martes, 8 de marzo de 2011

¿Dónde están?


¿Dónde están?

«Ya vemos cómo algunos [sacerdotes] no celebran el sacramento de la Eucaristía según la definición del concilio de Trento. “No, dicen estos sacerdotes, hace mucho tiempo que se reunió el concilio de Trento. Después tuvimos el concilio Vaticano II. Hoy se trata de la transignificación, de la transfinalización. ¿La transubstanciación? No, eso ya no existe. ¿La presencia real del Hijo de Dios en las especies del pan y del vino? ¡Vamos, en nuestra época, no!”.

Cuando un sacerdote dice tales cosas la consagración no es válida y entonces no hay misa ni comunión. Pues los cristianos están obligados a creer hasta el fin de los tiempos lo que definió el concilio de Trento sobre la Eucaristía. Se podrán hacer más explícitos los términos de un dogma, pero ya no se los puede cambiar, eso es imposible. El concilio Vaticano II no agregó nada ni quitó nada; por lo demás, no hubiera podido hacerlo. Pero quien declara que no acepta la transubstanciación, está, según los términos del mismo concilio de Trento, anatematizado y, por lo tanto, separado de la Iglesia».

Rvdmo. Mons. Arz. MARCEL LEFEBVRE, Carta abierta a los católicos perplejos, VI.

«Primera pregunta: ¿El Concilio Ecuménico Vaticano II ha cambiado la precedente doctrina sobre la Iglesia?

Respuesta: El Concilio Ecuménico Vaticano II ni ha querido cambiar la doctrina sobre la Iglesia ni de hecho la ha cambiado, sino que la ha desarrollado, profundizado y expuesto más ampliamente».

Congregación para la DOCTRINA DE LA FE, Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia (29 de junio de 2007)

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«En medio de todo este tumulto ha brillado una luz que puede reducir a la nada los esfuerzos del mundo para terminar con la Iglesia de Cristo: el 30 de junio de 1968 el Santo Padre proclamó su profesión de fe. Éste es un acto que, desde el punto de vista dogmático, es más importante que todo el concilio.

Ese Credo, redactado por el sucesor de Pedro para afirmar la fe de Pedro, asumió una solemnidad absolutamente extraordinaria. Cuando el Papa se puso de pie para pronunciarlo, los cardenales también se levantaron y toda la multitud quiso imitarlos, pero el Papa hizo sentar a todo el mundo; quería estar sólo él de pie como vicario de Cristo; para proclamar su Credo, y lo hizo con las palabras más solemnes en nombre de la Santísima Trinidad, ante los santos ángeles, ante toda la Iglesia. Por consiguiente, el Papa llevó a cabo un acto que compromete la fe de la Iglesia.

Tenemos pues éste consuelo y esta confianza de sentir que el Espíritu Santo no nos ha abandonado. Se puede decir que el arca de la fe, apoyándose en el concilio Vaticano I, torna a encontrar un nuevo punto de apoyo en la profesión de fe de Pablo VI».

Rvdmo. Mons. Arz. MARCEL LEFEBVRE, Carta abierta a los católicos perplejos, XIV.

¿Dónde está la soberbia? ¿Dónde el cisma?

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1 comentario:

Un chouan dijo...

Muhas gracias por esta entrada tan interesante e ilustrativa. La profesión de fe de Pablo VI ha sido una lectura que me ha llenado de gozo.