lunes, 21 de julio de 2008

San Pablo

1. El Apóstol de las Gentes
2. Los viajes misioneros
a) Primer viaje
b) Segundo viaje
c) Tercer viaje
d) Viaje en cautiverio
3. La conversión a Cristo
a) El judío Saúl estudia en Jerusalén
b) El perseguidor
c) La conversión / vocación
4. El inicio del ministerio
a) Jerusalén: el encuentro con Pedro
b) Antioquía: comienza la aventura misionera
c) Fundación de Iglesias en Asia Menor…
5. El Concilio
a) El Concilio de Jerusalén
b) El incidente de Antioquía
6. Hacia Grecia
a) Lidia y la Iglesia de Filipos
b) Tesalónica: lugar de culto familiar
c) Atenas, los ídolos
7. Comienzos de la Iglesia
a) Corinto
b) Éfeso: Priscila y Áquila dirigen la Iglesia
c) Mileto: las Estructuras de la Iglesia
8. En Jerusalén
a) Jerusalén: un Jefe de las Iglesias
b) Detención en el Templo de Jerusalén
c) El tiempo de la prisión y de los procesos: Jerusalén, Cesárea, Roma
9. El viaje del cautiverio
a) En medio de la tempestad
b) Malta
c) Roma
10. El martirio en Roma
a) La apertura de la alianza a todos

San Pablo

El Apóstol de las Gentes

El llamado “Apóstol de las gentes”, es decir, de las naciones, no conoció a Jesús durante su vida terrena en Jerusalén o por los caminos de Galilea, como los Doce apóstoles. Es el primero que tuvo como experiencia sólo la del Resucitado, la misma que tendrán luego todos los cristianos. Este judío nacido en Tarso (hoy Turquía oriental), que recibió del rabino Gamaliel el Viejo una enseñanza rigurosa de la Ley y que es un ciudadano romano, recibe como misión concreta la de ir a predicar la Palabra de Dios a todos los hombres: primero en Antioquía y en Asia menor, luego en Grecia y Roma. Con Pablo, en pocos años y de modo ardiente, “la ley sale de Sión y la palabra de Dios de Jerusalén”, como había profetizado Miqueas (4,2). Y “sale” con un doble sentido del término. Pablo va a dar testimonio de las enseñanzas de sus padres y de lo que ha experimentado: ¡Cristo ha resucitado!

Pablo es el personaje mejor conocido de la primera generación cristiana, tanto por las Cartas que escribió (siete reconocidas como indudablemente auténticas en sentido estricto), como por la historia de su vida, que narra Lucas en los Hechos de los Apóstoles. Para nosotros, sus Cartas son una fuente excepcional. Su figura, sin embargo, sigue siendo algo misteriosa. Por una parte, estas Cartas conciernen solamente unos quince años de su vida. Por la otra, los Hechos que refieren su trayectoria fueron escritos veinte años después de su muerte, con el tono apologético de la época. Daremos, pues, preferencia a los datos que se hallan en las Cartas de Pablo y a su cronología, que coincide mayormente con la duración de sus desplazamientos (por ejemplo, la fecha del “Concilio de Jerusalén”).

Es probable que Pablo tuviera unos diez años menos que Jesús.

A continuación encontrarán los mapas relativos a los viajes de Pablo, con la narración de la vida del Apóstol en veinte cuadros.

Los viajes misioneros

Después de su “conversión”, en el camino de Damasco, Pablo atraviesa parte del Asia menor (la actual Turquía), de Siria y de Arabia (la actual Jordania), hasta Jerusalén, antes de dirigirse a Europa, primero a Grecia y luego a Roma. Razonablemente podemos fechar sus viajes en un intervalo de algunos años en torno al año 50.

Primer viaje

De Antioquía a Chipre y de aquí al sur de Anatolia (Perge, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe) Pablo y Bernabé predican con ardor en las sinagogas la Buena Nueva de la resurrección y salvación en Jesús, fundando algunas comunidades. Entonces los judíos de dividen y Pablo se dirige a los paganos.

