jueves, 15 de octubre de 2009

300

Autor: Juan Manuel de Prada
Fuente: ABC
Fecha: 26-3-2007


300

No puedo resistirme a escribir sobre esta película. Se trata, sin duda alguna, de la mejor adaptación cinematográfica que nunca se haya hecho de un comic, pero también de una insólita experiencia visual, de una actualización gloriosa de la épica clásica y de un muy perturbador alegato contra la blandenguería vigente. Una subversión estética e ideológica de primera magnitud que causará a partes iguales rechazos y adhesiones encendidas, pero que a nadie dejará indiferente. Zack Snyder, su director, ha alcanzado el olimpo cinematográfico con esta adaptación de la magnífica novela gráfica homónima de Frank Miller, que recrea la célebre batalla de las Termópilas, donde Leónidas, Rey de Esparta, se inmoló en compañía de trescientos hoplitas, oponiendo resistencia al avance del multitudinario Ejército persa de Jerjes. La narración de este episodio, convertido a lo largo de los siglos en emblema de la resistencia de la civilización occidental frente a las huestes de la barbarie, la encontrará el lector en el Libro VII de la Historia de Herodoto.

Hemos calificado 300 de insólita experiencia visual. Se trata de una película de una imaginería entre bizarre y pulp subyugadora, en la que el tratamiento digitalizado de las imágenes logra crear un efecto a la vez arcaizante y megacool. Algo así como si un peplum de Riccardo Freda se hubiese agitado en la misma coctelera con la trilogía de El señor de los anillos. Como La corona de hierro de Blasetti, La Bella y la Bestia de Cocteau o Matrix de los hermanos Wachowski, 300 provoca en el espectador una suerte de hipnosis o rendición de los sentidos. La planificación siempre estupefaciente, el barroquismo onírico de ciertas secuencias, el uso constante del ralentí, la coreografía operística de los combates logran un efecto de suspensión de la verosimilitud que hace más eficaz y memorable la narración en off de la epopeya. Hacía mucho tiempo en que no veía una película con una narración en off de retórica tan descaradamente arcaica; pero el efecto nunca es prolijo ni distanciador, sino que logra zambullirnos en un clima épico que alcanza su clímax en la secuencia postrera, cuando Dilios, el hoplita al que Leónidas ha ordenado abandonar las Termópilas para que pueda convertirse en rapsoda de la gesta, arenga al ejército que se dispone a presentar batalla a Jerjes. Una arenga que adquiere para el espectador occidental una vigencia muy desasosegante, pues en ella se vindica la libertad alcanzada en la batalla, frente a la paz genuflexa de los esclavos.

Y aquí nos adentramos en el aspecto más polémico de 300, una película que obliga al espectador a confrontarse con todas las paparruchas que Occidente se ha inventado para justificar su claudicante decrepitud. Cuando Leónidas arroja a una sima al emisario de los persas que le propone un apaño indecoroso y lanza un grito de iracundo patriotismo («¡Esto es Esparta!»), resulta imposible no acordarse del llamado (las mayúsculas que no falten) Proceso de Paz. Y cuando los hoplitas espartanos se enardecen invocando el Honor y la Libertad, antes de arreciar sin piedad contra las huestes de Jerjes, vienen a la memoria las melifluas delicuescencias de la Alianza de Civilizaciones. Naturalmente, 300 ha sido tildada de apología fascista (mérito que podría compartir con Homero), aberración homofóbica [...] y otras lindezas de parecido jaez. No podía ser menos, tratándose de una película que, bajo una apariencia esteticista, provoca reflexiones tan incómodas. Gracias a ella, muchos jóvenes descubrirán (porque, por supuesto, en la escuela no se lo han enseñado) que hace dos mil quinientos años un puñado de hombres valerosos sacrificaron su vida en las Termópilas, defendiendo un ideal que la mentalidad contemporánea, tan cobardona, ha preferido enterrar; un ideal que tal vez los ayude a revolverse contra ciertas baboserías buenistas que se han convertido en catecismo de obligado cumplimiento. Los centinelas de la corrección política deberían prohibir la proyección de esta joya, antes de que se les acabe el chollo.

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