miércoles, 28 de febrero de 2007

Doctrina tradicional de la “guerra justa”


Enseñas de los Cruzados en la Conquista de los Santos Lugares. Obsérvense las Armas Españolas (arriba a la izquierda). Miniatura de los «Estatutos de la Orden del Espíritu Santo». Museo del Louvre. París.

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II Qu. 40

Cuestión 40 La guerra

Sobre el tema de la guerra se formulan cuatro preguntas:

Objeciones:

1. ¿Hay alguna guerra lícita?
2. ¿Es lícito a los clérigos entrar en guerra?
3. ¿Es lícito a los combatientes usar estratagemas?
4. ¿Es lícito combatir en días festivos?

Artículo 1 ¿Es siempre pecado guerrear?

Objeciones por las que parece que es siempre pecado guerrear: [...]

Contra esto:

Está el testimonio de San Agustín en el sermón De puero Centurionis: «Si la doctrina cristiana inculpara todas las guerras, el consejo más saludable para los que lo piden según el Evangelio sería que abandonasen las armas y se dejaran del todo de milicias. Mas a ellos les fue dicho (Lc 3,14): “A nadie hiráis; os baste con vuestro estipendio”. A quienes ordenó contentarse con su propia paga, no les prohibió guerrear».

Respondo:

Tres cosas se requieren para que sea justa una guerra.

Primera: la autoridad del príncipe bajo cuyo mandato se hace la guerra.

No incumbe a la persona particular declarar la guerra, porque puede hacer valer su derecho ante tribunal superior; además, la persona particular tampoco tiene competencia para convocar a la colectividad, cosa necesaria para hacer la guerra. Ahora bien, dado que el cuidado de la república ha sido encomendado a los príncipes, a ellos compete defender el bien público de la ciudad, del reino o de la provincia sometidos a su autoridad. Pues bien, del mismo modo que la defienden lícitamente con la espada material contra los perturbadores internos, castigando a los malhechores, a tenor de las palabras del Apóstol: «No en vano lleva la espada, pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal» (Rm 13,4), le incumbe también defender el bien público con la espada de la guerra contra los enemigos externos. Por eso se recomienda a los príncipes: «Librad al pobre y sacad al desvalido de las manos del pecador» (Ps 81,41), y San Agustín, por su parte, en el libro Contra Faust. enseña: «El orden natural, acomodado a la paz de los mortales, postula que la autoridad y la deliberación de aceptar la guerra pertenezca al príncipe».

Se requiere, en segundo lugar, causa justa.

Es decir, que quienes son atacados lo merezcan por alguna causa. Por eso escribe también San Agustín en el libro Quaest.: «Suelen llamarse guerras justas las que vengan las injurias; por ejemplo, si ha habido lugar para castigar al pueblo o a la ciudad que descuida castigar el atropello cometido por los suyos o restituir lo que ha sido injustamente robado».

Se requiere, finalmente, que sea recta la intención de los contendientes; es decir, una intención encaminada a promover el bien o a evitar el mal.

Por eso escribe igualmente San Agustín en el libro De verbis Dom.: «Entre los verdaderos adoradores de Dios, las mismas guerras son pacíficas, pues se promueven no por codicia o crueldad, sino por deseo de paz, para frenar a los malos y favorecer a los buenos». Puede, sin embargo, acontecer que, siendo legítima la autoridad de quien declara la guerra y justa también la causa, resulte, no obstante, ilícita por la mala intención. San Agustín escribe en el libro Contra Faust.: «En efecto, el deseo de dañar, la crueldad de vengarse, el ánimo inaplacado e implacable, la ferocidad en la lucha, la pasión de dominar y otras cosas semejantes, son, en justicia, vituperables en las guerras». [...]

Artículo 2 ¿Les es lícito combatir a los obispos y clérigos?

Objeciones por las que parece que a los obispos y clérigos les es lícito combatir: [...]

Contra esto:

Está el hecho de que en la persona de Pedro se ordena a obispos y clérigos: «Envaina la espada» (Mt 26,52). Por tanto, no les es lícito pelear.

