de Nuestra Señora de las Virtudes (* Villena, Alicante, 5-I-1893).

201. Beata María Dolores Vidal Cervera de San Francisco Javier (* Valencia, 31-1-1895).

202. Beata María de las Nieves Crespo López de la Santísima Trinidad (* Ciudad Rodrigo, Salamanca, 17-IX-1897).

Las tres religiosas siguientes fueron martirizadas otros en lugares y fechas:

203. Beata Ascensión Lloret Marco de San José de Calasanz
(* Gandía, 21-V-1879 + 7-IX-1936). Martirizada junto con su hermano Salvador, escolapio.

204. Beata María de la Purificación Ximénez Ximénez de San José (* Valencia, 3-II-1871 - Benicalap, Valencia, 23-IX-1936). Martirizada junto con su hermana Sofía Ximénez (n. 56) y el hijo de ésta, Luis, y con la siguiente.

205. Beata María Josefa del Río Messa de Santa Sofía (* Tarragona, 29-IV-1895 - Benicalap, Valencia, 23-OX-1936).

Las siguientes doce religiosas, de la Comunidad de la Casa de la Misericordia, fueron detenidas en la Cárcel de Mujeres y después cargadas en un camión con la excusa de llevarlas a una guardería de niños evacuados, y fueron martirizadas todas juntas en el Picadero de Paterna (Valencia), el 24 de noviembre de 1936.

206. Beata Niceta Plaja Xifra de San Prudencia
(* Torrent, Gerona, 31-X-1863), Superiora de la Casa Misericordia.

207. Beata Paula Isla Alonso de Santa Anastasia (* Villalaín, Burgos, 28-VI- 1863).

208. Beata Antonia Gosens Sáez de Ibarra de San Timoteo (* Vitoria, 17-I-1870).

209. Beata Daría Campillo Paniagua de Santa Sofía (* Vitoria, 1 1-IX-1873).

210. Beata Erundina Colino Vega de Nuestra Señora del Carmen (* Lagarejos, Zamora, dióc. Astorga, 23-VII-1883).

211. Beata Consuelo Cuñado González del Santísimo Sacramento (* Bilbao, 1-I-1884).

212. Beata Concepción Odriozola Zabalia de San Ignacio (* Azpeitia, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 8-II-1882).

213. Beata Feliciana de Uribe Orbe de Nuestra Señora del Carmen (* Múgica, Vizcaya, dióc. Vitoria, 8-III-1893).

214. Beata Concepción Rodríguez Fernández de Santa Magdalena (* Santa Eulalia de las Manzanas, León, dióc. Oviedo, 13-XII-1895).

215. Beata Justa Maiza Goicoechea de la Inmaculada (* Ataún, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 13-VII-1897).

216. Beata Clara Ezcurra Urrutia de Nuestra Señora de la Esperanza (* Mondragón, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 17-VIII-1896).

217. Beata Cándida Cayuso González de Nuestra Señora de los Ángeles (* Ubiarco, Santander, 5-I-1901).

CAUSA DE UNA RELIGIOSA SERVITA (Decreto del 18 de diciembre de 2000)

218. Beata María Guadalupe Ricart Olmos.
Del Monasterio Servita del Pie de la Cruz, de Valencia. (* Albal, Valencia, 23-II-1881 + Silla, Valencia, 2-X- 1936). Su cuerpo fue hallado monstruosamente destrozado y desfigurado.

CAUSA DE LAS RELIGIOSAS DE LAS ESCUELAS PÍAS (ESCOLAPIAS) (Decreto del 28 de junio de 1999)

Este grupo está formado por seis religiosas de la Congregación de Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías y dos exalumnas uruguayas laicas. Así pues, ocho mujeres dedicadas exclusivamente a la educación humano-cristiana de las niñas y jóvenes, a la promoción de la mujer, según su carisma, fueron martirizadas. Éstas son:

219. Beata María del Niño Jesús (María Baldillou Bullit). (* Balaguer, Lérida, dioc. La Seo de Urgel 6-11-1905).

220. Beata Presentación de la Sagrada Familia (Pascuala Presentación Gallén Martí). (* Morella, Castellón de la Plana, dióc. Tortosa, 20-XI-1872).

221. Beata María Luisa de Jesús (María Luisa Girón Romera). (* Bujalance, Córdoba, 25-VIII-1887).

222. Beata Carmen de San Felipe Neri (Nazaria Gómez Lezaun). (* Eulz, Navarra, dióc. Pamplona, 27-VII-1869).

223. Beata Clemencia de San Juan Bautista (Antonia Riba Mestres). (* Igualada, Barcelona, dioc. Vich, 8-X-1893).

Estas cinco escolapias del colegio de Valencia, dada la situación persecutoria y antirreligiosa reinante en la ciudad, buscaron refugio en un piso de la calle de San Vicente, que el 8 de agosto de 1936 fue asaltado por unos milicianos rojos. En un coche fueron llevadas a la playa del Saler, donde al amanecer de ese mismo día sellaron con su sangre su vida de fidelidad al Señor.

