sábado, 8 de septiembre de 2007

Apocalypto Now: Aborto y Sacrificios Humanos en las Américas

Autor: E. Michael Jones, Ph.D.

Este artículo fue publicado en la edición de febrero del 2007 de la revista
Culture Wars

Apocalypto es una indicación de cuán lejos nos hemos movido en un corto tiempo. La línea guía de Mel Gibson podría ser El Patriota, producida en el 2000, la cual muestra a los EEUU desde el punto de vista de sus comienzos en el Iluminismo, como una nación de granjeros independientes, quienes, como el personaje que Gibson representa, sólo van a la guerra reticentemente, en defensa de su libertad, que se encuentra atacada por los brutales ingleses. Nadie en su sano juicio creía que EEUU fuera una república bajo cualquier acepción del término en el año 2000, pero más de uno pensó que la nostalgia provocada por El Patriota, tenía cierto valor moral. Smithsonian publicó un artículo de cabecera sobre la realidad histórica del film. Fue como si los conservadores dijeran que leyendo a Burke [1] encontrasen en él una guía relevante para nuestra época. Supongo que era improbable pero posible.

Apocalypto es una indicación que “todo ha cambiado,” como el trillado cliché repetido luego de los atentados del 9/11 o, quizás para Gibson, después de La Pasión de Cristo y del castigo que sufrió a manos de los judíos. Al igual que Apocalypto, El Patriota es una película de revancha. Vos matas a los míos, yo mato a los tuyos. La escena de Mel Gibson en El Patriota que no puede dejar de golpear al soldado inglés, da una idea que se trata de algo más que legítima defensa. La diferencia entre Apocalypto y El Patriota es que esta última tiene mucha ideología, lo cual hace menos repugnante el mensaje de revancha. Apocalypto es un film de revancha sin ninguna justificación ideológica. La Pasión de Cristo fue una película profundamente católica, pero si los otros filmes de Gibson son una guía sobre la jerarquía de valores en su alma, el cristianismo termina lejos en un tercer o cuarto lugar en su lista de valores. El primer valor es la familia, el segundo la revancha, el tercero la libertad que para el patriota tipo norteamericano simplemente consiste en ser dejado tranquilo. Luego de todo esto, el cristianismo emerge como algo que vagamente complementa todas estas emociones. El hecho más significativo entre la premier de El Patriota en el 2000 y la de Apocalypto en el 2006 es que las ilusiones de Gibson acerca de EEUU han desaparecido. Ya no existe más una nación norteamericana que pueda sostener la mitología de Gibson, ni siquiera una que exista en su imaginación. [...].

Los EEUU ya no se parecen más a la Carolina del Sur colonial, donde los granjeros autónomos se unían para formar una republica basada en sus lecturas de la literatura clásica romana y griega y la influencia de John Locke. Los EEUU son ahora el imperio maya, la tierra del signo del sol, cuyo pueblo es favorecido por Dios y destinado a gobernar el mundo. Esto es evidente en la arenga dada por el sacerdote maya, cuyo deber es sacarles el corazón a los prisioneros de guerra de modo que la fertilidad pueda retornar al suelo exhausto tras una agricultura de tala y quema (slash and burn). La retórica del sacerdote es un cruce entre el “estás con nosotros o contra nosotros” de George W. Bush y cualquier típico articulo de Bill Kristol en el Weekly Standard [2]. El sacerdote ‘neoconservador’ maya dirige su arenga hacia gente que Gibson presenta como el norteamericano medio, una masa fanática y drogada con el fútbol (americano), cuyo principal evento deportivo es capturar en redes las cabezas de los prisioneros de guerra sacrificados mientras caen por los escalones del templo pirámide donde los sacrificios humanos se llevan a cabo. La principal diferencia es que en la Norteamérica contemporánea los hinchas se pintan ellos mismos de azul. En la Mesoamérica de antaño, este honor estaba reservado para aquellos que iban a ser sacrificados. Los mesoamericanos más primitivos eran cazadores-recolectores, como Garra de Jaguar, el héroe de Apocalypto, cuya gente es capturada por mesoamericanos más avanzados, quienes practicaban una agricultura de tala y quema y luego sacrificios humanos cuando el suelo se volvía estéril. Apocalypto trata de cómo sobrevivir en una cultura basada en el sacrificio humano.

