viernes, 17 de julio de 2009

Discurso de D. Antonio María de Oriol y Urquijo

Discurso de toma de posesión de D. Antonio María de Oriol y Urquijo como Presidente del Consejo de Estado (17 de julio de 1973)

Presidencia de Consejo de Estado

El Presidente del Consejo de Estado es nombrado por Real Decreto acordado en Consejo de Ministros y refrendado por su Presidente entre juristas de reconocido prestigio y experiencia en asuntos de Estado (art. 6.1 Ley Orgánica). Su rango es el mismo que el de los Ministros del Gobierno (art. 14.3 Reglamento). Preside los órganos del Consejo y ejerce la jefatura de todas las dependencias del Consejo de Estado y su representación (art. 17.1 Reglamento).

Han ejercido la presidencia del Consejo de Estado:

D. Antonio María de Oriol y Urquijo (1973-1979)

• Nació en la localidad vizcaína de Guecho, el 15 de septiembre de 1913.
• Estudio la carrera de Derecho, licenciándose en la Universidad de Madrid en 1935.
• Jura Bandera cuando es promovido al empleo de Alférez Provisional en 1936.
• En 1957 fue nombrado Director General de Beneficencia y Obras Sociales, al tiempo que ejercía como Delegado Nacional de Auxilio Social y Presidente de la Cruz Roja Española.
• El 7 de julio de 1965 fue nombrado Ministro de Justicia, cargo que ocupó hasta el 11 de junio de 1973. Durante este periodo llevó a cabo una amplia reforma de las leyes procesales.
El 13 de julio de 1973 fue nombrado Presidente del Consejo de Estado. Desde el 11 de diciembre de 1976 al 11 de febrero de 1977 permaneció secuestrado por la banda terrorista GRAPO, siendo liberado tras una brillante operación policial. El 22 de junio de 1979 cesó como Presidente del Consejo de Estado.
• Durante estos años fue también Procurador en Cortes, miembro de la Comisión Permanente del Consejo Nacional del Movimiento, y miembro del Consejo del Reino, hasta su disolución.
• Falleció en El Plantío (Madrid) el día 22 de marzo de 1996.

Discurso

17-07-1973 Toma de posesión como Presidente del Consejo de Estado.

Excmo. Sr. Presidente del Gobierno; Excmos. Sres. Ministros; Excmos. Sres. Consejeros de Estado; Excmos. e Ilmos. Señores; Señoras y Señores:

Acabo de jurar servir a España. Lo hice no sólo por cumplir con una condición formal, sino con la íntima y muy sentida convicción de renovar lo que hace ya 37 años prometí al jurar la Bandera, cuando fui promovido al empleo de Alférez Provisional; como asimismo lo hice en otras ocasiones semejantes al ocupar los cargos a los que tuve el honor de ser llamado.

Servir a España. Es este el más alto honor, el más noble empeño, la más ilusionada tarea, así como la obligación más excelsa para quien sienta en lo más íntimo de su ser lo que la Patria significa, por haber recibido esa formación de sus mayores y por sentirlo así con una convicción profunda y arraigada que en su origen se apoya en el ejemplo de tantos compañeros que entregaron generosamente su vida en ese servicio y en aquella enseñanza ejemplar recibida del Ejército.

Este es el honor inmerecido que S.E. el Jefe del Estado me ha hecho al designarme Presidente del Consejo de Estado entre la terna propuesta por el Consejo del Reino a este fin, cumpliéndose así lo previsto en la Ley Orgánica del Estado.

Sr. Presidente del Gobierno: no por fórmula protocolaria, sino por sentirlo así vivamente, os ruego hagáis llegar a S.E. el Jefe del Estado la expresión más emocionada y sentida de gratitud por ese honor y esa renovada confianza que tanto obliga y a la que he de corresponder con una entrega total a la misión que me encomienda.

A este juramento de servir a España se añade que he de hacerlo con absoluta lealtad al Jefe del Estado y con estricta fidelidad a los Principios básicos del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino.

Esta lealtad es indivisible y sin limitación en ningún orden. En la lealtad de la que nos dio tan elevado ejemplo mi antecesor en este cargo el Conde de Bau.

