miércoles, 22 de abril de 2009

Renovación carismática, Renovación mesaliana

Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana – Orationis formas (Epistula ad totius Catholicae Ecclesiae Episcopos de quibusdam rationibus christianae meditationis), 15 de octubre de 1989:


Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Orationis formas, 8-11.

8.
Ya en los primeros siglos se insinuaron en la Iglesia modos erróneos de hacer oración, de los cuales se encuentran trazas en algunos textos del Nuevo Testamento (1Jn 4,3 1Tm 1,3-7 y 1Tm 4,3-4). Poco después, aparecen dos desviaciones fundamentales de las que se ocuparon los Padres de la Iglesia: la pseudognosis y el mesalianismo. De esa primitiva experiencia cristiana y de la actitud de los Padres se puede aprender mucho para afrontar la problemática contemporánea.

Contra la desviación de la pseudognosis [8], los Padres afirman que la materia ha sido creada por Dios y, como tal, no es mala. Además sostienen que la gracia, cuyo principio es siempre el Espíritu Santo, no es un bien propio del alma, sino que debe implorarse a Dios como don. Por esto, la iluminación o conocimiento superior del Espíritu –“gnosis” – no hace superflua la fe cristiana. Por ultimo, para los Padres, el signo auténtico de un conocimiento superior, fruto de la oración, es siempre el amor cristiano.

9. Si la perfección de la oración cristiana no puede valorarse por la sublimidad del conocimiento gnóstico, tampoco puede serlo en relación con la experiencia de lo divino, como propone el mesalianismo [9]. Los falsos carismáticos del siglo IV identificaban la gracia del Espíritu Santo con la experiencia psicológica de su presencia en el alma. Contra éstos, los Padres insistieron en que la unión del alma orante con Dios tiene lugar en el misterio; en particular, por medio de los sacramentos de la Iglesia. Esta unión puede realizarse también a través de experiencias de aflicción e incluso de desolación. Contrariamente a la opinión de los mesalianos, éstas no son necesariamente un signo de que el Espíritu ha abandonado el alma. Como siempre han reconocido los maestros espirituales, pueden ser en cambio una participación auténtica del estado de abandono de Nuestro Señor en la Cruz, el cual permanece siempre como Modelo y Mediador de la oración [10]

10. Ambas formas de error continúan siendo una tentación para el hombre pecador. Le instigan a tratar de suprimir la distancia que separa la criatura del Creador, como algo que no debería existir; a considerar el camino de Cristo sobre la tierra –por el que Él nos quiere conducir al Padre– como una realidad superada; a degradar al nivel de la psicología natural –como “conocimiento superior” o “experiencia”– de lo que debe ser considerado como pura gracia.

Estas formas erróneas, que resurgen esporádicamente a lo largo de la historia al margen de la oración de la Iglesia parecen hoy impresionar nuevamente a muchos cristianos, que se entregan a ellas como remedio –psicológico o espiritual– y como rápido procedimiento para encontrar a Dios [11].

NOTAS

[8]
La pseudognosis consideraba la materia como sigo impuro, degradado, que envolvía el alma en una ignorancia de la que debía librarse por la oración; de esa manera, el alma se elevaba al verdadero conocimiento superior y, por tanto, a la pureza. Ciertamente, no todos podían conseguirlo, sino solo los hombres verdaderamente espirituales; para los simples creyentes bastaban la fe y la observancia de los mandamientos de Cristo.

[9] Los mesalianos fueron ya denunciados por S. Efrén Sirio (Hymno contra Haereses 22,4, ed. E. Beck, CSCO 169,1957, pág. 79) y después entre otros, por Epifanio de Salamina (Panarion, también llamado Adversus Haereses: PG 41,156-1200; PG 42,9-832) y Anfiloquio, obispo de Iconio (Contra haereticos: G. Ficker, Amphilochiana 1, Leipzig 1906,21-77).

[10] Cf., por ej., San Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo, II, cap. 7,11.

[11] En la Edad Media existían corrientes extremistas al margen de la Iglesia, descritas, no sin ironía, por uno de los grandes contemplativos cristianos, el flamenco Jan Van Ruysbroek. Distingue éste en la vida mística tres tipos de desviación (Die gheestelike Brulocht 228,12-230,17; 230,18-232,22; 232,23-236,6) y hace también una critica general referida a estas formas (236,7-237,29). Más tarde, técnicas semejantes han sido descritas y rechazadas por Santa Teresa de Jesús. Observa ésta agudamente que “el mismo cuidado que se pone en no pensar en nada despertara la inteligencia a pensar mucho” y que dejar de lado el misterio de Cristo en la meditación cristiana es siempre una especie de “traición” (Véase: Santa Teresa de Jesús, Vida 12,5 y 22,1-5).

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