miércoles, 21 de febrero de 2007

Sobre la abstinencia y el ayuno

I. Pórtico. Las Tentaciones de Jesús: Catecismo de la Iglesia Católica, 538-540

538 Los Evangelios hablan de un tiempo de soledad de Jesús en el desierto inmediatamente después de Su bautismo por Juan: Spiritus expellit Eum in desertum «Impulsado por el Espíritu al desierto» (Mc 1,12), Jesús permanece allí sin comer durante cuarenta días; vive entre los animales y los ángeles le servían (cf. Mc 1,13). Al final de este tiempo, Satanás le tienta tres veces tratando de poner a prueba Su actitud filial hacia Dios. Jesús rechaza estos ataques que recapitulan las tentaciones de Adán en el Paraíso y las de Israel en el desierto, y el diablo se aleja de Él usque ad tempus «hasta el tiempo determinado» (Lc 4,13).

539 Los evangelistas indican el sentido salvífico de este acontecimiento misterioso. Jesús es el nuevo Adán que permaneció fiel allí donde el primero sucumbió a la tentación. Jesús cumplió perfectamente la vocación de Israel: al contrario de los que anteriormente provocaron a Dios durante cuarenta años por el desierto (cf. Ps 95,10), Cristo Se revela como el Siervo de Dios totalmente obediente a la voluntad divina. En esto Jesús es vencedor del diablo; Él ha «atado al hombre fuerte» para despojarle de lo que se había apropiado (Mc 3,27). La victoria de Jesús en el desierto sobre el Tentador es un anticipo de la victoria de la Pasión, suprema obediencia de Su amor filial al Padre.

540 La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres (cf. Mt 16 21-23) le quieren atribuir. Es por eso por lo que Cristo venció al Tentador a favor nuestro: Non enim habemus pontificem, qui non possit compati infirmitatibus nostris, tentatum autem per omnia secundum similitudinem absque peccato «Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado» (Heb 4,15). La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto.

II. Ayuno y abstinencia

A. Los mandamientos de la Iglesia: Catecismo de la Iglesia Católica, 2041.2043

2041
Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo. Los mandamientos más generales de la Santa Madre Iglesia son cinco:

2043 El cuarto mandamiento (ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia) asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón.

B. El mandamiento de ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia: Catechismus Catholicus, 251-253 (cura et studio P. Card. Gasparri concinnatus, Typis Polyglottis Vaticanis 1933)

251. ¿Qué prescribe la Iglesia en el mandamiento: «Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia»?

En el mandamiento: «Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia», prescribe la misma Iglesia, que en los días por ella establecidos guardemos el ayuno, o la abstinencia de carnes, o ambas cosas a la vez.

252. ¿Qué manda la ley del ayuno?

La ley del ayuno manda que sólo se haga una comida al día, mas no prohíbe tomar alguna cosa por la mañana y por la tarde, siguiendo la costumbre aprobada en cuanto a la cantidad y calidad de los manjares.

253. ¿Qué prohíbe la ley de abstinencias de carnes?

La ley de abstinencias de carnes prohíbe alimentarse de carne y de caldo de carne, mas no de huevos, lacticinios, ni otros condimentos, aunque sean de grasa de animales.

C. Los tiempos y los días de penitencia: Catecismo de la Iglesia Católica, 1438

«Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras)».

D. Los días de penitencia: Código de Derecho Canónico [1983], cánones 1249-1252 (Libro IV. De la función de santificar la Iglesia. Parte III. De los tiempos y lugares sagrados. Título II. De los tiempos sagrados. Capítulo II. De los días de penitencia)

1249 Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

1250 En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.

1251 Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

E. Viernes que pueden coincidir con una solemnidad del Rito Romano (rito antiguo y rito moderno)

a) Fiestas del Señor

1. Circuncisión del Señor, 1 de enero
Fiesta doble de 2ª clase y de precepto.
Rito moderno: sin correspondencia.

2. Epifanía del Señor, 6 de enero
Fiesta doble de 1ª clase con octava privilegiada de 2º orden y de precepto.
Rito moderno: Epifanía del Señor, 6 de enero: Solemnidad y precepto.

3. Sagrado Corazón de Jesús, viernes posterior al II Domingo de Pentecostés
Fiesta doble de 1ª clase con octava privilegiada de tercer orden.
Rito moderno: Sagrado Corazón de Jesús, viernes posterior al II Domingo de Pentecostés: Solemnidad.

4. Natividad del Señor, 25 de diciembre
Fiesta doble de 1ª clase con octava privilegiada de tercer orden y de precepto.
Rito moderno: Natividad del Señor, 25 de diciembre: Solemnidad y precepto.

b) Fiestas de la Santísima Virgen

5. Anunciación del Señor, 25 de marzo
Fiesta doble de 1ª clase.
Rito moderno: Anunciación del Señor, 25 de marzo: Solemnidad.

