viernes, 12 de octubre de 2007

Pío VII, Encíclica «Etsi longissimo terrarum» (30-I-1816)

Texto original latino

Venerabilibus Fratribus Archiepiscopis et Episcopis, ac dilectis filii Clero Americae catholicae, Hispaniarum Regi subiecti.

PIUS PP. VII.

Venerabiles Fratres ac dilecti filii salutem. Etsi longissimo terrarum ac marium intervallo dissiti a nobis sitis, vestra tamen pietas vestrumque religionis colendae praedicandaeque studium, satis, VV. Fratres dilectique filii, sat compertum Nobis est.

Com igitur inter luculenta et praecipua sanctissimae quam profitemur religionis praecepta, illud sit quo omnis anima potestatibus sublimioribus subdita esse iubetur, vos in seditiosis cordique nostro acerbissimis istarum regionum motibus, eorumdem firmo sapientique animo abhorrendorum assiduos gregi vestro fuisse hortatores persuasum habemus.

Nihilo tamen minus, cum illius vices in terris geramus qui Deus pacis est, quique redimendo a daemonum tirannide humano generi nascens, pacem per angelos suos hominibus nuntiari voluit: Apostolici quo immerentes fungimur muneris esse duximus, vos magis magisque per nostras hasce litteras excitare, ut funestissima turbarum ac seditionum zizania, quae inimicus homo istic seminavit, eradicare penitusque delere omni ope contendatis.

Quod facile, VV. Fratres, consequemini, si teterrima ac gravissima defectionum damna, si praestantes eximiasque carissimi in Crirto Filii nostri Ferdinandi Hispaniorum vestrumque Catholici regis, qui nihil religione et subditorum suorum felicitate potius habet, virtutes; si denique illustria et nullo unquam aevo interitura hispanorum Europae exempla, qui fortunam vitamque suam projicere non dubitarunt, ut se religionis fideique erga Regem retinentissimos ostenderent, ob oculos gregis quisque sui, quo par est zelo, posueritis.

Agite ergo, VV. Fratres dilectique filii, paternis hortationibus, studiisque hisce nostris morem ex; animo gerentes, debitamque Regi vestro obedientiam et fidelitatem ennixe commendantes, bene de populis vestrae custodiae traditis meremini; nostram Regisque vestri qua jam fruimini gratiam amplificate, promissam curis laboribusquc vestris ab eo mercedem, qui beatos Deique filios appellat pacificos, in coelo consequuturi.

Interim tam praeclari tamque frugiferi operis feliciter a vobis perficiendi auspicem apostolicam benedictionem, Vobis, Venerabiles Fratres dlilectique filii, peramanter impertimur.

Datum Romae apud Sanctam Mariam Maiorem sub annulo Piscatoris die 30 ianuarii 1816. Pontificatus nostri anno decimosexto.

Traducción española

A los Venerables [Hermanos],

Arzobispos y Obispos y a los queridos hijos del Clero de la América sujeta al Rey Católico de Las Españas.

PÍO VII, PAPA.

Venerables hermanos o hijos queridos, salud y nuestra Apostólica Bendición. Aunque inmensos espacios de tierras y de mares nos separan, bien conocida Nos es vuestra piedad y vuestro celo en la práctica y predicación de la Santísima Religión que profesamos.

Y como sea uno de sus hermosos y principales preceptos el que prescribe la sumisión a las Autoridades superiores, no dudamos que en las conmociones de esos países, que tan amargas han sido para Nuestro Corazón, no habréis cesado de inspirar a vuestra grey el justo y firme odio con que debe mirarlas.

Sin embargo, por cuanto hacemos en este mundo las veces del que es Dios de paz, y que al nacer para redimir al género humano de la tiranía de los demonios quiso anunciarla a los hombres por medio de Sus ángeles, hemos creído propio de las Apostólicas funciones que, aunque sin merecerlo, Nos competen, el excitaros más con esta carta a no perdonar esfuerzo para desarraigar y destruir completamente la funesta cizaña de alborotos y sediciones que el hombre enemigo sembró en esos países.

Fácilmente lograréis tan santo objeto si cada uno de vosotros demuestra a sus ovejas con todo el celo que pueda los terribles y gravísimos prejuicios de la rebelión, si presenta las ilustres y singulares virtudes de Nuestro carísimo Hijo en Jesucristo, Fernando, Vuestro Rey Católico, para quien nada hay más precioso que la Religión y la felicidad de sus súbditos; y finalmente, si se les pone a la vista los sublimes e inmortales ejemplos que han dado a la Europa los españoles que despreciaron vidas y bienes para demostrar su invencible adhesión a la fe y su lealtad hacia el Soberano.

Procurad, pues, Venerables Hermanos o Hijos queridos, corresponder gustosos a Nuestras paternales exhortaciones y deseos, recomendando con el mayor ahínco la fidelidad y obediencia debidas a vuestro Monarca; haced el mayor servicio a los pueblos que están a vuestro cuidado; acrecentad el afecto que vuestro Soberano y Nos os profesamos; y vuestros afanes y trabajos lograrán por último en el cielo la recompensa prometida por aquél que llama bienaventurados e hijos de Dios a los pacíficos.

Entre tanto, Venerables Hermanos e Hijos queridos, asegurándoos el éxito más completo en tan ilustre fructuoso empeño, os damos con el mayor amor Nuestra Apostólica Bendición.

Dado en Roma en Santa María la Mayor, con el sello del Pescador; el día treinta de enero de mil ochocientos diez y seis, de Nuestro Pontificado el décimosexto.