224. Beata María de Jesús (María de la Encarnación de la Yglesia de Varo).
(* Cabra, Córdoba, 25-III-1891).

225. Beata Dolores Aguiar-Mella Díaz (* Montevideo, Uruguay, 29-III-1897). De madre uruguaya y padre español.

226. Beata Consuelo Aguiar-Mella Díaz (* Montevideo, Uruguay, 29-III-1898).

Madre María de la Iglesia y la laica uruguaya Dolores Aguiar-Mella desde finales de julio de 1936 vivían refugiadas en un piso en Madrid. Su hermana Consuelo Aguiar-Mella con su familia Después de haber pasado estos dos meses entre atropellos, registros domiciliarios, todo tipo de amenazas y persecución, el 19 de septiembre de 1936, Dolores fue detenida en la calle. Dos horas más tarde unos milicianos fueron a buscar a M. María de la Iglesia al piso donde estaba refugiada. Consuelo Aguiar-Mella, que momento se encontraba allí para conocer lo que había pasado con su hermana, la acompañó. Por su Fe y convicciones cristianas, claramente manifestadas, las tres fueron detenidas y martirizadas a las afueras de Madrid. Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz son las primeras Beatas del Uruguay.

CAUSA DE UNA RELIGIOSA DE LA CONGREGACIÓN DE RELIGIOSAS DE MARÍA INMACULADA MISIONERAS CLARETIANAS (Decreto del 18 de diciembre de 2000)

227. Beata María Patrocinio Giner Gomis de San Juan
(Tortosa, 4-I-1874 - Portichol de Tavernes de Valldigna, 13-XI-1936). Por muchos años formadora de las jóvenes generaciones de claretianas y educadora en Carcagente. Fundadora de la comunidad y colegio en Puerto de Sagunto, Sufrió la primera persecución el año 1931. Entregó la vida por Cristo y Su Evangelio ofreciéndola por la paz y reconciliación.

CAUSA DE DOS HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS (Decreto del 18 de diciembre de 2000)

Las dos religiosas pertenecían a la Comunidad de Requena (Valencia) y fueron martirizadas juntas en el término municipal de Buñol (Valencia) el 8 de septiembre de 1936.

228. Beata Josefa de San Juan Ruano García (* Berja, Almería, 11-VII-1854).

229. Beata Dolores de Santa Eulalia Puig Bonany (* Berga, Barcelona, 12-VII-1857).

CAUSA DE TRES TERCIARIAS CAPUCHINAS DE LA SAGRADA FAMILIA (Decreto del 18 de diciembre de 2000)

La forma de vida que las identificó como Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia fue el seguimiento de Jesucristo como menores y penitentes, según los ideales de San Francisco de Asís y el espíritu legado por el Venerable Padre Luis Amigo, reflejado en las actitudes del Buen Pastor en la misión específica de las obras de misericordia, corporales y espirituales, con los más pobres y necesitados.

La Sagrada Familia de Nazaret, desde su vida oculta y sencilla fue para ellas modelo de oración, humildad, vida de familia y disponibilidad a la Voluntad de Dios hasta el martirio.

En el ejercicio humilde de su apostolado fueron sorprendidas por la persecución religiosa, encontrando la muerte en Puzol y Gilet, localidades del Reino de Valencia (España), donde demostraron la solidez de su Fe y la fidelidad a sus compromisos.

230. Beata M. Victoria Quintana Argos (Rosario de Soano). (* Soano, Santander, 13-V-1866 + Puzol, Valencia, 22-VIII-1936).

231. Beata María Fenollosa Alcaina (Francisca Javier de Rafelbuñol). (* Rafelbuñol, Valencia, 24-V-1901 + Gilet, Valencia, 27-IX-1936).

232. Beata Manuela Fernández Ibero (Serafína de Occhovi). (Ochovi, Navarra, dióc. Pamplona, 6-VIII-1872 + Puzol, Valencia, 22-VIII-1936).

CAUSA DE LA DIÓCESIS DE LÉRIDA (Decreto del 18 de diciembre de 2000)

233. Beato Francisco de Paula Castelló Aleu
(nacido el 19-IV-1914 en Alicante, + el 29-IX-1936 en Lérida, 22 años). Miembro de la Juventud de Acción Católica de Cataluña. Nació el 19 de abril de 1914 en Alicante, donde su familia origen catalán se encontraba por motivos de trabajo del padre. Fallecido éste, su madre con los tres hijos pequeños, dos niñas y Francisco de Paula, recién nacido, retornan a Lérida (Cataluña).

