jueves, 1 de mayo de 2014

La santificación del trabajo en la enseñanza del ‘Catecismo de la Iglesia Católica’



La santificación del trabajo en la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica

– «Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del Artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente». Catecismo 533.

– «El trabajo [...] puede ser también redentor». Catecismo 2427.

– «Sentido causativo (solo Dios santifica, hace santo)». Catecismo 2807.


Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 533. 2427-2428. 2807.

Los misterios de la vida oculta de Jesús

533 La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana:

«Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. [...] Su primera lección es el silencio’. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros. [...] Se nos ofrece además una lección de vida familiar’. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable. [...] Finalmente, aquí aprendemos también la ‘lección del trabajo’. Nazaret, la casa del “hijo del Artesano”: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente. [...] Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino» (Pablo VI, Homilía en el templo de la Anunciación de la Virgen María en Nazaret’ (5 de enero de 1964).

Actividad económica y justicia social

2427 El trabajo humano’ procede directamente de personas creadas a imagen de Dios y llamadas a prolongar, unidas y para mutuo beneficio, la obra de la creación dominando la tierra (cf Gn 1, 28; GS 34; CA 31). El trabajo es, por tanto, un deber: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Ts 3, 10; cf 1 Ts 4, 11). El trabajo honra los dones del Creador y los talentos recibidos. Puede ser también redentor. Soportando el peso del trabajo (cf Gn 3, 14-19), en unión con Jesús, el carpintero de Nazaret y el crucificado del Calvario, el hombre colabora en cierta manera con el Hijo de Dios en su obra redentora. Se muestra como discípulo de Cristo llevando la Cruz cada día, en la actividad que está llamado a realizar (cf LE 27). El trabajo puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo.

2428 En el trabajo, la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades inscritas en su naturaleza. El valor primordial del trabajo pertenece al hombre mismo, que es su autor y su destinatario. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo (cf LE 6).

Cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos, y para prestar servicio a la comunidad humana.

«Santificado sea tu nombre»

2807 El término “santificar” debe entenderse aquí, en primer lugar, no en su sentido causativo (solo Dios santifica, hace santo) sino sobre todo en un sentido estimativo: reconocer como santo, tratar de una manera santa. Así es como, en la adoración, esta invocación se entiende a veces como una alabanza y una acción de gracias (cf Sal 111, 9; Lc 1, 49). Pero esta petición es enseñada por Jesús como algo a desear profundamente y como proyecto en que Dios y el hombre se comprometen. Desde la primera petición a nuestro Padre, estamos sumergidos en el misterio íntimo de su Divinidad y en el drama de la salvación de nuestra humanidad. Pedirle que su Nombre sea santificado nos implica en “el benévolo designio que Él se propuso de antemano” (Ef 1, 9) para que nosotros seamos “santos e inmaculados en su presencia, en el amor” (Ef 1, 4).

[Latine]

Catechismus Catholicae Ecclesiae’, nn. 533. 2427-2428. 2807.

Mysteria vitae occultae Iesu

533 Vita occulta Nazarethana omnibus permittit hominibus per vias vitae maxime quotidianas cum Iesu communionem habere:

«Nazarena domus schola est, in qua incipit Christi vita dignosci: Evangelii nempe schola. [...] ‘Silentium’ enim haec docet imprimis. Utinam optima in nobis revirescat silentii aestimatio, mirandi nempe huius ac necessarii mentis habitus [...]. ‘Domesticam’ hic praeterea ‘vivendi’ percipimus ‘rationem’. Nos sane Nazareth admoneat quid sit familia, quid eius communio dilectionis, eius gravis ac nitida pulchritudo, sacra eius inviolabilisque proprietas [...]. ‘Operis’ denique hic cognoscimus ‘disciplinam’. O Nazarena sedes, fabri Filii domus, hic potissimum severam quidem sed redemptricem laboris humani legem intellegere optamus et celebrare [...]; hic denique totius mundi operariis salutem volumus nuntiare, iisdemque magnum exemplar ostendere, divinum fratrem» (Paulus VI, ‘Homilia in templo Annuntiationis beatae Mariae Virginis in Nazareth’ [5 ianuarii 1964]: AAS 56 [1964] 167-168).

Activitas oeconomica et iustitia socialis

2427 ‘Labor humanus’ immediate provenit a personis, quae ad imaginem Dei sunt creatae quaeque vocantur ut aliae cum aliis et pro aliis opus creationis prorogent terrae dominando (cf Gn 1, 28; Concilium Vaticanum II, Const. past. ‘Gaudium et spes’, 34: AAS 58 [1966] 1052-1053; Ioannes Paulus II, Litt. enc. ‘Centesimus annus’, 31: AAS 83 [1991] 831-832). Labor igitur est officium: «Si quis non vult operari, nec manducet» (2 Thess 3, 10; cf 1 Thess 4, 11). Labor dona honorat Creatoris et accepta talenta. Potest etiam redemptivus esse. Homo, poenam sustinens (cf Gn 3, 14-19) laboris in unione cum Iesu, operario ex Nazareth et crucifixo in Calvario, quodammodo cum Filio Dei collaborat in Eius opere redemptivo. Sese Christi manifestat discipulum, crucem quotidie gestans in activitate ad quam vocatur adimplendam (cf Ioannes Paulus II, Litt. enc. ‘Laborem exercens’, 27: AAS 73 [1981] 644-647). Labor esse potest sanctificationis medium et realitatum terrestrium animatio in Christi Spiritu.

2428 Persona, in labore, exercet et perficit partem facultatum in sua natura inscriptarum. Valor primordialis laboris pertinet ad hominem, qui eius auctor est et scopus. Labor est pro homine, non homo pro labore (cf Ioannes Paulus II, Litt. enc. ‘Laborem exercens’, 6: AAS 73 [1981] 589-592).

Unusquisque in labore debet media haurire posse ad subveniendum suae vitae eique suorum, et ad reddendum communitati humanae servitium.

«Sanctificetur Nomen Tuum»

2807 Verbum «sanctificare» debet hic intelligi, non imprimis suo sensu causativo (solus Deus sanctificat, sanctum efficit), sed praecipue sensu aestimativo: tamquam sanctum agnoscere, sancte tractare. Sic in adoratione, haec invocatio quandoque tamquam laus intelligitur et gratiarum actio (cf Ps 111, 9; Lc 1, 49). Sed Iesus nos hanc docuit petitionem tamquam optativam formam: petitionem, desiderium et exspectationem in qua Deus et homo innectuntur. Inde a prima petitione orationis in intimum Eius divinitatis immergimur mysterium et in drama salutis humanitatis nostrae. Petere ut Nomen Eius sanctificetur nos implicat in «beneplacitum Eius quod proposuit» (Eph 1, 9), «ut essemus sancti et immaculati in conspectu Eius in caritate» (Eph 1, 4).

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