martes, 26 de febrero de 2008

El ofrecimiento de Jesús en el Templo: Cuarto Misterio Gozoso

«Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor» (Lc 2, 21-24).

«La circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento, es señal de su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley» (CEC, 527).

¿El cuarto misterio gozoso del Sacratísimo Rosario ha de ser enunciado «El ofrecimiento de Jesús en el Templo» o «La presentación de Jesús en el Templo»?

La Libreria Editrice Vaticana, en su obra Orationes, enuncia así el cuarto misterio gozoso: «Parvulus Salvator offertur in templo Salomonis». Orationes, Libreria Editrice Vaticana 1997, Editiones variae (ISBN-13: 978-88-2091-767-8).

La Libreria Editrice Vaticana es editorial oficial de la Santa Sede con su Estatuto aprobado en 1991 por la Secretaría de Estado. En ese estatuto se dice que la Librería Editrice Vaticana “tiene como finalidad fundamental la actividad editorial que se refiere a la publicación de las Actas y documentos del Sumo Pontífice y de la Santa Sede” y extiende “su actividad también a las publicaciones que tienen que ver con la difusión de la doctrina, de la liturgia y de la cultura católica”.

Santo Tomás de Aquino, en su obra Summa theologiae, enseña que «fue conveniente la oblación de Cristo en el templo». Summa theologiae, III, q. 37, a. 3

Santo Tomás de Aquino, es “Doctor communis Ecclesiae”, y tiene además los títulos de “Doctor Ecclesiae” y de “Doctor Angelicus”, que le dio San Pío V, y el de “Patronus caelestis studiorum optimorum”, que le confirió León XIII con la Carta Apostólica “Cum hoc sit”, del 4 de agosto de 1880.

Summa theologiae, III, q. 37, a. 3

¿Fue conveniente la oblación de Cristo en el templo?

Objeciones por las que parece que no fue conveniente el que Cristo fuera ofrecido en el templo.

Objeciones:

1.
En Ex 13,2 se dice: Conságrame todo primogénito que abre el seno materno entre los hijos de Israel. Pero Cristo salió del seno cerrado de la Virgen, y de esta manera no abrió el seno de la madre. Luego Cristo no debió ser ofrecido en el templo en virtud de esta ley.

2. Lo que está siempre presente a uno, no puede serle presentado. Ahora bien, la humanidad de Cristo siempre estuvo presente a Dios en grado sumo, pues siempre estuvo unida a Él en unidad de persona. Luego no fue conveniente que fuese presentado ante el Señor.

3. Cristo es la hostia principal, a la que se refieren todas las oblaciones de la ley antigua, como la figura a la verdad. Pero una hostia no debe tener otra hostia. Luego no fue conveniente que se ofreciera otra hostia por Cristo.

4. Entre las ofrendas legales, el cordero ocupó el primer lugar, porque era el sacrificio perpetuo, como se lee en Núm 28,3.6. Por esto también Cristo es llamado Cordero en: He aquí el Cordero de Dios (Jn 1,29). Luego hubiera sido más conveniente que por Cristo se ofreciese un cordero que un par de tórtolas o dos pichones.

Contra esto:

Está la autoridad de la Escritura, que testifica que esto fue lo que se hizo, según Lc 2,22.

Respondo:

Como se ha expuesto (a.1), Cristo quiso nacer bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley (Gal 4,4-5) y para que la justificación de la ley se cumpliese espiritualmente en sus miembros (cf. Rm 8,4). Y sobre el hijo recién nacido, la ley consigna dos preceptos:

Uno general, que afecta a todos, es a saber: que, cumplidos los días de la purificación de la madre, se ofrezca un sacrificio por el hijo o la hija, como se lee en Lev 12,6ss. Este sacrificio se ofrecía tanto para la expiación del pecado, en el que el hijo había sido concebido y había nacido, como para una cierta consagración de la prole, porque entonces era presentada en el templo por primera vez. Y por esto se hacía una ofrenda como holocausto, y otra como (sacrificio) por el pecado.

