jueves, 12 de junio de 2008

«Así se aborta en España» (Intereconomía TV)



La cooperación en la legislación contra la vida humana inocente:

«Nunca es lícito cooperar formalmente en el mal. Esta cooperación se produce cuando la acción realizada se califica como colaboración directa en un acto contra la vida humana inocente. Esta cooperación nunca puede apoyarse en el hecho de que la ley civil la prevea y exija».

Juan Pablo II, Enc. Evangelium Vitae (25 de marzo de 1995), sobre el Valor y el Carácter Inviolable de la Vida Humana, 74:

«Para iluminar esta difícil cuestión moral es necesario tener en cuenta los principios generales sobre la cooperación en acciones moralmente malas.

[1] Los cristianos, como todos los hombres de buena voluntad, están llamados, por un grave deber de conciencia, a no prestar su colaboración formal a aquellas prácticas que, aun permitidas por la legislación civil, se oponen a la Ley de Dios.

[2] En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente en el mal.

[3] Esta cooperación se produce cuando la acción realizada,

[3. a] o por su misma naturaleza
[3. a] o por la configuración que asume en un contexto concreto,

se califica

[3. c] como colaboración directa en un acto contra la vida humana inocente o
[3. d] como participación en la intención inmoral del agente principal.

[4] Esta cooperación nunca puede

[4. a] justificarse invocando el respeto de la libertad de los demás, ni
[4. b] apoyarse en el hecho de que la ley civil la prevea y exija.

[5] En efecto, los actos que cada uno realiza personalmente tienen una responsabilidad moral, a la que nadie puede nunca substraerse y sobre la cual cada uno será juzgado por Dios mismo (cf. Rm 2, 6; 14, 12)».

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