viernes, 18 de diciembre de 2009

La tradición del Belén


El Belén, católico y mediterráneo, se contrapone al árbol de navidad, protestante y nórdico, promovido por Martín Lutero

Fuente: http://www.fides.org/


LA TRADICIÓN DEL BELÉN

Los orígenes

[...] La primera representación de la Navidad se encuentra en el fresco de las catacumbas de Santa Priscila (s. II d.C.) que representa a la Virgen con el Niño en el regazo, para la presentación a los Reyes Magos; al lado un hombre, San José, [...] y en alto una estrella con ocho puntas.

En los siglos sucesivos hasta el quinto más o menos, son muchos los frescos de las catacumbas que representan análogas Epifanías, mientras que en el fresco de las catacumbas de San Sebastián (s.IV d.C.) faltan María y José pero aparece una especie de pesebre con el buey y la mula.

Sucesivamente desde el siglo IV al VI, en los bajo relieves de los sarcófagos de mármol, comienzan a aparecer también los pastores y así, poco a poco, el Pesebre toma forma, acercándose al esquema actual, con todos los personajes: el Niño Jesús, María, José, la mula, el buey, los Tres Reyes Magos, los pastores. Se trataba sin embargo de bajo relieves y en los siglos sucesivos de cristaleras pintadas, miniaturas, mosaicos pero todavía no eran propiamente pesebres entendidos como la representación tridimensional del Nacimiento.

En este sentido, los estudiosos están de acuerdo en considerar como el Pesebre más antiguo de Italia el realizado en mármol por Arnolfo di Cambio, realizado en torno a 1289, que, aún cuando fue destrozado en varias partes y reestructurado, se puede todavía hoy admirar en la Basílica de Santa María la Mayor.

Ante él muchos pontífices celebraron la Misa de Navidad hasta 1870.

San Francisco de Asís

La tradición atribuye a San Francisco de Asís la introducción del Pesebre entre las innumerables costumbres navideñas, cuando en la noche de Navidad de 1223, según cuenta San Buenaventura, realizo en Greccio un pesebre con la paja, hizo traer un buey una mula y se celebró allí la misa, ante una multitud de gente reunida de toda la región.

En realidad en Greccio no se representa a ningún personaje de la Navidad de Belén, ni hubo actores que representaran a la Virgen, San José y el Niño; por ello, más que un Belén, la presentación de Grecccio fue interpretada como una forma más del ceremonial litúrgico de navidad, enlazando con los antiguos misterios, dramas sagrados vulgares que tenían como sujeto episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento, y las laúdes dialogadas y dramáticas, expresiones de la religiosidad laica de las Cofradías, muy difundidas en aquel periodo sobre todo en la Umbría y en Toscana.

En las representaciones sagradas, que a partir del siglo XVI se hacen cada vez mas faustas, no faltaron muñecos móviles, que algunos consideran como los inicios de nuestras estatuillas.

La progresiva degeneración del drama litúrgico en formas paganizadas, obligo a la Iglesia a condenarlo en el Concilio de Treviri y favorecer para luchar contra ello la representación estática de la Navidad y por tanto del Belén, contribuyendo así a su posterior difusión.

En el 1300

Los primeros belenes de los que nos llegan noticias y ejemplos, se remontan al 1300, pero se trataba en realidad de grandes figuras de mármol, madera o barro, colocadas en una capilla y expuestas todo el año, características que mantendrá el Belén hasta finales del siglo XVI.

Recordamos entre otros, el Belén en madera construido en Nápoles en el 1330 por las Clarisas del Monasterio de Santa Clara; el de madera conservado en Rivolta d’Adda (Cremona) datado de 1480 por la escuela de los Alemanno; el Belén de barro de la iglesia de los franciscano de Busseto (Parma) obra de Guido Mazzoni.

En Ambrogio de la Robba se atribuye comúnmente un Belén en barro policromado conservado en la iglesia del S. Spirito de Siena: no menos importante es una Adoración del Niño de Andrea della Robbia, en el convento de Verna (Arezzo).

En Pulia y Lucania el Belén tuvo su mayor desarrollo a lo largo del siglo XVI, gracias a la presencia de artistas como Stefano de Putignano a quien debemos entre otros, el Belén en piedra de Cassanno y de Polignamo a mare (Bari) y Altobello Persio, autor del Belén conservado en la Catedral de Matera.

El Concilio de Trento

El concilio de Trento que concluyó en 1563, al establecer normas precisas sobre el culto a los santos y las reliquias, favoreció la difusión de los belenes como expresión de la religiosidad popular.

Los jesuitas, la nueva orden religiosa constituida en el Concilio, se apropiaron de ello, hasta casi monopolizarlo: en sus manos el belén se convierte en un instrumento con fines didácticos para reconquista a los países reformados y evangelizar las tierras recientemente descubiertas en el Nuevo Mundo.

