martes, 21 de abril de 2009

No me toques, porque aún no he subido a mi Padre

Evangelio según San Juan 20,10-18:

«Y se volvieron otra vez los discípulos a su casa. Pero María estaba fuera, llorando junto al sepulcro. Y estando así llorando, se abajó, y miró hacia el sepulcro: y vio dos Ángeles vestidos de blanco, sentados; el uno a la cabecera y el otro a los pies, en donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Y le dijeron: “¿Mujer, por qué lloras?” Díceles: “Porque se han llevado de aquí a mi Señor, y no sé dónde le han puesto”. Y cuando esto hubo dicho, se volvió a mirar atrás, y vio a Jesús que estaba en pie: mas no sabía que era Jesús. Jesús le dice: “¿Mujer, por qué lloras? ¿a quién buscas?” Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: “Señor, si tú le has llevado de aquí, dime en dónde lo has puesto, y yo le llevaré”. Jesús le dice: “María”. Vuelta ella, le dice: “Rabbuní” (que quiere decir Maestro).

Jesús le dice: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. Vino María Magdalena dando las nuevas a los discípulos: “Que he visto al Señor, y esto me ha dicho”». (Jn 20,10-18)


«Noli me tangere», Antonio Allegri da Correggio, h. 1518.

Santo Tomás de Aquino, CATENA AUREA. Exposición sobre el Evangelio según San Juan, 14010 (Jn 20,10-18)

San Gregorio, In Evang. hom. 25.

«No dice el Evangelista lo que hizo la mujer; pero se infiere de lo que se le dijo. Sigue, pues: “Dícele el Señor: No me toques”. Estas palabras demuestran que María quiso abrazar los pies del que había reconocido. Pero por qué no deba tocarle, da la razón cuando añade: “Pues aún no he subido a mi Padre”».

San Agustín, in Ioannem, tract., 121.

«Si estando en tierra no se deja tocar, sentado en el cielo, ¿cómo le tocará el hombre? Ciertamente que, antes de su ascensión, se ofreció a sus discípulos para que le tocasen, diciendo: “Palpad, y ved que el espíritu no tiene carne y hueso” (Lc 24,39); como dice San Lucas.

Sería absurdo suponer que quiso ser tocado por sus discípulos antes de subir al Padre y no lo consintió a las mujeres sino después de haber ascendido al Padre. Pero se lee que también las mujeres, entre las que se encontraba la misma María Magdalena, tocaron a Jesús después de su resurrección y antes de que subiera al cielo. Cuenta San Mateo que Jesús les salió al encuentro, diciendo: “Os saludo”, y ellas, entonces, acercándose, abrazaron sus pies.

[1] O esto está dicho figurando María Magdalena a la Iglesia de los gentiles, que no creyó en Cristo sino después de la ascensión al Padre;

[2] o quiso Jesús significar espiritualmente que no podía ser tocado sin que ella creyera que Él y el Padre son uno mismo. En efecto, Él ascendió en cierta manera al Padre por sus sentidos íntimos, hasta reconocerse su identidad con el Padre.

¿Cómo no había de ser todavía carnal la fe de esta mujer en Aquel que lloraba como hombre?».

San Agustín, De Trin. 1, 9.

«El tacto es la última prueba del conocimiento, y por eso no quiso el Señor que ella quedara solamente en la creencia de lo que pensaba y veía».

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 85.

«Esta mujer quería tratar todavía al Señor como antes de su pasión, y preocupada con el gozo no comprendía el admirable cambio operado en la humanidad de Jesús resucitado.

[3] Para apartarla de este error, el Señor le dijo: “No intentes tocarme”, a fin de que le trate con la debida reverencia. Por esto no se aparece a los discípulos ni habla con ellos, para que le atiendan con más respeto. Diciendo, pues, “todavía no he subido al Padre”, manifiesta que a esto va.

No convenía que Aquel que debía ausentarse y no volver a tratar con los hombres, fuese visto de la misma manera que anteriormente, y esto es lo que manifiesta con las siguientes palabras: “Ve, pues, a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre”».

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2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

DE LO QUE HAY EN EL CORAZON...HABLA LA BOCA