En EEUU el equivalente contemporáneo al sacrificio humano de los mayas y aztecas es, por supuesto, el aborto. Mel Gibson, católico visceral y padre de siete hijos, se opone instintivamente al aborto, como lo hizo la mayoría de los norteamericanos hasta que judíos como Bernard Nathanson (quien más tarde se arrepintió) comenzaron sus campañas (ver la edición de junio 2006 de Culture Wars) para legalizar el aborto en Nueva York y California. Otros ya han notado la conexión entre el aborto en los EEUU y los sacrificios humanos en Mesoamérica. Ya en 1984 había encontrado yo una similitud entre los aztecas y el partido demócrata, puesto que ambos apoyaban la sodomía y los sacrificios humanos. En un escrito titulado “Religión y política estilo norteamericano,” publicado en diciembre de 1984 en Fidelity, sostuve que “la sodomía y los sacrificios humanos eran parte integral de la política pública en América antes de la llegada del cristianismo. El diablo gobernaba América aparentemente con puño de hierro. Es un tributo a la tenacidad del demonio el hecho que ha retomado el control luego de 500 años al incorporar al partido mayoritario del país mas poderoso del hemisferio”.

Lo que es notable es que de alguna manera creía que el partido republicano estaba contra la sodomía y los sacrificios humanos. Así me pareció en diciembre de 1984 en gran parte porque en noviembre del mismo año había sido invitado a una conferencia en la Casa Blanca; el tema no era directamente el aborto sino más bien las cuestiones morales de las cuales era necesario hablar a consecuencia del aborto. Hoy por hoy sería imposible que este autor reciba una invitación a la Casa Blanca. Que me hayan invitado en aquel entonces es también remarcable ya que habla más de la Casa Blanca que de mí. El responsable fue Steve Galebach, que era realmente sincero respecto al aborto y deseaba cambiar la situación tanto como yo. Seríamos ingenuos, pero ambos creíamos que los republicanos en el segundo mandato de Reagan iban a hacer algo al respecto. Como Mel Gibson en su etapa de El Patriota, creíamos que el pueblo norteamericano tenía cierta visión moral y que el partido republicano iba a actuar de acuerdo con esto. En ese entonces dije:

“Tratemos de pensar a uno de los padres fundadores, algún puritano, o a algún contemporáneo de Lincoln quien pudiera imaginarse que el partido mayoritario en este país esté siguiendo la línea de los aztecas e incorporando la sodomía y los sacrificios humanos a su plataforma electoral. Que ese partido fue derrotado [en las elecciones presidenciales de 1984] es un tributo a la visión moral del pueblo norteamericano. Que semejante plataforma llegara a ser propuesta es un signo de cuán serios son los problemas y de la magnitud de la batalla que necesita ser peleada”.

Apoyando mi opinión –i.e. que el pueblo norteamericano tenía una “visión moral” respecto al aborto y que el partido republicano iba a hacer algo al respecto- estaba Thomas J. Ashcraft, en ese entonces asistente legislativo del senador Jesse Helms de Carolina del Norte.

Respecto de mi posición [sobre el aborto], Ashcraft me dijo cuando lo entrevisté en la oficina del senador Helms, “es esencialmente demoníaco porque se trata de un ataque directo a la raza humana. Es un ataque directo a los seres humanos que son parte de la creación de Dios. Se estima que ya sobrepasamos los 50 millones de abortos quirúrgicos al año en el mundo. Todo aquel que valore la vida humana inocente por la obra redentora de Nuestro Señor que murió por cada ser humano… no puede entender esto como algo ajeno al demonio. Creo que es imposible entender el aborto fuera de los términos del bien y el mal. Es tan básico y viejo como la raza humana”.

