domingo, 30 de mayo de 2010

Medjugorje

«No debe ser admitido ningún nuevo milagro sin el reconocimiento y la autorización del obispo». CONCILIO DE TRENTO Sess. 25. 4-12-1563, Conciliorum oecumenicorum decreta, Herder, Bolonia 1973, 776.


Medjugorje: Homilía de Mons. Ratko Perić, Obispo, 2006-06-15

Queridos hermanos y hermanas,

“Las apariciones”.

En primer lugar, el hecho de que una persona se confiese humildemente y reciba la Santa Comunión en esta iglesia parroquial [de Medjugorje], y que esta persona se sienta espiritualmente bien gracias al perdón de Dios, es atribuido por todos los creyentes a Dios, fuente de todas las gracias, y Lo alabarán justamente por ello. Al mismo tiempo, esta persona en estado de gracia, estará atenta a no llegar a una conclusión ilógica e inconsistente: “Me confesé. Me siento bien y ahora me he convertido. Por consiguiente, la Virgen está apareciendo en Medjugorje.” Este tipo de creyente y penitente tiene a pesar de todo la obligación de seguir confesándose, recibir los otros sacramentos, observar los Mandamientos, independientemente del hecho que las apariciones privadas sean o no reconocidas.

En segundo lugar, sería un ministro irresponsable del Misterio del Cuerpo y Sangre de Cristo, si hoy desde este lugar y en esta ocasión, no informase públicamente a todos aquellos que en el mundo se interesan a lo que ocurre en esta Iglesia local de Mostar-Duvno, que aquí ocurre algo similar a un cisma. Un cierto número de sacerdotes que han sido expulsados de la Orden de los Franciscanos OFM por el Gobierno General con motivo de su desobediencia al Santo Padre, han ocupado con la fuerza desde ya hace varios años, algunas iglesias parroquiales y rectorados, junto con sus bienes. Estos sacerdotes no solo actúan ilegalmente en estas parroquias, sino que también han administrado algunos sacramentos sin la debida competencia, y otros en forma inválida, como la Confesión y la Confirmación, o han celebrado matrimonios inválidos. Este tipo de actitud anti-eclesial es chocante para todos nosotros. Al mismo tiempo, este escándalo de la administración sacrílega de sacramentos, en particular el del Santísimo Cuerpo de Cristo, debería también chocar todos aquellos fieles que han confesado sus pecados en forma inválida a estos sacerdotes y participado a liturgias sacrílegas. Rogamos al Señor que este escándalo y cisma sea extirpado lo más pronto posible.

En tercer lugar, estoy verdaderamente agradecido al Santo Padre el Papa, a Juan Pablo II de beata memoria y al reinante Benedicto XVI, que han siempre respetado las decisiones de los obispos de Mostar-Duvno, ya sea del anterior como del actual obispo, en lo que se refiere a las presuntas “apariciones” y “mensajes” de Medjugorje, sin cesar de reconocer el derecho del Santo Padre a tomar una decisión final sobre estos acontecimientos. Las decisiones de los obispos, basadas sobre todas las investigaciones canónicas realizadas hasta ahora, pueden resumirse en los siguientes puntos:

1 – Medjugorje es una parroquia católica en la cual se llevan a cabo las mismas actividades litúrgicas y pastorales que en cualquier otra parroquia de esta diócesis de Mostar-Duvno. Por consiguiente, solo las autoridades eclesiásticas oficiales están autorizadas a dar formalmente el título de “santuario” a este lugar. [N.d.T.: Por consiguiente, no se puede hablar del “santuario de Medjugorje”, ya que el Sr. Obispo nunca autorizo el uso de ese título].

2 – Basándose sobre las investigaciones de la Iglesia sobre los acontecimientos de Medjugorje, no se puede establecer que estos acontecimientos hayan concernido apariciones o revelaciones sobrenaturales. Esto significa que hasta ahora, la Iglesia no ha aceptado ninguna de las apariciones, ni como sobrenaturales, ni como marianas.

3 – Los sacerdotes que administran canónicamente la parroquia de Medjugorje y aquellos que vienen como visitantes, no están autorizados a expresar sus opiniones privadas contrarias a la posición oficial de la Iglesia sobre las presuntas “apariciones” y “mensajes”, ni durante las celebraciones de los sacramentos, ni durante otros actos de piedad, ni en los medios de comunicación católicos.

4 – Los fieles católicos no solo no están obligados a creer en la autenticidad de las “apariciones”, sino que tienen que saber que los peregrinajes no están permitidos, ya sean oficiales o privados, individuales o en grupo, o parroquiales, si suponen la autenticidad de las “apariciones” o si el motivo para realizarlos es el tratar de autentificar estas “apariciones”. Quienes obran y enseñan diversamente, no obran ni enseñan según el espíritu de la Iglesia.

