19 oct. 2008

Conspiradores de Acuario



1. Consejo Pontificio de la Cultura, «Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era», 2.1:

A finales de 1977, Marilyn Ferguson envió un cuestionario a 210 «personas comprometidas en la transformación social» (persons engaged in social transformation), a los que también llama «Conspiradores de Acuario» (Aquarian Conspirators). Es interesante lo que sigue:

«Cuando se pedía a los encuestados que dieran el nombre de los individuos cuyas ideas les habían influido, bien a través del contacto personal, bien por medio de sus escritos, los más nombrados, por orden de frecuencia, fueron:

Pierre Teilhard de Chardin, C. G. Jung, Abraham Maslow, Carl Rogers, Aldous Huxley, Roberto Assagioli y J. Krishnamurti.

También aparecen mencionados frecuentemente:

Paul Tillich, Hermann Hesse, Alfred North Whitehead, Martin Buber, Ruth Benedict, Margaret Mead, Gregory Bateson, Tarthang Tulku, Alan Watts, Sri Aurobindo, Swami Muktananda, D. T. Suzuki, Thomas Merton, Willis Harman, Kenneth Boulding, Elise Boulding, Erich Fromm, Marshall McLuhan, Buckminster Fuller, Frederic Spiegelberg, Alfred Korzybski, Heinz von Foerster, John Lilly, Werner Erhard, Oscar Ichazo, Maharishi Mahesh Yoghi, Joseph Chilion Pearce, Karl Pribram, Gardner Murphy y Albert Einstein».

The Aquarian Conspiracy. Personal and Social Transformation in Our Time, Los Angeles, (Tarcher) 1980, p. 50 (nota 1) y p. 434.

(Trad. esp. La conspiración de Acuario. Transformaciones personales y sociales en este fin de siglo, Barcelona [Kairós] 1985).

2. Consejo Pontificio de la Cultura, «Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era», 7.3:

Monte Verità: comunidad utópica cerca de Ascona, Suiza. Desde finales del siglo XIX fue punto de encuentro de los exponentes europeos y americanos de la contracultura en ámbitos tales como la política, la psicología y la ecología. Las conferencias Eranos se vienen celebrando allí todos los años desde 1933, reuniendo a grandes luminarias de la Nueva Era. Sus anuarios manifiestan claramente la intención de crear una religión mundial integrada [cf. Michael Fuss, «New Age and Europe. A Challenge for Theology», en Mission Studies Vol. VIII-2, 16, 1991, pp. 195-196]. Resulta fascinante ver la lista de quienes se han reunido en Monte Verità a lo largo de los años.