Segundo viaje

El primer objetivo de Pablo, acompañado por Silas, es el de visitar las comunidades que él mismo había creado en el sur de Anatolia (en Listra conoce a Timoteo, que le acompañará en el viaje). Siguen hacia noroeste, hasta los Dardanelos, y llegan a Tróada, desde donde pasan a Grecia; Pablo funda Iglesias en Filipos, Tesalónica, Berea, Atenas y Corinto. Luego regresa a Antioquía, donde tenía su base, pasando por Éfeso y Cesarea.. En Antioquía, los creyentes fueron llamados “cristianos” por primera vez,

Tercer viaje

Es un viaje de consolidación. Pablo va a visitar las Iglesias que había creado en Anatolia y Grecia, con Timoteo y Tito. Se embarca de nuevo hacia Tiro, Cesarea y Jerusalén, donde fue arrestado.

Viaje en cautiverio

El viaje del prisionero a Roma no es un viaje misionero, sin embargo, no cesa su actividad evangelizadora.

La conversión a Cristo

1. EL JUDÍO SAÚL ESTUDIA EN JERUSALÉN

Pablo nace poco antes del año 10 de nuestra era, en una familia judía de Tarso, en Cilicia (la actual Turquía oriental). Recibe el nombre bíblico de Saúl y el nombre romano de Pablo (su padre, quizás su padre, que había adquirido la ciudadanía romana, quiso manifestar su gratitud a la gens Paula). Fue educado en Jerusalén.

“Instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios”. Según los Hechos, es “Fariseo, hijo de Fariseos” (Hch 23,6) y “circundado al octavo día” (Flp 3,5-6).

2. EL PERSEGUIDOR

En el martirio de Esteban, “los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo… Saulo aprobaba su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia”.

Saulo, que defendía con celo “las tradiciones de los padres” (Ga l1.14), pudo haber pertenecido al grupo de los zelotes (Hch 22,3), y esto explicaría la expedición a Damasco en busca de los misioneros helenistas que criticaban el Templo, como Esteban, para doblegarlos, incluso con la tortura. Esto arrojaría luz sobre dos episodios extraños: Pablo no se integró bien en la Iglesia de Jerusalén y tuvo que huir a causa de las amenazas de muerte (Hch 9, 26-30); más tarde, cuarenta judíos hicieron voto de matar a Pablo, entonces prisionero de los romanos (Hch 23,12-22), y es sabido que el partido zelota castigaba a quienes traicionaban su juramento.

3. LA CONVERSIÓN / VOCACIÓN

Los Hechos refieren la célebre frase que oyó en el camino de Damasco: “Saúl, Saúl, ¿ por qué me persigues?”

La narración que el propio Pablo hace de la aparición del Resucitado refleja una gran inquietud interior, según las vocaciones/conversiones proféticas del Antiguo Testamento, portadoras también de una misión: “Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto…” (Ga 1,15-17).

La “conversión” radical de Saulo no es para él un cambio de religión: se siente más judío que nunca, puesto que es el “Dios de los padres” quien lo envía a predicar el Evangelio. El evangelizador de los gentiles seguirá predicando a los judíos en la medida en que le sea posible, hasta su último llamamiento, en Roma. La conversión y el bautismo de Pablo significan que ha descubierto su justa y verdadera colocación en la vida de Israel.

Se ignora la fecha de este acontecimiento capital; de la Carta a los Gálatas se pueden deducir los años 33-35, poco después de la constitución de la primera Iglesia, en Jerusalén, creada en torno a ”Pedro con los Once” (Hch 2,14).

El inicio del ministerio

JERUSALÉN: EL ENCUENTRO CON PEDRO

“De allí a tres años”, Saulo va a Jerusalén para conocer a Cefas (de “Piedra”, en griego), con este nombre llamará siempre a Pedro, y permanece “quince días en su compañía”. No cabe duda de que Pedro le enseña la tradición oral relativa a Jesús que Pablo no conoce (cf. 1Co 11, 23-35), y también una interpretación cristológica de los profetas, según las enseñanzas del Maestro a sus discípulos.

