lunes, 17 de marzo de 2008

La adoración a la Cruz


«El Cristo de Lepanto»
Catedral de Barcelona, Principado de Cataluña

Un cartel allí dice: «Santo Cristo de Lepanto. Según la tradición oral esta imagen (siglo XV) presidió la Galera Capitana del bando cristiano que en el golfo de Lepanto hundió la flota otomana el 7 de octubre de 1571, durante el Pontificado del Santo Padre Pío V».

Según un relato, una bala de cañón llevaba dirección de impactar sobre Él pero la figura, milagrosamente, se ladeó ligeramente esquivando el proyectil. Así quedó. Se le atribuyen muchos milagros.

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III Qu.25 a.4

CUESTIÓN 25 Sobre la adoración de Cristo. Pasamos ahora a tratar de las cosas que atañen a Cristo en relación con nosotros. Y, en primer lugar, de nuestra adoración a Él; después, de su título de mediador nuestro ante Dios. Sobre lo primero se plantean seis interrogantes: 1. ¿Debemos adorar la divinidad y la humanidad de Cristo con una sola y misma adoración? 2. ¿Es preciso que adoremos su cuerpo con adoración de latría? 3. ¿Se debe rendir adoración de latría a la imagen de Cristo? 4. ¿Debe prestarse esa misma adoración a la cruz de Cristo? 5. ¿Ha de rendirse tal adoración a su Madre? 6. ¿Son objeto de adoración las reliquias de los santos?

Artículo 4 La cruz de Cristo, ¿debe ser adorada con adoración de latría?

[…] Parece que no debe tributarse adoración de latría a la cruz de Cristo.

Contra esto:

Está que rendimos culto de latría a la realidad en que ponemos la esperanza de nuestra salvación. Pero ponemos tal esperanza en la cruz de Cristo, ya que canta la Iglesia: Salve, ¡oh Cruz!, única esperanza. En este tiempo de la pasión aumenta la justicia a los buenos y otorga el perdón a los culpables. Luego la cruz de Cristo debe ser adorada con adoración de latría.

Respondo:

Como antes hemos expuesto (a.3), el honor o la reverencia sólo se deben a la criatura racional; a la criatura insensible solamente le son debidos por razón de la naturaleza racional. Y esto sucede de dos modos: uno, en cuanto que representa a la criatura racional; otro, en cuanto que de alguna manera está unida a ésta. Por el primer motivo ha sido costumbre de los hombres venerar la imagen del rey, y, por el segundo, lo ha sido venerar su vestido. A ambas cosas les prestan los hombres la misma veneración que al rey en persona.

Por consiguiente, si hablamos de la misma cruz en que Cristo fue crucificado, ésta debe ser venerada por nosotros por ambos motivos: primero, porque nos representa la figura de Cristo extendido en ella; segundo, a causa de su contacto con los miembros de Cristo, y porque fue regada con su sangre. De donde, por ambos motivos, debe ser adorada con la misma adoración que Cristo, esto es, con adoración de latría. Y ésta es la razón de que nos dirijamos a la cruz y la imploremos como al mismo Crucificado.

Pero, si hablamos de la imagen de la cruz de Cristo en cualquier otra materia, por ejemplo en piedra, madera, plata u oro, entonces veneramos la cruz sólo como imagen de Cristo; la veneramos con adoración de latría, como antes hemos dicho (a.3) .

Objeciones y soluciones a las objeciones:

Objeción 1.
Ningún hijo piadoso venera lo que ha sido afrenta de su padre, por ejemplo el látigo con que fue azotado, o el madero en que fue colgado; más bien lo aborrece. Ahora bien, Cristo sufrió en el madero de la cruz una muerte por demás ignominiosa, según (Sg 2,20): Condenémosle a muerte afrentosísima. Luego más bien debemos aborrecer la cruz que venerarla.

Solución a la objeción 1. La cruz es considerada como una infamia de Cristo, según la opinión o intención de los infieles; en cambio, atendiendo al efecto de nuestra salvación, es mirada como el poder divino del propio Cristo, mediante el cual triunfó de los enemigos, según aquel pasaje de (Col 2,14-15): Quitó de en medio el acta de condenación, clavándola en la cruz, y despojando a los principados y potestades, los expuso confiadamente, triunfando abiertamente de ellos en sí mismo. Por eso también escribe el Apóstol en (1Co 1,18): La doctrina de la cruz, necedad para los que se pierden; pero es poder de Dios para los que se salvan, es decir, para nosotros.

Objeción 2. Adoramos la humanidad de Cristo con adoración de latría en cuanto que está unida al Hijo de Dios en su persona. Esto no puede decirse respecto de la cruz. Luego la cruz de Cristo no debe ser adorada con adoración de latría.

Solución a la objeción 2. Aunque la cruz de Cristo no estuviera unida personalmente al Verbo de Dios, lo estuvo, sin embargo, de algún otro modo, a saber, por medio de la representación y del contacto. Y sólo por esta razón es reverenciada.

Objeción 3. Como la cruz de Cristo fue instrumento de su pasión y muerte, así también lo fueron otras cosas, por ejemplo los clavos, la corona y la lanza; y, sin embargo, a éstos no les rendimos culto de latría. Luego da la impresión de que tampoco debemos adorar la cruz de Cristo con adoración de latría.

Solución a las objeción 3. Por lo que se refiere al contacto con los miembros de Cristo, no solamente adoramos la cruz, sino también todo lo relacionado con El en este aspecto. Por eso dice el Damasceno en el libro IV: Se debe adorar con toda justicia el precioso madero como santificado por el contacto con el santo cuerpo y con la sangre, los clavos, los vestidos, la lanza, y los lugares sagrados en que habitó. Sin embargo, todas estas cosas no representan la imagen de Cristo como lo hace la cruz, que es llamada el estandarte del Hijo del hombre, que aparecerá en el cielo, como se dice en (Mt 24,30). Por esto dijo el ángel a las mujeres (Mc 16,6): Buscáis a Jesús Nazareno el crucificado. No le llamó alanceado, sino crucificado. Y de ahí proviene el que veneremos la imagen de la cruz de Cristo en cualquier materia; pero no hacemos lo mismo con la representación de los clavos o de otras cosas parecidas.