El otro precepto era especial, y se refería a la ley sobre los primogénitos, tanto de los hombres como de los animales, pues el Señor se había reservado todo primogénito en Israel porque, para liberar al pueblo de Israel, había herido a los primogénitos de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el de los animales, dejando a salvo los primogénitos de los hijos de Israel. Este precepto se lee en Ex 13,2.12ss. En él estaba también prefigurado Cristo, que es el primogénito entre muchos hermanos, como se dice en Rm 8,29.

Por consiguiente, por ser Cristo, nacido de mujer, el primogénito, y por haber querido nacer bajo la ley, el evangelista Lucas indica que con Él se cumplieron esos dos preceptos.

Primero, en lo que afecta a los primogénitos, cuando dice: Lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abre el seno materno será consagrado al Señor (Lc 2,22).

Segundo, en lo que atañe comúnmente a todos, al decir: Y para ofrecer en sacrificio, conforme a lo que estaba prescrito en la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones (Lc 2,24).

A las objeciones:

Soluciones:

1.
Como expone Gregorio Niseno, aquel precepto de la ley parece haberse cumplido solamente en Dios encarnado, de una manera singular y de modo distinto respecto de los demás. Pues sólo Él, concebido de modo inefable y nacido de manera incomprensible, abrió el seno virginal, no abierto antes por el matrimonio, conservando, incluso después del parió, inviolablemente el sello de la castidad. Por lo que la expresión abriendo el seno significa que nada había entrado o salido antes de allí. Y por esto se habla también del varón, porque [Cristo] no llevó sobre sí nada de la culpa de la rama femenina. También es llamado particularmente santo, porque no experimentó el contagio de la corrupción terrena, debido a la novedad del parto inmaculado.

2. Así como el Hijo de Dios Se hizo hombre y fue circuncidado en Su carne, no por Su propia causa, sino para hacernos a nosotros dioses por medio de la gracia, y para que fuésemos espiritualmente circuncidados, así también fue presentado al Señor por nuestra causa, a fin de que aprendamos a presentarnos a nosotros mismos a Dios. Y esto sucedió después de Su circuncisión para demostrar que nadie es digno de la presencia divina a no ser que esté circuncidado de los víaos.

3. Por un mismo motivo quiso que se ofreciesen los sacrificios legales por Él, que era la verdadera víctima, para que la figura se uniese a la verdad y para que por medio de la verdad quedase aprobada la figura, contra aquellos que niegan que Cristo predicó en Su Evangelio al Dios de la Ley. No se ha de pensar, como dice Orígenes, que el Dios bueno haya puesto a Su Hijo bajo una ley del enemigo, que Él no había promulgado.

4. A la cuarta hay que decir. En Lev 12,6.8 se manda que los que puedan, ofrezcan un cordero por el hijo o por la hija, y a la vez una tórtola o una paloma; y los que no puedan ofrecer un cordero, que ofrezcan dos tórtolas o dos pichones. Por esta razón, el Señor, que, siendo rico, Se hizo pobre por nosotros, para que con Su pobreza fuésemos nosotros enriquecidos, como se dice en 2 Cor 8,9, quiso que se hiciese por Él la ofrenda de los pobres, así como, a la hora de Su nacimiento, es envuelto en pañales y reclinado en un pesebre (cf. Lc 2,7).

Sin embargo, las aves de esta clase concuerdan con la figura. La tórtola, por ser un ave locuaz, significa la predicación y la confesión de la fe; por ser un animal casto, representa la castidad; y por ser un animal solitario, simboliza la contemplación. La paloma, por ser un animal manso y sencillo, representa la mansedumbre y la sencillez. Y es animal gregal, por lo que significa la vida activa. Y por eso, una ofrenda de esta clase simboliza la perfección de Cristo y la de sus miembros. Uno y otro animal, por su hábito de gemir, representan las penas presentes de los santos; pero la tórtola, que vive solitaria, significa las lágrimas de las oraciones; la paloma, en cambio, por ser gregal, simboliza las oraciones públicas de la Iglesia. Con todo, se ofrece una pareja de cada uno de esos animales, a fin de que la santidad no se dé sólo en el alma, sino también en el cuerpo.