martes, 2 de octubre de 2007

Contra el Rotary Club

Las primeras condenas de la Iglesia Católica al rotarismo se producen en España en 1928, por los Obispos de Palencia, Orense, Tuy, León y Almería, quienes sostienen que el movimiento rotario es «una nueva organización satánica, próxima a la masonería, execrable y perversa».

La Declaración del Obispo de Palencia (28 de agosto de 1928), advierte entre otras cosas que «en los titulados clubs rotarios [...] no pueden estar los buenos católicos» y que «el rotarismo quiere ser una institución moral y moralizadora, que se propone influir en la vida de individuos, familias y pueblos, prescindiendo en absoluto, como asociación, de toda idea religiosa y de toda suerte de relaciones con Dios y con Jesucristo Nuestro Redentor».

Todo ello implica que «la institución rotaria, como tal, explícitamente hace profesión de un laicismo absoluto, de una indiferencia religiosa universal e intenta moralizar a los individuos y sociedades por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista y aun atea» [1].

El Aviso del Obispo de Orense a sus fieles, por su parte, mucho más breve y concluyente, considera que los clubes rotarios «no son otra cosa que nuevos organismos satánicos, de igual espíritu y procedencia que el masonismo, bien que procure disfrazarse y aparecer con el marchamo de humanitarismo puro y hasta de caridad cristiana y de fraternidad universal, generosa, amplia y legítima» [2].

La Santa Pastoral Visita del Obispo de Tuy (Vigo, 8 de octubre de 1928), advierte que «para los buenos católicos no hay ni puede haber otros medios de perfeccionamiento en el orden religioso, moral y social, que los que tienen por base los principios de la religión, de la moral y de la sociología de Cristo, el único verdadero Salvador de la Humanidad» [3].

La Carta pastoral del Obispo de León asocia a los rotarios a la lista de enemigos de la Iglesia Católica, en la que figuran los protestantes, los indiferentes y los masones, todos ellos en «amigable consorcio» maquinando «contra nuestra santa religión, contra la Iglesia y sus ministros» [4].

La Carta pastoral con motivo del próximo Adviento del Obispo de Almería, pide a sus feligreses que se aparten de lo que pueda poner en peligro sus almas, señalando que el rotarismo, al poseer un «código rotario de ética», incurre en «laicismo» y «naturalismo», además de no circunscribirse «a la profesión especulativa, mercantil y de orden económico», y de invadir «la vida social y doméstica, a los amigos, a los esposos, a los padres, a los hermanos y a los ciudadanos en general para» supuestamente «hacerlos mejores» [5].

La Iglesia Católica censura que los rotarios fundamenten la moral sin referencia alguna a Cristo y a Su única Iglesia; esto no es solo debido a que el magisterio enseñe que Extra Ecclesiam nulla salus [6] y que «la religión católica [...] por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás» (León XIII, Encíclica Humanum genus, 6).

En efecto, para un cristiano católico no es posible vivir su relación con Dios de una manera doble, es decir, escindiéndola en una forma humanitario-supraconfesional y en una forma interior-cristiana. Éste no puede cultivar relaciones de dos tipos con Dios, ni expresar su relación con el Creador por medio de formas simbólicas de dos especies. Ello sería algo completamente distinto a aquella colaboración, que le es obvia, con todos aquellos que están comprometidos en la realización del bien, aunque partan de principios diversos. Por otro lado, un cristiano católico no puede al mismo tiempo participar de la plena comunión de la fraternidad cristiana y, por otra parte, mirar a su hermano cristiano, desde la perspectiva masónica o rotaria, como a un “profano”.

Incluso si, como ya se ha dicho, no hubiese una obligación explícita de profesar el relativismo como doctrina, aún así la fuerza relativizante de una tal fraternidad, por su misma lógica intrínseca, tiene en sí la capacidad de transformar la estructura del acto de fe de un modo tan radical que no sea aceptable por parte de un cristiano “que ama su fe” (León XIII).

Este trastorno en la estructura fundamental del acto de fe se da, además, usualmente de un modo suave y sin ser advertido: la sólida adhesión a la verdad de Dios, revelada en la Iglesia, se convierte en una simple pertenencia a una institución, considerada como una forma representativa particular junto con otras formas representativas, a su vez más o menos posibles y válidas, de cómo el ser humano se orienta hacia las realidades eternas.

En la Admonición pastoral del Cardenal Primado de Las Españas y Arzobispo de Toledo (23 de enero de 1929), sobre las «instituciones neutras», entre las que se incluyen la «International Rotary Club», el Emmo. y Rvdmo. Dr. Pedro Segura y Sáenz (1880-1957), señala como maldad intrínseca de las denominadas instituciones neutras que «ocultan la negación de la moral verdadera y de la verdadera Religión, que tratan de sustituir con una moral y una religión que no es la de Jesucristo», «mientras predican una moral sin religión para llegar a la paz universal», «debajo de un aspecto comercial, recreativo, pedagógico, filantrópico, internacional, neutral, pero siempre laico».

Ello conduce a incluir sin lugar a dudas al «Rotary Club» entre las asociaciones «suspectis aut quae se etudeant sese a legitima Ecclesiae vigilantia subducere», las asociaciones sospechosas o que procuran evadir la vigilancia legítima de la Iglesia del canon 336 del «Código de Derecho Canónico» (1917).

El 4 de febrero de 1929, la Santa Sede prohibe a los sacerdotes participar en reuniones rotarias ya fuera como miembros o como invitados [el famoso «non expedire»]. Esta prohibición se reitera mediante Decreto de la Sagrada Congregación del Santo Oficio de 20 de diciembre de 1950.

Notas

[1] Cf. Boletín Eclesiástico del Obispado de Palencia, año LXXVIII, sábado, 1 de septiembre de 1928, nº 77, pág. 391 y ss.

[2] Cf. Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Orense, año XVC, nº 14, 7 de septiembre de 1928, págs. 223 y 224.

[3] Cf. Boletín Oficial del Obispado de Tuy, octubre de 1928.

[4] Cf. Boletín Oficial del Obispado de León, 26 de noviembre de 1928, pág. 500.

[5] Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Almería, 30 de noviembre de 1928, págs. 316-319.

[6] Cf. Sanctum Officium, Epistula ad Archiepiscopum Bostoniensem (8 augusti 1949): DS 3866-3872; Catecismo de la Iglesia Católica, 846-848; Compedio del Catecismo de la Iglesia Católica, 171.

9 comentarios:

keno dijo...

No me extraña que la iglesia católica siga censurando y actuando siempre como una "santa" inquisidora. Antes de hablar de moral y mirar la paja en el ojo ajeno, el catolicismo deberia replantearse una inmensa cantidad de cosas inmorales que se vinieron sucitando desde que es una institución hasta la fecha actual. Deberian volver a las verdaderas enseñansas de los cristianos primitivos que predicaban que Dios esta en todas partes y, por su puesto, en la naturaleza. Venerar a la madre tierra es venerar la creación del Supermo, cuidar un ser vivo es cuidar lo creado por Dios. Por eso en vez de venerar imágenes, deberiamos prestar mas atencion a lo verdaderamente real, nuestra vida y la de los demas.

nikuzcategui dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Hola dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Carlos Navarro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Wing dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.