domingo, 12 de agosto de 2012

La batalla de Las Navas de Tolosa y la unidad de los Reinos hispánicos




La batalla de Las Navas de Tolosa y la unidad de los Reinos hispánicos

Núcleo de la Lealtad tiene el honor de publicar la presentación de la conferencia coloquio "La batalla de Las Navas de Tolosa y la unidad de los Reinos hispánicos" que en sede de la Asociación hermana Memoria Navas de Tolosa, ofreciera don Víctor Javier Ibáñez el pasado sábado día 7 de julio de 2012 

Autoridades, estimados amigos.

Damos comienzo al primero de los coloquios que se desarrollarán a lo largo de esta jornada abordando el hecho de la unidad de los Reinos hispánicos en la batalla de Las Navas de Tolosa.

Hay por ahí individuos que incluso ocupan escaños en el congreso y el senado, y por tanto los mantenemos todos los españoles, que afirman que España no es una nación. Sin embargo la batalla de Las Navas de Tolosa es un ejemplo más de cómo hace 800 años existía la conciencia nacional española, pese a la fragmentación de Hispania en diversos Reinos cristianos tras la invasión mahometana. Todos esos Reinos se llamaban a sí mismos Regnum Hispaniae. España es una de las naciones más antiguas del planeta, como pusieron de manifiesto entre otros estudiosos como José Antonio Maravall en su excelente ensayo “El concepto de España en la Edad Media”, Claudio Sánchez Albornoz o más recientemente la Real Academia de Historia en su trabajo conjunto “España como Nación”.

La Hispania visigótica era unidad política y religiosa independiente desde el III Concilio de Toledo, producto de una sublimación de los elementos íberos y celtas por Roma que se había conformado espiritualmente en otra síntesis de helenismo, romanidad y catolicismo que es la que llamamos «cultura isidoriana» y la que explica la exaltación del santo sevillano cuando compone su «laudes Hispaniae» y trata de justificar, en su Crónica, la misión que Dios le ha encomendado.

Esa España preexistente, fue conquistada por los mahometanos, en la primera mitad del siglo VIII. Un anónimo cronista mozárabe definió ese episodio como la «pérdida de España». Dicha conciencia no se refería solamente a la estructura política del Reino visigodo los cronistas insistirán en el mal comportamiento de aquellos monarcas para explicar lo que era un verdadero castigo de Dios sino a algo más profundo: a la síntesis espiritual isidoriana que se conforma como elemento catalizador de una cultura, civilización e identidad determinada: la hispánica. Por eso la memoria de San Isidoro se invoca continuamente y los cronistas medievales utilizaron su Crónica continuándola para relatar lo que venía detrás, pero sin modificar ni un ápice su conciencia. Cuando sea posible, un monarca leonés, Fernando I, solicitará el traslado a León de los restos de Isidoro para unir de este modo con fuertes eslabones la cadena.

Eso es «reconquista», nombre nada superfluo. Había que recobrar el patrimonio de romanidad y catolicismo, junto con la conciencia de una dignidad humana que es acorde con la herencia helénica. Muy pronto, desde el siglo IX, el hallazgo de la tumba de Jacobo, devolvería a esa Hispania en trance de restitución, la conciencia de una misión muy especial. Un Jacobo transformado además en campeón guerrero, alimentando el valor de los cristianos. Así vivieron los españoles durante siglos, apegados a la tierra, queriéndola como saben quererla los hombres de armas. La épica española y su derivación historiográfica, moldearon así una conciencia nacional que está fuertemente penetrada de realismo. Pere Tomich, historiador catalán del siglo XV señala sobre la reconquista "Perderem, oh dolor, la Espanya ... les Comtes e Reys ab lurs inmortals virtuts la recobraran". ("Perderemos, ¡oh, dolor!, España ... los Condes y Reyes, con sus inmortales virtudes, la recobrarán").

Crecimiento, pues, de una conciencia de libertad que es resultado de esa defensa y de esa restauración.

Por razones militares, la Reconquista, que comenzó siendo defensa frente a un poder más fuerte, impuso una diversificación de potestades que desembocaron en estructuras políticas con algunas peculiaridades sociales y jurídicas, sin que en ningún momento se perdiera de vista la pertenencia a un conjunto unitario. El retorno a la unidad política era contemplado como algo necesario, superior.

Los cinco Reyes, que retuvieron en exclusiva este título consideraban su soberanía como algo que compartían al estar dotada de un origen común: la vieja Hispania latino-goda. De modo que entendían como un derecho y casi como una obligación, intervenir en los asuntos de sus Reinos vecinos y hermanos. De ahí la falta de compartimentación. No parecía extraño que nobles tuvieran señoríos en más de un Reino simultáneamente o que un Rey de Navarra pudiera ser duque de Peñafiel. Juan I de Castilla pediría a su suegro Pedro IV un ejemplar de sus importantes Leyes Palatinas para poder adaptarlas en sus dominios, y Las Partidas de Alfonso X el Sabio fueron usadas como doctrina jurídica unitaria en todos los Reinos hispánicos. En resumen la españolidad formaba una naturaleza compartida y esto es lo que, en 1414, reconoce el Concilio de Constanza. En él, todos los españoles formulaban, tras los oportunos debates internos, un sólo voto.

La batalla de Las Navas es uno de los episodios más importantes de esa conciencia unitaria hispánica. La desunión explicó la tremenda tragedia de la derrota de Alarcos. Sin embargo la unión en Las Navas determinó la victoria. Aún habría que pulir algunos flecos, que dieron como resultado la no participación del Rey de León, aunque sí de la presencia de doscientos Caballeros leoneses, incluidos gallegos y asturianos. También estaban los portugueses, pues como señalaba el gran poeta portugués Almeida Garret “Somos Hispanos, e devemos chamar Hispanos a quantos habitamos a peninsula hispánica”. El eximio polígrafo extremeño Francisco Elías de Tejada afirmaba que “en los cuatro primeros siglos de la vida portuguesa el Reino portugués es uno de los Reinos hispánicos, lo mismo que Castilla, Aragón o Navarra y los portugueses se apellidan españoles. Es inútil aportar citas probatorias, porque la actitud es unánime”.

En este coloquio afrontaremos la batalla desde las singularidades y la unidad de cada uno de los Reinos hispánicos, desde el firme espíritu de comunidad que les llevó a acometer una magna empresa de enormes beneficios para España y la Cristiandad, que supuso la reconquista de nuestra libertad, identidad e independencia.

[Palabras finales de la intervención]

"Cuando atendiendo a nuestra identidad y realidad común hemos estado unidos hemos conseguido las mayores gestas de la historia de la humanidad. Cuando hemos inventado historias para separarnos, exacerbado particularidades y haciéndolas algo excluyente cuando deberían pertenecer al patrimonio común de todos los españoles, entonces hemos sido débiles y ha triunfado la miseria moral de un separatismo cainita que prefiere ser mahometano antes que español".

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1 comentario:

Anónimo dijo...
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