jueves, 5 de julio de 2007

La Cruz y la Espada. Símbolo de Fe y de Milicia


El Símbolo de nuestra Fe y de la profesión militar tienen en común algo más que el simple hecho geométrico de estar formados por dos elementos que se cortan perpendicularmente, los dos maderos y el puño más la hoja con los gavilanes. Son siglos de creencias religiosas y patrióticas los que un día unieron ambos en la Cruz-Espada de esmalte rojo con que se carga el águila del emblema del Ejército como proclama de la protección bélica que el Apóstol Santiago mantiene sobre nuestra Patria, España.

Toda persona puede y debe encontrar motivo de su santificación en el tiempo y lugar en los que le fue dado vivir, en el estado que escojan y en la profesión que ejerzan. Y con la espada lo hicieron

Miguel, el Príncipe de la celestial milicia;
Eustaquio, el General;
Mauricio y su Legión;
Jorge, el Caballero;
Hermenegildo, el Príncipe;
Fernando y Luis, los primos que fueron Reyes y santos;
Ignacio, el Capitán de Infantería...

y tantos y tantos otros a los que disciplina y obediencia, valor y abnegación les llevaron ante las puertas que guarda aquel pescador que un día también echó mano a la espada.

Tal vez sea por dar primacía a los bienes morales, o por estar más cerca de lo trascendente que de lo inminente, o por tener cerca la muerte, como novia, por lo que el militar piensa en lo que hay en el Plus Ultra de esta vida, en Cristo y en Dios, y así crea todo un dogma sobre las verdades absolutas de la Patria y el Honor y articula una liturgia propia alrededor de sus actos más cotidianos como puede ser el izar la Bandera para que el sol pueda besarla.

• Desde que Constantino «In hoc signo vinces», derrotó a Magencio;

• Desde que Santiago, jinete de caballo blanco, que no tordo, acaudilló la Caballería de Clavijo;

• Desde que Gonzalo Fernández de Córdoba (que de joven había tenido la osadía de entrar en la mora Granada para clavar con su puñal en la puerta de la mezquita un letrero diciendo «Ave María»), impresionado por la muerte de su noble enemigo, el Duque de Nemours, dispuso que todos los días al atardecer se interpretase el Toque de oración, toque lúgubre de trompeta con la duración suficiente para poder rezar un Padrenuestro;

• Desde que se llevaban imágenes sagradas a las campañas, como el Santo Cristo que Juan de Austria tuvo consigo en la Batalla de Lepanto y que, la tradición cuenta, hubo de moverse para esquivar un proyectil otomano;

• Desde que Felipe V por su Real Orden de 1 de mayo de 1.725 dispuso que se rindiesen honores al Santísimo Sacramento;

• Desde que las recompensas por valor, mérito o constancia toman la forma y el nombre de cruces o medallas y dos españoles santos apadrinan las Reales y Militares Órdenes;

• Desde que la Virgen María y los Santos y Santas son oficialmente nuestros patrones y patronas o sagradas imágenes como la de la Virgen del Pilar ciñen faja roja y ostentan bastón de mando para hacer buena aquella jota que cantaba «... que no quiere ser francesa, que quiere ser Capitana de la tropa aragonesa»;

• Desde que con fe inconmensurable nuestros soldados han llevado sobre su pecho un «Detente» (Detente bala. El Corazón de Jesús está conmigo), cosido por amorosas manos femeninas:

Desde entonces muchas vueltas ha dado este mundo, muchos centinelas se han relevado bajo el sol o las estrellas y muchas oraciones han musitado nuestros labios rudos pues la Fe ha estado presente por los siglos.

Camaradas, ¿vamos a permitir que la perfección cristiana en la noble profesión de las armas se pierda? No hablaré yo. San Agustín, el primer doctor de la Iglesia dijo: «Ama siempre a tu prójimo; más que a tus padres a tu Patria, y más que a tu Patria a Dios».

El amor se expresa con palabras pero se debe demostrar con hechos, y no hay hecho más claro y definitivo que la disposición para dar la vida por aquello que se ama. Acontecimiento que en su grado heroico no suele darse fuera del tiempo de guerra o del acto de servicio. Fernando III, el Santo, ya más concretamente, afirmó que «la perfección puede realizarse en la vida militar y que esta perfección coincide con el tipo de ideal castrense».

Más cercano a nuestros días, el Catecismo de la Iglesia Católica se nos dirige en estos términos: Qui sese, in vita militari, Patriae dedunt servitio, securitatis et libertatis populorum sunt ministri. Si suum munus recte peragunt, vere ad bonum commune conferunt et ad pacem servandam «Los que se dedican al servicio de la Patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz». Catecismo de la Iglesia Católica, 2310.

Testimonios tan claros y concluyentes, expuestos a lo largo de tan dilatado período de tiempo, son firme referencia contra las propagandas disolventes que, por desgracia, no sólo para nosotros, sino para el conjunto nacional, se vierten abundantemente sobre la opinión pública.

Los más profundos sentimientos pueden concretarse en las imágenes de lo amado y, al igual que la foto en la cartera, se llevan imágenes religiosas, el Detente, del que ya he hablado, algunas de las santas patronas pero, de unos años a esta parte, con la entrada de esta Constitución democrática y liberal destaca la persecución religiosa de aquellos militares que osan manifestarse a su favor.

Terminaré. No quedarían completas estas líneas si no elevásemos nuestras preces hacia lo alto. Nuestro Señor Jesucristo, el que encontró en un Centurión más fe que en todo Israel, nos enseñó a hacerlo con la mejor oración, el Padrenuestro:

Pater noster qui es in caelis:
sanctificetur Nomen Tuum;
adveniat Regnum Tuum;
fiat voluntas Tua, sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum quotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a Malo. Amen.

1 comentario:

JUSTO CALVO PASCUAL dijo...

Lo que no sé si Javi sabe, es que el Estado tirano, opresor, neonazi... que tan furibundamente critica por imponer la educación obligatoria es el del GENERALÍSIMO FRANCO!!! (muy stalinista y soviético él, ¿verdad?)...
Si, si, Javi, una de las cosas buenas que perduran en España desde la época franquista es el sistema educativo OBLIGATORIO, con su Ley de Reforma Educativa de 1970 de la que surgieron la EGB, BUP y COU que estudiamos los de nuestra generación.
Le ilustro un poquito que parece que lo necesita:

La Ley General de Educación de 1970 fue impulsada por José Luis Villar Palasí, (Ministro de Educación en el gobierno de Franco, desde el 18 de abril de 1968 al 11 de junio de 1973).
Esta ley estableció la enseñanza OBLIGATORIA hasta los 14 años con la EGB, Educación General Básica, estructurada en dos etapas. Tras esta primera fase de ocho cursos el alumno accedía al BUP, Bachillerato Unificado Polivalente, o a la entonces recién creada FP, Formación Profesional. Con esta ley se reformó el sistema educativo desde la primaria hasta la universidad, adaptándolo a las necesidades de escolarización.

Así pues… ¿estás en contra del tiránico y opresor (son tus palabras) Estado Franquista?

PD: ¿LIBERTAD?, ¿acaso es libertad bloqueame los comentarios en el ordenador del trabajo como habéis hecho? No creo haber ofendido, insultado o ridiculizado a ninguno de los que han tenido ha bien responderme en esta página.
Si ese es vuestro concepto de LIBERTAD es un tanto deficitario ¿no os parece?

Recibid un afectuoso y sincero saludo.