miércoles, 10 de octubre de 2007

Caballeros de la Santísima Trinidad

LA REVELACIÓN DE DIOS COMO TRINIDAD

El Padre revelado por el Hijo

240
Jesús ha revelado que Dios es «Padre» en un sentido nuevo: no lo es sólo en cuanto Creador; Él es eternamente Padre en relación a Su Hijo único, el cual eternamente es Hijo sólo en relación a Su Padre: Nemo novit Filium nisi Pater, neque Patrem quis novit nisi Filius et cui voluerit Filius revelare «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11,27).

241 Por eso los apóstoles confiesan a Jesús como «el Verbo» que in principio erat [...] apud Deum, et Deus erat Verbum «en el principio estaba junto a Dios y que era Dios» (Jn 1,1), como qui est imago Dei invisibilis «la imagen del Dios invisible» (Col 1,15), como splendor gloriae et figura substantiae Eius «el resplandor de Su gloria y la impronta de Su esencia» (Hb 1,3).

242 Después de ellos, siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325 en el primer concilio ecuménico de Nicea que el Hijo es consubstantialem Patri «consubstancial al Padre» [1], es decir, un solo Dios con Él. El segundo concilio ecuménico, reunido en Constantinopla en el año 381, conservó esta expresión en su formulación del Credo de Nicea y confesó al Filium Dei unigenitum, ex Patre natum ante omnia saecula, Lumen de Lumine, Deum verum de Deo vero, genitum, non factum, consubstantialem Patri «Hijo Unigénito de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consubstancial al Padre» [2].

El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu

243
Antes de Su Pascua, Jesús anuncia el envío de «otro Paráclito» (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación [3] y locutus est per Prophetas «habló por los profetas» [4], estará ahora junto a los discípulos y en ellos [5], para enseñarles [6] y conducirlos in omnem veritatem «hasta la verdad completa» (Jn 16,13). El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre.

244 El origen eterno del Espíritu se revela en Su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre [7]. El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús [8], revela en plenitud el misterio de la Santa Trinidad.

245 La fe apostólica relativa al Espíritu fue confesada por el segundo Concilio ecuménico en el año 381 en Constantinopla: Creemos et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre procedit «y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre» [9].

La Iglesia reconoce así al Padre como fontem et originem totius divinitatis «la fuente y el origen de toda la divinidad» [10].

Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: Spiritum quoque Sanctum, qui est Tertia in Trinitate Persona, unum atque aequalem cum Deo Patre et Filio credimus esse Deum, unius substantiae, unius quoque esse naturae; [...] qui tamen nec Patris tantum nec Filii tantum, sed simul Patris et Filii Spiritus dicitur «El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma substancia y también de la misma naturaleza: Por eso, no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el espíritu del Padre y del Hijo» [11].

El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur «Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria» [12].

246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu procede a Patre Filioque «del Padre y del Hijo (filioque)».

El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: Spiritus Sanctus [...] essentiam Suam Suumque esse subsistens habet ex Patre simul et Filio, et ex Utroque aeternaliter tamquam ab uno principio et unica spiratione procedit [...]. Et quoniam omnia, quae Patris sunt, Pater Ipse unigenito Filio Suo gignendo dedit, praeter esse Patrem, hoc ipsum quod Spiritus procedit ex Filio, Ipse Filius a Patre aeternaliter habet, a quo etiam aeternaliter genitus est «El Espíritu Santo tiene Su esencia y Su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración... Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a Su Hijo único, al engendrarlo, a excepción de Su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de Su Padre que lo engendró eternamente» [13].

247 La afirmación del filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa S. León la había ya confesado dogmáticamente el año 447 [14] antes incluso que Roma conociese y recibiese el año 451, en el concilio de Calcedonia, el símbolo del 381. El uso de esta fórmula en el Credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina (entre los siglos VIII y XI). La introducción del Filioque en el Símbolo de Nicea-Constantinopla por la liturgia latina constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.

248 La tradición oriental expresa en primer lugar el carácter de origen primero del Padre por relación al Espíritu Santo. Al confesar al Espíritu qui a Patre procedit «como salido del Padre» (Jn 15,26), esa tradición afirma que este procede del Padre por el Hijo [15]. La tradición occidental expresa en primer lugar la comunión consubstancial entre el Padre y el Hijo diciendo que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque).

