sábado, 7 de julio de 2007

Entrevista al cardenal Darío Castrillón Hoyos por Gianni Cardinale

30 Días (nº 6/7 de 2007) le ha pedido al cardenal Darío Castrillón Hoyos, colombiano, desde 2000 presidente de la Comisión pontificia «Ecclesia Dei» (además de prefecto de la Congregación para el Clero desde 1996 a 2006), que ilustre a nuestros lectores los contenidos más importantes del motu proprio Summorum pontificum.

Eminencia, ¿cuál es el sentido de este motu proprio que liberaliza el uso del Misal llamado de San Pío V?

Cuando, después del Concilio Vaticano II, se dieron los cambios en la liturgia, grupos consistentes de fieles laicos y también de eclesiásticos se sintieron a disgusto porque estaban muy ligados a la liturgia en vigor desde hacía siglos. Pienso en los sacerdotes que durante cincuenta años habían celebrado la Misa denominada de San Pío V y que de pronto debían celebrar otra, pienso en los fieles acostumbrados desde generaciones al viejo rito, pienso también en los niños como los monaguillos que improvisamente se sienten desorientados a la hora de ayudar a Misa con el Novus ordo. Hubo, pues, malestar a varios niveles. Para unos era incluso de orden teológico, pues consideraba que el rito antiguo expresaba mejor que el nuevo el sentido del sacrificio. Otros, también por motivos culturales, recordaban con nostalgia el gregoriano y las grandes polifonías que eran un riqueza de la Iglesia latina. Y todo esto se agravaba porque quienes sentían este malestar imputaban estos cambios al Concilio, mientras que en realidad el Concilio en sí no había ni pedido ni previsto los detalles de estos cambios. La Misa que celebraban los padres conciliares era la Misa de San Pío V. El Concilio no había pedido la creación de un rito nuevo, sino un uso mayor de la lengua vernácula y una participación mayor de los fieles.

De acuerdo, este era el clima de hace cuarenta años. Pero hoy ya no está presente la generación que había manifestado ese malestar. No sólo: el clero y el pueblo se han acostumbrado al Novus ordo, y en la gran mayoría de los casos están muy bien con él…

Exacto, la gran mayoría, si bien muchos de ellos no saben qué se ha perdido con el abandono del antiguo rito. Pero no todos se han acostumbrado al nuevo rito. Curiosamente también en las nuevas generaciones, tanto de clérigos como de laicos, parece florecer el interés y el aprecio por el rito anterior. Y se trata de sacerdotes y fieles de a pie que a veces no tienen nada que ver con los llamados lefèbvrianos. Son cuestiones de la Iglesia, que los pastores deben escuchar. Por esto Benedicto XVI, que es un gran teólogo con una sensibilidad litúrgica profunda, ha decidido promulgar el motu proprio.

¿Existía ya un indulto?

Sí, había un indulto, pero ya Juan Pablo II había comprendido que el indulto no había sido suficiente. En primer lugar, porque algunos sacerdotes y obispos eran reacios a aplicarlo, pero sobre todo porque los fieles que desean celebrar con el rito antiguo no deben ser considerados de segunda categoría. Se trata de fieles a los que hay que reconocer el derecho de oír una Misa que ha alimentado al pueblo cristiano durante siglos, que ha alimentado la sensibilidad de santos como san Felipe Neri, don Bosco, santa Teresa de Lixieux, el beato Juan XXIII y al mismo siervo de Dios Juan Pablo II que, como decía, había comprendido el problema del indulto y, por tanto, pensaba en extender el uso del Misal de 1962. He de decir que en las reuniones con los cardenales y con los jefes de dicasterio, en las que se debatió esta disposición, las reservas eran de verdad mínimas. El papa Benedicto XVI, que ha seguido el proceso desde el principio, ha dado este paso importante ya imaginado por su gran predecesor. Se trata de una disposición petrina promulgada por amor a un tesoro litúrgico, como es la Misa de San Pío V, y por amor de pastor a un considerable grupo de fieles.

Pero algunos exponentes del episcopado han manifestado sus reservas…

Reservas que en mi opinión depende de dos errores. La primera evaluación errónea es decir que se trata de una vuelta al pasado. No es así. Porque nada se quita al Novus Ordo, que sigue siendo el modo ordinario de celebrar el único rito romano; mientras que los que quieran pueden celebrar la Misa de San Pío V como forma extraordinaria.

Este es el primer error de los que no estaban de acuerdo con el motu proprio, y ¿el segundo?

Que se intenta disminuir el poder del episcopado. Pero tampoco es verdad. El Papa no ha cambiado el Código de Derecho Canónico. El obispo es el moderador de la liturgia en su propia diócesis. Pero a la Sede apostólica le compete ordenar la sagrada liturgia de la Iglesia universal. Y un obispo debe actuar en armonía con la Sede apostólica y debe garantizar a cada fiel sus propios derechos, incluido el de poder participar en la Misa de San Pío V, como forma extraordinaria del rito.

Y, sin embargo, hay quien afirma que con este motu proprio Ratzinger «humilla el Concilio» y «hace un desaire» a sus predecesores Pablo VI y Juan Pablo II…

Benedicto XVI sigue el Concilio, que no abrogó la Misa de San Pío V ni pidió que se hiciera. Y sigue el Concilio que recomendó escuchar la voz y los deseos legítimos de los fieles laicos. Quienes afirman esas cosas deberían ver las miles de cartas que han llegado a Roma pidiendo la libertad de poder oír la Misa a la que se sienten tan vinculados. Y no se contrapone a sus predecesores, a los que cita continuamente tanto en el motu proprio como en la carta autógrafa del Papa que acompaña su publicación. El papa Montini desde el principio concedió en algunos casos la posibilidad de celebrar la Misa de San Pío V. Juan Pablo II, como dije antes, quería preparar un motu proprio semejante al que se ha publicado hoy.

