viernes, 30 de marzo de 2012

Condena del poligenismo


Miguel Ángel, «La creación de Eva» (Capilla Sixtina)

Condena del poligenismo

Según la hipótesis del poligenismo, después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien Adán significa el conjunto de muchos primeros padres. Con respecto a la teoría del poligenismo algunos autores (Jorge Loring, S.J., José Antonio Sayés, Juan Luis Bastero et alia), sostienen que:

«Pío XII no dice que el poligenismo no pueda conciliarse con la fe, sino que no se ve cómo pueda conciliarse. Deja abierta la posibilidad de una conciliación».

Afirmación sin lugar a dudas peregrina, pues el mismo Pío XII continúa diciendo en Humani Generis:

«Y como en las ciencias biológicas y antropológicas, también en las históricas algunos traspasan audazmente los límites y las cautelas que la Iglesia ha establecido».

Es decir, alguien podría colegir de la afirmación de Pío XII, «pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia...», que «deja abierta la posibilidad de una conciliación del poligenismo con la fe». Sin embargo, un examen más atento de la cuestión no permite esta interpretación, ya que según la mente de Pío XII, ésta entrañaría «también», «traspasar» (y traspasar audazmente) «los límites y las cautelas que la Iglesia ha establecido» en las ciencias biológicas y antropológicas.

La última sentencia aclara la primera, y en las mismas palabras del inmortal Pío XII:

«Es evidentemente falso el método que trata de explicar lo claro con lo oscuro; antes bien, es menester que todos sigan el orden inverso». - «Patet omnino falsam esse methodum, qua ex obscuris clara explicentur, quin immo contrarium omnes sequi ordinem necesse esse». PÍO XII, Carta Encíclica ‘Humani Generis’ (12 de agosto de 1950), n. 15.

En el mismo sentido de la intervención de Pío XII (12 de agosto de 1950), sobre la incompatibilidad de la falsa opinión del «poligenismo» contra la doctrina católica, se expresarían tanto Paulo VI (11 de julio de 1966), como el B. Juan Pablo II (1 de octubre de 1986):

FUENTES MAGISTERIALES

PÍO XII, Carta Encíclica ‘Humani Generis’ (12 de agosto de 1950), sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica, nn. 30-31

30. Mas, cuando ya se trata de la otra hipótesis, es a saber, la del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, porque los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio (cf. Rom. 5, 12-19; Conc. Trid. ses. 5, can. 1-4).

31. Y como en las ciencias biológicas y antropológicas, también en las históricas algunos traspasan audazmente los límites y las cautelas que la Iglesia ha establecido.

JUAN PABLO II, ‘Audiencia general’ (1 de octubre de 1986), sobre las enseñanzas de la Iglesia sobre el pecado original, n. 4

En particular resultan válidas y estimuladoras de ulteriores investigaciones a este respecto las palabras que el Papa Pablo VI dirigió a un simposio de teólogos y científicos: «Es evidente que os parecerán irreconciliables con la genuina doctrina católica las explicaciones que dan del pecado original algunos autores modernos, los cuales, partiendo del supuesto, que no ha sido demostrado, del poligenismo, niegan, más o menos claramente, que el pecado, de donde se deriva tal sentina de males a la humanidad, haya sido ante todo la desobediencia de Adán “primer hombre”, figura del futuro, cometido al comienzo de la historia» (AAS 58, 1966, pág. 654).

PAOLO VI, ‘Discorso di ai partecipanti al Simposio sul mistero del peccato originale’ (11 luglio 1966)

È evidente, perciò, che vi sembreranno inconciliabili con la genuina dottrina cattolica le spiegazioni che del peccato originale danno alcuni autori moderni, i quali, partendo dal presupposto, che non è stato dimostrato, del poligenismo, negano, più o meno chiaramente, che il peccato, donde è derivata tanta colluvie di mali nell’umanità, sia stato anzitutto la disobbedienza di Adamo «primo uomo», figura di quello futuro (Conc. Vat. II, Const. Gaudium e spes, n. 22; cf. anche n. 13) commessa all’inizio della storia. Per conseguenza, tali spiegazioni neppur s’accordano con l’insegnamento della Sacra Scrittura, della Sacra Tradizione e del Magistero della Chiesa, secondo il quale il peccato del primo uomo è trasmesso a tutti i suoi discendenti non per via d’imitazione ma di propagazione, «inest unicuique proprium», ed è «mors animae», cioè privazione e non semplice carenza di santità e di giustizia anche nei bambini appena nati (cf. Conc. Trid., sess. V, can. 2-3).

***

Ciertas teorías, aun manteniendo la realidad de un primer pecado, tergiversan las palabras inspiradas afirmando que Adán y Eva no son personas reales, sino figuras literarias que representan a la primitiva humanidad.