3. Eranos Foundation. Lecturers (1933-1988)

Charles R.C. Allberry, A. Hilary Armstrong, Leo Baeck, Hans Bänziger, Julius Baum, Charlotte A. Baynes, Louis Beirnaert, Ernst Benz, Rudolf Bernoulli, Jean Brun, Martin Buber, Ernesto Buonaiuti, Walter Burkert, Frederik Jakobus Johannes Buytendijk, Carl Moritz Von Cammerloher, Joseph Campbell, Chung-Yuan Chang, Paul Citroen, Vera Christina Chute Collum, Henry Corbin, Walter Robert Corti, Jean Daniélou, Theodor-Wilhelm Danzel, Martin Cyril D'arcy, Yves A. Dauge, Bernard Delfgaauw, Friedrich Dessauer, Peter Dronke, Gilbert Durand, Robert Eisler, Mircea Eliade, Antoine Faivre, Markus Fierz, Marie-Louise Von Franz, Olga Fröbe-Kapteyn, Joseph Gantner, Kurt Gerhardt, Wolfgang Giegerich, Erwin R. Goodenough, Michel Guiomar, Pierre Hadot, Jakob Wilhelm Hauer, Friedrich Heiler, Erich Heller, Pjotr Hendrix, Gustav-Richard Heyer, James Hillman, Helmut Hoffmann, Gerald Holton, Stanley Romaine Hopper, Erik Hornung, Graham Hough, Michel Hulin, René Huyghe, Toshihiko Izutsu, Helmuth Jacobsohn, Anjela Jaffé, Edwin Oliver James, Adolf E. Jensen, Carl Gustav Jung, Werner Kaegi, Hayao Kawai, Hans Kayser, Károly Kerényi, Goeffrey S. Kirk, Hans-Joachim Klimkeit, Max Knoll, Wilhelm Koppers, Hermann Landolt, Joseph Bernhard Lang, Detlef I. Lauf, John Layard, Gerardus Van Der Leeuw, Hans Leisegang, Karl Löwith, Ulrich Mann, Louis Massignon, Paul Masson-Oursel, Fritz Meier, Pierre-Jean De Menasce, Reinhold Merkelbach, David L. Miller, Siegfried Morenz, Alexander Moret, Paul Mus, Georges Hermann Nagel, Erich Neumann, Walter Friedrich Otto, Paul Pelliot, Willard J. Peterson, Raffaele Pettazzoni, Charles Picard, Herbert Pietschmann, Helmuth Plessner, Manfred Porkert, Adolf Portmann, Laurens Van Der Post, Emil Preetorius, Ira Progroff, Jean Przyluski, Henry-Charles Puech, Max Pulver, Gilles Quispel, Paul Radin, Hugo Rahner, Kathleen Raine, Herbert Read, Karl Reinhardt, Caroline A.F. Rhys Davids, Peter Anselm Riedl, Rudolf Ritsema, Erwin Rousselle, Christopher Rowe, Hans Sachsse, Shmuel Sambursky, Tilo Schabert, Karl Ludwig Schmidt, Paul Schmitt, Herbert W. Schneider, Gershom Scholem, Erwin Schrödinger, François Secret, Jean Servier, Daryush Shayegan, Morton Smith, Andreas Speiser, Roger Alfred Stamm, Sigrid Strauss-Kloebe, Hildemarie Streich, Daisetz Teitaro Suzuki, Joël Thomas, Richard Thurnwald, Paul Tillich, Giuseppe Tucci, Shizuteru Ueda, Thure Von Uexküll, Sàndor Végh, Charles Virolleaud, Eric Voegelin, Boris P. Vysheslavtzeff, Wladimir Weidlé, Joseph G. Weiss, Victor Weisskopf, R.J. Zwi Werblowsky, Heinz Westman, Hermann Weyl, Victor White, Lancelot Law Whyte, Hellmuth Wilhelm, Walter Wili, Swami Yatiswarananda, Robert Charles Zaehner, Dominique Zahan, Alfred J. Ziegler, Heinrich Zimmer, Victor Zuckerkandl.

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7 oct. 2008

Sobre la adoración a la cruz de Cristo



«El Cristo de Lepanto»
Catedral de Barcelona, Cataluña

Un cartel allí dice: «Santo Cristo de Lepanto. Según la tradición oral esta imagen (siglo XV) presidió la Galera Capitana del bando cristiano que en el golfo de Lepanto hundió la flota otomana el 7 de octubre de 1571, durante el Pontificado del Santo Padre Pío V».

Según un relato, una bala de cañón llevaba dirección de impactar sobre Él pero la figura, milagrosamente, se ladeó ligeramente esquivando el proyectil. Así quedó. Se le atribuyen muchos milagros.


Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III Qu.25 a.4



Pasamos ahora a tratar de las cosas que atañen a Cristo en relación con nosotros. Y, en primer lugar, de nuestra adoración a Él; después, de su título de mediador nuestro ante Dios. Sobre lo primero se plantean seis interrogantes: 1. ¿Debemos adorar la divinidad y la humanidad de Cristo con una sola y misma adoración? 2. ¿Es preciso que adoremos su cuerpo con adoración de latría? 3. ¿Se debe rendir adoración de latría a la imagen de Cristo? 4. ¿Debe prestarse esa misma adoración a la cruz de Cristo? 5. ¿Ha de rendirse tal adoración a su Madre? 6. ¿Son objeto de adoración las reliquias de los santos?


[…] Parece que no debe tributarse adoración de latría a la cruz de Cristo.

Contra esto: Está que rendimos culto de latría a la realidad en que ponemos la esperanza de nuestra salvación. Pero ponemos tal esperanza en la cruz de Cristo, ya que canta la Iglesia: Salve, ¡oh Cruz!, única esperanza. En este tiempo de la pasión aumenta la justicia a los buenos y otorga el perdón a los culpables. Luego la cruz de Cristo debe ser adorada con adoración de latría.

