jueves, 27 de septiembre de 2007

Doctrina católica sobre el Limbo

Enseña la Constitución Apostólica de Juan Pablo II Fidei Depositum (11 de octubre de 1992) para la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, 4: «Este Catecismo no está destinado a sustituir los catecismos locales aprobados por las autoridades eclesiásticas, los obispos diocesanos o las Conferencias episcopales, sobre todo si han recibido la aprobación de la Sede Apostólica».

El propio Catecismo de la Iglesia Católica, punto ante 2052, a propósito de la fórmula catequética de los diez mandamientos, cita en la nota a pie de página número 274 el «Catechismus Catholicus, cura et studio P. Card. Gasparri concinnatus (Typis Polyglottis Vaticanis 1933)», siendo que «las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal» (Catecismo de la Iglesia Católica, 21).

Veamos qué enseña a propósito del Limbo el Catechismus Catholicus del Emmo. y Rvdmo. Sr. Card. Pietro Gasparri, que constituye una obra de primer orden como resumen de la doctrina cristiana; catecismo «aprobado por la Sede Apostólica», publicado por la mismísima Typis Polyglottis Vaticanis en 1933 y que ha merecido ser citado como «fuente de enriquecimiento de la exposición doctrinal» del actual Catecismo de la Iglesia Católica:

Catechismus Catholicus
cura et studio P. Card. Gasparri concinnatus
(Typis Polyglottis Vaticanis 1933)

Cap. IX. De los sacramentos.
Sección 2ª. De los sacramentos en particular.
Art. 1. Del sacramento del Bautismo.

359. ¿Qué será del alma de aquellos que mueren sin Bautismo, con solo el pecado original?

«El alma de aquellos que mueren sin Bautismo, con sólo el pecado original, carece de la visión beatífica de Dios a causa de este pecado, pero no sufre las otras penas con que son castigados los pecados personales.

El lugar y el estado de estas almas suele llamarse Limbo, muy diverso del Limbo de los Santos Padres de que se habla en la pregunta 106».

106. ¿Qué se entiende aquí por infiernos?

«Por infiernos se entiende aquí no el Infierno, ni el Purgatorio, sino el Limbo de los Santos Padres, donde las almas de los justos esperaban la redención prometida y ardientemente deseada».

Aclaración V, pregunta 359 (Catecismo Católico)

«Acerca de los niños que mueren con sólo el pecado original, es hoy común la doctrina expuesta en el catecismo, a saber: que carecen de la visión beatífica y así sufren la pena debida al pecado original, esto es: la pena de daño; pero no la pena de sentido, que es la que corresponde al pecado personal. Esto supuesto, cabe preguntar si tienen noticia de la privación de la visión beatífica, y si se responde afirmativamente, si sienten o no dolor por ello. En esta cuestión no todos los teólogos son de idéntico parecer.

En primer lugar está la opinión de Santo Tomás. El Angélico había enseñado [Sum. Theol., in 2, dist. 33, q. a. 2] que las almas de los niños saben que están privadas de la vida eterna, y la causa por que lo están; pero no por ello sienten aflicción alguna. Pero después, en De malo, q. 5, a. 3, mudó de parecer, aunque saca la misma conclusión: a saber, las almas de los niños son castigadas con la misma privación de la visión beatífica, y por esta privación, que ignoran, no sufren dolor ninguno:

“Las almas de los niños no están en verdad privadas del conocimiento natural, como corresponde a un alma separada en conformidad con su naturaleza, pero carecen del conocimiento sobrenatural, que aquí se nos infunde por la fe, puesto que no tuvieron la fe en acto, ni recibieron el sacramento de la fe.

Ahora bien, pertenece al conocimiento natural el que el alma sepa que ha sido creada para la felicidad, y que la felicidad consiste en la consecución del bien perfecto. Pero supera el conocimiento natural el saber que este bien perfecto, para el cual fue creado el hombre, es la gloria que poseen los Santos.

Por eso dice el Apóstol que ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre alguno por el pensamiento cuáles sean las cosas que Dios tiene preparados para aquellos que le aman, a lo cual añade: ‘A nosotros, empero, nos lo ha revelado Dios por medio de Su Espíritu’; la cual revelación pertenece en verdad a la fe.

Y por lo tanto las almas de los niños no saben que están privadas de tal bien, y por esto no sienten de ello dolor, mas poseen sin dolor lo que tienen por naturaleza”.

Este parecer no fue admitido por otros teólogos. Así Belarmino [...] y los wiceburguenses [...]. Nosotros, en el catecismo, hemos enseñado en esta controversia lo que los teólogos admiten comúnmente, apoyados en la autoridad de Inocencio III, Pío VI, Pío IX».

Textos de los Romanos pontífices, 359 (Catecismo Católico)

Inocencio III, Epist. Maiores Ecclesiae causas, sub finem 1201, ad Ymbertum Archiep. Arelatensem (Decretales Gregorii IX, l. III, tit, 42, cap. 3):

«... La pena del pecado original es la privación de la vista de Dios; la pena del pecado actual es el tormento del infierno eterno».

Pío VI, Const. Auctorem fidei, 28 agto. 1794, prop. 26 inter damnatas, contra errores Synodi Pistoriensis (Bullarii Romani Continuatio, ed. Taurinem., XV, 2711 s.):

«Es falsa, temeraria, injuriosa a las escuelas católicas la doctrina que rechaza como pelagiana aquel lugar de los infiernos, designado generalmente por los fieles con el nombre de limbo de los niños, en el que son atormentados con la pena de daño, mas no con la de sentido, las almas de los que mueren con la culpa original, como si por el mismo hecho de excluir la pena de fuego, indicasen que aquel lugar es como un estado medio, libre de culpa y de pena, entre el reino de Dios y la eterna condenación, según imaginaron los pelagianos».

Pío IX, Enc. Quanto conficiamur, 10 agto. 1863, ad episcopos Italiae (Acta Pii IX, I, 111, 613):

«Y aquí, amados Hijos Nuestros y venerables Hermanos, conviene recordar y reprobar de nuevo un error gravísimo, en el que han caído miserablemente algunos católicos, según los cuales pueden alcanzar la vida eterna los hombres que viven en los errores y lejos de la verdadera fe y de la unidad católica. Lo cual ciertamente se opone en gran manera a la doctrina católica.

Es cosa sabida de Nos y de vosotros que los que se encuentran en ignorancia invencible respecto de la santísima religión y guardan diligentemente la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en todos los corazones, llevando una vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna en virtud de la luz y gracia divinas, porque Dios, que ve perfectamente, escruta y conoce la mente, el ánimo, los pensamientos y los hábitos de todos, no permitirá en modo alguno por Su suma bondad y clemencia, que sea castigado con las penas eternas quien no haya cometido culpa voluntaria.

Pero es también conocidísimo el dogma católico que ninguno puede ya salvarse fuera de la Iglesia católica, y que no pueden conseguir la salud
eterna los rebeldes a la autoridad y a las definiciones de la misma Iglesia, y los pertinaces en la separación de la unidad de la misma Iglesia, y del sucesor de Pedro, el Pontífice Romano, a quién confió el Salvador el cuidado de la viña».