viernes, 18 de diciembre de 2009

Libertad, igualdad, fraternidad


Libertad, igualdad, fraternidad

[La tristeza en el mundo contemporáneo: sus raíces]

El Nuevo Orden Mundial propone en vano la instalación de la Utopía de la Revolución Francesa, que cantó Beethoven en la Oda a la Alegría: “Alle Menschen werden Brüder”. En lugar de remover los obstáculos que hubieran permitido la realización del ideal cristiano, se prefirió descartarlo y soñar con otra fraternidad puramente filantrópica. Un nosotros del cual Dios ya no era miembro.

Habiendo desaparecido el Padre de la revelación cristiana, que era el único capaz de hermanar a los hombres por encima de todas las diferencias, el sueño de la revolución francesa no pudo realizarse. La próxima revolución, la bolchevique, ya no pudo invocar aquel ideal sino que propuso la unión de los camaradas, ya no la de los hermanos. Pero también dejó de lado la aspiración de la Oda de Beethoven a la fraternidad universal. Ya no se unirían todos los hombres, sino los proletarios para luchar contra los burgueses. Desaparecido Dios del gran «Nosotros», debía necesariamente fragmentarse y polarizarse en bandos opuestos y enemigos. Una gran tristeza histórica se abatió sobre el mundo en el siglo de las guerras mundiales y de las revoluciones proletarias.

La era revolucionaria de la Humanidad, pasará a la historia como una era triste y sembradora de tristezas. Las revoluciones han partido siempre de un diagnóstico pesimista, triste oscuro y sombrío, negativo y desesperanzado de la realidad. Han partido siempre de una acusación y de una propuesta de destrucción de lo existente, para cambiarla por otra, soñada e ideal. Los revolucionarios han jugado a profetas y la historia demuestra que han sido falsos profetas. Han amontonado escombros irresponsablemente y otros han tenido que reconstruir.

El Nuevo Orden Mundial se nos propone ahora como una gran revolución unificadora de la Humanidad en un gran Nosotros. Pero es un Nosotros del cual, otra vez más, está ausente Dios. Para la creación del gran vínculo universal que unirá a todos los hombres, se propone, de entrada, la necesidad de destruir todos los vínculos de familia, nación y religión. Ya se deja entrever cuánta tristeza agregará a los pobres habitantes del planeta el privarlos de los amores que son la fuente de su identidad y de su felicidad. Se nos propone una humanidad huérfana, apátrida e irreligiosa, aséptica de todos los amores, creados y al Creador, y cuyos miembros, por lo tanto, estarán desvinculados y carecerán de identidad.

Es el embate final contra el gran «Nosotros» divino-humano católico que se realiza en la Iglesia, formada de familias y patrias católicas. Otro intento más de fundar un nosotros de solos hombres, desvinculados de Dios.

La tristeza del mundo contemporáneo nace de este rechazo de Dios, de toda posible relación suya con los hombres, de todo posible protagonismo histórico suyo. [...]

[La felicidad: asunto profético para los no-creyentes]

Desde la Revolución Francesa, las avanzadillas de pseudoprofetas prometieron Libertad, Igualdad, Fraternidad. Y desde entonces hasta los actuales anuncios de la Postmodernidad, los profetas no han dejado de prometer: el paraíso de la libertad o el paraíso de la justicia, la sociedad opulenta o la sociedad justa y sin clases.

No es difícil reconocer en semejantes profecías, versiones secularizadas de las Promesas y Bendiciones Bíblicas. Tampoco es difícil reconocer su analogía con las Pseudo profecías de los profetas del rey que proclaman: ¡Paz, paz! (Ier 6,14; 8,11).

Su carácter profético se pone de manifiesto no sólo por su contenido, sino porque ejercen dos funciones propias del profeta: 1) interpretar la historia y 2) extraer de esta relectura predicciones de futuro.

Los filósofos de la Modernidad: Kant, Hegel, Comte, Spencer, Nietzsche y otros –profetas atendidos siempre en alguna corte todos ellos, ya que es sabido el influjo y conocidos los efectos políticos que tuvieron sus ideas– propusieron relecturas proféticas de la realidad y de la historia y escrutaron el futuro con predicciones augurios o promesas. [...]

Autor: Horacio Bojorge, S.J.
Título: Mujer: ¿Por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia
Fecha de publicación: 03/07/2004

Fuente: www.clerus.org

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