martes, 3 de julio de 2007

Puñaladas al corazón

«La mentira, por ser una violación de la virtud de la veracidad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Atenta contra ellos en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión. Contiene en germen la división de los espíritus y todos los males que ésta suscita. La mentira es funesta para toda sociedad: socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales». Catecismo de la Iglesia Católica, 2486.

«La Cristiandad muere en tierras de occidente para nacer Europa, cuando ese organismo social se rompe entre 1517 y 1648 en cinco fracturas sucesivas. Son cinco horas de parto y crianza de Europa, cinco puñales en la carne histórica de la Cristiandad. A saber:

a) La ruptura religiosa del luteranismo.
b) La ruptura ética del maquiavelismo.
c) La ruptura política del bodinismo.
d) La ruptura jurídica del hobbesianismo.
e) Y la ruptura sociológica que convierte en realidad palpable la rotura definitiva del cuerpo místico político cristiano la firma de los Tratados de Westfalia.

Entre 1517 y 1648 nace y crece Europa. Y en proporción inversa al mismo proceso se da el otro: el del agravamiento y la muerte de la Cristiandad. Paremos mientes, muy someramente en aquel doloroso alumbramiento, recorriendo sus cinco momentos típicos.

“Ningún libro más claro”

El verdadero padre de Europa es Martín Lutero. No lo es por la novedad de sus herejías, que ya estaban más que razonadas en John Wicleff y en otros heresiarcas anteriores. Lo es, porque consigue partir en dos definitivamente la unidad de la Fe. Sólo él consiguió nublar en occidente el sol de Roma, enfriando así la Cristiandad. Es que, después de Lutero, desaparecida la unidad de la Fe, se ha secado el meollo del organismo espiritual de la Cristiandad, que viene a ser sustituido por algo esencial a la idea de Europa: el equilibrio entre diversas creencias coexistentes.

Todo eso se sigue de la tesis del “libre examen”, que Lutero basa en su convicción prejudicial de que “ningún libro es más claro” que la Biblia. Secuela directa de la instauración del libre examen fue, que en vez de una Fe única hubiera parigual consideración de todas las creencias; y que en lugar de la misma visión de los textos sagrados, hubiere tantas interpretaciones cuantos lectores.

El libre examen fue el mecanismo formal de la armonía externa entre las fes diversas de cada uno de los creyentes, suplantando el cuerpo orgánico de la Iglesia, que había servido de columna vertebral a la Cristiandad medieval.

“Virtud y fortuna”

Completa la obra Nicolás Maquiavelo, desgajando su ética neopagana (fundada en la virtú que es sólo “imperiosa fuerza de voluntad”) de la ética cristiana (centrada en la virtus que es el ascético autodominio sobre los impulsos y apetitos). Porque, al ser la virtú aquella fortaleza que rinde los sucesos a la voluntad del hombre en un juego de fuerzas estrictamente mecánico, la sociedad resulta constituida en torno a la constelación de energías que predomine cuando este pagano renacido que es l’uomo virtuoso venza la inconstancia de la adversa fortuna.

Porque desde ahí, ya no hay más que una Providencia divina personal que premia o castiga, sino una pagana fortuna, propicia o adversa según la geometría de las estrellas y los mecanismos de los astros.

“Soberanía”

Juan Bodino trasladó el mecanicismo a la política, al establecer como nudo social primero la posibilidad de la obediencia a un príncipe como una neutra relación entre el súbdito y el soberano.

La soberanía (que es válida por sí misma, porque se justifica en la efectividad de un poder neutralizado de todo contenido religioso) acabar en el absolutismo destructor del cuerpo social, en aras de fortalecer el poderío del gobernante. Y de este modo, el orden orgánico de los pueblos de la Cristiandad se sustituyó por un nuevo equilibrio de fuerzas sociales, sin otro apoyo que el juego mecánico que en él establezca el cetro todopoderoso de los reyes del despotismo ilustrado, o sea, del absolutismo ejemplar del borbonismo francés.

“Leviatán”

La ruptura jurídica la consagra parcialmente Hugo Grocio secularizando el intelectualismo tomista. Pero de un modo absoluto quien lo hace es Tomás Hobbes, secularizando el voluntarismo escotista. El derecho es en adelante el sistema mecánico natural de un monstruo, el Leviatán.

El derecho, objetiva o subjetivamente considerado, no será ya más que la regla de los equilibrios humanos, puramente humanos, en los que nada cuenta aquel orden reglado de las proporciones ordenadas, que la escolástica de la Cristiandad refería necesariamente a Dios, única fuente agustiniana del orden verdaderamente proporcionado de los seres.

“Corpus mysticum, corpus mechanicum”

En fin, desde los Tratados de Westfalia es asimismo mecanicista la marcha de las instituciones políticas europeas. Las relaciones internacionales se configuran como las de un corpus mechanicum, contrariamente a la organización armónica del corpus mysticum que había sido la Cristiandad, en la cual propiamente no había tales relaciones inter nationes, porque sólo las había inter gentes.

En adelante ya no habrá una política universal orgánicamente entrelazada de un modo jerárquico, sino que habrá dos políticas, mecánicamente intercurrentes: la “política interior” y la “política exterior”. En la política interior, al absolutismo demoledor de los reyes sucederá o el absolutismo expreso de las democracias rusonianas, o el absolutismo tácito del sistema de frenos y contrapesos mecánicos montesqueiano. Y en la política internacional, desde 1648, el juego de las relaciones entre las potencias será un sistema de equilibrios de alianzas y contraalianzas, nunca lealmente observadas, antes mil veces traicionadas.

Europa contra la Cristiandad

Sumariamente descritas estas cinco rupturas que fracturan la ingenuamente supuesta continuidad entre la Cristiandad y Europa, que ya hemos criticado, podremos comprender por qué Europa no es otra cosa que la negación de la Cristiandad. Basta con describir el contenido de ambos conceptos culturales, para dirimir la cuestión sin lugar a la menor sombra de duda.

Europa es mecanicismo; neutralización de poderes; coexistencia formal de credos; moral pagana; absolutismos; democracias; liberalismos; guerras nacionalistas familiares; concepción abstracta del hombre; sociedades de naciones y organizaciones de naciones unidas; parlamentarismos; constitucionalismos; aburguesamientos; soberanías; reyes que no gobiernan; indiferentismo y ateísmo y antiteísmo: Revolución en suma.

Cristiandad es, en cambio, organicismo social; visión cristiana del poder; unidad de Fe católica; poderes templados; Cruzadas misioneras; concepción del hombre como ser concreto; Cortes auténticamente representativas de la realidad social entendida por cuerpo místico; sistemas de libertades concretas; continuidad histórica por fidelidad a los muertos: Tradición en suma.

Son, pues, dos civilizaciones, dos culturas polarmente contrarias. Europa es “lo europeo”: la civilización antropocéntrica de la Revolución. Cristiandad es “lo cristiano”: la civilización teocéntrica de la Tradición.

Europa ha nacido para liquidar la Cristiandad. Muchos creen que lo ha conseguido. Y así fuera cierto, de no haber sido por un obstáculo inopinado, naturalmente imprevisible, y por eso razonablemente calificable de providencial, que surgió. Ese obstáculo se llamó y se llama así: Las Españas».

¿Qué es el Carlismo?, 26-32.

Edición cuidada por Francisco Elías de Tejada y Spínola, Rafael Gambra Ciudad y Francisco Puy Muñoz. Centro de Estudios Históricos y Políticos “General Zumalacárregui”. Escélicer, Madrid, 1971.