¿Cuándo, me pregunté, fue la última vez que oí a un político u operativo republicano hablar de esa manera? Probablemente en 1984, que resultó ser un año orwelliano debido el período que siguió y al lenguaje del partido republicano desde ese entonces. ¿Fuimos ingenuos? En cierto sentido sí. El tema del aborto se había acabado al fin del segundo año de la primera administración de Reagan, cuando el movimiento pro-vida se partió en dos. Los obispos y National Right to Life [3] apoyaron la enmienda Hatch. Los grupos de línea más dura apoyaron la propuesta del senador Helms [4]. Al final ninguna de las dos fue aprobada. Luego el presidente Reagan prefirió escaparle al problema al introducir al ahora fallecido senador Daniel Patrick Moynihan. Aún así, si fuimos ingenuos, todavía pienso que Ashcraft creía lo que decía, al igual que el senador Helms.

Desafortunadamente fueron reemplazados con gente que no creía, y por muchos por el estilo. ¿Por donde empezar? ¿Deberíamos hacerlo con la circunstancia de que en ese momento (invierno de 1984-85), el protegido de Irving Kristol [5], Michael Joyce [6], asumió como director de la fundación Bradley y los neoconservadores comenzaron su marcha triunfal y subversiva hacia las instituciones conservadoras? Lo que siguió fue un desfile de bandidos, mentirosos y prostitutas – todos determinados a preservar la hegemonía del sacrificio humano en la cultura norteamericana al igual que los demócratas, pero cuya principal distinción consistía en que eran más hipócritas que los demócratas. Pienso en gente como Rush Limbaugh [7] y Newt Gingrich [8], quien llegó al poder en 1994 y al movimiento pro-vida le dijo que debía esperar porque la disminución de los impuestos a los ricos era más importante que salvar la vida de los nonatos.

Y luego dos años después, Bob Dole [9] y Ralph Reed [10], quien logró que Dole fuera el candidato republicano contra Clinton al destruir la campaña de Pat Buchanan [11] en Carolina del Sur. En aquel tiempo creía que Ralph Reed trabajaba para Pat Robertson [12], quien ciertamente era notorio por su oposición al aborto. Sucedió que también allí fui ingenuo, me di cuenta al leer el libro de Murray Friedman La revolución neoconservadora: Intelectuales judíos y la política exterior norteamericana (The Neoconservative Revolution: Jewish Intellectuals and American Foreign Policy).

A diferencia de Jerry Falwell [13], líder de la Mayoría Moral (Moral Majority) y quien daba la impresión de que se cortaría la lengua antes que hablar con gente como Abraham Foxman [14], Ralph Reed creció en Miami en lo que el describió como una “atmósfera judaica” (todas las citas subsiguientes de Reed son tomadas del libro de Friedman). Para los no iniciados, Ralph Reed parecía ser el protegido del tele-evangelista Pat Robertson. Sus teologías eran iguales, es decir, políticamente idénticas con el dispensacionalismo de Jerry Falwell, el cual consideraba a los judíos como el pueblo elegido de Dios y al estado de Israel como divinamente concebido.

Sin embargo lo cierto es que Ralph Reed era el protegido de Jack Abramoff, el lobista de Washington quien terminaría en la cárcel en el 2006 por corrupción. Reed representó para los evangélicos lo que William Buckley [15] había representado a la generación previa de católicos. Abramoff, un judío ortodoxo a quien Friedman describe como “un agitador conservador” de la Universidad de Brandeis, no sólo le dio a Reed su primer trabajo en Washington cuando lo contrató para una pasantía política en 1981, también lo invito a vivir a su casa, donde presumiblemente comía de un juego de platos diferente: “iba a los servicios con él y le presentó su esposa a Abramoff, la cual era de Georgia”. Abramoff encontró a Reed “increíblemente filo-semita”, y Reed correspondió tratando con mano dura cualquier muestra de antisemitismo por parte de los estudiantes republicanos en la universidad. En 1983 Reed sucedió a Abramoff como director ejecutivo del National College Republicans [16]. Al igual que William Buckley antes que él, “Reed usó su influencia para impedir que elementos más extremos dentro del movimiento conservador tomaran el control del partido republicano”. Del mismo modo que Buckley, Reed invariablemente usó la vara judía para determinar qué elementos deberían ser considerados “extremos”.

