viernes, 7 de octubre de 2011

Oración a la B. V. M. «Auxilio de los Cristianos» e Himno a San Pío V, Papa, Confesor


Oración a la B. V. M. «Auxilio de los Cristianos»

Virgen poderosísima, auxiliadora amorosa del pueblo cristiano ¿qué gracias no os debemos por la asistencia por Vos prestada a nuestros padres, que, amenazados por los turcos, invocaron vuestra maternal ayuda con el rezo devoto del Rosario? Vos, desde el cielo, visteis el peligro en que se hallaban, oísteis sus voces lastimeras, os fue agradable al oído la humilde plegaria sugerida por el gran Pontífice san Pío V, y corristeis presto a socorrerles. ¡Ah!, querida Madre, haced que también los actuales y prolongados gemidos de la santa Esposa de Cristo lleguen piadosos a vuestro trono, y movida de nuevo a compasión por ella, levantaos nuevamente a librarla de tantos enemigos que la asedian.

También ahora, de todos los ángulos de la tierra sube hacia vuestro trono aquella agradable plegaria para teneros propicia, como entonces, en las presentes calamidades. ¡Pero que nuestros pecados no impidan demasiado o, a lo menos, no retarden el efecto! Y por esto, Madre amadísima, alcanzadnos un verdadero dolor de los mismos y una firme resolución de querer antes encontrar la muerte, que recaer en la culpa, pues demasiado nos desagrada que, por nuestra causa, se nos niegue y venga con retraso aquel socorro del cual, nos hallamos en extrema necesidad

Ea, pues, oh María, inclinaos ante las plegarias del mundo católico y abatid el orgullo de aquellos miserables, que atrevidos insultan a Dios y quisieran ver destruida aquella Iglesia, contra la cual, por la palabra infalible de Cristo, jamás prevalecerán las puertas del abismo. Véase una vez más que cuando Vos os levantáis para protegerla, es cierta la victoria. Amén.

Enchiridion indulgentiarum. Preces et pia opera (1952), conc. 412. Indulgencia de quinientos días. (S. C. de Indulg., 20 jun. 1891; S. Pen. Ap., 16 nov. 1935).

Himno a San Pío V, Papa, Confesor

Irrumpe ya el tumulto de la guerra,
el culto del Señor es despreciado:
los males que a los pueblos amenazan
de sus pecados son justo castigo.

¿A quién nosotros, en tan grave apuro,
sino a ti, oh Pío, invocaremos
que desde el cielo, oyendo nuestros ruegos,
cual Protector benigno nos defiendes?

Ninguno como tú, augusto pontífice,
con tanto celo y varonil esfuerzo
el honor que se debe al Dios supremo
promovió al vivir acá en la tierra.

¿A quién, etc...

Ninguno como tú arrancar pudo
de la erguida cerviz del agareno
el durísimo yugo que este bárbaro
a los cristianos imponer quería.

¿A quién, etc...

Habiendo tú una flota preparado,
con mágico poder pero con preces
fervientes, el tirano de la Tracia
a las islas Equínadas arrojas.

¿A quién, etc...

Ausente como te hallas, pronosticas
la derrota que sufre el enemigo
y a cuantos te rodean manifiestas
el término feliz de la batalla.

¿A quién, etc...

Pues que ahora en el cielo tanto puedes,
vuelve tus ojos hacia quien te invoca;
apaciguando intestinas luchas,
del enemigo el ímpetu reprime.

¿A quién, etc...

Por tu ruego eficaz, sobre la tierra
reaparezca ya la paz dorada,
para que luego sin temor alguno
a Dios podamos bendecir alegres.

¿A quién, etc...

Gloria a ti, oh Trinidad excelsa,
que eres un solo Dios en tres personas:
a ti todo poder y alabanza
sea dado por siglos sempiternos.
Amén.

Enchiridion indulgentiarum. Preces et pia opera (1952), conc. 504. Indulgencia de trescientos días. (S. C. de Indulg., 2 oet, 3830; S, Pen. Ap., 15 febr. 1932).

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