La visita es discreta: Pablo vio sólo a otro dirigente de la Iglesia, “Santiago, el hermano del Señor”. Pablo se enriquece espiritualmente junto a la Madre-Iglesia, sin embargo, no consigue integrarse, probablemente a causa de su pasado de zelote. Se salva incluso de un tentativo de asesinato organizado por los judíos de lengua griega. (Hch 9,29-30).

Se dirige a Tarso, donde vuelve a su oficio de fabricar tiendas y sigue proclamando su fe en la sinagoga (Hch 18,3). Son años de madurez personal.

ANTIOQUÍA: COMIENZA LA AVENTURA MISIONERA

A principios de la década de los 40 del siglo I, la Iglesia de Jerusalén envía Bernabé a Antioquía de Siria para que tome en mano esta Iglesia fundada por misioneros helenistas expulsados de Jerusalén. Sale hacia Tarso en busca de la ayuda de Pablo, quien se convierte en uno de los dirigentes de la comunidad, evangelizando con gran éxito. Por primera vez Pablo se aleja del ambiente de la sinagoga y predica también a los griegos. Se forma así una comunidad mixta. La ”invención” del título de cristianos, usado por primera vez en Antioquía, representa uno de los frutos más hermosos de la predicación de Saulo en la ciudad.

De ahora en adelante la Iglesia de Antioquía será el centro de difusión del Evangelio y vivirá independiente del Templo y de la vida Judea.

Esta comunidad de Antioquía dispone de una formación y organización sólidas. Durante una asamblea de oración, la inspiración de la comunidad confirma la vocación personal. Se oye la voz del Espíritu Santo que dice: “Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado”; entonces, la asamblea ora, ayuna, les impone las manos y los envía en misión.

Bernabé y Pablo navegan hacia Chipre. Es el Espíritu Santo quien los envía en esta dirección. Anuncian el Evangelio en las sinagogas del este de la isla, en Salamina, y luego hacia el oeste, en Pafos. Desde este momento Lucas llamará a Saulo con su nombre romano: Pablo, subrayando así que posee todos los requisitos de su misión de ir a las “naciones”.

FUNDACIÓN DE IGLESIAS EN ASIA MENOR…

Inmersión en tierra pagana, más allá del Tauro, en cuatro ciudades estratégicas para Roma, en el camino de Sebastopol. Lucas sitúa el primer importante discurso misionero de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, nueva colonia romana. Ante la mala acogida que le dispensó la mayoría de los judíos, Pablo se dirige a los paganos. Pablo y Bernabé salen hacia Iconio, Listra y Derbe. Los dos Apóstoles consolidaron las jóvenes comunidades.

Por una parte, animan la vida común entre creyentes procedentes del judaísmo y nuevos convertidos procedentes del paganismo, granjeándose la enemistad de los jefes de las sinagogas donde predican. Por la otra, designan “Ancianos”, según el modelo de la Iglesia de Jerusalén. Tras cumplir esta misión, vuelven a Antioquía de Siria.

El Concilio

EL CONCILIO DE JERUSALÉN

Hacia el año 48 se plantea en Antioquía el problema relativo a la circuncisión de los no-judíos, cuando los cristianos procedentes de Judea piden la “libertad alcanzada en Cristo Jesús”, que también invocan Pablo y Bernabé para no imponer este rito a los cristianos procedentes del paganismo. La comunidad decide entonces llamar en causa a los Apóstoles y a los Ancianos de Jerusalén y envía a Pablo y Bernabé, con su compañero griego Tito, acompañados por una delegación.

Los Apóstoles y Ancianos de Jerusalén aceptan a Tito, “no circuncidado”, reconociendo de este modo la validez del anuncio de Pablo acerca de la libertad de la gracia. La Asamblea confirma también a los responsables principales de la Iglesia y reconoce la vocación misionera de Pedro para los circuncidados y de Pablo para los no circuncidados. De hecho, se da una forma de división del campo misionero: Santiago, Cefas y Juan hacia los judíos, mientras que Pablo y Bernabé hacia los paganos.