5 – En calidad de Obispo local, mantengo en lo que se refiere a los acontecimientos de Medjugorje, que sobre la base de las investigaciones y la experiencia hechas hasta ahora, en estos últimos 25 años, la Iglesia no ha confirmado una sola “aparición” como siendo auténticamente de la Santísima Virgen. El hecho que durante estos últimos 25 años se haya hablado de centenares de “apariciones”, no contribuye a autentificar estos acontecimientos. De acuerdo con las palabras de nuestro actual Papa, que encontré durante una audiencia el 24 de febrero de este año [N.d.T.: durante la visita ad limina], en la Congregación para la Doctrina de la Fe siempre se había comentado, ¿cómo estas “apariciones” podían ser consideradas como auténticas por los fieles católicos? De hecho, no parecen auténticas cuando se sabe de antemano que estas presuntas “apariciones” ocurrirán:

A uno de los “videntes” el 18 de marzo de cada año, pero además también recibirá una “aparición” el 2 de cada mes, con “mensajes” que uno puede anticipar, de acuerdo con el procedimiento establecido;

El segundo “vidente” recibirá una aparición cada día del año, y como si esto no fuera suficiente, una “aparición” especial adicional el 25 de cada mes junto con un comunicado de prensa, que también en este caso se puede prever;

El tercer “vidente” recibirá una “aparición” el 25 de diciembre, el día de Navidad, junto con un mensaje similar a los que ya mencionamos;

El cuarto “vidente” recibirá una “aparición” el 8 de septiembre de cada año, junto con un mensaje específico;

Los dos últimos “videntes” recibirán también “apariciones” cada día, junto con “mensajes” que pueden ser anticipados ya que son variaciones sobre el mismo tema. Estos hechos y el diluvio de las presuntas apariciones, mensajes, secretos y señales, no fortalecen la fe, sino más bien nos convencen aún más que en todo esto no hay nada que sea ni auténtico ni establecido como verdad.

Por lo cual, con responsabilidad hago un llamado a aquellos que dicen ser “videntes”, y a aquellas personas detrás de los “mensajes”, para que demuestren obediencia eclesiástica y cesen en esta parroquia las manifestaciones públicas y mensajes. De esta forma, demostrarán su necesaria adhesión a la Iglesia, al no poner “apariciones” ni declaraciones privadas por encima de la posición oficial de la Iglesia. Nuestra fe es una cuestión seria y responsable. Y la Iglesia también es una institución seria y responsable.

Por la intercesión de la Beata Virgen María, la mayor posesora de los dones del Espíritu Santo, quien por el mismo Espíritu Santo concibió en su cuerpo y dio luz a la segunda Persona de la Trinidad, Jesucristo, quien nos da su Santísimo Cuerpo y Sangre para la vida eterna, que El – que es la Vía, la Verdad y la Vida – nos ayude para que la verdad de la Beata Virgen, su Madre y Madre de la Iglesia, Sede de Sabiduría y Espejo de Justicia, pueda brillar en esta parroquia y diócesis, sin la más mínima incredulidad, sino todos de acuerdo con las enseñanzas y práctica constantes de la Iglesia. Amén.

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Apariciones y revelaciones privadas

Las medidas jurídicas tomadas respeto a las apariciones y revelaciones privadas son restrictivas

El concilio Lateranense V, de 1516 se pronunció de este modo: “Nosotros queremos que, según la ley usual, las llamadas inspiraciones sean consideradas, a partir de ahora, reservadas al examen de la Santa Sede, antes de ser publicadas o predicadas al pueblo de Dios. Si no fuera posible esperar, o si alguna necesidad urgente aconsejara actuar otra manera, entonces el asunto en cuestión sea dado a conocer al obispo ordinario del lugar. Este último, tomando consigo a tres o cuatro hombres sabios y fiables, examinará esmeradamente con ellos el caso, y cuando les parezca oportuno, podrán conceder el permiso, que caerá sobre sus conciencias.”

El Concilio de Trento sobre se expresó el argumento del siguiente modo: “No debe ser admitido ningún nuevo milagro sin el reconocimiento y la autorización del obispo, quien, apenas sea informado, consultará con teólogos y hombres de fe comportándose luego según verdad y piedad. Si es necesario eliminar un abuso que plantea dudas o dificultades, o bien si sobreviene algún problema más grave en materia, el obispo, antes de dirimir la controversia, esperará la opinión del arzobispo y los otros obispos de la provincia, reunidos en concilio provincial, pero de modo que no se tome ninguna decisión sin haber consultado al Sumo Pontífice de Roma.”

En el siglo XVIII, Benedicto XIV define el estatuto de las apariciones, relativiza el valor y establece la función del magisterio en este campo, en un documento que todavía hoy tiene su valor: “Llevamos a conocimiento que la autorización dada por la Iglesia a una revelación privada no es otra que el consentimiento convenido después de un atento examen, para que esta revelación sea conocida para la edificación y el bien de los fieles. A estas revelaciones, aunque sean aprobadas por la Iglesia, no se tiene que conceder un consentimiento de fe católica. Hace falta, según las reglas de la prudencia, dar el consentimiento de la fe humana - assensus fidei humanae iuxta prudentiae regulas - en cuanto que semejantes revelaciones son probables y piadosamente creíbles. Se puede, pues, rechazar el propio consentimiento a dichas revelaciones - posse aliquem assensum non prestare - y no tomarlas en consideración, siempre que se haga con la oportuna discreción, por buenas razones y sin sentimientos de desprecio.”

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1 comentario:

César dijo...

Saludos!!!

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Agosto 2010
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