Cuando la Liga Anti-Difamación judía (ADL) escupió para arriba al atacar a la derecha cristiana, el aliado más fiel de Israel en los EEUU, fue Ralph Reed quien jugó el papel de mediador dirigiéndose a la dirigencia de la ADL el 3 de abril de 1995. Habiendo ido a la escuela con Abramoff, Reed le dijo a la ADL que “la Christian Coalition cree que nuestra nación no debe ser oficialmente cristiana”, y por eso estaba contra la oración en las escuelas –una declaración que aparentemente enfureció al supuesto mentor de Reed, Pat Robertson. Reed dijo lo mismo delante de AIPAC (Comité de Relaciones Publicas Israelí-Americano) [17] al mes siguiente, al punto que Elliott Abrams [18], presente en la reunión, exclamó que los judíos “necesitan a Ralph Reed”.

Reed les mostró a los necon cuanto lo necesitaban cuando saboteó la segunda campaña presidencial de Pat Buchanan al darle el soporte de la Christian Coalition al senador Bob Dole en las elecciones internas republicanas de Carolina del Sur en 1996. La derrota de Buchanan en Carolina del Sur le quitó impulso a su campaña. Despojado de lo que era su electorado natural por el esfuerzo de Reed, el movimiento político de Buchanan menguó al punto tal que ni siquiera llegó a hablar en la convención republicana de 1996 cuando Dole fue nominado candidato. Friedman acredita a Reed con “la modernización del conservadurismo cristiano”. De acuerdo al modo de entender la modernidad de Yuri Slezkine, esto significaría alinear los votos evangélicos con los intereses judíos, y es así tal como Friedman interpreta el rol de Reed en las internas de Carolina del Sur.

El populismo de Buchanan, similar al de George Wallace [19], su aislacionismo, y sus ataques a los neocon por su fuerte apoyo a Israel encolerizó a los judíos; su aislacionismo también alejó a los conservadores de centro. Discretamente, Reed movió el peso de la Christian Coalition hacia el más moderado senador Dole en esas cruciales internas. La derrota de Buchanan allí le dio un duro golpe a su campaña y Reed fue considerado causante de su caída.

Cuando Reed dejó la Christian Coalition llena de deudas para convertirse en “lobista,” volvió a sus raíces al relacionarse con Abramoff y entrar en el negocio de las coimas a los casinos ganando dinero en su papel de doble agente. En el 2002 Reed, que para ese entonces era un consultor político en Atlanta y presidente del partido republicano de Georgia, se unió al rabino Yechiel Eckstein para formar “una suerte de AIPAC cristiana”. El 2 de mayor del 2003, la ADL publicó un aviso en el New York Times, en el cual Reed alabó la continuidad del estado judío como una “señal de la soberanía de Dios”.

Para ser justo con William Buckley habría que decir que criticó a la ADL por premiar al dueño de la revista Playboy Hugo Hefner. Debido a su teología idiosincrática, Reed y los dispensacionalistas ni siguiera pudieron balbucear este tipo de oposición nominal a la ADL. Finalmente Abraham Foxman, el director de la ADL, que había denunciado a Reed y a sus seguidores como seres execrables anunció, “estoy orgulloso de tener a Ralph Reed como amigo y defensor de Israel”.

