miércoles, 29 de agosto de 2007

Tres escenas en el Ayuntamiento de Donosti


Autor: Padre José Ignacio Munilla Aguirre

La noticia saltó a los teletipos el 16 de Mayo [de 2004]: Massachusetts es el primer estado USA donde se ha equiparado el matrimonio homosexual al heterosexual. Se trata de una noticia que en otras circunstancias nos hubiese resultado muy lejana; pero resulta que el sr. Zapatero manifestó en el discurso de investidura su intención de realizar esa equiparación de forma inminente. Por si fuese poco, el Gobierno Vasco aprobó en el 2002 una Ley de Parejas de Hecho en términos semejantes, impugnada ante el Constitucional por el gobierno anterior y suspendida parcialmente.

Es decir, que en poco tiempo, si una decidida reacción social no lo impide, podríamos estar viviendo las siguientes situaciones en el ayuntamiento de Donostia:

1ª Escena: lunes 8’30

- ¡Siguiente!
- ¡Egunon! Queremos pedir un certificado de matrimonio.

- Vuestros nombres, por favor...
- Mikel Aguirre y Pello Garmendia.

- ¡Felicidades! No os había visto nunca por “el ambiente”. ¿Sabéis? ¡Yo también soy gay!
- No, es que nosotros no somos gay. Sólo somos amigos.

- ¿Amigos? Pero entonces, no os podéis casar.
- ¿Por qué no? ¿No estáis dando certificados de matrimonio a parejas del mismo sexo?

- No entiendo nada. Si no sois gays, ¿por qué os queréis casar?
- Evidentemente, para recibir los beneficios económicos correspondientes: ventajas fiscales, declaración de la renta conjunta, pensión de viudedad a la muerte de mi amigo... Por otra parte, aunque nosotros no seamos gays, también nos queremos de otra forma.

- ¡Pero bueno! Aquí estamos dando certificados de matrimonio a las parejas gays, para acabar con la discriminación que sufren frente a la ley.
- Pues eso mismo, nosotros tampoco queremos ser discriminados. ¿O es que hace falta que practiquemos sexo entre nosotros para que no nos discriminen? ¿Nos va a excluir sólo porque no somos gays? ....

2ª Escena: lunes 8’50

- ¡Siguiente! Adelante. Siéntense los tres.
- ¡Gracias! Me llamo Alí Mustafá. Ya tengo trabajo y papeles. Ahora quiero casar.

- Bien, ¿cuál de las dos acompañantes va a ser su mujer?
- Las dos.

- ¿Cómo que las dos? Aquí no se admite la poligamia, sr. Mustafa. Tiene usted que elegir una.
- ¿Por qué elegir, si las dos son muy bonitas? Yo no comprendo. ¿Permiten hombre con hombre y prohiben hombre con dos mujeres?

- Pero oiga, nuestra cultura es monogámica.
- ¡Pero ustedes dicen respetar todas culturas! ¡Constitución Europa es aconfesional! ¿No se acuerda de que quitaron párrafo de “raíces cristianas”? Además, pronto Turquía también en Europa...

3ª Escena: lunes 9’15

- ¡Vaya día que llevamos! Siguiente. Aurrera, mesedez.
- ¡Egunon! Nos queremos casar.

- ¿Sus nombres?
- Juan Pedrosa, Miren Goitia, Roberto Martín y Leire Altolaguirre.

- ¿Quién se quiere casar con quién?
- Todos nos queremos casar con todos los demás.

- ¡Pero, si son cuatro!
- Sí, así es. Es que somos bisexuales. Yo amo a Miren y a Roberto. Miren me ama a mí y a Roberto. Leyre ama a Roberto y a Miren, y Roberto me ama a mí y a Miren. La única manera en que podemos expresar nuestra opción sexual es casándonos todos juntos.

- ¡¡Pero sólo estamos dando certificados a parejas de gays y lesbianas!!
- Entonces, ¡están discriminando a los bisexuales!

- No, la razón es que, bueno, la idea tradicional del matrimonio es que es sólo para parejas.
- ¡Puero bueno! ¿no me diga que se están basando en lo tradicional?

- Bueno, lo que quiero decir es que hay que fijar el límite en algún sitio...
- ¿Y quién dice eso? No existe ninguna razón lógica para limitar el matrimonio solamente para parejas. Cuantos más, ¡mejor! Además, ¡exigimos nuestros derechos! En el programa electoral que votamos se nos prometía la igualdad de oportunidades ante la ley, sin discriminación por motivo de la orientación sexual...

- ¡Esto ya es demasiado! ¡¡Os estáis riendo del matrimonio!!

Epílogo

Más allá de la parodia, es evidente que nuestra cultura se está riendo del matrimonio; o, cuanto menos, lo está desprotegiendo y, en consecuencia, minusvalorando. Si todo es equiparable al matrimonio, entonces, en realidad, el matrimonio se reduce a la nada. Si perdemos de vista que el matrimonio es la unión del hombre y la mujer, reconocida y tutelada por el Estado por ser el vínculo desde el que se regenera la sociedad; caeremos inevitablemente en muchas aberraciones, además de provocar numerosos agravios comparativos. ¿Por qué había de tutelar legalmente el Estado la unión afectiva de dos personas con atracción homosexual, excluyendo otras uniones sin vínculo sexual; como la de dos amigos, dos hermanos o dos primos que viven juntos? Si siguiésemos por ese camino, nos veríamos en la necesidad de crear un registro oficial de amistades y de convivencias familiares, para luego tener que equipararlos en derechos a los matrimonios.

Corremos el peligro de dilapidar un tesoro moral que el corpus jurídico legal ha tutelado durante siglos. El progresismo reinante esconde bajo su disfraz de liberalismo una profunda crisis de pensamiento. El discernimiento sobre el bien común está siendo sustituido por el puro practicismo.

Añádase a esto que nos falta libertad para expresar lo que pensamos. La epidemia de lo políticamente correcto coarta nuestra libertad, hasta el punto de oscurecer el sentido común. La mayoría de los políticos se limitan a afirmar que como hoy en día existen diversos modelos de familia, ellos se sienten en la obligación de tutelarlos jurídicamente con una equiparación al matrimonio. Pero es que “distinguir” no es lo mismo que “discriminar”. Lo lógico es dar un trato distinto a las cosas que son diferentes. Lo irracional sería lo contrario: lo ocurrido en Massachusett, o ¿lo de Donostia?