Lo dice licite et rationabiliter «de manera legítima y razonable» [16], porque el orden eterno de las personas divinas en Su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que est principium sine principio «principio sin principio» [17], pero también que, en cuanto Padre del Hijo Único, sea con él tamquam ex uno principio «el único principio» de que procede el Espíritu Santo [18]. Esta legítima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado.

LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN LA DOCTRINA DE LA FE

La formación del dogma trinitario

249
La verdad revelada de la Santa Trinidad ha estado desde los orígenes en la raíz de la fe viva de la Iglesia, principalmente en el acto del bautismo. Encuentra su expresión en la regla de la fe bautismal, formulada en la predicación, la catequesis y la oración de la Iglesia. Estas formulaciones se encuentran ya en los escritos apostólicos, como este saludo [...]: Gratia Domini Iesu Christi et caritas Dei et communicatio Sancti Spiritus cum omnibus vobis «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Co 13,13) [19].

250 Durante los primeros siglos, la Iglesia formula más explícitamente su fe trinitaria tanto para profundizar su propia inteligencia de la fe como para defenderla contra los errores que la deformaban. Esta fue la obra de los Concilios antiguos, ayudados por el trabajo teológico de los Padres de la Iglesia y sostenidos por el sentido de la fe del pueblo cristiano.

251 Para la formulación del dogma de la Trinidad, la Iglesia debió crear una terminología propia con ayuda de nociones de origen filosófico: «substancia», «persona» o «hipóstasis», «relación», etc. Al hacer esto, no sometía la fe a una sabiduría humana, sino que daba un sentido nuevo, sorprendente, a estos términos destinados también a significar en adelante un Misterio inefable, infinite omne id superat, quod nos modo humano intellegere possumus «infinitamente más allá de todo lo que podemos concebir según la medida humana» [20].

252 La Iglesia utiliza el término «substancia» (traducido a veces también por «esencia» o por «naturaleza») para designar el ser divino en su unidad; el término «persona» o «hipóstasis» para designar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en Su distinción real entre Sí; el término «relación» para designar el hecho de que Su distinción reside en la referencia de cada uno a los otros.

El dogma de la Santísima Trinidad

253 La Trinidad es una.

No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: Trinitatem consubstantialem «la Trinidad consubstancial» [21].

Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: cum [...] ipsum sit Pater quod Filius, ipsum Filius quod Pater, ipsum Pater et Filius quod Spiritus Sanctus: id est natura Unus Deus «El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza» [22].

Quaelibet Trium Personarum est illa res, videlicet substantia, essentia seu natura divina «Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina» [23].

254 Las personas divinas son realmente distintas entre Sí.

Colimus et confitemur: non sic unum Deum, quasi solitarium «Dios es único pero no solitario» [24].

«Padre», «Hijo», «Espíritu Santo» no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre Sí: Non enim Ipse est Pater qui Filius, nec Filius Ipse qui Pater, nec Spiritus Sanctus Ipse qui est vel Pater vel Filius «El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo» [25].

Son distintos entre Sí por Sus relaciones de origen: Est Pater, qui generat, et Filius, qui gignitur, et Spiritus Sanctus, qui procedit «El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede» [26]. La Unidad divina es Trina.

255 Las personas divinas son relativas unas a otras.

La distinción real de las personas entre Sí, porque no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras: In relativis vero Personarum nominibus Pater ad Filium, Filius ad Patrem, Spiritus Sanctus ad Utrosque refertur: quae cum relative Tres Personae dicantur, una tamen natura vel substantia creditur «En los nombres relativos de las personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres personas considerando las relaciones se cree en una sola naturaleza o substancia» [27].

En efecto, omnia [...] sunt unum, ubi non obviat relationis oppositio «todo es uno (en ellos) donde no existe oposición de relación» [28].

Propter hanc unitatem Pater est totus in Filio, totus in Spiritu Sancto; Filius totus est in Patre, totus in Spiritu Sancto; Spiritus Sanctus totus est in Patre, totus in Filio «A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo» [29].

