jueves, 6 de septiembre de 2007

S.E. Mons. Bommarito y el “movimiento neocatecumenal”


Durante el Adviento pasado, en una Carta a los hermanos y hermanas de las comunidades neocatecumenales, el arzobispo de Catania, Luigi Bommarito, expuso sus “perplejidades” relativas a ese movimiento que fomenta, según escribe, «perplejidades e impaciencias varias en el seno del pueblo de Dios», por lo que «considero oportuno hacer una lista de algunos aspectos de vuestro ‘camino’ que me parecen faltos de clarificaciones necesarias, pertinentes y urgentes».

He aquí, en rápida síntesis, el catálogo de los aspectos “oscuros” del “camino” neocatecumenal destacados por el arzobispo de Catania, cuyas perplejidades datan «de siempre», dice, «o sea, desde que en Monreal, como sacerdote, frecuentaba la catequesis del ‘camino’».

1) «Se advierte que en muchas comunidades neocatecumenales se le reconoce al presbítero comúnmente, o como que se le ‘concede’, nada más que la dimensión ‘cultual y funcional’ del orden sagrado [...]. En efecto, a menudo es el catequista quien se apropia indebidamente de la potestad jurisdiccional propia del sacerdocio ministerial».

2) «A lo largo del iter catequético del ‘camino’ se hace hincapié rígida y machaconamente en la nadidad del hombre, incluso del bautizado, y, por ende, en la incapacidad del mismo cristiano para abrirse -sin la contribución de la comunidad neocatecumenal- a la gracia redentora de Cristo».

3) «Se continúa celebrando de manera reservada y privada, por parte de las comunidades neocatecumenales, la eucaristía del sábado por la tarde y, desde luego, la víspera de la pascua del Señor [...].

Se divide al pueblo de Dios en dos como bloques compuestos de rangos y categorías distintos, el uno de primera clase y el otro de segunda, esto es, cual si fueran ejércitos separados y enemigos, formados en orden de batalla. ¿Se equivocan realmente quienes piensan que las comunidades neocatecumenales constituyen una iglesia paralela?».

4) Las comunidades neocatecumenales, «como también algún otro movimiento eclesial», instrumentalizan «el bien común para abonar su propia carisma, absolutizando sus elecciones e imponiendo su método como si fuera insuperable, único respecto a todos los demás y, para algunos, nada menos que el único salvífico».

5) «En consecuencia, no es raro constatar que, en las parroquias donde están presentes de manera consistente las comunidades neocatecumenales, no siempre es fácil la convivencia, y aún menos la colaboración, con las otras realidades eclesiales que operan en el lugar». De aquí la urgencia de «redimensionar la convicción según la cual presumen que su método es el más perfecto, hasta el punto de gozar de precedencia sobre todos los demás, como si llevara el imprimatur del Espíritu».

6) «Divisiones y separatismos varios», que crean «inevitablemente pequeños ghetos o peligrosas ‘iglesitas’ en el ámbito de la misma Iglesia de Dios, la cual nació, por el contrario, para ser una única y gran familia del Padre».

7) «Exámenes» y «confesiones públicas», las cuales monseñor Bommarito menciona nada más que de pasada, bien que deplorándolas grandemente: «Preferiría no hablar de los exámenes que sajan las conciencias a menudo con preguntas que ningún confesor haría. Pero ¿cómo puede permitírsele eso a un laico, aunque sea catequista? Tampoco quisiera hablar de las confesiones públicas... Pues ¿quién puede autorizar un estilo que la Iglesia, en su sabiduría y prudencia maternales, abolió hace siglos?» (1)

Monseñor Bommarito no es el único obispo que señala las desviaciones de los neocatecumenales:

«Puedo confirmar -escribe al inicio- que las perplejidades de tipo teológico-pastoral que voy a referiros encontraron por doquier, empezando por mis hermanos en el obispado, una perfecta consonancia tanto en el plano de las ideas cuanto en el de las experiencias concretas vividas con algo de pena en el ámbito de muchas iglesias locales italianas, y no sólo italianas». En efecto, adjunta a su carta unas «intervenciones y testimonios» de «muchos obispos» que confirman sus gravísimas observaciones [...].