Respondo:

Hay muchas cosas necesarias para el bien de la sociedad humana.

Pues bien, la diversidad de funciones está mejor atendida por varias personas que por una sola, como demuestra el Filósofo en su Política. Hay, además, ciertos negocios incompatibles entre sí que no pueden despacharse simultáneamente de forma adecuada. Por eso, a quienes se les encomiendan oficios mayores, se les prohiben los menores. Así, por ejemplo, las leyes humanas prohiben el comercio a los soldados encargados de los trabajos de la guerra. Esta clase de trabajos son, en realidad, del todo incompatibles con las tareas encomendadas a los obispos y a los clérigos por dos razones.

La primera es de tipo general. Los trabajos de la guerra conllevan, en efecto, grandes inquietudes y, por lo mismo, son obstáculo para la entrega del alma a la contemplación de las cosas divinas, a la alabanza de Dios y a la oración por el pueblo, tareas que atañen al oficio de los clérigos. Por eso, igual que se prohíbe a éstos el comercio porque absorbe mucho su atención, se les prohíben también los trabajos de la guerra, a tenor del testimonio del Apóstol: «El que milita para Dios no se embaraza con los negocios de la vida» (2Tm 2,4).

Hay además otra razón especial. En efecto, las órdenes de los clérigos están orientadas al servicio del altar, en el cual, bajo el sacramento, se presenta la pasión de Cristo según el testimonio del Apóstol: «Cuantas veces comáis este pan y bebáis el cáliz, otras tantas anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga» (1Co 11,26). Por eso desdice del clérigo matar o derramar sangre; más bien deben estar dispuestos para la efusión de su propia sangre por Cristo, a fin de imitar con obras lo que desempeñan por ministerio. Por eso está establecido que los derramadores de sangre, aun sin culpa por su parte, incurren en irregularidad. Mas a quien está destinado a un cargo no se le permite aquello que le hace no apto para el mismo. En consecuencia, bajo ningún título les es permitido a los clérigos tomar parte en la guerra, ordenada a verter sangre. [...]

Artículo 3 ¿Es lícito usar de estratagemas en las guerras?

Objeciones por las que parece que no es lícito usar estratagema en las guerras: [...]

Contra esto:

Está el testimonio de San Agustín en el libro Quaest.: «Cuando se emprende guerra justa, no afecta a la justicia que se combata abiertamente o con estratagema. Esto lo prueba con la autoridad del Señor, que mandó a Josué poner celadas a los habitantes de la ciudad de Hai, como consta en la Escritura (Jos 8,2)».

Respondo:

La finalidad de la estratagema es engañar al enemigo. Pues bien, hay dos modos de engañar: con palabras o con obras.

Primero, diciendo falsedad o no cumpliendo lo prometido. De este modo nadie debe engañar al enemigo. En efecto, hay derechos de guerra y pactos que deben cumplirse, incluso entre enemigos, como afirma San Ambrosio en el libro De Officiis.

Pero hay otro modo de engañar con palabras o con obras; consiste en no dar a conocer nuestro propósito o nuestra intención. Esto no tenemos obligación de hacerlo, ya que, incluso en la doctrina sagrada, hay muchas cosas que es necesario ocultar, sobre todo a los infieles, para que no se burlen, siguiendo lo que leemos en la Escritura: «No echéis lo santo a los perros» (Mt 7,6). Luego con mayor razón deben quedar ocultos al enemigo los planes preparados para combatirle. De ahí que, entre las instrucciones militares, ocupa el primer lugar ocultar los planes, a efectos de impedir que lleguen al enemigo, como puede leerse en Frontino. Este tipo de ocultación pertenece a la categoría de estratagemas que es lícito practicar en guerra justa, y que, hablando con propiedad, no se oponen a la justicia ni a la voluntad ordenada. Sería, en realidad, muestra de voluntad desordenada la de quien pretendiera que nada le ocultaran los demás. [...]

Artículo 4 ¿Es lícito combatir en días festivos?

Objeciones por las que parece que no es lícito combatir en días festivos: [...]