256 A los catecúmenos de Constantinopla, S. Gregorio Nacianceno, llamado también «el Teólogo», confía este resumen de la fe trinitaria:

Ante omnia, bonum depositum, quaeso, custodi, cui vivo, et pro quo milito, et quod utinam me ex hac vita discedentem comitetur, cum quo et omnes vitae molestias perfero, et iucunditates omnes contemno ac pro nihilo duco; fidem, inquam, et confessionem in Patrem, et Filium, et Spiritum Sanctum. Hanc tibi hodierno die committo; cum hac te, et lustricis aquis immergam, et in altum extraham. Hanc tibi do totius vitae sociam, et patronam, unam deitatem et potentiam, quae in Tribus coniunctim invenitur, et Tria divisim comprehendit, nec substantiis aut naturis inaequalis est, nec praestantiis aut submissionibus augetur vel minuitur [...]. Trium infinitorum, infinitam coniunctionem, Deum unumquemque, si separatim consideretur [...]; Deum rursus Tria haec, si simul cogitentur [...]. Vix Unum animo concepi, cum statim Tribus circumfulgeo. Vix Tria distinguere incipio, cum ad Unum reducor

«Ante todo, guardadme este buen depósito, por el cual vivo y combato, con el cual quiero morir, que me hace soportar todos los males y despreciar todos los placeres: quiero decir la profesión de fe en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Os la confío hoy. Por ella os introduciré dentro de poco en el agua y os sacaré de ella. Os la doy como compañera y patrona de toda vuestra vida. Os doy una sola Divinidad y Poder, que existe Una en los Tres, y contiene los Tres de una manera distinta. Divinidad sin distinción de substancia o de naturaleza, sin grado superior que eleve o grado inferior que abaje... Es la infinita connaturalidad de tres infinitos. Cada uno, considerado en Sí mismo, es Dios todo entero... Dios los Tres considerados en conjunto... No he comenzado a pensar en la Unidad cuando ya la Trinidad me baña con Su esplendor. No he comenzado a pensar en la Trinidad cuando ya la unidad me posee de nuevo» [30].

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica, 240-256 [latinum, español]

Notas:

[1] Cf Dt 32,6; Mal 2,10.

[2] Cf 2 Sam 7,14.

[3] Cf Ps 68,6.

[4] Cf Is 66,13; Ps 131,2.

[5] Cf Ps 27,10.

[6] Cf Eph 3,14-15; Is 49,15.

[1] Symbolum Nicaenum: DS 125.

[2] Symbolum Nicaenum-Constantinopolitanum: DS 150.

[3] Cf Gn 1,2.

[4] Symbolum Nicaenum-Constantinopolitanum: DS 150.

[5] Cf Io 14,17.

[6] Cf Io 14,26.

[7] Cf Io 14,26; 15,26; 16,14.

[8] Cf Io 7,39.

[9] Symbolum Nicaenum-Constantinopolitanum: DS 150.

[10] Concilium Toletanum VI (anno 638), De Trinitate et de Filio Dei Redemptore incarnato: DS 490.

[11] Concilium Toletanum XI (anno 675), Symbolum: DS 527.

[12] Symbolum Nicaenum-Constantinopolitanum: DS 150.

[13] Concilium Florentinum, Decretum pro Graecis: DS 1300-1301.

[14] Cf Sanctus Leo Magnus, Epistula Quam laudabiliter: DS 284.

[15] Cf Concilium Vaticanum II, Decr. Ad gentes, 2: AAS 58 (1966) 948.

[16] Concilium Florentinum, Decretum pro Graecis (anno 1439): DS 1302.

[17] Concilium Florentinum, Decretum pro Iacobitis (anno 1442): DS 1331.

[18] Concilium Lugdunense II, Constitutio de Summa Trinitate et fide catholica (1274): DS 850.

[19] Cf 1 Cor 12,4-6; Eph 4,4-6.

[20] Paulus VI, Sollemnis Professio fidei, 9: AAS 60 (1968) 437.

[21] Concilium Constantinopolitanum II (anno 553), Anathematismi de tribus Capitulis, 1: DS 421.

[22] Concilium Toletanum XI (anno 675), Symbolum: DS 530.

[23] Concilium Lateranense IV (anno 1215), Cap. 2, De errore abbatis Ioachim: DS 804.

[24] Fides Damasi: DS 71.

[25] Concilium Toletanum XI (anno 675), Symbolum: DS 530.

[26] Concilium Lateranense IV (anno 1215), Cap. 2, De errore abbatis Ioachim: DS 804.

[27] Concilium Toletanum XI (anno 675), Symbolum: DS 528.

[28] Concilium Florentinum, Decretum pro Iacobitis (anno 1442): DS 1330.

[29] Concilium Florentinum, Decretum pro Iacobitis (1442): DS 1331.

[30] Sanctus Gregorius Nazianzenus, Oratio, 40, 41: SC 358, 292-294 (PG 36, 417).