Aborto

Si hay un grupo responsable del abandono del aborto como caballo de batalla de los conservadores y republicanos, es la secta judía mesiánica de trotskistas conocida como neoconservadores. Cuando el término finalmente surgió en el mundo político, Max Boot [20] escribió un editorial en el Wall Street Journal en el cual admitió que los neoconservadores nunca habían creído que el aborto era un tema importante, comparado, por ejemplo, con la continuidad del estado de Israel y el apoyo financiero que los EEUU destina cada año a Israel con dinero de los impuestos. Judíos como Irving Kristol y Norman Podhoretz [21] y sus seguidores, subvirtieron la palabra ‘conservador’ al causar la muerte de innumerables personas cuando el partido republicano bajo su tutelaje abandonó el aborto como pivote de su política y se embarcó en una serie de guerras desastrosas en medio oriente.

Todo esto estaba más allá del horizonte en 1984. Así es como veía la situación en aquel año:

Luego de algunos días en Washington uno se da cuenta que haber ganado las elecciones fue simplemente una manera de continuar la batalla. Si Reagan hubiera perdido, si Helms hubiera perdido, sencillamente no habría batallas en temas sociales.

En el centro de la cuestión está el mismo Reagan, y las decisiones que tomará sobre su staff para su segundo periodo. De acuerdo a un asistente de la Casa Blanca, elegir a William Clark [22] como jefe del staff significaría una victoria para las fuerzas pro-vida. La elección de Michael Deaver [23] sería un “desastre.” La elección de James Baker [24] o Drew Lewis [25] mantendría el status quo.

Finalmente Deaver fue elegido por Reagan como jefe de su staff, y el desastre ocurrió, pero no de la manera en que el anónimo asistente o yo hubiéramos predicho. Como una señal de cuánta agua había pasado bajo el puente, dos días antes de la première de Apocalypto, James Baker resurgió públicamente al emitir el informe del Iraq Study Group. En este informe Baker y un grupo de políticos WASP [White Anglo-Saxon Protestant: blanco anglosajón protestante] de ambos partidos sostuvo que la guerra de los neocon en Irak era el más grande peligro que la república hubiera enfrentado durante la historia de su vida pública. Una vez más, el consejero de la familia Bush había rescatado a Dubya [26] de las consecuencias de su propia estupidez e imprudencia. Salvo que esta vez el problema era más serio que los viejos arrestos por conducir borracho. Esta vez parecía que todo el imperio estuviera cayéndose a pedazos porque los judíos, quienes estuvieron notablemente ausentes de los rangos del Iraq Study Group, habían usado a Dubya para involucrar a los EEUU en lo que ahora se había vuelto una guerra obviamente inganable en Irak. Debido a su accionar, Baker fue denunciado como antisemita de tal modo por Rush Limbaugh que este último podría haber conseguido un trabajo de extra en Apocalypto como uno de los sacerdotes mayas sedientos de sangre farfullando sobre el destino de los condenados.

Un mal presagio sobrevuela al film Apocalypto y al país que lo fue a ver. Mientras Garra de Jaguar y sus compañeros cautivos son llevados a través de paisajes inhospitalarios producto de lo que la agricultura de tala y quema tiene que crear para sobrevivir, una joven atormentada con una enfermedad fatal profetiza el castigo para la tierra del signo del sol. Moctezuma, el líder azteca, también percibía señales ominosas. Había escuchado que dioses blancos vendrían a México allende el océano y destruirían su reino. Mel Gibson algo debe haber oído sobre la profecía porque así es como Apocalypto termina.

Luego de haber sido salvado del sacrificio en la pirámide por un eclipse de sol, Garra de Jaguar escapa hacia la jungla y vuelve a su casa para rescatar a su esposa embarazada. Durante la última hora de la película, lo vemos escapando de y finalmente matando a todos, salvo a dos de sus perseguidores. Finalmente se encuentran en la playa y cuando están a punto de machacarle la cabeza con sus masas el deus ex machina aparece. El deus no es otro que Cristo, y la machina son los galeones españoles que traen al nuevo mundo conquistadores como Hernán Cortés y monjes franciscanos como Fray Bartolomé de Díaz.