Pero hablar hoy, 17 de julio, de lealtad tiene un especial significado. El Decreto por el que fui nombrado apareció el 13 de julio, fecha en la que se conmemora aquella en la que José Calvo Sotelo entregó su vida en el máximo acto de lealtad y servicio como clarinazo de llamada urgente para salvar a España; hoy, 17 de julio, es el día en el que el Ejército con lealtad y fidelidad a su misión histórica, dio el paso decisivo para que amaneciera luminoso y esperanzado aquel 18 de julio que es símbolo permanente del gran esfuerzo nacional para liberar a nuestra Patria y ponerla de nuevo en los caminos de grandeza a los que su historia la llama.

Esa lealtad que juré exige una permanente e irrevocable actitud de fidelidad no sólo a la persona del Caudillo, sino también a su obra, tanto en el orden institucional como legal. Pero de manera especial esta lealtad ha de aplicarse a lo prevista para que la continuidad de este gran esfuerzo nacional quede asegurado. Esta se personifica en quién, a título de Rey, habrá de continuar lo que hoy hace 37 años se inició para liberar a España.

El propio Caudillo, en su discurso al IX Consejo Nacional del Movimiento en 2 de octubre de 1961, hacía una síntesis de lo que con el Movimiento y la Cruzada había surgido. Es «una concepción política y una estructura estatal que, por ser legítimas de origen por estar injertas ideológicamente en las entrañas de la tradición y ser conformes con los imperativos de nuestro tiempo, cristalizan desde el primer instante en un sistema político social de derecho españolamente original, superador sin lastres ni taras con sentido de la continuidad histórica y una sincronización vital con las exigencias de justicia y transformación social que caracterizan y especifican a la etapa presente del mundo».

Con esa lealtad indivisible, pues, he de servir en este cargo. Le ruego, Sr. Presidente del Gobierno, que sea portador ante S.E. el Jefe del Estado y ante S.A.R. el Príncipe de España de estos sentimientos.

Precisamente por esta fidelidad y ejemplo de rectitud política se concedió por el Jefe del Estado a Joaquín Bau Uolla la merced nobiliaria de Conde de Bau. Al recordar en este momento a mi antecesor en este cargo, quiero rendir el homenaje de mi admiración y afecto al gran patricio catalán, siempre caballero integral, político ejemplar y consecuente sin fisuras en los 50 años de vida política activa que precisamente en este año se cumplían. Su vida fue un constante servicio a unos ideales que proclamó siempre con ejemplar consecuencia y fervor. Su recuerdo ha de servirme de estímulo y aliento para seguir el camino de lealtad y servicio. Dediquémosle la oración del creyente; su recuerdo será siempre vivo y estará presente entre nosotros porque su paso por la Presidencia de este Consejo una vez más; por mi admiración por todo cuanto él significa y mi gratitud en la esperanza de una colaboración eficaz para orientar debida mente mi gestión.

A todos el ofrecimiento cordial de mi amistad.

Sres. Consejeros: nuestra época nos demanda con insistencia y urgencia soluciones justas para las cada vez más complicadas relaciones humanas; nuestra sociedad, al compás de su desarrollo económico nos exige encontrar nuevas formas para la vida libre del hombre; nuestro Ordenamiento Jurídico es marco adecuado para alcanzar los más altos niveles de libertad y de justicia para los españoles; pero libertad y justicia no son valores abstractos ni pueden quedar reducidos a meros conceptos formales, sino que requieren un permanente y continuado esfuerzo para crear las condiciones necesarias en nuestra compleja sociedad a fin de que el hombre –«portador de valores eternos»– pueda realizarse plenamente.

Nuestra tarea es contribuir en el marco de nuestra función a que el hombre alcance esa plenitud en un Estado socialmente justo, económicamente próspero y políticamente ordenado y en paz. Solo la seguridad de contar con vuestra asistencia Sres. Consejeros y Sres. Letrados del Consejo, así como la de todos los funcionarios de esta Casa, me da el ánimo preciso para afrontar mis nuevos deberes y mis nuevas responsabilidades.

Porque estoy seguro de que no ha de faltarme y porque confía en la ayuda de la Virgen del Buen Consejo, Patrona de esta Casa, contemplo el futuro con esperanza y optimismo. Así contribuiremos en la medida que a nosotros nos corresponde a continuar la historia de España, hoy hace 37 años rescatada para que pueda seguir cumpliendo en el mundo con los designios que la Providencia Divina la tenga reservada.

Muchas gracias.

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