jueves, 17 de enero de 2008

Papa: mantener despierta sensibilidad por la verdad

CIUDAD DEL VATICANO, 17 ENE 2008 (VIS 17.01.2008 – Año XVIII – Num. 12).

El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, envió ayer una carta al rector de la Universidad “La Sapienza” de Roma en la que explica los motivos por los que el Papa no ha participado hoy en la inauguración del año académico del ateneo.

El purpurado afirma que «al faltar los presupuestos para una acogida digna y tranquila del Papa, debido a las acciones de un grupo minoritario de profesores y alumnos, se ha juzgado oportuno aplazar la visita para no dar motivos a manifestaciones, que se hubieran revelado disgustosas para todos».

Sin embargo, escribe, dado que la mayoría de profesores y estudiantes deseaba escuchar «una palabra culturalmente significativa de la que sacar indicaciones estimulantes para el camino de búsqueda de la verdad, el Santo Padre ha querido que se le envíe el texto que había preparado para la ocasión».

En el discurso, que se leyó al final del acto académico de esta mañana, Benedicto XVI escribe que en su lección en Ratisbona, en septiembre de 2006, con ocasión de su viaje apostólico a Alemania, habló «como Papa, pero sobre todo, como ex profesor de mi universidad. [...] Sin embargo, en la Universidad “La Sapienza”, la antigua universidad de Roma, he sido invitado precisamente como Obispo de Roma, y por tanto, debo hablar como tal».

«Es cierto –continúa– que “La Sapienza” era en sus tiempos la universidad del Papa, pero hoy es una universidad laica con aquella autonomía que, sobre la base de su mismo concepto fundacional, siempre ha formado parte de la naturaleza de universidad, que debe estar ligada exclusivamente a la autoridad de la verdad».

Tras poner de relieve que «el Papa es sobre todo Obispo de Roma y como tal, en virtud de la sucesión al Apóstol Pedro, tiene una responsabilidad episcopal en relación con toda la Iglesia católica», afirma que «la comunidad que asiste –grande o pequeña– vive en el mundo; sus condiciones, su camino, su ejemplo y su palabra influyen inevitablemente en todo el resto de la comunidad humana en su conjunto».

«El Papa habla como representante de una comunidad que custodia en sí un tesoro de conocimiento y de experiencias éticas, que resulta importante para toda la humanidad: en este sentido, habla como representante de una razón ética».

Benedicto XVI se pregunta a continuación: «¿Qué es la universidad? ¿Cuál es su tarea?», y responde: «El verdadero, íntimo origen de la universidad es el deseo de conocimiento que es propio del ser humano. Quiere saber qué es todo lo que le rodea. Quiere verdad».

«Pero la verdad –explica– no es solo teórica. [...] Verdad es más que saber: el conocimiento de la verdad tiene como fin el conocimiento del bien.. [...] ¿Cuál es el bien que nos hace verdaderos? La verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera: este es el optimismo que vive en la fe cristiana, porque a ella se le ha concedido la visión del Logos, de la Razón creadora, que en la Encarnación de Dios, se ha revelado como el Bien, como la misma Bondad».

En este contexto, el Santo Padre pone el ejemplo de las universidades medievales, donde convivían las facultades de Filosofía y Teología que se ocupaban de la búsqueda «del ser humano en su totalidad y de la tarea de mantener la sensibilidad por la verdad». Benedicto XVI, citando la fórmula del Concilio de Calcedonia sobre la cristología, afirma que «la filosofía y la teología deben relacionarse entre sí “sin confusión y sin separación”».

«Sin confusión –explica el Papa– quiere decir que cada una debe conservar su identidad propia. La filosofía debe ser verdaderamente una búsqueda de la razón en su propia libertad y responsabilidad» y la teología «debe seguir buscando en el tesoro de conocimientos que ella no ha inventado, [...] que al no agotarse mediante la reflexión, pone siempre de nuevo en marcha el pensamiento».

«Sin separación» significa que «la filosofía no recomienza cada vez desde el punto cero del sujeto pensante de forma aislada, sino que se inserta en el gran diálogo de la sabiduría histórica», pero «no debe tampoco cerrarse a aquello que las religiones y en particular la fe cristiana han recibido y dado a la humanidad como indicación del camino».

«Efectivamente –observa Benedicto XVI–, mucho de lo que afirman la teología y la fe puede hacerse propio solamente dentro de la fe y por lo tanto no puede presentarse como una exigencia para aquellos a quienes esta fe es inaccesible», sin embargo «también es verdad que el mensaje de la fe cristiana [...] es una fuerza purificadora para la razón» y «un impulso hacia la verdad y una fuerza contra la presión del poder y de los intereses».

El Papa habla después de la época actual donde «se han abierto nuevas dimensiones del saber, que en la universidad se han valorizado sobre todo en dos ámbitos: [...] las ciencias naturales [...] y las ciencias históricas y las humanidades», y constata con satisfacción que al mismo tiempo «han aumentado el conocimiento y el reconocimiento de los derechos y de la dignidad del ser humano».

A pesar de ello, «el peligro de caer en la deshumanización no ha cesado completamente», y en particular «el riesgo actual del mundo occidental es que el ser humano, en virtud de la grandeza de su saber y su poder se rinda ante la cuestión de la verdad. Lo que significa al mismo tiempo que la razón, en fin, se doblega frente a la presión de los intereses y los atractivos de la utilidad, obligada a reconocerla como criterio último».

«Existe el peligro de que la filosofía, no sintiéndose ya capaz de su verdadera tarea, se degrade en positivismo y de que la teología, con su mensaje dirigido a la razón, se confine en la esfera privada de un grupo más o menos grande», observa el pontífice.

Al final, Benedicto XVI se pregunta: «¿Qué tiene que hacer o que decir el Papa en la Universidad?» y responde: «Ciertamente no debe tratar de imponer a los demás la fe de forma autoritaria, que sólo puede darse en libertad».

«Más allá de su ministerio de Pastor de la Iglesia y según la naturaleza intrínseca de este ministerio pastoral –concluye– su misión es mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar siempre nuevamente a la razón a ponerse en búsqueda de lo verdadero, del bien, de Dios, y en este camino invitarla a ver las luces útiles que brotan a lo largo de la historia de la fe cristiana».

AC/VERDAD/UNIVERSIDAD SAPIENZA VIS 080117 (1100)