Francisco realizó sus estudios en las Escuelas de los Hermanos Maristas y concluyó los estudios superiores técnicos en el Colegio «Instituto Químico» de los Padres Jesuitas en Barcelona. Estudiante Universitario en Oviedo (Asturias) participó en las obras apostólicas de los Padres Jesuitas y especialmente en la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña (Franja de la Acción Católica Española). Concluido sus estudios de Licenciado en Ciencias Químicas trabajó en el Complejo Químico “Cross” de Lérida e inicio su noviazgo con la Srta. María Pelegrí.

Llamado a cumplir el Servicio militar, como Soldado de cuota, se encontró en medio de los acontecimientos del 19 de julio de 1936. Encarcelado en la noche del 21 al 22 de julio por los milicianos rojos, el 29 de septiembre fue sometido a juicio ante el Tribunal popular, donde afirmó con voz clara y precisa su condición de católico: «Lo referente al delito de ser católico, dijo, soy muy a gusto delincuente, y si mil vidas tuviera que dárselas a Dios, mil vidas le daría; así que no hace falta que me defienda».

Españoles, católicos: ¡Perdonad, pero no olvidéis!

NOTAS

[1] Fr. Justo Pérez de Urbel, «Los mártires de la Iglesia (Testigos de su fe)», en la colección La epopeya y sus héroes, AHR, Madrid, 1956, pg. 28.
[2] Hugh Thomas, La guerra civil española, París, Ruedo Ibérico, 1967, aunque posteriormente se han hecho innumerables ediciones y ampliaciones de dicha obra.
[3] Cf. José Antonio García Noblejas, «¿Hubo mártires en la guerra de España?», Verbo nos. 227-228, Madrid, 1984, pp. 843 y ss. Nótese que sólo durante el pontificado de Juan Pablo II fueron canonizados entre otros San Cirilo Beltrán y sus ocho compañeros de Turón antes referidos o San Pedro Poveda Castroverde, y beatificados innumerables más entre los que cabe destacar a María de los Ángeles Girard Martí, Josep Tapiés y seis compañeros más, José Aparicio Sanz y doscientos treinta y dos compañeros más, María del Sagrario de San Luis Gonzaga, María Gabriela Hinojosa Naveros y seis compañeras más, Francisca del Sagrado Corazón de Jesús Aldea Araujo... Todos ellos víctimas del terror rojo.
[4] Llama la atención que pese a que el original alemán Diplomat im roten Madrid impreso en Munich data de 1938, no es hasta 2006 cuando dicho testimonio ha visto la luz en el volumen Matanzas en el Madrid republicano, Altera, Madrid, 2006.
[5] Félix Schlayer, op. cit. , p. 28.
[6] Félix Schlayer, op. cit. , p. 46.
[7] Félix Schlayer, op. cit. , p. 209.
[8] Félix Schlayer, op. cit. , p. 32.

5 comentarios:

lupita dijo...

Hola:
Vivo en Ejuta y observé que están invertidas las fotografías de San Rodrigo Aguilar Alemán y San Miguel de la Mora de la Mora.
Los felicito por este espacio y espero puedan cambiar la imagen de éstos santos.
Gracias.

Anónimo dijo...

Hola soy consuelo, y soy decendiente de cristeros, me alegra mucho que exista esta pagina para rendir tributo a los martires de la guerra Cristera...

Anónimo dijo...

Que vergüenza de escrito ¿y las atrocidades cometidas por la iglesia y los cristeros qué?
La pobreza de la gente y el abuso de la iglesia?
De eso si que no se habla verdad?
Es una verdadera vergüenza el saber que aún existe gente bastante cerrada en el mundo.

Gisela dijo...

Tengo 33 años, soy católica practicante desde toda mi vida, vivo en Argetina y de casualidad me vengo a enterar de la existencia e estos mártires que entregaron su vida para defender a Cristo! Qué les sucede a los miembros de mi Santa Iglesia!? Hay que reevangelizar en un mundo sin Cristo, en un mundo relativista.No podemos dejar que el enemigo se lleve nuestras almas y la de nuestros seres queridos y quedarnos mirando como si nada!!!

Ikxiocelotl dijo...

Hola soy de México, y dejenme decirle que la revolución cristera no se compara con el golpe de estado de franco y la iglesia, al contrario, yo diría que Calles era igualito a Franco, dos seres que odiaban a todo aquel que pensara y actuara diferente a ellos, mientras que aquí los soldados combatían a los cristeros siendo ambos de extracción popular, en España la Guerra Civil enfrentaba al pueblo representado por la República y a los golpistas representado por el alto clero y los militares salidos de la aristocracia, además eso de cruzada es una farsa para no llamarlo golpe de estado que fue lo que en verdad sucedió en España, no oses a comparar un golpe de estado como los de Pinochet y Varela, con un movimiento popular como lo fueron los Cristeros, ni donde los compara