viernes, 6 de junio de 2008

Libertad para contemplar los misterios luminosos


JUAN PABLO II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae (16 de octubre de 2002), sobre el Santo Rosario:

Español

19.
«De los muchos misterios de la vida de Cristo, el Rosario, tal como se ha consolidado en la práctica más común corroborada por la autoridad eclesial, sólo considera algunos. Dicha selección proviene del contexto original de esta oración, que se organizó teniendo en cuenta el número 150, que es el mismo de los Salmos. No obstante, para resaltar el carácter cristológico del Rosario, considero oportuna una incorporación que, si bien se deja a la libre consideración de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar también los misterios de la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión».

38. «Parece aconsejable trasladar al sábado la segunda meditación semanal de los misterios gozosos, en los cuales la presencia de María es más destacada. Queda así libre el jueves para la meditación de los misterios de la luz. No obstante, esta indicación no pretende limitar una conveniente libertad en la meditación personal y comunitaria, según las exigencias espirituales y pastorales y, sobre todo, las coincidencias litúrgicas que pueden sugerir oportunas adaptaciones».

Latine

19.
«Tot vitae Christi mysteriorum quaedam dumtaxat indicat Rosarium, quemadmodum compositum est in latissimo pietatis usu auctoritate ecclesiali comprobato. Electio haec imposita est pristina huius precationis forma, quae secundum numerum centesimum quinquagesimum constituta est Psalmorum videlicet numero respondentem. Nihilominus ut christologica Rosarii substantia augeatur, consentaneam esse arbitramur aliquam perfectionem quae, libero singulorum atque communitatum iudicio relictam, eam sinat etiam mysteria publicae vitae Christi Baptismum inter et Passionem complecti».

38. «Suadendum videtur ut in diem Saturni altera hebdomadalis mysteriorum gaudii meditatio differatur, in quibus nempe Mariae praesentia magis significatur. Sic enim superest Iovis dies omnino ad lucis mysteriorum ponderationem. Non vult tamen hoc consilium libertatem consentaneam in singulorum atque communitatum meditatione circumscribere, videlicet secundum spiritales pastoralesque necessitates at in primis liturgicas celebrationes quae aptationes suadere possunt opportuniores».

Los Misterios del Santo Rosario

«Misterios gloriosos» (Domingo, miércoles y sábado)

1) La Resurrección del Hijo de Dios
2) La Ascensión del Señor al cielo
3) La Venida del Espíritu Santo
4) La Asunción de María al cielo
5) La Coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado

«Misterios gozosos» (Lunes y jueves)

1) La Encarnación del Hijo de Dios
2) La Visitación de nuestra Señora a su prima Isabel
3) El Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén
4) El Ofrecimiento de Jesús en el Templo
5) El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo

«Misterios dolorosos» (Martes y viernes)

1) La Oración en el Huerto
2) La Flagelación de Jesús atado a la columna
3) La Coronación de espinas
4) Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario
5) La Crucifixión y Muerte de Jesús

¿Cómo se reza el Rosario?

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se enuncia en cada decena el “misterio”, por ejemplo, en el primer misterio: “La Resurrección del Hijo de Dios”.

Después de una breve pausa de reflexión, se rezan: un
Padre nuestro, diez Avemarías y un
Gloria.

A cada decena del “rosario” se puede añadir una invocación:

Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas.

A la final del Rosario se recita la Letanía Lauretana. La plegaria se concluye rezando por las intenciones del Papa.

Letanías de la Virgen

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración. Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Oración por nuestro Pontífice

V.
Oremos por nuestro Pontífice, el Papa N.
R. El Señor lo guarde y lo conserve con vida, para que sea dichoso en la tierra, y no lo entregue a la saña de sus enemigos.

Después se rezan un Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.

ANEXO. Textos de referencia

Para favorecer el itinerario meditativo-contemplativo del Rosario, en cada “misterio” se citan dos textos de referencia: el primero de la Sagrada Escritura, el segundo del Catecismo de la Iglesia Católica.

