sábado, 29 de septiembre de 2007

San Miguel Arcángel


Catecismo de la Iglesia Católica, 2864 [latinum, español]:

In ultima petitione, «Sed libera nos a Malo», christianus Deum cum Ecclesia precatur, ut victoriam, iam a Christo obtentam, de «principe huius mundi» [Io 14,30], de Satana, angelo qui se personaliter Deo Eiusque salutis consilio opponit, manifestet.

En la última petición, «Y líbranos del Mal[igno]», el cristiano pide a Dios con la Iglesia que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el «príncipe de este mundo» [Io 14,30], sobre Satanás, el ángel que se opone personalmente a Dios y a Su plan de salvación.


Juan Pablo II, Regina Caeli, 4 [24 de abril de 1994]:

«Quiera Dios que la oración nos fortalezca para la batalla espiritual de la que habla la carta a los Efesios: «Fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder» (Ef 6,10). A esa misma batalla se refiere el libro del Apocalipsis, reviviendo ante nuestros ojos la imagen de san Miguel arcángel (cf. Ap 12,7).

Seguramente tenía muy presente esa escena el Papa León XIII cuando, al final del siglo pasado, introdujo en toda la Iglesia una oración especial a san Miguel: «San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla contra los ataques y las asechanzas del maligno; sé nuestro baluarte...».

Aunque en la actualidad esa oración ya no se rece al final de la celebración eucarística, os invito a todos a no olvidarla a rezarla para obtener ayuda en la batalla contra las fuerzas de las tinieblas y contra el espíritu de este mundo».

Oratio ad Sanctum Michaelem

Sancte Michael Archangele,
defende nos in proelio:
contra nequitiam et insidias diaboli
esto praesidium: Imperet illi Deus,
supplices deprecamur;
tuque, Princeps militiae caelestis,
Satanam aliosque spiritus malignos,
qui ad perditionem animarum
pervagantur in mundo,
divina virtute in infernum detrude.
Amen.

Oración a San Miguel

San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla:
contra la perversidad y asechanzas del diablo
sé nuestro baluarte: Reprímale Dios,
pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con tu divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos,
que vagan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.