viernes, 10 de octubre de 2014

Sobre la cooperación al pecado del cónyuge que voluntariamente hace infecundo el acto unitivo


Sobre la cooperación al pecado del cónyuge que voluntariamente hace infecundo el acto unitivo

La enseñanza eclesial posconciliar deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca de la cooperación al pecado del cónyuge que voluntariamente hace infecundo el acto unitivo: no hay dos tipos de doctrina moral de la Iglesia, una preconciliar y otra posconciliar, diferentes entre sí, sino una única y siempre coherente enseñanza moral.

El Santo Padre Pío XI, a propósito del abuso del matrimonio, enseña lo siguiente en la Encíclica ‘Casti Connubii’ (31 de diciembre de 1930), n. 20 (AAS 22 [1930], pp. 559-560; Dz 2239, DS 3716):

[Latine] «De prole sit sermo, quam multi molestum connubii onus vocare audent, quamque a coniugibus, non per honestam continentiam (etiam in matrimonio, utroque consentiente coniuge, permissam), sed vitiando naturae actum, studiose arcendam praecipiunt. Quam quidem facinorosam licentiam alii sibi vindicant, quod prolis pertaesi solam sine onere voluptatem explere cupiunt, alii quod dicunt, se neque continentiam servare, neque ob suas vel matris vel rei familiaris difficultates prolem admittere posse.

At nulla profecto ratio, ne gravissima quidem, efficere potest, ut quod intrinsece est contra naturam, id cum natura congruens et honestum fiat. Cum autem actus coniugii suapte natura proli generandae sit destinatus, qui, in eo exercendo, naturali hac eum vi atque virtute de industria destituunt, contra naturam agunt et turpe quid atque intrinsece inhonestum operantur.

Quare mirum non est, ipsas quoque s. Litteras testari, divinam Maiestatem summo prosequi odio hoc nefandum facinus illudque interdum morte puniisse, ut memorat S. Augustinus: “Illicite namque et turpiter etiam cum legitima uxore concumbitur, ubi prolis conceptio devitatur. Quod faciebat Onan, filius Iudae, et occidit illum propter hoc Deus”» (S. AUGUST., De coniug. adult., lib. II, n. 12; cfr. Gen., XXXVIII, 8-10; S. Poenitent., 3 April., 3 Iun. 1916).

[Español] «Hay que hablar de la prole que muchos se atreven a llamar carga pesada del matrimonio, y estatuyen que ha de ser cuidadosamente evitada por los cónyuges, no por medio de la honesta continencia (que también en el matrimonio se permite, supuesto el consentimiento de ambos esposos), sino viciando el acto de la naturaleza. Esta criminal licencia, unos se la reivindican, porque, aburridos de la prole, desean procurarse el placer solo sin la carga de la prole; otros, diciendo que ni son capaces de guardar la continencia, ni pueden tampoco admitir la prole, por sus propias dificultades, las de la madre o las de la hacienda.

Pero ninguna razón, aun cuando sea gravísima, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza, se convierta en conveniente con la naturaleza y honesto. Ahora bien, como el acto del matrimonio está por su misma naturaleza destinado a la generación de la prole, quienes en su ejercicio lo destituyen adrede de esta su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción intrínsecamente torpe y deshonesta.

Por lo cual no es de maravillar que las mismas Sagradas Letras nos atestigüen el aborrecimiento sumo de la Divina Majestad contra ese nefando pecado, y que alguna vez lo haya castigado de muerte, como lo recuerda San Agustín: “Porque ilícita y torpemente yace aun con su legítima esposa, el que evita la concepción de la prole; pecado que cometió Onán, hijo de Judá, y por él le mató Dios”». (S. AUGUST., ‘De coniug adult.’, 2, 12 [PL 40, 482]; cf. Gn 38, 8-10; S. Penitenciaría, 3 abr. y 3 jun. 1916).

– Estas respuestas aparecieron primero en la obra Institutiones Alphonsianae, de Cl. Marc., t. II (1917) 2116 s. En la respuesta de 3 abr. de 1916, se declara:

a) que la mujer, por causa de peligro de muerte o por molestias graves, puede cooperar a la interrupción de la cópula del marido;
b) pero en ningún caso, ni aun con peligro de muerte, a la cópula sodomítica.

En la Respuesta de 3 jun. de 1916 se declara:

a) que la mujer está obligada a la resistencia positiva, cuando el marido quiere usar instrumentos para practicar el onanismo;
b) que en éste caso no basta la resistencia pasiva; c) que el marido que usa de tales instrumentos ha de equipararse con el opresor, a quien por tanto la mujer ha de oponer la misma resistencia que la doncella al forzador.

[V. el texto mismo en la o. c., en A. VERMEERSCH, De castitate (1919) 263, o en otros autores].

Esta doctrina ha sido expresada en diversos textos magisteriales de los últimos tiempos (B. PIUS PP. IX, Resp. S. Officii 6 [19] Aprilis 1853; BENEDICTUS PP. XV, Resp. S. Paenitentiariae 3 Aprilis 1916). Con una terminología algo diversa, pero con remisión expresa a estos documentos, insiste también en esta doctrina el PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA, ‘Vademécum para los confesores sobre algunos temas de moral conyugal’ (12 de febrero de 1997), n. 13:

13. «Presentan una dificultad especial los casos de cooperación al pecado del cónyuge que voluntariamente hace infecundo el acto unitivo. En primer lugar, es necesario distinguir la cooperación propiamente dicha de la violencia o de la injusta imposición por parte de uno de los cónyuges, a la cual el otro no se puede oponer.