Respondo: Como antes hemos expuesto (a.3), el honor o la reverencia sólo se deben a la criatura racional; a la criatura insensible solamente le son debidos por razón de la naturaleza racional. Y esto sucede de dos modos: uno, en cuanto que representa a la criatura racional; otro, en cuanto que de alguna manera está unida a ésta. Por el primer motivo ha sido costumbre de los hombres venerar la imagen del rey, y, por el segundo, lo ha sido venerar su vestido. A ambas cosas les prestan los hombres la misma veneración que al rey en persona.

Por consiguiente, si hablamos de la misma cruz en que Cristo fue crucificado, ésta debe ser venerada por nosotros por ambos motivos: primero, porque nos representa la figura de Cristo extendido en ella; segundo, a causa de su contacto con los miembros de Cristo, y porque fue regada con su sangre. De donde, por ambos motivos, debe ser adorada con la misma adoración que Cristo, esto es, con adoración de latría. Y ésta es la razón de que nos dirijamos a la cruz y la imploremos como al mismo Crucificado.

Pero, si hablamos de la imagen de la cruz de Cristo en cualquier otra materia, por ejemplo en piedra, madera, plata u oro, entonces veneramos la cruz sólo como imagen de Cristo; la veneramos con adoración de latría, como antes hemos dicho (a.3) .

Objeciones y soluciones a las objeciones: Objeción 1. Ningún hijo piadoso venera lo que ha sido afrenta de su padre, por ejemplo el látigo con que fue azotado, o el madero en que fue colgado; más bien lo aborrece. Ahora bien, Cristo sufrió en el madero de la cruz una muerte por demás ignominiosa, según (Sg 2,20): Condenémosle a muerte afrentosísima. Luego más bien debemos aborrecer la cruz que venerarla.

Solución a la objeción 1. La cruz es considerada como una infamia de Cristo, según la opinión o intención de los infieles; en cambio, atendiendo al efecto de nuestra salvación, es mirada como el poder divino del propio Cristo, mediante el cual triunfó de los enemigos, según aquel pasaje de (Col 2,14-15): Quitó de en medio el acta de condenación, clavándola en la cruz, y despojando a los principados y potestades, los expuso confiadamente, triunfando abiertamente de ellos en sí mismo. Por eso también escribe el Apóstol en (1Co 1,18): La doctrina de la cruz, necedad para los que se pierden; pero es poder de Dios para los que se salvan, es decir, para nosotros.

Objeción 2. Adoramos la humanidad de Cristo con adoración de latría en cuanto que está unida al Hijo de Dios en su persona. Esto no puede decirse respecto de la cruz. Luego la cruz de Cristo no debe ser adorada con adoración de latría.

Solución a la objeción 2. Aunque la cruz de Cristo no estuviera unida personalmente al Verbo de Dios, lo estuvo, sin embargo, de algún otro modo, a saber, por medio de la representación y del contacto. Y sólo por esta razón es reverenciada.

Objeción 3. Como la cruz de Cristo fue instrumento de su pasión y muerte, así también lo fueron otras cosas, por ejemplo los clavos, la corona y la lanza; y, sin embargo, a éstos no les rendimos culto de latría. Luego da la impresión de que tampoco debemos adorar la cruz de Cristo con adoración de latría.

Solución a las objeción 3. Por lo que se refiere al contacto con los miembros de Cristo, no solamente adoramos la cruz, sino también todo lo relacionado con El en este aspecto. Por eso dice el Damasceno en el libro IV: Se debe adorar con toda justicia el precioso madero como santificado por el contacto con el santo cuerpo y con la sangre, los clavos, los vestidos, la lanza, y los lugares sagrados en que habitó. Sin embargo, todas estas cosas no representan la imagen de Cristo como lo hace la cruz, que es llamada el estandarte del Hijo del hombre, que aparecerá en el cielo, como se dice en (Mt 24,30). Por esto dijo el ángel a las mujeres (Mc 16,6): Buscáis a Jesús Nazareno el crucificado. No le llamó alanceado, sino crucificado. Y de ahí proviene el que veneremos la imagen de la cruz de Cristo en cualquier materia; pero no hacemos lo mismo con la representación de los clavos o de otras cosas parecidas.

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