sábado, 14 de julio de 2007

Entre perjuros anda el juego

El Usurpador, o Jefe de Estado constitucional, otorgó en junio 2007 el Toisón de Oro –la vieja Orden borgoñona para Príncipes y Caballeros que se destacaban en defensa de la Fe católica– al ex presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y al reyezuelo de Arabia Saudita. Viene de atrás lo de otorgar este simulacro de Toisón a enemigos de Cristo: Juan Carlos también se lo dio al difunto emperador Hiro Hito; fue tan apreciado que los japoneses perdieron el Collar de la Orden, que ha de devolverse a la muerte del titular.

Reproducimos a continuación extractos de lo que sobre la concesión a Adolfo Suárez González escribe Antonio García-Trevijano, que sirven para dar el tono del presidente del Gobierno que pilotó, junto con Juan Carlos y con la Conferencia Episcopal, la definitiva apostasía de España. Las acotaciones entre corchetes son de la Agencia Faro:

«El actual Rey de España [más bien presidente de la república coronada], que no procede de la Casa de Austria [ni de la de Borbón],

ha concedido el vellocino de oro al Presidente de la Transición, Adolfo Suárez, que no cumple el requisito fundacional de “ser de presente fuerte y robusto”. La piel de ese carnero mitológico fue la divisa de la Orden del Toisón de Oro, creada por el Duque de Borgoña (1429), en recuerdo de los Argonautas de Jason y en homenaje a su matrimonio con Isabel de Portugal. Incorporado el Ducado borgoñés a la Casa de Austria, Carlos V nombró a los 24 caballeros del Toisón entre Príncipes y caudillos del Imperio.

[...] Pero más de cerca toca a los gobernados, y a la sociedad civil, la actualidad política de la incorporación de Suárez a uno de los sitiales de los 24 caballeros de la Monarquía borbónica [no, de la república parlamentaria coronada], al minuto de haberse suspendido la procesión de paz con los etarras, y de manera simultáneamente convergente con la procesión de los medios informativos que hoy portan bajo palio, sin olor de multitud, al hombre-símbolo de la Transición.

Los partidos estatales y los medios de comunicación rinden homenaje procesional, como en los funerales, al único “desestadista” que ha conocido la historia moderna de Europa; al gran perjuro falangista que inició la procesión desnacionalizadora del Estado y nacionalizadora de las nacionalidades o realidades nacionales; al analfabeto instaurador del primer Estado a-nacional europeo; al científico descubridor de la cafeína que exacerba los sentimientos de identidad nacionalista en lo pequeño y los mitiga en lo grande; al revolucionario lingüista que sustituyó la preposición de compañía, “con”, por la de distancia o perspectiva, “desde”, para dar solemnidad de Estado a su vulgar discurso.

Suárez incurrió en gravísima irresponsabilidad cuando dimitió, para que su gobierno no fuera un paréntesis entre dos dictaduras, sin denunciar ante la opinión pública, para abortarlo, el complot militar que se preparaba bajo los auspicios del Monarca y del PSOE, con la finalidad de imponer al Parlamento un gobierno de concentración nacional, y que se manifestó prematuramente, el 23 de febrero, con el asalto de opereta organizado por el Coronel Tejero, para impedir la integración del socialista Múgica en el proyectado gobierno del general Armada.

[...] Este artículo chocará, sin duda, a la sensibilidad de los espíritus educados en la hipocresía de la Transición. Pero era necesario escribirlo, precisamente ahora, para denunciar al instante la intoxicación procesionaria, contra la verdad, que comporta la concesión inoperante del Toisón de Oro a Suárez. Una pura operación de propaganda que la Monarquía [la Usurpación] hace de sí misma.

La enfermedad que anuló hace tiempo la mente de este arribista provinciano, no es razón suficiente para silenciar la atrocidad de su obra política. La piedad nos callaría si los criterios que dieron vida a las instituciones del Estado de Partidos hubieran muerto con su mente. La delicadeza hacia su doliente familia también nos callaría, si enmudecer la verdad no fuera un brutal atentado a la conciencia de los que padecieron, y siguen padeciendo, las consecuencias dañinas de sus enormes disparates de gobierno. En fin, la tradición de cortesía hacia los muertos o incapacitados mentales, se refiere a los aspectos personales, que ellos ya no pueden contestar, pero no a las obras de su vida pública. De otro modo, la cortesía social habría impedido escribir la historia reciente y las biografías críticas de los personajes políticos».


3 comentarios:

Hispanicus dijo...

Desde luego que no hiere mi sensibilidad este artículo, para nada, estoy completamente de acuerdo con lo escrito. Una lástima que se conceda el Toisón a gente que merececería la cárcel como mínimo y que en nada luchan ni por España ni por nuestra religión católica.

¡que pena! Una pena la época en la que nos ha tocado vivir, en la que vemos a una España mal gobernada por antipatriotas y con un rey pelele, vividor que incluso se atreve a sancionar leyes como la del aborto, este juanca ni es rey ni es nada, solo un impostor.

Un saludo

javier dijo...

¡Arriba España!

Anónimo dijo...

Chiquitos piradines en esta página, jejeje