Admiten un «pecado de origen», pero dándole el sentido de «pecado colectivo», de rebelión generalizada contra Dios de la humanidad entera –personificada por Adán en el Génesis– que estaba diseminada por toda la tierra, según unos, o que formaba una especie de pueblo, según otros.

a) Lo que da pie a este tipo de opiniones, claramente contrarias a la fe por rechazar la historicidad de los primeros capítulos del Génesis en puntos «que tocan a los fundamentos de la religión cristiana», es el poligenismo. Esta hipótesis –que a su vez suele ir unida a otra: la del evolucionismo– parte de la interpretación de diversos hallazgos arqueológicos de presuntos fósiles de hombres primitivos en lugares muy distantes de la tierra, para concluir de ahí la evolución –que debería haber tenido lugar independientemente en varios sitios dé la tierra– de diferentes «prehomínidos» hacia el homo sapiens.

b) Por lo que se refiere a la doctrina evolucionista, generalmente presupuesto teórico del poligenismo,

«La Iglesia no prohíbe que, según el estado actual de las ciencias humanas y de la sagrada teología, se trate en las investigaciones y disputas de los entendidos en uno y otro campo, de la doctrina del “evolucionismo”, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva y preexistente –pues las almas nos manda la fe católica sostener que son creadas inmediatamente por Dios–; pero de manera que con la debida gravedad, moderación y templanza se sopesen y examinen las razones de una y otra opinión, es decir, de los que admiten y los que niegan la evolución, y con tal de que todos estén dispuestos a obedecer al juicio de la Iglesia, a quien Cristo encomendó el cargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la fe. Algunos, sin embargo, con temerario atrevimiento, traspasan esta libertad de discusión al proceder como si el mismo origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese algo absolutamente cierto y demostrado por los indicios hasta ahora encontrados y por los razonamientos de ellos deducidos, y como si, en las fuentes de la revelación divina, nada hubiera que exija en esta materia máxima moderación y cautela» (Pío XII, Litt. Enc. Humani generis, 12-VIII-1950, Dz. 2327 [3896]).

c) En todo caso, conviene no perder de vista que el evolucionismo es con frecuencia defendido como un a priori, en base a concepciones materialistas y ateas del universo. Por otra parte, entre los católicos quienes han hablado más del evolucionismo no han sido los científicos, sino algunos amateurs de la ciencia experimental que, llevados por un cierto complejo de inferioridad ante lo «científico», están dispuestos a fundar y a hacer depender las normas doctrinales y morales de los resultados de las ciencias positivas. Y así, se repite a la letra el error modernista, que San Pío X denunciaba:

«Resulta (para los modernistas) que la ciencia es independiente de la fe, mientras que la fe, aun siendo cosa diferente de la ciencia, ha de estar subordinada a ésta» (Enc. Pascendi. 8-IX-1907, D. 2085 [3486]).

d) Mientras puede defenderse, según las declaraciones del Magisterio, un evolucionismo moderado,

«Cuando se trata de otra hipótesis, la del llamado poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad. Porque los fieles no pueden abrazar la sentencia de los que afirman o que después de Adán existieron en la tierra verdaderos hombres que no procedieron de aquél como del primer padre de todos por generación, o que Adán significa una especie de muchedumbre de primeros padres. No se ve en modo alguno cómo puede esta sentencia conciliarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia proponen sobre el pecado original, que procede del pecado verdaderamente cometido por un solo Adán y que, transmitido por generación, es propio de cada uno» (Pío XII, Enc. Humani generis, Dz. 2327 [3897]).

e) Ante los repetidos intentos de algunos que, a pesar de las claras indicaciones del Magisterio propagan las falsas tesis del poligenismo, aduciendo a su favor el carácter no infalible de la encíclica Humani generis, la falta de competencia del Magisterio para juzgar de la validez de la ciencia profana, etc., hay que tener en cuenta que

«Ninguna verdadera disensión puede jamás darse entre la fe y la razón, como quiera que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe, puso dentro del alma humana la luz de la razón, y Dios no puede negarse a sí mismo, ni la verdad contradecir jamás a la verdad» (Conc. Vaticano I, const. dogm. Dei Filius, cap. 4, Dz. 1797 [3017]).

Sentado este principio, y sabiendo que la Iglesia es depositaria infalible de la Revelación divina, no se puede más que afirmar la completa incompatibilidad del poligenismo con la verdad revelada y declarada por la Iglesia, acerca del pecado original. De acuerdo con la enseñanza inspirada de San Pablo, según la cual Dios «hizo de uno todo el linaje humano para poblar toda la haz de la tierra» (Act. XVII, 26), el Magisterio ha declarado expresamente la necesaria unidad del género humano:

«Si los hombres no nacieran por propagación de la semilla de Adán, no nacerían injustos, en cuanto que por esa propagación contraen, al ser concebidos, su propia injusticia» (Conc. de Trento, sess.VI, cap. 3, Dz. 795 [1523]).

Por eso,

«Es evidente que os parecerán inconciliables con la genuina doctrina católica las explicaciones que del pecado original dan algunos autores modernos, que partiendo del presupuesto –no demostrado– del poligenismo, niegan, más o menos claramente, que el pecado, del que ha derivado a la humanidad tal abundancia de males, haya sido sobre todo la desobediencia de Adán, “primer hombre” (cf. Conc. Vaticano II, const. Gaudium et spes, n, 22; cf. también n. 13), cometida en el comienzo de la historia» (Paulo VI, Aloc. 15-VII-1966).

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