domingo, 2 de marzo de 2008

Argentina en el corazón. Con motivo de la reunión de la Ciudad Católica.


Autor: Francisco José Fernández de la Cigoña. Fuente: La Cigüeña de la Torre.

Ayer no aparecí por el Blog. Tal vez a alguno le haya extrañado porque no es lo que suelo hacer. Pasé el día, gozosamente, en la XLV Reunión de Amigos de la Ciudad Católica que se celebró en la Gran Peña de Madrid.

Ahora pienso que ha sido grave error mío no haberlo anunciado desde el Blog previamente porque tal vez algunos lectores amigos se hubieran animado a acudir y a disfrutar de conferencias y amistad.

Os prometo que si el año que viene Dios me da vida no se volverá a producir este olvido. El encuentro, como los cuarenta y cuatro anteriores, fue muy grato. Conferenciantes y asistentes, amigos todos, porque esa es verdaderamente una reunión de amigos, eran relaciones de muchos años y alguna de ese mismo día. Pero que al concluir la jornada parecía ya una vieja amistad. ¿Verdad, señor notario, ya José María, que parece que con tantos amigos comunes daba la impresión de que nos conocíamos de toda la vida?

Asistieron más de cincuenta personas. Muchas de ellas jóvenes. La mayoría. Entre los mayores, sin la menor duda mi ubicación, mi queridísimo Manuel de Santa Cruz, aunque yo le llame de otro modo, ingente historiador del carlismo contemporáneo. El académico José María Castán, apellido que encierra toda la ciencia del Derecho, y una de las mejores personas con las uno puede encontrarse en la vida. El catedrático y también académico Dalmacio Negro, uno de los ponentes, que es un gozo todavía más que por sus inmensos saberes por la simpatía de su personalidad. Paco Cortés, queridísimo amigo desde hace tantos años. Y uno de los generales más inteligentes con los que me he tropezado, artillero él, y amigo tan cercano desde hace tanto tiempo. Él no se quedó a la comida. Pero de haberlo hecho se hubiera encontrado con alguien que le fue muy próximo y no sé si ahora muy lejano. Porque estaba comiendo en el restaurante de la Gran Peña, sin tener nada que ver con la reunión nuestra, el teniente general S. de Tejada y el seguramente también teniente general, o por lo menos general de división, Aramburu Topete.

Esos éramos los mayores. Juan Vallet no pudo asistir. Pero sí estaba, en representación de su inolvidable padre, que con Juan fue el fundador de la Ciudad Católica, Leonor Vegas Latapié. Y creo que no me he expresado con exactitud. La idea fue de Eugenio Vegas. Y el motor Juan Vallet. Después vinieron Estanislao Cantero y Miguel Ayuso. Hoy este último al alma de todo.

Yo de Leonor qué voy a decir. La conocí desde que nació. Desde la absoluta veneración a Eugenio, mi padre espiritual e intelectual y mi admiración a su madre, una mujer tan extraodinaria que muy pocas he conocido como ella. Recuerdo como cuando era muy niña, y a Leíto, que así se llamaba entonces, si me la tropezaba, ciertamente todos los domingos, le hacía esta tonta broma: Vivo en la calle tón, número tón y piso... tón. Y hacía que pisaba su piececito. Y ella se reía a carcajadas.

Otro general, tan próximo a mí que es un hermano entrañable. Andrés y José Miguel Gambra, desde el inolvidable recuerdo de su padre y desde una amistad proximísima desde hace tantos años. Un médico forense, catalán de pura cepa, que hemos tenido la suerte de recuperarlo para Madrid. Fernando Claro, con presencia, y tan activa, tantos años. José Antonio Gallego, que tanto sabe del siglo XIX y amigo desde mucho tiempo. Pepe Díaz Nieva, que seguro no hay nadie que sepa más de la historia de la América contemporánea. Y pese a ser él tan joven, amigo desde hace tantos años. Félix Muñoz. Nicolás, que es una especie de hijo adoptado, con tantos ratos felices convividos, y que una vez más nos admiró a todos por la belleza y simpatía de su acompañante. Teresa, Eva... De Mari Paz y su belleza, de cuerpo y de alma, qué voy a decir. Tantos gratísimos momentos compartidos. Amigos los padres y amigos los hijos.

De mi mujer y mi hija Carmen no voy añadir nada. Simplemente que allí estaban. Y el nieto de otro queridísimo amigo que se llama como su abuelo y como su padre. Y muy orgulloso. Simplemente se llama Blas Piñar.

Lucio, Antonio, Manolo, Luis Fernando, José Joaquín, que mantenemos la llama de los martes. Como nos vemos todas las semanas qué os voy a decir. Y Maxi, que también estaba, y sin cuya dedicación esto no sería posible.

De Pepe Armas yo no sé hablar. Tantas vivencias inolvidables en tantos sitios. Madrid, Cataluña, su maravillosa casa de Agaete... Hasta el recuerdo de su tío Gabriel y nuestra veneración por monseñor Pildáin. Todo es puro gozo. Con él y con su maravillosa familia.

