jueves, 25 de noviembre de 2010

El Magisterio enseña que la procreación es esencial a la sexualidad (y no solo a la conyugalidad)


Card. Franjo Šeper, bajo cuya prefectura la Congr. para la Doctrina de la Fe enseñó que “la procreación es esencial a la sexualidad”, y que “el tradicional «fin procreativo y unitivo» es propio de la sexualidad” (y no solo de la “conyugalidad”) - Observaciones de 3 de julio de 1979, I año del Pontificado de Juan Pablo II

La procreación es esencial a la sexualidad (y no solo a la conyugalidad)

Se ha visto últimamente que algunos ignoran la enseñanza del Doctor Aquinatense, que en la Suma Teológica II-II (Qu. 154, a.1), demuestra que el pecado de «impedir la generación de la prole» (vicio contra la naturaleza), es más grave que el pecado de «impedir la debida y digna educación de la prole» (fornicación simple). Sin embargo, no cabe ninguna duda: el vicio contra la naturaleza, que impide la generación de la prole, además de ser diferente, «es pecado más grave» (Qu. 154, a.12) que la fornicación simple, que impide la debida y digna educación de la prole.

Otros, despreciando la autoridad de santo Tomás Aquino, Doctor Común de la Iglesia, alegan que ésta no es doctrina magisterial. Ante esto, podemos afirmar (además de que, frente a otras opiniones recientemente expresadas, la enseñanza de santo Tomás no es «coloquial»), que la Iglesia ha propuesto siempre a santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología, y que es el guía autorizado e insustituible de los estudios filosóficos y teológicos, v.g.:

Pío XI, Encíclica Studiorum Ducem, de 29 de junio de 1923
De la ley y modo de seguir la doctrina de Santo Tomás de Aquino (AAS 15 [1923] 323 ss.)

DS 3665 [Dz 2191]
«Nos, empero, queremos que todo cuanto nuestros predecesores y, ante todo, León XIII (Carta Encíclica Aeterni Patris, de 4 ag. 1879) y [san] Pío X (Motu Proprio Doctoris Angelici, de 29 jun. 1914) decretaron, y Nos mismo el año pasado (Encíclica Officiorum omnium, 1 ag. 1922) mandamos, cuidadosamente lo atiendan e inviolablemente lo guarden aquellos señaladamente que en las escuelas de los clérigos desempeñan el magisterio de las disciplinas superiores. Y persuádanse estos mismos que no sólo cumplirán con su deber, sino que llenarán también nuestros votos, si empezaren ellos por amar ardientemente al Doctor Aquinatense, a fuerza de revolver día y noche sus escritos, y comunicaren luego ese ardiente amor a sus alumnos, al interpretar al mismo Doctor, y los vuelven idóneos para excitar también en otros esa misma afición».

– Pero es que por si hiciera falta (y ya vemos que mucha es la necesidad), el Magisterio ha refrendado dicha doctrina del Doctor Común. Nótese que el Magisterio enseña sólo cuando habla y no cuando calla, pues «es evidentemente falso el método que trata de explicar lo claro con lo oscuro; antes bien, es menester que todos sigan el orden inverso» (Pío XII, Humani Generis, n. 15).

Y la Iglesia ha explicado claramente el 13 de julio de 1979 que la procreación es esencial a la sexualidad: y que el tradicional «fin procreativo y unitivo» es propio de la sexualidad, y no solo de la “conyugalidad”.

El Magisterio enseña que la procreación es esencial a la sexualidad (y no solo a la conyugalidad)

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a S.E. Mons. John R. Quinn, Presidente de la Conferencia episcopal de los Estados Unidos de América, con Observaciones sobre el libro «“La Sexualidad humana”. Estudio encargado por la “Catholic Theological Society of America”, editado por el Rev.do Antony Kosnik»

(CONGREGATION FOR THE DOCTRINE OF THE FAITH, Observations about the book «“Human Sexuality”. A study commissioned by the Catholic Theological Society of America, Rev. Anthony Kosnik editor»), 13 de julio de 1979

2.
En vista de la manera como La sexualidad humana describe la sexualidad, la formulación de sus fines sufre un cambio sustancial con respecto a la formulación clásica: el tradicional «fin procreativo y unitivo» de la sexualidad, insistentemente desarrollado en todos los documentos del Magisterio, el Vaticano II y la Humanae vitae incluidos, se sustituye por un «fin creativo e integrativo», llamado también «desarrollo creativo hacia la integración», que describe un fin amplio y vago aplicable a cualquier sexualidad genérica, y prácticamente a cualquier acto humano. Aceptar que la procreación es solamente una forma posible de creatividad, pero no esencial a la sexualidad (cf. p.65ss), indica un cambio injustificado, sin ningún argumento sustancial, de los términos aceptados, un cambio que contradice la formulación empleada en el Vaticano II y asumida en Persona humana. Este cambio de finalidad y, por consiguiente, de los criterios para la moralidad en la sexualidad humana, evidentemente cambia todas las conclusiones tradicionales acerca del comportamiento sexual, y, cambiando la terminología común, se impide la posibilidad de un fecundo debate teológico.

Fuente: Documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1966-2007), pp. 179-180. [Edición expresamente autorizada por la Congregación para la Doctrina de la Fe (prot. n.289/69-25968 y 289/69 26200)].

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