6. Asunción de la Virgen, 15 de agosto
Fiesta doble de 1ª clase con octava común y de precepto.
Rito moderno: Asunción de la Virgen, 15 de agosto: Solemnidad y precepto.

7. Santa María Madre de Dios, 11 de octubre
Fiesta doble de 2ª clase.
Rito moderno: Santa María Madre de Dios, 1 de enero: Solemnidad y precepto.

8. Inmaculada Concepción, 8 de diciembre
Patrona de Las Españas, del Requeté y de Infantería

Fiesta doble de 1ª clase con octava común y de precepto.
Rito moderno: Inmaculada Concepción, 8 de diciembre: Solemnidad y precepto.

c) Fiestas de los Santos

9. San José, 19 de marzo
Fiesta doble de 1ª clase y de precepto.
Rito moderno: San José, 19 de marzo: Solemnidad y precepto.

10. Arcángel San Gabriel, 24 de marzo
Fiesta doble mayor.
Rito moderno: Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, 29 de septiembre: Solemnidad.

11. Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio
Fiesta doble de 1ª clase con octava común.
Rito moderno: Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio: Solemnidad.

12. Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio
Fiesta doble de 1ª clase con octava común y de precepto.
Rito moderno: Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio: Solemnidad y precepto.

13. Santiago Apóstol, 25 de julio
Patrono de Las Españas y de Caballería
Fiesta doble de 1ª clase con octava y de precepto en toda España.
Rito moderno: Santiago Apóstol, 25 de julio: Solemnidad y precepto en toda España.

14. Arcángel San Miguel, 29 de septiembre
Fiesta doble de 1ª clase.
Rito moderno: Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, 29 de septiembre: Solemnidad.

15. Arcángel San Rafael, 24 de octubre
Fiesta doble mayor.
Rito moderno: Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, 29 de septiembre: Solemnidad.

16. Todos los Santos, 1 de noviembre
Fiesta doble de 1ª clase con octava común y de precepto.
Rito moderno: Todos los Santos, 1 de noviembre: Solemnidad y precepto.

d) Recapitulación. Viernes que pueden coincidir con una solemnidad, resaltadas las fiestas de precepto

1. Circuncisión del Señor, 1 de enero.
2.
Epifanía del Señor, 6 de enero.
3. San José, 19 de marzo.
4. Arcángel San Gabriel, 24 de marzo [rito moderno, 29 de septiembre].
5. Anunciación del Señor, 25 de marzo.
6. Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio.
7. Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio.
8. Sagrado Corazón de Jesús, viernes posterior al II Domingo de Pentecostés.
[*] Santiago Apóstol, 25 de julio [en toda España].
9. Asunción de la Virgen, 15 de agosto.
10. Arcángel San Miguel, 29 de septiembre.
11. Santa María Madre de Dios, 11 de octubre [rito moderno, 1 de enero].
12. Arcángel San Rafael, 24 de octubre [rito moderno, 29 de septiembre].
13. Todos los Santos, 1 de noviembre.
14. Inmaculada Concepción, 8 de diciembre.
15. Natividad del Señor, 25 de diciembre.

e) Coda. Fiestas de precepto: Código de Derecho Canónico [1983], canon 1246 §1. (Libro IV. De la función de santificar la Iglesia. Parte III. De los tiempos y lugares sagrados. Título II. De los tiempos sagrados. Capítulo I. De los días de fiesta)

«El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto. Igualmente deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y, finalmente, Todos los Santos».

Aula Magna del Pontificio Instituto de Música Sacra

III
. Música para la Cuaresma del Pontificio Instituto de Música Sacra

• Introitus: Tibi dixit (Graduale Romanum)
Mulierum Schola Gregoriana Pontificii Instituti Musicæ Sacræ; Nino Albarosa, direttore. Letizia Butterin (solista), Miriam Cicchitti, Eun-Young Cho, Hi-Jung Jun, Yeon-Hee Kang, Mun-Joung Park, Hye-Jung Son, Masako Toeda.

• Graduale: Miserere nostri (Graduale Simplex)
Schola Gregoriana del Pontificio Istituto di Musica Sacra; Nino Albarosa e Mons. Alberto Turco, direttori. Raimundo Pereira Martínez, solista.

• Antiphona: Qui verbum (Graduale Simplex)
Schola Gregoriana del Pontificio Istituto di Musica Sacra; Nino Albarosa e Mons. Alberto Turco, direttori. Raimundo Pereira Martínez, solista.