A esta altura, el mensaje de Apocalypto se vuelve claro: los EEUU se han vuelto tan corruptos, mayormente debido a la institucionalización del aborto / sacrificio humano, que ya no pueden ser reformados desde adentro. Los días de El Patriota se han terminado, el experimento norteamericano de libertad ordenada ha fracasado porque la libertad fue redefinida como libertinaje sexual, y el libertinaje sexual exige el aborto / sacrificio humano como su garantía. Las culturas mayas y aztecas eran demasiado corruptas para ser reformadas desde adentro; tenían que ser barridas por la espada antes que una verdadera cultura pudiera florecer en Mesoamérica en su reemplazo, y esa cultura, Gibson parece decirnos, puede sólo florecer bajo el signo de la cruz. Se necesita el deus ex machina para bajarle la cortina a esta obra.

Sin embargo, es entonces que el mensaje se vuelve menos claro. Los dos perseguidores de Garra de Jaguar avanzan hacia los españoles, pero Garra de Jaguar se retira hacia la jungla. Si hubiera querido un film con un final manifiestamente cristiano, Gibson debería haber hecho que los tres indios, antiguamente enemigos acérrimos, se reconciliasen arrodillándose delante de la cruz. Eso es lo que de hecho ocurrió luego de la conquista de México por Cortés, en gran parte como resultado de la aparición milagrosa de Nuestra Señora de Guadalupe. Así es como describí dicho evento en 1984:

“Cortés ofreció la paz numerosas veces mientras sitiaba Tenochtitlán, pero al final se dio cuenta que el dios-demonio Huitzilopochtli se había acostumbrado tanto a la sangre humana que prefería ver a la capital azteca destruida a que perder su dominio sobre ésta. Washington no es Tenochtitlán, pero luego de haber pasado allí un breve período, a uno le queda la impresión que la batalla contra el sacrificio humano en nuestros tiempos se volverá cada día más ardua”.

Habiendo visto la película, no puedo decir si Mel Gibson leyó o no mi artículo. La idea no es del todo inverosímil, ciertamente no tan inverosímil como la idea de que sea invitado hoy en día a otra conferencia a la Casa Blanca. Una de las personas que quedó impresionada con el artículo en aquel entonces no fue sino quien pronto sería candidato presidencial Pat Buchanan, quien citó mi artículo en una de sus columnas. “El otro día,” escribió Pat en su columna publicada el 23 de enero de 1985 en el Washington Times –fecha cercana a la marcha por el derecho a la vida en Washington “llegó a mis manos Fidelity, una nueva revista dirigida por católicos tradicionalistas, la mayoría de quienes son investigadores, sacerdotes, o doctores. La editorial comparaba la civilización azteca que Cortés descubrió y la Norteamérica de 1985”. Con Pat estábamos de acuerdo en ese entonces que “el partido demócrata está poseído por el diablo” debido a su apoyo a la sodomía y al sacrificio humano. Ambos pensábamos que los republicanos creían en algo mejor. Ahora los republicanos han sido derrotados de manera similar a los demócratas en 1984, y parece que van a arrastrar al movimiento pro-vida con ellos como resultado de un cuarto de siglo de hipocresía, mendacidad y duplicidad en su relación con el electorado que pensó que iban a terminar con los sacrificios humanos en EEUU. De cualquier modo –a través de Fidelity o de la columna de Pat Buchanan- la asociación entre Washington y Tenochtitlán, y la relación entre aborto y sacrificio humano se metieron en el ámbito de la discusión pública.