Respondo:

La observancia de las fiestas no impide hacer lo que esté ordenado a la salud, incluso temporal, del hombre. Por eso reprende el Señor a los judíos diciendo: «¿os indignáis contra mí porque he sanado a todo el hombre en sábado?» (Jn 7,22). Por eso, lícitamente, pueden curar los médicos a los enfermos en día festivo. Pues bien, más que por la salud corporal de un solo hombre, se debe velar por el bien público, que permite evitar muchas muertes e innumerables males, tanto espirituales como temporales. Por eso, en defensa del bien público de los fieles, es lícito hacer guerra justa en días festivos si la necesidad lo exige. Sería, en efecto, tentar a Dios cejar de combatir ante una necesidad de ese tipo. Pero si no hay necesidad, no es lícito combatir en días festivos por las razones expuestas. [...]

Catecismo Mayor prescrito por San Pío X el 15 de julio de 1905 (edición de 1973)

415.- ¿Hay casos en que es lícito quitar la vida al prójimo?

Es lícito quitar la vida al prójimo cuando se combate en guerra justa, cuando se ejecuta por orden de la autoridad suprema la condenación a muerte en pena de un delito y, finamente, en caso de necesaria y legítima defensa de la vida contra un injusto agresor.

Catechismus Catholicae Ecclesiae, 2309. [Pars tertia. Vita in Christo. Sectio secunda. Decem praecepta. Caput secundum. «Diliges proximum tuum tamquam teipsum». Articulus 5. Quintum praeceptum. III. Pacis tutela. Bellum vitare].

«Strictas condiciones legitimae defensionis vi militari oportet severe considerare. Talis decisionis gravitas eam condicionibus legitimitatis moralis subigit rigorosis. Requiritur simul:
– damnum ab aggressore nationi vel nationum communitati inflictum esse diuturnum, grave et certum;
– omnia alia media ad illi imponendum finem manifestata esse impossibilia vel inefficacia;
– serias ad exitum prosperum simul haberi condiciones;
– armorum usum mala non implicare et perturbationes graviora quam malum supprimendum. Modernorum destructionis mediorum potentia in hac condicione aestimanda gravissimum habet pondus.

Haec sunt elementa traditionalia quae enumerantur in doctrina “belli iusti” appellata.

Aestimatio harum condicionum pro morali legitimitate ad prudens pertinet iudicium eorum qui boni communis habent officium».

Catecismo de la Iglesia Católica, 2309 [Tercera parte. La vida en Cristo. Segunda sección. Los diez mandamientos. Capítulo segundo. «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Artículo 5. El quinto mandamiento. III. La defensa de la paz. Evitar la guerra].

«Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:
– Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
– Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
– Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
– Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la “guerra justa”.

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común».

Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 483.

¿Cuándo está moralmente permitido el uso de la fuerza militar?

El uso de la fuerza militar está moralmente justificado cuando se dan simultáneamente las siguientes condiciones:
– Certeza de que el daño causado por el agresor es duradero y grave;
– La ineficacia de toda alternativa pacífica;
– Fundadas posibilidades de éxito en la acción defensiva y
– Ausencia de males aún peores, dado el poder de los medios modernos de destrucción.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

NUnca las armas por las armas ...vuestras armas no son materiales. Solo un materialista admite la aprobacion de armas, un cruzado tal vez, pero quien sigue a Cristo No. Para eso hay gobernantes de este mundo que se encargan de ello, pero los que gobiernan este mundo ... gobiernan deacuerdo alo que este mundo les exige, y no es lo que Dios desea... pues si asi fuera, el tiene el poder para terminar con este mundo, y cuando un hombre abre paso al exterminio de otro, solo queda pensar que desea ocupar el lugar que le corresponde solo a Dios.
Si bajo entendimientos teologicos se desea justificar la guerra justa, la justicia es ciega ... tanto como ciega es tambien la venganza o el odio. Nada justifica el exterminio de otro... a excepcion de una cosa la perdida de la Fe.

Soldados de Cristo Rey dijo...

Las Islas Malvinas, la Virgen de Luján y el Papa Francisco-

http://es.gloria.tv/?media=591047

Viva la patria, Viva el Papa, Viva Cristo Rey!!!