• Tractus: De profundis (Graduale Simplex)
Schola Gregoriana del Pontificio Istituto di Musica Sacra; Nino Albarosa e Mons. Alberto Turco, direttori.

• Offertorium: Domine convertere (Graduale Romanum)
Virum Schola Gregoriana Pontificii Instituti Musicæ Sacræ; Mons. Alberto Turco, direttore. Gennaro Becchimanzi, Francesco Ercolani, Igor Glushkov, Blazenko Juracic, Rafael Martínez Ramírez, Raimundo Pereira Martínez, Hubert Siekierka, Harry Singkoh, Djedje Thomas, Jan Velbacky.

• Communio: Quis dabit (Graduale Romanum)
Mulierum Schola Gregoriana Pontificii Instituti Musicæ Sacræ; Nino Albarosa, direttore. Letizia Butterin, Miriam Cicchitti, Eun-Young Cho, Hi-Jung Jun, Yeon-Hee Kang, Mun-Joung Park, Hye-Jung Son (solista), Masako Toeda.

• Bartolomé de Escobedo (1500 ca- 1563): Exsurge quare obdormis, Domine.
I cantori del Pontificio Istituto di Musica Sacra di Roma. Direttore Walter Marzilli. Letizia Butterin, Mun-Joung Park (Cantus); Radu Muresan, Steingrimmur Thorhallsson (Altus); Raimundo Pereira, Maurizio Verde (Tenor); Blazenko Juracic, Ugo Patti (Bassus).

IV. El Tiempo de Cuaresma

Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2007

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana»: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18).

Algunos de los grandes temas de la Cuaresma son la relación entre el «sacramento de los cuarenta días» y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del «éxodo», presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la Pasión y Muerte del Señor.

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, deben captar el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados.

También los fieles que frecuentan poco la Confesión y la Santa Misa saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual.

La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un «ejercicio» que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo, quod procedit de ore Dei «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4; cf. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma)

En ego, o bone et dulcissime Iesu, ante conspectum tuum genibus me provolvo, ac maximo animi ardore te oro atque obtestor, ut meum in cor vividos fidei, spei et caritatis sensus, atque veram peccatorum meorum pænitentiam, eaque emendandi firmissimam voluntatem velis imprimere; dum magno animi affectu et dolore tua quinque vulnera mecum ipse considero, ac mente contemplor, illud præ oculis habens, quod iam in ore ponebat tuo David Propheta de te, o bone Iesu: «Foderunt manus meas et pedes meos; dinumeraverunt omnia ossa mea» (Ps 22 [Vg 21] 17-18). (MR, Gratiarum actio post Missam).

1. La veneración de Cristo crucificado

El camino cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la celebración de la Misa In Cena Domini. En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la «Adoración de la santa Cruz».

Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.

Contemplando al Salvador crucificado se capta más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación de los hombres, y comprenden también el valor de Su amor solidario y la eficacia de Su sacrificio redentor.

Las expresiones de devoción a Cristo crucificado, numerosas y variadas, adquieren un particular relieve en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz o en las que se veneran reliquias auténticas del lignum Crucis. La «invención de la Cruz», acaecida según la Tradición durante la primera mitad del siglo IV, con la consiguiente difusión por todo el mundo de fragmentos de la misma, objeto de grandísima veneración, determinó un aumento notable del culto a la Cruz.

En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.

El acontecimiento de la Resurrección es la referencia esencial de la Cruz: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la Fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos.

El texto evangélico, particularmente detallado en la narración de los diversos episodios de la Pasión, y la tendencia a especificar y a diferenciar ha hecho que los fieles dirijan su atención, también, a aspectos particulares de la Pasión de Cristo y hayan hecho de ellos objeto de diferentes devociones:

• El Ecce homo, el Cristo vilipendiado, con coronam spineam, et purpureum vestimentum «la corona de espinas y el manto de púrpura» (Io 19,5), que Pilato muestra al pueblo;
• Las llagas del Señor, sobre todo la herida del Sagrado Corazón y la Sangre vivificadora que brota de allí (cf. Io 19,34);
• Los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la escalera del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la transfixión; la sábana santa o el lienzo de la deposición.

«Jesús carga con la Cruz a cuestas», Felix Anton Scheffler, 1757. Iglesia de San Martín, Ischl, Seeon (diócesis de Munich), Alemania.

2. El «Vía Crucis»

Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante Su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde in prædium, cui nomen Gethsemani «en el huerto llamado Getsemaní» (Mc 14,32) el Señor fue factus in agonia «presa de la angustia» (Lc 22,43), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (cf. Lc 23,33), al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (cf. Io 19,40-42).

Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio de piedad son los innumerables Vía Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, como la de Montejurra, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonomía sugestiva.