Ahora parece que Mel Gibson no concuerda conmigo. El mensaje de Apocalypto es bien claro respecto de esto. En la cabeza de Gibson, Washington es Tenochtitlán. Yo mantengo mi premisa original: todavía digo que Washington no es Tenochtitlán, sino mucho peor. ¿Quiénes somos nosotros, me descubrí preguntándome a mí mismo al fin de la película, para hablar mal de los mayas y los aztecas, quienes pueden haber matado a miles de cautivos en la punta de sus pirámides sacándoles sus corazones aún latientes, pero al fin y al cabo asesinaron a lo largo de un siglo solo una fracción de los niños que nosotros asesinamos cada año? Sólo un neocon -como Max Boot, Bill Kristol o David Frum [27]- en medio del más extremo frenesí mesiánico podría ver a los EEUU y aún contemplar la “ciudad sobre la colina [28]” puritana, y pueden hacerlo sólo si insisten en ignorar obstinadamente el tema del aborto y focalizar el fallido estado mesiánico de Israel como su modelo. Un católico no puede contemplar a los aztecas o a los mayas y a su afición por los sacrificios humanos y no relacionarlo inmediatamente en los EEUU de hoy. Ésta es la razón por la cual Steven Spielberg nunca podría haber filmado esta película.

Y aún con todo este catolicismo visceral, Apocalypto termina con una nota de ambivalencia, nota que debe reflejar la ambivalencia de Mel Gibson acerca de los EEUU y la iglesia católica. Si Mel Gibson realmente hubiera querido enfurecer a los judíos, quienes lo atacaron debido a La Pasión de Cristo, debería haber finalizado con los tres indios arrodillados frente a la cruz, y reconciliados por el amor salvífico de Cristo. En lugar de eso, Gibson hace que el héroe de la película se retire a la selva junto a su esposa. Como para subrayar esta ambivalencia, Gibson hace preguntar a la mujer de Garra de Jaguar –con los galeones españoles en el horizonte- “¿Deberíamos ir con ellos? ”No,” responde él, “nuestro lugar está en la selva”.

Así es que luego de comenzar con un final católico para su película, Gibson revierte al viejo cliché norteamericano y convierte a Garra de Jaguar en la versión mesoamericana de Huck Finn [29], quien se vuelve a lo salvaje para evitar que la tía Sally (o la iglesia católica) “me adopte y me sivilice, ya que no puedo soportarlo. Yo ya he estado allí”.

Bueno, todos ya hemos estado allí, ¿no? Mel Gibson no quiere ser “sivilizado”. Prefiere la venganza al perdón, inclusive si el fracaso del experimento norteamericano lo ha despojado de una justificación ideológica para su revancha. Al final, Mel Gibson es ambivalente tanto sobre los EEUU como sobre la iglesia católica. Prefiere adorar en una iglesia que no es visible y vivir en un país que es tan ficticio como el mostrado en El Patriota. Si hay algo que EEUU nunca fue, es ser católico. Resta entonces ver cuál será el deus ex machina que llegue a sus costas para salvarlo de sí mismo. ¿Heredarán los mansos -es decir los mexicanos- la tierra? Lo harán –con tu permiso Pat- si somos afortunados.

E. Michael Jones es el editor de Culture Wars.

Notas

[1] Gran pensador inglés nacido en Irlanda y uno de los mejores oradores y prosistas de su época, crítico de la Revolución Francesa.

[2] Bill Kristol, acérrimo ‘neocon’ es el fundador del Weekly Standard, revista financiada por el magnate de los medios Rupert Murdoch, y que ha justificado y apoyado la invasión a Irak, y ahora sostiene que es necesario un ataque a Irán.

[3] Grupo pro-vida fundado en 1973 luego de la decisión de la Corte Suprema de EEUU de legalizar el aborto en todo el país.

[4] Se refiere los senadores Orrin Hatch y Jesse Helms quienes propusieron diferentes métodos para contrarrestar las leyes a favor del aborto pero terminaron dividiendo al movimiento pro-vida.

[5] Irving Kristol, padre de Bill Kristol, es considerado como Norman Podhoretz uno de los fundadores del movimiento neoconservador. En su juventud fue trotskista y miembro de la IV Internacional.