El Belén, católico y mediterráneo, es así contrapuesto al árbol de navidad, protestante y nórdico, promovido por Martín Lutero; además los jesuitas imponiendo el propio gusto en la profusión ornamental, lo alejaron cada vez mas de la sencillez franciscana de los orígenes. A lo largo del seiscientos, aparecen y se desarrollan esos efectos escenográficos que revolucionaron el carácter del Belén. Los belenes se convirtieron en espejos de la cultura que los produce, reflejando con trazos de intenso realismo la sociedad del tiempo y los aspectos más vivaces de la realidad cotidiana; se enriquecen de elementos inusitados y exóticos y de elementos escénico espectaculares, con una suntuosidad de fantasía inventiva, propia del barroco.

A la vez el Belén comienza a salir de las Iglesias para hacer su ingreso en las casas patricias y de la alta burguesía, como objeto de decoración de lujo, realizado cada año con éxitos siempre diferentes.

Las grandes estatuas fijas son sustituidas por pequeñas figuras de madera, a veces incluso con partes en tela. Con la cabeza y miembros en terracota, cera o madera, revestidos de trajes suntuosos cuyo uso favoreció la disposición privada evitando la monumentalidad y la inmovilidad propias de las belenes en las iglesias.

Del Barroco hasta nuestros días

El Belén barroco alcanzará su más alta expresión artística en el Belén napolitano, el cual caracterizará, aun con las naturales diferencias regionales, el Belén siciliano, genovés y romano. Más allá de los esplendores barrocos del Belén del setecientos napolitano, siciliano y en parte genovés, en otras regiones italianas el Belén en el siglo XVIII se presenta más sobrio, menos espectacular y más cercano a la realidad histórica con figuras principalmente en madera tallado en Alto Adige y en terracota policromada en Lombardía y en Emilia Romaña; se difunden también verdaderas concesiones al siglo de la razón, los belenes mecánicos. Además, a lo largo de los siglos bajo el materialismo y el racionalismo iluminista, la tradición del belén comienza a atravesar un periodo de indiscutible decadencia. Solo en el siglo siguiente, el Romanticismo, exaltando los valores más espirituales, como son el sentimiento religioso y el sentido de la familia y de la tradición, valores todos que el belén expresa en grado máximo, hace que vaya en auge aunque con distintas características.

Cerrada ya su gran estación de arte, en el Ochocientos, pierde el uso de su disposición en las iglesias y en las casas patricias, se empobrece y difundiéndose en todos los estratos sociales, se hace popular, con la acentuación de sus elementos rituales domésticos.

Se producen figuras de bajo precio en arcilla o yeso para satisfacer las exigencias de un público más amplio; los artistas son sustituidos por los artesanos que se sirvieron con frecuencia de estampas, se asiste a una repetición de los viejos motivos, sin buscar soluciones originales. Además, precisamente en este siglo, el Belén recuperará su aspecto de ingenua y espontánea expresión popular que se había olvidado en las ricas viviendas barrocas y, perdiendo en ostentación, se enriquece de poesía.

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2 comentarios:

Jubila dijo...

Sin duda un buen artículo, pero... tal como están las cosas, la tradición del arbol de Navidad, que proviene de la evangelización de Alemania por San Bonafacio y que, aunque con orígenes paganos, tiene desde hace siglos una significación cristiana (su forma triangular recuerda la Santísima Trinidad, las bolas recuerdan la manzana del Génesis y el pecado original y las luces a Nuestro Señor Jesucristo que nos libera de esa mancha)puede perfectamente combinarse con nuestros preciosos belenes, que tambien tienen predicamento en Francia, Alemania y el resto de Europa.
Una buena "cruzada" sería el combate contra la imposición del tal "papá noel", "weihnachtsmann", "santa claus" o como se quiera llamar al gordo que anuncia cocacola.
Por otra parte, adoptar la costumbre centroeuropea de San Nicolás, el de verdad, el obispo, como provedor de dádivas a los niños, sería muy benéfica en nuestra Patria, ya que se celebra el 6 de diciembre, fecha en la que el estado celebra la ilégitima constitución de 1978 que tantas desgracias ha traido a España.

Jubila dijo...

Sin duda un buen artículo, pero... tal como están las cosas, la tradición del arbol de Navidad, que proviene de la evangelización de Alemania por San Bonafacio y que, aunque con orígenes paganos, tiene desde hace siglos una significación cristiana (su forma triangular recuerda la Santísima Trinidad, las bolas recuerdan la manzana del Génesis y el pecado original y las luces a Nuestro Señor Jesucristo que nos libera de esa mancha)puede perfectamente combinarse con nuestros preciosos belenes, que tambien tienen predicamento en Francia, Alemania y el resto de Europa.
Una buena "cruzada" sería el combate contra la imposición del tal "papá noel", "weihnachtsmann", "santa claus" o como se quiera llamar al gordo que anuncia cocacola.
Por otra parte, adoptar la costumbre centroeuropea de San Nicolás, el de verdad, el obispo, como provedor de dádivas a los niños, sería muy benéfica en nuestra Patria, ya que se celebra el 6 de diciembre, fecha en la que el estado celebra la ilégitima constitución de 1978 que tantas desgracias ha traido a España.