Otro amigo con apellido de automóvil de gran cilindrada. Nos conocimos el año pasado y éste nos volvimos a encontrar. Gozosamente. Eché de menos a una de las mejores personas que Dios ha puesto en este mundo. Y ha puesto muchas. Una gripe le impidió asistir, pero por la noche nos tomamos, ya en su casa, unos vinos y algo más, estaba tocado pero la amistad supera todo. Y lo superó. Queridísimo Carlos Ayuso, yo sólo puedo dar gracias a Dios por haberme dado a tu persona en mi camino. No se puede ser mejor amigo.

Seguro que olvido a unos cuantos. Mi afecto a todos. Creo que hemos quedado muy satisfechos del encuentro. Y ahora el tema de la reunión: Las transformaciones de la política. El título no me parece afortunado. Tenía que ver con eso. Pero... Yo creo que sé titular. Sin embargo no se me ocurre ahora el apropiado. Tal vez el más acertado fuera el de Metafísica de la política. Pero reconozco que es impresentable.

Todos los que intervinieron son queridísimos amigos. Abrió el Congreso Juan Cayón, vicerrector de la Universidad Antonio de Nebrija. Javier Barraycoa, tan joven como Juan y también tan amigo, profesor de Sociología en la Abad Oliva de Barcelona nos habló De la nación histórica a la nación cívica. Dalmacio Negro, a quien ya me he referido, Del gobierno a la "gobernanza". Juan Fernando Segovia, profesor de Historia de las Ideas Políticas en la Universidad argentina de Mendoza, sobre De la democracia representativa a la democracia deliberativa, pasando por la tecnocracia. Danilo Castellano, profesor de Filosofía Política en la Universidad de Udine y seguramente la mejor cabeza europea en esas cuestiones, De la comunidad política al 'comunitarismo'. Bernard Dumont, director de la que pienso es la mejor revista tradicional intelectual del mundo, Catholica, y me cuesta reconocerlo pero que hoy por hoy supera a VERBO, de Del laicismo a la laicidad. Y cerró las comunicaciones Miguel Ayuso, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Comillas con una síntesis de todo lo que se había expuesto.

Ciertamente duras las comunicaciones. Sin embargo, brillantísimas. Se publicarán en VERBO y a todos os recomiendo su lectura.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con Argentina, salvo que uno de los ponentes fuera de esa nacionalidad?

Pues os lo digo. Seguramente será un puro subjetivismo, pero los seres humanos somos subjetivos. Venía yo encantado del encuentro de la Ciudad Católica, prolongado hasta tarde en una charla de amigos, bien regada, no serían amigos en otro caso, cuando me encuentro en Panorama Católico Internacional con cuatro crónicas sobre la profanación de la catedral de Buenos Aires por esa impresentable de Hebe de Bonafini y de las viragos que la secundan.

Un grupo de católicos, laicos, desagraviaron lo que el cardenal Bergoglio no se atrevió a hacer. No quiero entrar mucho en esa cuestión de la que tampoco tengo muchísimos datos. Aunque, de entrada, todo lo de la Bonafini me parece deplorable y pienso que si ella entra en una iglesia procedería pasar a reconciliarla.

Sólo quiero referirme a Juan Fernando Segovia. "Nano" para los amigos. Creo que he pasado a serlo. Le había visto alguna vez pero no habíamos intimado. Rebosa inteligencia, simpatía, proximidad y carcajada. Creo que he hecho ya otro amigo para siempre. Apenas hemos discrepado en el Pisco. Y por eso no vamos a reñir.

Yo tengo infinitos primos en Argentina. Y nos sentimos, unos cuantos, muy próximos. También muchos amigos entrañables, no me cabe duda de que ya he hecho uno más. En premio de millones en lotería.

Cenamos. Y bebimos. Una cena con Pepe Armas y con Juan Fernando sería como para grabar. No es que echáramos unas risas. Es que todo era risa. Y al día siguiente más. Tal vez no tenga tan mala leche como yo pero tenerla tiene. Notable.

Pues mi homenaje a Argentina. Que si tiene a una Hebe de Bonafini también tiene a un Segovia. Seguro que mucho más inteligente y más divertido.

Gran abrazo Juan Fernando. Mi queridísima Argentina es hoy todavía más querida. Liniers, Rosas, Martín Fierro, los Irazustas y aquella grandiosa generación, Sacheri, Goyeneche, Caponnetto y Béccar, aunque tan mal os llevéis, los Randle, los Falcionnelli, monseñores Baseoto y Aguer, Castellani y Meinvielle, pese a vuestras discordancias, Catapulta y Cruz y Fierro, Bocha, Don Rubén, Marcelo González y otros de los que ahora me olvido, gracias por todo lo que nos habéis dado. Y no quiero dejar de hacer mención de aquel trovador del grandioso corte de manga a la televisión inglesa cuando quería retratar la derrota argentina. Son días. O años. Pero las Malvinas volverán a ser españolas. Quiero decir, argentinas.

Juan Fernando, abrazo fraternal. Hasta muy pronto.