miércoles, 30 de junio de 2010

La carga del Alcántara


La carga del Alcántara

A los heroicos jinetes del Regimiento Alcántara, que ganaron la inmortalidad durante el desastre de Annual.

Su jefe, el coronel Manella, se encontraba en la plaza de Annual, por lo que el mando accidental recaía en el Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja. Nacido en Jerez en 1879, pertenecía a la promoción del arma de Caballería de 1898, además había cursado estudios en la academia francesa de Saumur.

El 22 de julio de 1.921, se encontraba en la zona de Izumar.

Primo contaba con cuatro escuadrones de sables y uno de ametralladoras. En total 22 oficiales y 439 clases de tropa. 461 héroes en suma. Poco a poco, ven llegar a grupos de soldados y de vehículos, en desorden la mayoría. El número de fugitivos aumenta por momento. Uno de los vehículos, al ver los escuadrones se detiene. Un oficial médico le narra rápidamente lo sucedido: Silvestre, posiblemente muerto; la policía indígena, ha cambiado de bando; las tropas de Annual, muertos o huidos. Otro vehículo le confirma la muerte del General. Nadie sabe nada del Coronel Manella, jefe del regimiento Alcántara. Primo ve como la multitud de soldados aumenta, huyen en desbandada. Sabe que detrás vienen los rifeños. No tiene dudas de lo que tiene que hacer, convoca a sus oficiales y les la orden: «Ha llegado la hora de sacrificarse por la Patria». El Regimiento se prepara para cargar.

Los cazadores de Alcántara cargan contra el barranco. Hay que imaginar la dificultad de cargar a caballo en un terreno quebrado como una profunda vaguada, con los tiradores moros enfrente. Pero a pesar del terreno, de los disparos y de la muchedumbre que huía, el Alcántara logró cruzar el barranco y cargar contra partidas de rifeños, proporcionando tiempo y cobertura a los fugitivos. Las bajas eran enormes, pero no se limitaron a cargar. Dieron media vuelta y volvieron a cargar tres veces más, cruzando cada vez el barranco. La tercera carga, ya con los caballos exhaustos hubo que realizarla al paso, perdiendo todo ímpetu. La cuarta se realizó incluso a pie, debido a las pérdidas entre las monturas. Y Primo siempre a la cabeza de sus hombres. Pero a los jinetes les daba igual, cargaron una y otra vez, a pesar de sus muertos, de sus heridos y del numeroso enemigo. Cinco meses después, cuando se recuperó el territorio, los encontraron en su puesto, caídos en su lugar de formación durante el ataque. Lograron que muchos fugitivos pudieran cruzar el barranco y continuar su camino hacia Monte Arruit.

Solo 70 heridos sobrevivirían para llegar a Melilla (las fuentes varían sobre el número), y 5 prisioneros. Pero eso no fue todo, ese mismo día, y durante el resto del viaje, lo que quedaba del Regimiento de cazadores de Alcántara, siguió protegiendo los flancos y la retaguardia de la columna Navarro en su camino hacia Monte Arruit, teniendo que dar incluso alguna carga más.

Los soldados supervivientes del Alcántara, entierran a su jefe. Las prisas, la dureza del terreno y la delicada situación, no les permiten cavar una tumba. Así, que cada uno coge unos puñados de tierra, los besan, y los depositan encima del cadáver de Teniente Coronel.

Meses después, con la recuperación del territorio, las tropas españolas descubren su cadáver desenterrado. Los rifeños han descubierto su cuerpo pero no para ultrajarlo, sino para ver quién y cómo era, el hombre que mandaba a aquellos jinetes que se lanzaban, una y otra vez contra sus filas.

Se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo. Desde entonces, ostenta el número 1 en todas las promociones de Teniente Coronel del arma de Caballería.

Autor: Tercio Idiáquez
Nota del Autor: Extraído de Historia Secreta de Annual, Juan Pando.
Fuente: Foro Militar General

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