martes, 1 de abril de 2008

Rima XLII de Gustavo Adolfo Bécquer

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma,
¡y entonces comprendí por qué se llora!
¡y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor... con pena
logré balbucear breves palabras...
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor... Le di las gracias.






Gustavo Adolfo Bécquer


Qui in altum mittit lapidem, super caput eius cadet,
et plaga dolosa dolosi dividet vulnera.

«Quien tira una piedra al aire, sobre su propia cabeza la tira,
el golpe a traición devuelve heridas». (Eclesiástico 27, 25).