EL INCIDENTE DE ANTIOQUÍA

La controversia que tuvo lugar durante la visita de Pedro a Antioquía atestigua la rectitud de Pablo, para quien la verdad del Evangelio no admite adaptaciones. ¿Qué sucedió? Un cristiano judío circuncidado no podía, en aquel entonces, sentarse en la mesa de un cristiano pagano sin incurrir en impuridad. Pues bien, en el contexto de Antioquía, Pedro es testigo de la supremacía de la fe en Cristo que llama a sí a todos los hombres, y se contrapone a este principio … hasta que llegan los cristianos enviados por Santiago, que preside la comunidad de Jerusalén, y oculta sus sentimientos. Pablo entonces se rebela: “Me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de represión”.

El compromiso que se había tomado en Jerusalén aceptaba la existencia de las comunidades mixtas que Pablo había establecido en las jóvenes Iglesias de Asia Menor. Sin embargo, la comunión plena entre circuncidados y no circuncidados resultaba problemática. ¿Acaso ha de considerarse secundaria la salvación de Jesucristo? Pablo reivindica la nueva vida en la fe, el don del Espíritu y la supremacía de la promesa divina sobre la ley … La contraposición se da entre Santiago y la Iglesia de Jerusalén, con Pedro y Bernabé (dudosos, que se alían con Santiago), y la misma Iglesia de Antioquía que confirma este compromiso (Hch 15,40). Solo lo seguirá Silas. Tras este largo noviciado que duró 15 años se abre un nuevo periodo para Pablo.

Hacia Grecia

LIDIA Y LA IGLESIA DE FILIPOS

En Tróada, Pablo tiene una visión en al que un macedonio le suplica: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”. Inmediatamente se embarca hacia Grecia y se para en Filipos, ciudad comercial y colonia romana poblada de veteranos y campesinos latinos, donde el judaísmo ha recibido el influjo del helenismo.

La casa de Lidia, vendedora de púrpura, que recibió el bautismo con toda su familia y da hospitalidad a los misioneros durante su estancia en la ciudad, se convierte en el centro de una comunidad que se forma rápidamente y que va a ser una de las más fieles a Pablo, y le ofrecerá afecto y ayudas materiales (2Co 11,8). Con esta comunidad quiere celebrar la Pascua unos años más tarde, antes de dejar definitivamente la región del mar Egeo.

Las autoridades locales acusan pronto a Pablo de proselitismo. En esta época, no se distinguía bien el cristianismo del judaísmo. Si bien el judaísmo gozaba de un estatuto privilegiado, Pablo, por primera vez, fue encarcelado con Silas. Hacia la medianoche, mientras estaban en oración cantando himnos a Dios, un terremoto libra a los prisioneros; el carcelero al ver las puertas abiertas trató de matarse. Pero Pablo le gritó “Estamos todos aquí”. El carcelero se hizo bautizar con toda su familia. Pablo reivindica su ciudadanía romana para que le saquen de la cárcel no en secreto sino “en triunfo”, antes de regresar a la casa de Lidia.

TESALÓNICA: LUGAR DE CULTO FAMILIAR

Pablo, según su costumbre, va a la sinagoga de la ciudad y durante tres sábados discute con los judíos basándose en las Escrituras, explicándolas y demostrando que “Cristo tenía que padecer y resucitar de entre los muertos”. Pero le acusan de ir contra las leyes imperiales, lo que hizo que los hermanos lo enviaran a Berea. Cuando los judíos de Tesalónica se enteran de que Pablo había predicado en Berea van allí y agitan la población, por lo que Pablo se ve obligado a huir de nuevo y a toda prisa hacia Atenas, donde más tarde llegarán Silas y Timoteo. Poco después, la comunidad de Tesalónica recibe sus dos primeras Cartas de Pablo; en ellas se lee el fervor y las inquietudes de una Iglesia joven.

En Tesalónica, donde Jasón, así como en Filipos, donde Lidia, el lugar de culto y de religión era la casa, es decir, la familia, con todo su entorno: las relaciones sociales y el trabajo.

