martes, 18 de septiembre de 2007

Angelus Domini vel Regina caeli

El Ángelus Domini

El Ángelus Domini es la oración tradicional con que los fieles, tres veces al día, esto es, al alba, a mediodía y a la puesta del sol, conmemoran el anuncio del ángel Gabriel a María. El Ángelus es, pues, un recuerdo del acontecimiento salvífico por el que, según el designio del Padre, el Verbo, por obra del Espíritu Santo, Se hizo hombre en las entrañas de la Virgen María.

La recitación del Ángelus está profundamente arraigada en la piedad del pueblo cristiano y es alentada por el ejemplo de los Romanos Pontífices. Se debe procurar por todos los medios que se mantenga viva y se difunda esta devota costumbre, con la recitación de tres avemarías.

La oración del Ángelus, por su sencilla estructura, su carácter bíblico, su ritmo casi litúrgico, que santifica diversos momentos de la jornada, su apertura al misterio pascual, a través de los siglos conserva intacto su valor y su frescura.

El Regina caeli

Durante el tiempo pascual, por disposición del Papa Benedicto XIV (20 de abril de 1742), en lugar del Ángelus Domini se recita la célebre antífona Regina caeli. Esta antífona, que se remonta probablemente al siglo X-XI, asocia de una manera feliz el misterio de la encarnación del Verbo (el Señor, a Quien has merecido llevar) con el acontecimiento pascual (resucitó, según Su palabra), mientras que la “invitación a la alegría” (Alégrate) que la comunidad eclesial dirige a la Madre por la resurrección del Hijo, remite y depende de la “invitación a la alegría” (“Alégrate, llena de gracia”: Lc 1,28) que Gabriel dirigió a la humilde Sierva del Señor, llamada a ser la madre del Mesías salvador.

Angelus Domini (en el tiempo ordinario)

V. Angelus Domini nuntiavit Mariae,
R. Et concepit de Spiritu Sancto.

Ave, Maria, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.

V.
Ecce ancilla Domini,
R. Fiat mihi secundum verbum tuum.

Ave, Maria, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.

V.
Et Verbum caro factum est,
R. Et habitavit in nobis.

Ave, Maria, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.

V.
Ora pro nobis, sancta Dei Genitrix,
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

Oremus. Gratiam tuam, quaesumus Domine, mentibus nostris infunde, ut qui, Angelo nuntiante, Christi Filii tui incarnationem cognovimus, per passionem eius et crucem ad resurrectionis gloriam perducamur. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

Traducción

V.
El ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió del Espíritu Santo.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

V. Y el Verbo Se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

V.
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

Oremos: Derrama, Señor, Tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de Tu Hijo, para que lleguemos por Su pasión y Su cruz a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Regina caeli (en el tiempo pascual)

Regina caeli, laetare, alleluia:
Quia quem meruisti portare, alleluia,

Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.

V. Gaude et laetare, virgo Maria, alleluia.
R. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

Oremus. Deus, qui per resurrectionem Filii tui Domini nostri Iesu Christi mundum laetificare dignatus es, praesta, quaesumus, ut per eius Genitricem Virginem Mariam perpetuae capiamus gaudia vitae. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

Traducción

Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque el Señor, a Quien has merecido llevar, aleluya,

ha resucitado, según Su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

V.
Goza y alégrate, Virgen María. Aleluya.
R. Porque resucitó verdaderamente el Señor. Aleluya.

Oremos: Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de Su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Concessiones

«Partialis indulgentia conceditur christifideli qui primo diluculo, vel meridiano tempore, vel sub vesperam precationem Angelus Domini cum statutis versiculis et oratione, aut tempore paschali antiphonam Regina caeli item cum usitata oratione, pie recitaverit». Paenitentiaria Apostolica, Enchiridion Indulgentiarum, conc. 17 § 2, 2°.

«Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que rece piadosamente las preces anteriores, de acuerdo con el tiempo litúrgico que corresponda. Según una laudable costumbre, estas preces se acostumbran a rezar al amanecer, al mediodía y al atardecer». Penitenciaría Apostólica, Manual de indulgencias, 9.

Santos Evangelios

«Es deseable que, en algunas ocasiones, sobre todo en las comunidades religiosas, en los santuarios dedicados a la Virgen, durante la celebración de algunos encuentros, el Ángelus Domini sea solemnizado, por ejemplo, mediante el canto del Avemaría, la proclamación del Evangelio de la Anunciación y el toque de campanas». Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 195.

«Como se ha sugerido para el Ángelus, será conveniente a veces solemnizar el Regina caeli, además de con el canto de la antífona, mediante la proclamación del evangelio de la Resurrección». Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 196.

Die 25 Martii. IN ANNUNTIATIONE BEATAE MARIAE VIRGINIS (Duplex I classis)

+ Sequentia sancti Evangelii secundum Lucam (Luc. 1, 26-38)

In illo tempore: Missus est Angelus Gabriel a Deo in civitatem Galilaeae, cui nomen Nazareth, ad Virginem desponsatam viro, cui nomen erat Ioseph, de domo David, et nomen Virginis Maria. Et ingressus Angelus ad eam, dixit: Ave, gratia plena: Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus. Quae cum audisset, turbata est in sermone eius: et cogitabat qualis esset ista salutatio. Et ait Angelus ei: Ne timeas, Maria, invenisti enim gratiam apud Deum: ecce concipies in utero, et paries filium, et vocabis nomen eius Iesum. Hic erit magnus, et Filius Altissimi vocabitur, et dabit illi Dominus Deus sedem David patris eius: et regnabit in domo Iacob in aeternum, et regni eius non erit finis. Dixit autem Maria ad Angelum: Quomodo fiet istud, quoniam virum non cognosco ? Et respondens Angelus, dixit ei: Spiritus Sanctus superveniet in te, et virtus Altissimi obumbrabit tibi. Ideoque et quod nascetur ex te Sanctum, vocabitur Filius Dei. Et ecce Elisabeth cognata tua, et ipsa concepit filium in senectute sua: et hic mensis sextus est illi, quae vocatur sterilis: quia non erit impossibile apud Deum omne verbum. Dixit autem Maria: Ecce ancilla Domini, fiat mihi secundum verbum tuum.

En aquel tiempo, al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a Quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, Su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y Su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, = porque ninguna cosa es imposible para Dios=». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

DOMINICA RESURRECTIONIS (Duplex I classis cum Octava privilegiata I ordinis. Statio ad S. Mariam maiorem)

+ Sequentia sancti Evangelii secundum Marcum (Marc. 16, 1-7)

In illo tempore: Maria Magdalene, et Maria Iacobi, et Salome emerunt aromata, ut venientes ungerent Iesum. Et valde mane una sabbatorum, veniunt ad monumentum, orto iam sole. Et dicebant ad invicem: Quis revolvet nobis lapidem ab ostio monumenti ? Et respicientes viderunt revolutum lapidem. Erat quippe magnus valde. Et introëuntes in monumentum viderunt iuvenem sedentem in dextris, coopertum stola candida, et obstupuerunt. Qui dicit illis: Nolite expavescere: Iesum quaeritis Nazarenum, crucifixum: surrexit, non est hic, ecce locus ubi posuerunt eum. Sed ite, dicite discipulis eius, et Petro, quia praecedit vos in Galilaeam: ibi eum videbitis, sicut dixit vobis.

En aquel tiempo, pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. Se decían unas otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?». Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a Sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como Os dijo».