{‘Optime etiam novit Sancta Ecclesia, non raro alterum ex coniugibus pati potius quam patrare peccatum, cum ob gravem omnino causam perversionem recti ordinis permittit, quam ipse non vult, eumque ideo sine culpa esse, modo etiam tunc caritatis legem meminerit et alterum a peccando arcere et removere ne negligat’}. “Sabe muy bien la Santa Iglesia que no raras veces uno de los cónyuges, más que cometer el pecado, lo soporta, al permitir, por causa muy grave, el trastorno del recto orden que aquél rechaza, y que carece, por lo tanto, de culpa, siempre que tenga en cuenta la ley de la caridad y no se descuide en disuadir y apartar del pecado al otro cónyuge”. PÍO XI, Enc. Casti Connubii, (31 de diciembre de 1930), n. 22 (AAS 22 [1930], p. 561; Dz 2241, DS 3718).

Tal cooperación puede ser lícita cuando se dan conjuntamente estas tres condiciones:

1. La acción del cónyuge cooperante no sea en sí misma ilícita (cf. Denzinger-Schönmetzer, ‘Enchiridion Symbolorum’, 2795, 3634);


2795 Qu. l) An usus imperfectus matrimonii, sive onanistice sive condomistice (seu adhibito nefario instrumento vulgo 'condom') fiat, prout in casu, sit licitus?
2) An uxor sciens in congressu condomistico possit passive se praebere?

Resp. (decr. 6., publ. 19 avril):

Ad 1) Negative; est enim intrinsece malus.
Ad 2) Negative; daret enim operam rei intrinsece illicitae.

Resp. S. Paenitentiariae, 3 avril 1916

3634 Qu.: Utrum mulier alicui actioni mariti, qui, ut voluptati indulgeat, crimen Onan aut Sodomitarum committere vult, illique sub mortis poena aut gravium molestiarum minatur, nisi obtemperet, cooperari licite possit?


Resp.:

a) Si maritus in usu coniugii committere vult crimen Onan effundendo scilicet semen extra vas post inceptam copulam idemque minetur uxori aut mortem aut graves molestias, nisi perversae eius voluntati sese accommodet, uxor ex probatorum theologorum sententia licite potest hoc in casu sic cum marito suo coire, quippe cum ipsa ex parte sua det operam rei et actioni licitae, peccatum autem mariti permittat ex gravi causa, quae eam excusat, quoniam caritas, qua illud impedire teneretur, cum tanto incommodo non obligat.
b) At si maritus committere cum ea velit Sodomitarum crimen, cum hic sodomiticus coitus actus sit contra naturam ex parte utriusque coniugis sic coeuntis isque doctorum omnium iudicio graviter malus, hinc nulla plane de causa ne mortis quidem vitandae licite potest uxor hac in re impudico suo marito morem gerere.

2. Existan motivos proporcionalmente graves para cooperar al pecado del cónyuge;

3. Se procure ayudar al cónyuge (pacientemente, con la oración, con la caridad, con el diálogo: no necesariamente en aquel momento, ni en cada ocasión) a desistir de tal conducta».

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No hay dos tipos de doctrina moral de la Iglesia, una preconciliar y otra posconciliar, diferentes entre sí, sino una única y siempre coherente enseñanza moral: es utópico y anárquico, considerar que después del concilio Vaticano II la doctrina sobre la cooperación al pecado del cónyuge que voluntariamente hace infecundo el acto unitivo es nueva; es utópico y anárquico, en fin, considerar que después del concilio Vaticano II hay otra Iglesia, que la Iglesia pre-conciliar ha acabado y que ha surgido otra, totalmente “otra”:

«… llegados a este punto, quizá es útil decir que también hoy existen visiones según las cuales toda la historia de la Iglesia en el segundo milenio ha sido una decadencia permanente; algunos ya ven la decadencia inmediatamente después del Nuevo Testamento. En realidad, “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt”, las obras de Cristo no retroceden, sino que avanzan. ¿Qué sería la Iglesia sin la nueva espiritualidad de los cistercienses, de los franciscanos y de los dominicos, de la espiritualidad de santa Teresa de Ávila y de san Juan de la Cruz, etcétera? También hoy vale esta afirmación: “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt”, avanzan. San Buenaventura nos enseña el conjunto del discernimiento necesario, incluso severo, del realismo sobrio y de la apertura a los nuevos carismas que Cristo da, en el Espíritu Santo, a su Iglesia. Y mientras se repite esta idea de la decadencia, existe también otra idea, este “utopismo espiritualista”, que se repite. De hecho, sabemos que después del concilio Vaticano II algunos estaban convencidos de que todo era nuevo, de que había otra Iglesia, de que la Iglesia pre-conciliar había acabado e iba a surgir otra, totalmente “otra”. ¡Un utopismo anárquico! Y, gracias a Dios, los timoneles sabios de la barca de Pedro, el Papa Pablo vi y el Papa Juan Pablo II, por una parte defendieron la novedad del Concilio y, por otra, al mismo tiempo, defendieron la unicidad y la continuidad de la Iglesia, que siempre es Iglesia de pecadores y siempre es lugar de gracia».

→ BENEDICTO XVI, ‘Audiencia general’ (10 de marzo de 2010), n. 3.


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