ATENAS, LOS ÍDOLOS

En la capital del helenismo, donde llegan de todo el Imperio romano para estudiar, Pablo encuentra la cultura griega, “interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos”. Predica tanto en la sinagoga como en la plaza –incluso en el Areópago– suscitando de este modo la curiosidad de intelectuales, “epicúreos o estoicos”, pero poca adhesión a la fe cristiana. “He encontrado también una inscripción: ‘Al Dios desconocido’. Pues bien, lo que adorabais sin conocer, eso os vengo yo a anunciar”. (Pablo no cita este episodio. Este tipo de discurso evoca más bien la predicación de los primeros misioneros en las Iglesias griegas de finales del siglo I, ante paganos influidos por el estoicismo. El hecho de que no haya ninguna alusión a la cruz y a la salvación hace dudar de que Pablo lo pronunciase alguna vez).

Comienzos de la Iglesia

CORINTO

En esta ciudad cosmopolita donde florecía el culto de Afrodita, Pablo conoce a Áquila y a su mujer Priscila, un matrimonio judío que había sido expulsado de Roma en el 49 con el edicto del emperador Claudio, “porque los judíos eran una causa permanente de desórdenes a impulsos de un tal Crestos” (Suetonio, Claudio 25,11). Los volveremos a encontrar en Roma, después de la muerte de Claudio, en el 54, que esperan la llegada del Apóstol prisionero. Mientras tanto, lo acompañan a Éfeso, ocupándose de la Iglesia y evangelizando.

Pablo, que desea trabajar como hacen los rabinos para asegurar la gratuidad de su servicio apostólico, se queda a trabajar con el matrimonio fabricando tiendas, pues eran de su mismo oficio. El sábado, en la sinagoga, trata de demostrar a los doctores de la ley el mesianismo de Jesús; el jefe de la sinagoga, Crispo, se hizo bautizar con toda su familia. La Iglesia de Corinto, que acoge también a los paganos, se desarrolla muy rápidamente y se convierte en su base ya que Roma es inaccesible por el decreto de expulsión de Claudio. Pablo permanece aquí 18 meses.

Hay un problema que surge cada vez con más frecuencia: las autoridades de las sinagogas, que benefician de privilegios, no desean que se siga confundiendo a los cristianos con una secta judía disidente, aunque en realidad estos ya no dependen de ellos. Acabarán por acusar a Pablo de propaganda religiosa ilícita ante el procónsul Galión (hermano del filósofo Séneca). Tras oír las acusaciones, se niega a escuchar la defensa, declarándose incompetente, pues Pablo es judío y se trata de disputas relativas a su ley (Hch 18,12-16). Pablo se embarca rumbo a Antioquía con Priscila y Áquila. El matrimonio se queda en Éfeso y formará el núcleo de la futura comunidad.

Muchos historiadores sitúan el “Concilio de Jerusalén” y el incidente de Antioquía al final de este segundo viaje, en el 52.

ÉFESO: PRISCILA Y ÁQUILA DIRIGEN LA IGLESIA

Es el tercer lugar de difusión de la Palabra, según los Hechos. Pablo se queda en este gran centro de intercambios culturales, religiosos y comerciales entre Oriente y Occidente más de dos años y funda una Iglesia. La confrontación con el judaísmo cede el paso al encuentro con otras corrientes religiosas: Artemisa es la gran diosa de Éfeso. Priscila y Áquila dirigen la comunidad y enseñan con celo. De este modo exponen “más exactamente el camino” a Apolo, que tendrá mucho éxito cono catequista en Éfeso y Corinto.

MILETO: LAS ESTRUCTURAS DE LA IGLESIA

De regreso a Jerusalén, Pablo, “encadenado en el Espíritu”, convoca a los Ancianos de la Iglesia de Éfeso. Predice su próximo fin, les exhorta a la vigilancia, al trabajo, a socorrer a los pobres y los débiles: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”. Por último, les deja como testamento la “construcción del edificio”, o mejor dicho, la encomienda al poder de la Palabra, “que tiene poder para construir”: la actividad de la Palabra es primaria, es ella quien construye la Iglesia.

La escena termina con emoción: la asamblea se arrodilla, reza, y todos abrazan a Pablo; todos se encomienda a Dios y a su Palabra. Este episodio es importante para la historia institucional de la Iglesia: estos Ancianos o presbíteros convocados por Pablo y que el califica como pastores y obispos, encargados de alimentar y guiar espiritualmente, como vigilantes (es el sentido del nombre obispo) al pueblo de Dios, no reciben sus poderes de la asamblea de los fieles si no del Espíritu.

