jueves, 8 de febrero de 2007

Las Españas: Fe en Dios y fidelidad al Rey

Modelo digital de una de las ocho campañas próximamente lanzadas por J.T.E


Los tres rasgos de la Tradición de Las Españas

a) Es la condensación en presente de una secular historia.
b) Recoge la diversidad una de las gentes españolas, tal como lo español vino labrándose en maravillosa artesanía social y política, generación tras generación.
c) E incorpora lo católico como fórmula magna de lo moral en la vida de los hombres.


Requetés avanzando, «siempre p’alante», por Dios, por España y el Rey Legítimo durante nuestra Cruzada de 1936-1939

1. Cruzada

En su cara histórica, la Tradición de Las Españas nació en la lucha, en la guerra santa. La Reconquista arrulló su cuna con crujidos de Espadas y la Contrarreforma cansó sus bríos mellando las Picas de los nuevos Cruzados en los Flandes de los cinco continentes. Es una Tradición de combate militar, de puro sentido misionero, nacida contra la morisma agarena y perfilada contra la herejía protestante.

De tal hecho capital se siguen sus dos características básicas: la histórica y la ideológica. Una palabra sobre ambas.

2. Crisol de Pueblos


Históricamente, la Tradición de Las Españas es el haz unitario, el cálido crisol donde se integran y sintetizan los conjuntos de las tradiciones de cada uno de los Pueblos componentes.

O sea, es la Tradición única, pero variada y multiforme, en sus expresiones sociales e históricas a tenor de la idea de los Fueros.

En la Península Ibérica comprende las tradiciones particulares de Asturias, Galicia, León y Portugal; de Castilla, Navarra y Vascongadas; de Cataluña, Aragón, Valencia y Baleares; de Extremadura, la Mancha y Murcia; de Jaén, Córdoba, Sevilla y Granada; de Canarias.

En América comprende la de todos los Pueblos que hay desde el Río Grande del Norte y las misiones de Florida, Tejas y California, hasta los estrechos descubiertos por Fernando de Magallanes.

En Oceanía, la de Filipinas y otras más menudas.

En Asia y África, las de las provincias portuguesas y españolas en ambos continentes (que no hay confundir con la España africana: Ceuta, Melilla, Peñón de Vélez, Islas de Alborán, de Chafarinas, de Alhucemas y de Perejil).

Y en Europa, la Europa geográfica, los pedazos que un tiempo fueron hispanos en plenitud de gestas, de ideas y de sentires, como Nápoles y el Franco-Condado, Cerdeña y Flandes, Sicilia y el Milanesado, Malta y el Finale. Todos ellos, Pueblos partícipes en la empresa universal que capitaneó Castilla y sostuvo León, la soñadora de Imperios.

Tal variedad era el aspecto interno de una solidísima unidad exterior, cimentada en la fuerza inquebrantable de la vigencia de la Fe religiosa y de la pasión monárquica, del sentido católico misionero y e la lealtad al Rey común de Las Españas. La variedad foral fue posible porque cristalizaba en realidades de historia cuajada en culturas y en instituciones aquella ciclópea ilusión de servir mancomunadamente al mismo Dios y al mismo Rey.

¡Álzate, oh Dios, a defender Tu causa! Exurge Domine et iudica causam Tuam. [Ps 74 (73 Vulgata), 22]. Emblema del Santo Oficio (cf. Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición).

3. Reinado social de Cristo

Ideológicamente, la Tradición de Las Españas es el establecimiento de los mandatos de Cristo como leyes para el vivir social, restableciendo en las circunstancias de hoy aquel espíritu arraigadamente cristiano que en la Cristiandad medieval hubo. Lo cual significa la pretensión de establecer el reinado social de Cristo, como coronación de su reinado individual en las almas.

Por eso no es la Tradición de Las Españas un simple afán conservador o restaurador, sino instaurador. Porque el orden cristiano ha de establecerse como la creación de las libertades concretas que ahora exigen las novedades sociológicas planteadas por la necesidad de encauzar el fenómeno de las masas en el escenario social, por las resultas de la industrialización económica y por las aspiraciones originales que las mudanzas del vivir común traen consigo.

Un Dios, un Rey, una España

Todo esto es lo que significa la primera conclusión proclamada por el Primer Congreso de Estudios Tradicionalistas, que sentó esta escueta definición:

«Las Españas son un conjunto de Pueblos, dentro y más allí de la Península Ibérica, dotados de peculiaridades históricas, culturales, institucionales, políticas y jurídicas, unidos irrevocablemente por dos lazos: la Fe en el mismo Dios y la fidelidad al mismo Rey».