viernes, 21 de febrero de 2014

El drama del aborto



El drama del aborto

«La ausencia de esos valores cristianos fundamentales en la cultura de la modernidad no solamente ha ofuscado la dimensión de lo trascendente, abocando a muchas personas hacia el indiferentismo religioso —también en América Latina—, sino que, a la vez, es causa determinante del desencanto social en que se ha gestado la crisis de esta cultura. Tras la autonomía introducida por el racionalismo, hoy se tiende a basar los valores sobre todo en consensos sociales subjetivos que, no raramente, llevan a posiciones contrarias incluso a la misma ética natural. Piénsese en el drama del aborto, los abusos en ingeniería genética, los atentados a la vida y a la dignidad de la persona».



«También habéis centrado vuestra atención en el drama del aborto provocado, que deja huellas profundas, a veces indelebles, en la mujer que lo lleva a cabo y en las personas que la rodean, y que produce consecuencias devastadoras para la familia y para la sociedad, entre otras razones, por la mentalidad materialista de desprecio a la vida que favorece. ¡Cuántas complicidades egoístas se encubren a menudo en una decisión sufrida, que tantas mujeres han debido afrontar solas, y cuya herida aún abierta llevan en su alma! Aunque lo que han realizado sigue constituyendo una grave injusticia y ya no tiene remedio, hago mía la exhortación dirigida en la encíclica Evangelium vitae a las mujeres que han recurrido al aborto: “No os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia” (n. 99).

Expreso mi profundo aprecio por todas las iniciativas sociales y pastorales encaminadas a la reconciliación y a la atención a las personas heridas por el drama del aborto y del divorcio. Esas iniciativas, junto con muchas otras formas de compromiso, constituyen elementos esenciales para la construcción de la civilización del amor que la humanidad necesita hoy más que nunca».



«Vuestras actividades asistenciales, educativas o caritativas han de completarse con proyectos de libertad que promuevan al ser humano, buscando la fraternidad universal. Aquí se sitúa el compromiso urgente de los cristianos en la defensa de los derechos humanos, preocupados por la totalidad de la persona humana en sus diversas dimensiones. Expreso mi profundo reconocimiento a todas las iniciativas sociales y pastorales que tratan de luchar contra los mecanismos socio-económicos y culturales que favorecen el aborto; y también a las que fomentan la defensa de la vida, así como la reconciliación y atención a las personas heridas por el drama del aborto. Las iniciativas que tienden a salvaguardar los valores esenciales y primarios de la vida, desde su concepción, y de la familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, ayudan a responder a algunos de los desafíos más insidiosos y peligrosos que hoy se presentan al bien común. Dichas iniciativas, junto a otras muchas formas de compromiso, son elementos esenciales para la construcción de la civilización del amor».




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