Durante su ministerio “independiente” y ante situaciones inéditas, Pablo tenía que aportar innovaciones a nivel doctrinal con las que justificar sus llamamientos a los creyentes para que se reunieran en comunidades unidas. De hecho, Pablo consiguió crear, por los lugares donde pasó, Iglesias muy unidas que podían subsistir y desarrollarse fuera de las estructuras vinculadas a las sinagogas.

En Jerusalén

JERUSALÉN: UN JEFE DE LAS IGLESIAS

Pablo vuelve por tercera vez a Jerusalén para informar a los Ancianos sobre su misión entre los gentiles. Encabeza una delegación de gente que representa a las Iglesias fundadas por él, generalmente pagano-cristianos, pero también discípulos judíos, como Timoteo. Se ha convertido en un jefe reconocido (1Co 12-14) de un grupo de comunidades locales en contraposición con las sinagogas y que llevan una vida autónoma en medio de comunidades paganas. Les da el nombre de Iglesias, según la tradición deuteronómica, reivindicando para cada una la dignidad de asamblea del pueblo elegido por Dios reservada en primer lugar a la Iglesia de Jerusalén. Pablo ejerce la autoridad de un apóstol de Jesucristo (1Co 1-21; 2Co 1,1), título con el que se siente muy vinculado.

Pero ahora, en la capital del judaísmo y ante la Iglesia de Jerusalén presidida por Santiago, donde “miles de judíos abrazaron la fe”, se le pide que demuestre su apego a los padres: “y todos comprenderán que te portas como un cumplidor de la Ley” Va al Templo, se purifica con un grupo de nazarenos y lo arrestan. Había escrito a los corintios “Me hecho todo a todos” (1Co 9,2)..

DETENCIÓN EN EL TEMPLO DE JERUSALÉN

Todo está listo para la explosión: el temor desencadenado por las predicaciones de Pablo en las sinagogas y el desarrollo de este cristianismo que amenaza las estructuras y las leyes. Las tensiones estallan a la llegada de Pablo al templo, el séptimo y último día de la purificación. Algunos judíos venidos de Asia Menor lo reconocen, lo acusan de haber profanado el Templo por entrar con algunos griegos en él y alborotan a la gente, que lo arrastra fuera del Templo.

Gracias a la llegada del tribuno con un tropel de soldados Pablo se salva de la muerte, y quiere aún hablar a la gente. “De pie sobre las escaleras…en medio de un gran silencio, les dirigió la palabra en lengua hebrea”: explica su fidelidad de judío formado en la escuela de Gamaliel, y el encuentro desconcertante en el camino de Damasco que gobierna e inspira su vida. Luego, frente a estos judíos de Jerusalén, añade: «Estando en oración en el Templo caí en éxtasis; y le vi al que me decía: “Date prisa y marcha inmediatamente de Jerusalén pues no recibirán tu testimonio acerca de mí….”» (Hch 22,17), y más adelante: “Marcha, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles” (Hch 22,21). Estas últimas palabras hacen que la muchedumbre se desencadene de nuevo: significa, efectivamente, que la Alianza de Dios con los hijos de Israel está abierta a todos.

EL TIEMPO DE LA PRISIÓN Y DE LOS PROCESOS: JERUSALÉN, CESÁREA, ROMA

El tribuno manda que metan a Pablo en el cuartel de Jerusalén para azotarle, pero se libra de la flagelación porque es ciudadano romano. Al día siguiente se celebra el primer proceso ante el sanedrín.

A causa de una conjura de zelotas judíos que quieren matarle es traslado a Cesarea: segundo proceso ante el procurador Félix (años 57-59),

Tercer proceso ante el nuevo procurador Festo, dos años después.

Cuarto proceso ante Agripa II: “Este hombre no ha hecho nada digno de muerte o de prisión... Podía ser puesto en libertad si no hubiera apelado al César”.