[6] Conocido por sus habilidades para recaudar fondos para diversas organizaciones y ‘think tanks” neoconservadores, incluyendo la Bradley, la Olin, la Goldseker, y el PNAC (Project for the New American Century).

[7] Periodista radial defensor de la administración de Bush y del partido republicano en general.

[8] Político republicano y principal figura en la segunda mitad de la década del 90 cuando los republicanos capturaron la Cámara de los Representantes luego de 40 años de dominio demócrata.

[9] Candidato presidencial republicano en las elecciones de 1996. Derrotado por Clinton.

[10] Político y activista por el partido republicano. Cristiano protestante, fue director ejecutivo del grupo de lobby Christian Coalition. Implicado últimamente en el escándalo de coimas con Jack Abramoff.

[11] Político y escritor católico, candidato presidencial por el partido de la reforma en el 2000. También buscó la nominación como candidato presidencial republicano en 1992 y 1996. Opuesto al aborto, a la guerra de Irak, y a la política económica y migratoria de la administración neoconservadora de Bush.

[12] Tele evangelista protestante conductor del Club 700. Se presentó candidato para presidente en 1988 pero perdió en las internas del partido republicano. Opuesto al aborto pero defensor de la guerra en Irak y del estado de Israel a toda costa.

[13] Pastor tele evangelista protestante. Opuesto al aborto, en general apoya, aunque con reservas, al partido republicano.

[14] Director de la ADL (Liga Anti Difamación de la B’nai B’rith), uno de los más antiguos y fuertes grupos de lobby judíos en los EEUU.

[15] Escritor y periodista católico. Fundador en 1955 de la influyente revista National Review, que en los últimos tiempos fue copada por neoconservadores.

[16] Organización universitaria que apoya al partido republicano en todos los EEUU.

[17] American Israel Public Affairs Commitee, quizás el lobby de presión sionista más poderoso hoy por hoy en los EEUU.

[18] Abogado y político judío sionista que ocupó cargos en política exterior en varios gobiernos, incluyendo el de G.W. Bush.

[19] Político demócrata del sur, se presentó candidato a presidente cuatro veces en la décadas del 60 y 70.

[20] Periodista y activista neoconservador quien acusó a los “buchananitas” de usar el término ‘neoconservador’ en clave para referirse realmente a ‘judío’.
http://www.opinionjournal.com/editorial/feature.html?id=110002840


[21] Junto con Irving Kristol es considerado uno de los fundadores del movimiento neoconservador. En su juventud fue miembro del movimiento socialista.

[22] Juez y político católico, estuvo en la administración de Reagan como subsecretario de estado de 1981-1982, consejero de seguridad 1982-1983, y secretario del interior, 1983-1985. Enemigo político de Michael Deaver y George Schultz.

[23] Miembro de la administración de Reagan, convicto de perjurio y multado con 100.000 dólares tuvo que renunciar en 1985.

[24] Abogado y político episcopaliano allegado a Ronald Reagan y a G.H.W. Bush. Ocupó varios cargos durante sus administraciones entre ellos secretario del tesoro bajo Reagan, 1985-1988, y secretario de estado bajo Bush padre.

[25] Secretario de transporte bajo Reagan, 1981-1983.

[26] Término coloquial para referirse a G.W. Bush por la pronunciación sureña de la letra W.

[27] Periodista neocon de la National Review de fuerte ideología sionista a quien se adjudica haber creado la muletilla del “eje del mal” cuando fue brevemente el escritor de los discursos presidenciales de Bush.

[28] El concepto de “City on a Hill” se remonta a los puritanos quienes intentaron crear un paraíso en la tierra basado en el sermón de la montaña de Cristo y en una supuesta nueva alianza con Dios, similar a la del pueblo judío en el AT.

[29] Personaje de la novela de Mark Twain quien se siente más a gusto en los bosques que entre la gente, y que siempre conjuró imágenes del individuo independiente y esperanzado que se dirige a lo desconocido (el oeste) en busca de una nueva vida.

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