También se ha planteado el peligro de que una pequeña minoría de fieles pueda imponer la Misa de San Pío V a la parroquia.

Es obvio que quien ha dicho esto no había leído el motu proprio. Está claro que a ningún párroco se le obligará a celebrar la Misa de San Pío V. Sólo que si un grupo de fieles, con un sacerdote disponible para hacerlo, pide celebrar esta Misa, el párroco o el rector de la iglesia no podrá oponerse. Claro está que si surgen dificultades será el obispo el que haga de manera tal que todo siga los cauces del respeto y diría del sentido común en armonía con el Pastor universal.

¿Pero no se corre el peligro con la introducción de dos formas, la ordinaria y la extraordinaria, en el rito latino de crear una confusión litúrgica en las parroquias y en las diócesis?

Si se hacen las cosas siguiendo el simple sentido común no se corre ningún peligro. Además, ya hay diócesis donde se celebra Misa en varios ritos, desde el momento que viven en ellas comunidades de fieles latinos, greco-católicos ucranianos o rutenos, caldeos, etc… Pienso, por ejemplo, en algunas diócesis de los Estados Unidos, como Pittsburgh, que viven esta legítima variedad litúrgica como una riqueza, no como una tragedia. Existen asimismo parroquias donde hay ritos diferentes del rito latino, también de comunidades ortodoxas o precalcedonianas, sin que esto provoque escándalo. No veo, pues, peligros de confusión. Siempre que, lo repito, todo tenga lugar con orden y respeto recíproco.

Hay otros que consideran que el motu proprio va contra la unicidad del rito que querían los padres conciliares…

Establecido que el rito romano sigue siendo único, aunque puede celebrarse de dos formas, permítame recordar que en la Iglesia latina nunca ha habido un único rito para todos. Hoy, por ejemplo, tenemos todos los ritos de la Iglesias orientales en comunión con Roma. Y también en la Iglesia latina hay otros ritos además del romano, como el ambrosiano o el mozárabe. La misma Misa de San Pío V, cuando fue aprobada, no anuló todos los ritos anteriores, sino sólo aquellos que no tenían dos siglos de antigüedad por lo menos…

¿Abrogó alguna vez el Novus ordo la Misa de San Pío V?

El Concilio Vaticano II no lo hizo, y sucesivamente no ha habido nunca un acto positivo que lo haya establecido. Por tanto, formalmente la Misa de San Pío V no ha sido nunca abrogada. Es sorprendente que aquellos que presumen de ser los intérpretes auténticos del Vaticano II den una interpretación, en campo litúrgico, tan restrictiva y poco respetuosa de la libertad de los fieles, haciendo pasar, además, este Concilio como más coercitivo incluso que el Concilio de Trento.

En el motu proprio no se establece un número mínimo de fieles necesario para solicitar la celebración de la Misa de San Pío V. Y, sin embargo, en el pasado corrió la noticia de que se estaba pensando en un límite mínimo de treinta fieles…

Es la demostración evidente de que sobre este motu proprio se han contado muchas pseudo-noticias difundidas por quienes no habían leido los borradores o por quienes, de manera interesada, querían influir en su elaboración. He seguido todo el proceso que ha desembocado en la redacción final, y que yo recuerde en ningún borrador apareció nunca un límite mínimo de fieles, ni de treinta ni de veinte ni de cien.

¿Por qué se ha decidido presentar por adelantado, el 27 de junio, el texto del motu proprio a algunos eclesiásticos?

El Papa no podía llamar a todos los obispos, y ha convocado a algunos prelados, por varios motivos especialmente interesados en la cuestión, representativos de todos los continentes. A ellos les presentó el texto ofreciendo la posibilidad de hacer observaciones. Todos los participantes tuvieron la posibilidad de hablar.

¿Salieron de este encuentro variaciones al texto que había sido preparado?

Se pidieron pequeñas variaciones lexicales, nada más, que han sido introducidas en el texto final.

¿Qué perspectivas puede abrir este motu proprio con los lefèbvrianos?

Los seguidores de monseñor Lefèbvre han pedido siempre la posibilidad de que todos los sacerdotes puedan celebrar la Misa de San Pío V. Ahora esta facultad queda reconocida oficial y formalmente. Por otra parte el Papa reafirma que la Misa que todos nosotros oficiamos cada día, la del Novus ordo, sigue siendo la modalidad ordinaria de celebrar el único rito romano. Y, por tanto, que no se puede negar ni el valor ni mucho menos la validez del Novus ordo. Esto debe quedar claro.

¿Aumentará el motu proprio la responsabilidad de «Ecclesia Dei»?

Esta Comisión fue fundada para recoger a los laicos y eclesiásticos que abandonaron el movimiento lefèbvriano después de las consagraciones ilegítimas. Y de hecho luego trabajó también por un diálogo con la misma Fraternidad de San Pío X con vistas a la plena comunión. Hoy el motu proprio está dirigido a todos los fieles ligados a la Misa de San Pío V, y no sólo a los que proceden, por así decir, del ambiente lefèbvriano. Y esto obviamente presupone un trabajo más amplio.