El viaje del cautiverio

EN MEDIO DE LA TEMPESTAD

Es la narración más fabulosa del Nuevo Testamento. De Cesarea a Roma, “la navegación era peligrosa” después de la fiesta de la Expiación –que introduce el otoño–. Efectivamente, la nave irá a la deriva durante quinte días desde Creta a Malta, no pudiéndose orientar “ni con las estrellas ni con el sol”. El prisionero Pablo se revela más libre que los 276 miembros de la tripulación, capitán, piloto, centurión y marineros. Estaba acostumbrado al mar y a la experiencia de tres naufragios (2Co 11,25) y, sobre todo, demuestra una seguridad que le viene de Dios: “Ninguna de vuestras vidas se perderán, solamente la nave”, dice a sus compañeros cuando todo parecía perdido, “Se me ha aparecido un ángel de Dios a quien pertenezco y a quien doy culto, y me ha dicho: No temas, Pablo… Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo”.

MALTA

Se salvan todo. Llegan a la isla, unos nadando y otros gracias a unos tablones y los despojos de la nave. Esta etapa sencilla e idílica (“los nativos nos mostraron una humanidad poco común; encendieron una hoguera”) simboliza la acogida que el mundo pagano dará al Evangelio. Tras el peligro y el naufragio, la escala maravillosa de Malta tiene para Lucas el gusto del alba de una resurrección. Una víbora muerde la mano de Pablo mientras echaba leña a la hoguera, pero él sacudió el animal sobre el fuego sin sufrir ningún daño… la gente lo tomó por un dios. Luego Pablo cura al padre de su anfitrión imponiéndole las manos, así como a los otros enfermos de la isla que acudieron a él. En fin, tuvieron para con él toda suerte de consideraciones y al momento de la partida le proveyeron de lo necesario.

ROMA

Después va a Siracusa, Regio y Pozzuoli. Desde aquí toma el camino hacia Roma y tiene la alegría de ser recibido por los hermanos –que han recorrido a pie 50 kilómetros–, pues el Apóstol no es ningún desconocido: habían recibido, tres años antes, su gran Carta a los Romanos. En Roma, existía una comunidad de cristianos, cuyo origen se ignora y que Lucas describe como numerosa y célebre por su fe y sus obras. El cristianismo fue llevado a Roma muy pronto por mercaderes judíos y permaneció al lado de las sinagogas. Cuando Claudio murió Roma contaba con unos 50.000 judíos procedentes de regiones muy distintas, diseminados en las varias sinagogas de la capital del Imperio.

Pablo, pues, llega a Roma en el 61 para ser juzgado. Después de dos años de residencia vigilada, en una casa particular en el centro de la ciudad, cerca del Tíber (el barrio judío de hoy), años que emplea para evangelizar y escribir, el proceso desvanece por falta de acusadores. Pero después del incendio del 64 Nerón acusa a los cristianos de ser los autores del incendio y Pablo fue arrestado, encadenado en la cárcel Marmertina y condenado a la decapitación, que será ejecutada fuera de las murallas aurelianas, en la Vía Ostiense, probablemente entre el 65 y el 67.

El martirio en Roma

LA APERTURA DE LA ALIANZA A TODOS

El primer gesto de Pablo en la capital del Imperio y también sus últimas palabras, anotadas en los Hechos, fue hacer –una vez más – un llamamiento a los judíos. Tal y como había escrito a los romanos: “El Evangelio es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego” (Rm 1,16). De modo que, al final de su misión, aquel que el Señor quiso como Apóstol de los gentiles no quiso olvidarse ni siquiera del “más pequeño de mis hermanos” (Mt 25,40). “A causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas”. Lanza un último y vibrante llamamiento a la “conversión” de su pueblo, a la zozobra que ha conocido. En Cristo, la Alianza de Dios está de ahora en adelante abierta a todos.

La palabra del final no es la muerte de Pablo, puesto que se trata por el contrario del desarrollo del cristianismo y de la Buena Nueva llevados a los largo y ancho por el gran testigo del Resucitado, convertido a su imagen en “luz de los gentiles” (Is 49,6; Hch 13,47).


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