Notas

(1)
De hecho, no lo adoptó jamás, porque la denominada “confesión pública” era una admisión genérica y pública de culpabilidad sin revelación pública alguna de los pecados cometidos; los abusos que se dieron en algunos lugares, como en Campania, al hacer obligatoria la declaración pública de los pecados de los penitentes, fueron condenados por San León Magno como «costumbre deplorable», «contraria a la regla apostólica», responsable de que muchos se alejaran del remedio de la penitencia (Epist. Ad Episcopos Campaniae, in PL t. LIV, col. 1211). Por ello se puede concluir, con los entendidos, que la única publicidad que la Iglesia impuso a los penitentes de los primeros siglos fue la publicidad, no de la confesión, sino de la penitencia: v. Dictionnaire de Théologie Catholique, t. III, col. 855-59.

Cf Catecismo de la Iglesia Católica, 1447: «A lo largo de los siglos la forma concreta, según la cual la Iglesia ha ejercido este poder recibido del Señor ha variado mucho. Durante los primeros siglos, la reconciliación de los cristianos que habían cometido pecados particularmente graves después de su Bautismo (por ejemplo, idolatría, homicidio o adulterio), estaba vinculada a una disciplina muy rigurosa, según la cual los penitentes debían hacer penitencia pública por sus pecados, a menudo, durante largos años, antes de recibir la reconciliación. A este “orden de los penitentes” (que sólo concernía a ciertos pecados graves) sólo se era admitido raramente y, en ciertas regiones, una sola vez en la vida. Durante el siglo VII, los misioneros irlandeses, inspirados en la tradición monástica de Oriente, trajeron a Europa continental la práctica “privada” de la Penitencia, que no exigía la realización pública y prolongada de obras de penitencia antes de recibir la reconciliación con la Iglesia. El sacramento se realiza desde entonces de una manera más secreta entre el penitente y el sacerdote. Esta nueva práctica preveía la posibilidad de la reiteración del sacramento y abría así el camino a una recepción regular del mismo. Permitía integrar en una sola celebración sacramental el perdón de los pecados graves y de los pecados veniales. A grandes líneas, esta es la forma de penitencia que la Iglesia practica hasta nuestros días».

Fuente: Revista SÍSÍNONO, octubre de 2003

1 comentario:

ArribaSiempre dijo...

He conocido personalmente a unos cuantos kikos, no dejan de hablar de Dios, cosa que al principio me sorprendió gratamente, dado que vivimos en una sociedad medio atea/medio judía en la que quieren y van transformando a nuestra España Católica Apostólica y Romana los medios de comunicación dirigidos por el Sionismo Internacional (dicho sea de paso).
La tibieza nos ha llevado a ser esclavos del Sionismo Internacional y de la masonería y de todos los cebos y vicios que estos ponen al alcance de nuestras debilidades. Por eso repudio la tibieza, el tibio, el que no tiene nada claro, el templaducho, el que ni siquiera sabe qué es pecado y qué no (ni quiere saberlo por no incordiar su propia comodidad), es fácil presa del enemigo, es un velerucho al pairo...

¡Volviendo a los Kikos, que me desvío! Más adelante, según fui tratando a este grupo de personas que conocí, vi que esas palabras piadosas no iban siempre acompañadas de hechos a su altura, es decir, todos los kikos que he conocido 8, coincidían en tener conciencias laxas, hasta el punto de afirmar que realmente no era muy importante comulgar "sin haberse confesado", es decir, que esta gente tan aparentemente piadosa y con un "camino" de formación y catequésis tan duro y sacrificado no sabía lo que era un SACRILEGIO y, por ello, no le daba importancia al mismo, bueno, ¡que c...! ¡por no incordiar su propia comodidad!, en fin, en una palabra: T I B I E Z A.

Confío mucho en este Papa, tengo la tranquilidad de que les va a modular. La Iglesia es la que es, la que fué y la que será. El que innove, que innove fuera de Ella.

Un abrazo a todos, camaradas carlistas, os saluda un falangista que piensa que algún día... Va a haber que hacer algo juntos de nuevo, je je...

Por la Patria, el Pan y la Justicia

¡ARRIBA ESPAÑA!