El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media:

• La peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor;
• La devoción a las «caídas de Cristo» bajo el peso de la Cruz;
• La devoción a los «caminos dolorosos de Cristo», que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante Su Pasión;
• La devoción a las «estaciones de Cristo», esto es, a los momentos en los que Jesús Se detiene durante Su camino al Calvario, porque le obligan Sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a Su Pasión.

En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, el Vía Crucis, difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+1751), ha sido aprobado por la Sede Apostólica, dotado de indulgencias y consta de catorce estaciones:

1ª Estación: Jesús es condenado a muerte (Mt 27,22-26; Mc 14,14-15).
2ª Estación: Jesús carga con la Cruz a cuestas (Mt 27,27-31; Mc 14,20).
3ª Estación: Jesús cae por primera vez (Is 53,4-6).
4ª Estación: Jesús Se encuentra con Su Madre (Lc 2,34-35.51).
5ª Estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la Cruz (Mt 27,32; 16,24; Mc 15,21-22).
6ª Estación: La Verónica enjuga el Rostro de Jesús (Is 53,2-3; Ps 41,2-3; 26,8-9).
7ª Estación: Jesús cae por segunda vez (Is 3,1-2.9.16; Ier 12,1; Ps 36,1-2.10-11).
8ª Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén (Lc 23,27-31).
9ª Estación: Jesús cae por tercera vez (Lam 3,27-32; Hab 1,12-13; 2,2-3).
10ª Estación: Jesús es despojado de Sus vestiduras (Mt 27,33 -36; Mc 15,24; Io 19,23-24)
11ª Estación: Jesús clavado en la Cruz (Mt 27,35-42; Mc 15,25-27).
12ª Estación: Jesús muere en la Cruz (Mt 27,45-50. 54; Mc 15,33-39; Io 19,19-20.25-27).
13ª Estación: Jesús es bajado de la Cruz y entregado a Su Madre (Mt 27,54-58; 17,22-23; Mc 15,42-46).
14ª Estación: El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro (Mt 27,59-61; Mc 15, 46-47; Ps 15,9-11).

El Vía Crucis es un camino trazado por el Espíritu Santo, fuego divino que ardía en el pecho de Cristo (cf. Lc 12,49-50) y lo impulsó hasta el Calvario; es un camino amado por la Iglesia, que ha conservado la memoria viva de las palabras y de los acontecimientos de los últimos días de su Esposo y Señor.

En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana:

• La comprensión de la vida como camino o peregrinación, como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio de la Patria terrena a la Patria celeste;
• El deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo;
• Las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cf. Lc 9,23)

Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.

Contribuye a que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad, un desarrollo inteligente del Vía Crucis, en el que se alternan de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa.

Los textos para el Vía Crucis son innumerables. Han sido compuestos por fieles laicos, eminentes por la santidad de vida, doctrina o talento literario; otras veces tienen por autores a pastores movidos por una sincera estima a este ejercicio de piedad y convencidos de su eficacia espiritual:

Vía Crucis 2006, Meditaciones de Mons. Angelo Comastri
Vía Crucis 2005,
Meditaciones del Card. Joseph Ratzinger
Vía Crucis 2003,
Meditaciones del Santo Padre Juan Pablo II
Vía Crucis 2000,
Meditaciones del Santo Padre Juan Pablo II

«Jesús Se encuentra con Su Madre», Felix Anton Scheffler, 1757. Iglesia de San Martín, Ischl, Seeon (diócesis de Munich), Alemania.

3. El «Vía Matris»

Así como en el plan salvífico de Dios (cf. Lc 2,34-35) están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.

Como Cristo es el virum dolorum «hombre de dolores» (Is 53,3), por medio del cual Se ha complacido Dios reconciliare omnia in ipsum, pacificans per sanguinem crucis eius, sive quæ in terris, sive quæ in cælis sunt «en reconciliar Consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de Su cruz» (Col 1,20), así María es la «mujer del dolor», que Dios ha querido asociar a Su Hijo, como madre y partícipe de Su Pasión (socia Passionis).

Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (cf. Lc 2,35). Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los «siete dolores» de Santa María Virgen.

Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón (cf. Lc 2,34-35) hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete «estaciones», que corresponden a los «siete dolores» de la Madre del Señor.

El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor (cf. Is 52,13-53,12), rechazado por Su propio pueblo (cf. Io 1,11; Lc 2,1-7; 2,34-35; 4,28-29; Mt 26,47-56; Act 12,1-5). Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.

El Vía Matris tiene como máxima expresión la «Piedad», tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.

«Jesús es bajado de la Cruz y entregado a Su Madre», Felix Anton Scheffler, 1757. Iglesia de San Martín, Ischl, Seeon (diócesis de Munich), Alemania.