«Misterios gloriosos» (Domingo, miércoles y sábado)

1) La Resurrección del Hijo de Dios

«El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: “¿Por qué buscáis ente los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”» (Lc 24, 1-6).

«“Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe” (1Cor 15, 14). La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó» (CIC, 651).

2) La Ascensión del Señor al cielo

«El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y Se sentó a la derecha de Dios» (Mc 16, 19).

«Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera, es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Sólo el que “salió del Padre” puede volver al Padre: Cristo» (CIC, 661).

3) La Venida del Espíritu Santo

«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2, 1-4).

«“Espíritu Santo”, tal es el nombre propio de Aquél que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el Bautismo de sus nuevos hijos» (CIC, 691).

4) La Asunción de María al cielo

«Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Señor ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1, 48-49).

«La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de Su Cuerpo» (CIC, 974).

5) La Coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado

«Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1).

«Finalmente, la Virgen inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (CIC, 966).

«Misterios gozosos» (Lunes y jueves)

1) La Encarnación del Hijo de Dios

«Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la virgen era María» (Lc 1,26-27).

«La anunciación de María inaugura la plenitud de “los tiempos” (Gál 4,4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos» (CIC, 484).

2) La Visitación de nuestra Señora a su prima Isabel

«En aquellos días María se puso en camino y fue aprisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando a voz en grito, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”» (Lc 1, 39-42).

«La “visitación” de María a Isabel se convirtió así en visita de Dios a Su pueblo» (CIC, 717).

3) El Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén

«Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento» (Lc 2,1-7).

«Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo» (CIC, 525).

4) El Ofrecimiento de Jesús en el Templo

«Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor” y para ofrecer en sacrificio “un par de tórtolas o dos pichones”, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor» (Lc 2, 21-24).

«La circuncisión de Jesús, al octavo día de Su nacimiento, es señal de Su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de Su sometimiento a la Ley» (CIC, 527).

5) El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo

«Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús Se quedó en Jerusalén, sin saberlo Sus padres... Y sucedió que al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por Su inteligencia y Sus respuestas» (Lc 2, 41-47).

«
El hallazgo de Jesús en el Templo es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de Su consagración total a una misión derivada de Su filiación divina: “¿No sabíais que Me debo a los asuntos de Mi Padre?”» (CIC, 534).

«Misterios dolorosos» (Martes y viernes)

1) La Oración en el Huerto

«Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a Sus discípulos: “Sentaos aquí mientras voy a orar”. Y tomando Consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad Conmigo”. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa, pero no sea como Yo quiero, sino como quieras Tú”» (Mt 26, 36-39).

«Este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración. Por medio de Su oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio y en el último combate de Su agonía» (CIC, 2.849).

2) La Flagelación de Jesús atado a la columna

«Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a Él, le decían: “Salve, Rey de los judíos”. Y le daban bofetadas» (Jn 19,1-3).

«Los padecimientos de Jesús han tomado un forma histórica concreta por el hecho de haber sido “reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas” (Mc 8, 31), que lo “entregaron a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle” (Mt, 20, 19)» (CIC, 572).

3) La Coronación de espinas

«Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en Su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de Él, le hacían burla diciendo: “Salve, Rey de los judíos”». (Mt 27, 27-29).

«El amor hasta el extremo es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de Su vida» (CIC, 616).

4) Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario

«Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara Su cruz. Lo condujeron al lugar del Gólgota, que quiere decir de la “Calavera”» (Mc 15, 21-22).

«Al aceptar en Su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre, acepta Su muerte como redentora para “llevar nuestras faltas en Su cuerpo sobre el madero” (1P 2, 24)» (CIC, 612).

5) La Crucifixión y Muerte de Jesús

«Llegados al lugar llamado “La Calavera”, le crucificaron allí a Él y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”... Era ya eso de mediodía cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la media tarde. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito dijo: “Padre, en Tus manos pongo Mi espíritu” y, dicho esto, expiró» (Lc 23, 33-46).

«“Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (1Cor 15, 3)» (CIC, 619).