domingo, 23 de agosto de 2009

«Doctrina y valoración de Odo Casel». R. Molina Piñedo

«Doctrina y valoración de Odo Casel». R. Molina Piñedo

DOCTRINA.
Resumiendo lo que Casel entiende por misterio cristiano, puede decirse que misterio es ante todo Dios, invisible por naturaleza, uno en la misma y trino en personas, que obra de un modo visible en Jesucristo para la salvación del hombre (Redención: encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión) y que representa y realiza su acción salvadora en la acción de la Iglesia (culto, liturgia) (cfr. El misterio del culto cristiano, p. 43-46). Su aportación fundamental se refiere al contenido o realidad del misterio que se hace presente en el culto, y sobre todo al cómo se hace presente esa realidad.

El contenido, la esencia del misterio, es que en los Sacramentos y en los actos litúrgicos en general se hace objetivamente presente el Señor. Pero hay que hacer notar, afirma Casel, que tal presencia no es más que un requisito para que se hagan presentes, hic et nunc, las acciones salvíficas de Cristo, toda su obra redentora en cada una de las fases de su vida. Por lo que respecta al modo de la presencia de la obra redentora de Cristo, dice, se realiza en el misterio o Sacramento de una manera simbólico-real; la actualización de la obra de Cristo es presencia sacramental, es decir, que la misma obra histórica de la Redención se hace realmente presente bajo el velo de los ritos y símbolos, pero no formalmente como suceso histórico que se entronca en el momento histórico actual, sino según el modus essendi sacramentalis. Extiende Casel la presencia de la obra redentora a todos los actos del culto en general, con ciertos grados. Tal presencia se realiza sobre todo en la Eucaristía y, de una manera especialísima, en la Eucaristía-Sacrificio (Misa); en los demás Sacramentos está como más diluida. En un plano inferior a los Sacramentos, se realiza también en los sacramentales, y también con grados; los que operan una elevación del ser admiten preeminencia entre los demás. Especial interés ofrece igualmente la presencia de toda la obra de la Redención en la celebración del Año litúrgico que se prolonga en el culto de los santos. Puede hablarse también en este mismo sentido del Oficio Divino y de la lectura de la Sagrada Escritura.

Casel fundamenta su mysterienlehre (así llama a su teoría: doctrina del misterio) en los textos de la S. E., de los Padres y de la Tradición, en la Liturgia, e incluso en la Historia de las religiones. De la S. E. estudió especialmente el N. T. y los escritos de S. Pablo (sobre todo Rom 6,5, y 1 Cor 11,26). De los primeros escritores cristianos, la Epistola Apostolorum, S. Justino, Tertuliano y S. Cipriano; entre los griegos postnicenos S. Juan Crisóstomo y Teodoro de Mopsuestia; y entre los numerosos padres latinos sobre todo S. Agustín y S. León Magno. De la Liturgia, argumento de gran importancia para él es la anamnesis de la obra redentora de Cristo, que se encuentra en el canon romano y en todas las anáforas antiguas.

VALORACIÓN. Puede decirse que Casel intuyó una realidad, que no llegó a formular con precisión; por eso encontró opositores desde el primer momento. Los teólogos más eminentes simpatizaron con su pensamiento, pero no lo aceptaron en su integridad.

K. Prümm puso de relieve las divergencias entre el misterio cristiano y los «misterios» paganos; el cristianismo es una novedad de contenido desconocido hasta entonces, con relación a la cual el paganismo tiene pocos elementos aprovechables.

F. Diekamp, admitiendo la presencia de la Pasión y Muerte del Señor en el sacrificio eucarístico, no cree garantizada la presencia de toda su vida desde la encarnación hasta la resurrección, ascensión y segunda venida.

A. Vonier habla de que se hace presente, en sentido literal, la muerte de Cristo, en cuanto que se hace presente el Christus passus, pero de ninguna manera la Passio Christi, esto es, el acto mismo de la Pasión.

C. Sóhngen. La controversia de más resonancia fue con C. Sóhngen. En concreto, Casel es inexacto al concebir las relaciones de la tradición cristiana antes del S. IV con los misterios paganos. Su concepto de misterio en el culto cristiano no es exactamente el de los Padres y de la Liturgia. Asimismo hay que hacer notar la imposibilidad de que los actos redentores del pasado se puedan reactualizar tal como lo explica Casel; si la Pasión sobre el Gólgota fuere representada en la Misa en su individualidad numérica, la Misa sería un sacrificio cruento y Cristo en ella perecería de nuevo.

Un grupo de teólogos de nuestros días, teniendo en cuenta lo que la enc. Mediator Dei [latine, español] había tomado de Casel y siguiendo las líneas de S. Tomás sobre la permanencia virtual de los actos redentores de Cristo glorificado, han puesto de manifiesto lo que se puede retener de la teoría de Casel.

J. Gaillard viene a decir lo siguiente: en los actos de Cristo hay, además de los elementos externos y materiales, un contenido permanente que es el acto inmóvil de caridad beatífica por el que quiso y mereció nuestra salvación; tal acto sigue como acto permanente en todas las acciones de Cristo (pasión, muerte, etc.) y permanece actual para siempre y continúa salvándonos, ya que debe aplicarse en particular a cada uno en el tiempo; ahora bien, es en los Sacramentos y en los misterios del culto donde por voluntad de Cristo se nos aplica la salvación; por lo mismo, lo que se alcanza en la Liturgia es el acto de caridad que está dotado de perennidad; los misterios litúrgicos son la celebración del acto salvador histórico, con un contenido actual: el misterio, es decir, el elemento permanente (acto de caridad de Cristo), y la eficacia sobrenatural, instrumental, de los Sacramentos.

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