sábado, 15 de noviembre de 2008

Separar vida pública de tradiciones, un callejón sin salida

CIUDAD DEL VATICANO, 13 NOV 2008 (VIS).–El Papa recibió esta mañana las cartas credenciales del nuevo embajador de la República de San Marino, Sante Canducci.

En su discurso al diplomático el Santo Padre destacó que «la fe cristiana ha llenado la vida y la historia de la gente y de las instituciones de San Marino» y expresó el deseo de que «la actual comunidad civil y religiosa sepa escribir una nueva página de progreso y de civilización, reconociendo el papel indispensable que cada familia debe desarrollar en la formación de las nuevas generaciones como lugar de educación a la paz».

Benedicto XVI afirmó que a pesar de que las «condiciones ambientales y sociales en que vivimos han cambiado, sin embargo, el objetivo último de cada compromiso personal y comunitario cotidiano no cambia: la búsqueda del auténtico bienestar de la persona, y la construcción de una sociedad abierta a la acogida y atenta a las exigencias reales de todos».

«El “alfabeto” espiritual que ha hecho posible a nuestros pueblos escribir a lo largo de los siglos nobles páginas de historia civil y religiosa, representa un precioso patrimonio que no se puede desbaratar, un patrimonio que hay que incrementar con la aportación de los descubrimientos modernos de la ciencia, de la técnica y de la comunicación, puestos al servicio del verdadero bien del ser humano».

El Papa puso de relieve que «separar totalmente la vida pública del valor de las tradiciones, significaría acabar en un callejón ciego y sin salida. Por eso es necesario volver a definir el sentido de una laicidad que subraye la verdadera diferencia y autonomía entre los diferentes miembros de la sociedad, pero que conserve también las competencias específicas en un contexto de responsabilidad común».

«La “sana” laicidad del Estado –añadió– conlleva que todas las realidades temporales se rijan según unas normas propias, que sin embargo no deben descuidar las instancias éticas fundamentales, cuyo fundamento descansa en la misma naturaleza del ser humano, y que precisamente por eso, llevan en último término al Creador».

El Santo Padre concluyó recordando que «cuando la Iglesia católica recuerda –por medio de sus pastores legítimos– el valor de algunos principios éticos fundamentales, enraizados en el patrimonio cristiano de Europa, para la vida privada, y todavía más para la vida pública, desea únicamente garantizar y promover la inviolable dignidad de la persona y el bien auténtico de la sociedad».

CD/CREDENCIALES/SAN MARINO:CANDUCCI VIS 081113 (400)

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