2 ago 2013

La insaciable ansia de saber, el pecado de Salomón


El pecado de Salomón

La práctica de los misterios en Israel. Es un hecho abundantemente atestiguado por la historia de Israel que desde los primeros tiempos se practicaron los cultos falsos, los “misterios”. El “dios” que se fabrica en el desierto debía ser el buey, identificado en la mitología egipcia con Osiris; lo de becerro buey joven, ha de proceder del pequeño tamaño de la imagen fundida por Aarón (cf. Éxodo, 32, 4).

“Mas lo que nos interesa extraer del acontecimiento es la prueba de que el pueblo hebreo, hasta después de su milagrosa liberación, después de conocer experimentalmente, místicamente, la existencia de su verdadero Dios a través de una larga serie de prodigios, en su mayoría, sigue profesando la religión egipcia, como tan elocuentemente delata su apostasía, que ha de ser tan dura y sangrientamente castigada.

Ahora bien, cabe preguntarse si aquella mayoría del pueblo hebreo profesaría únicamente la idolatría egipcia en su aspecto exotérico, popular, grosero. De ser así, lógicamente no hubiese perdurado y la religión de Yahvé se hubiera impuesto. Mas como sucede lo contrario, la idolatría domina y es mayoritaria, con muy contadas excepciones, durante cortos periodos, a partir del final del reinado de Salomón. Lógicamente, se ha de inducir la existencia de una minoría en la élite judía, iniciada en el esoterismo, en los misterios, en la teología y teurgia egipcias, cuya existencia explicaría, como en todas las idolatrías de aquellos siglos y durante muchos ulteriores, el reinado popular de tan absurdas y groseras mitologías religiosas, de las cuales eran los “misterios” su espíritu, su alma, animación, infundiéndoles vitalidad, vida, merced en verdad a un recurso indigno. Porque para todos los iniciados en los “misterios”, las creencias populares eran falsas o, a lo más, meras reminiscencias o simbolismos de sus ocultas verdades; en fin, un medio de conseguir la obediencia de la inculta masa mediante aquellos mitos y supersticiones prácticas.

El episodio del “becerro” acaecía en el siglo XV antes de Cristo, según las cronologías largas; según las cortas, en el siglo XIII. De todas maneras, nueve o siete siglos antes de la cautividad de Babilonia, período en el cual se quiere fijar el nacimiento de la Cábala, el esoterismo, la gnosis judía, engendrada por un contagio de zoroastrismo que pervierte la ley. Cuando como el episodio del Sinaí lo demuestra, no la perversión de la ley sino que la perversión de la inmensa mayoría del pueblo judío data siglos antes del xvi o del XIII, según se quiera.

Después del episodio del becerro, es constante la unidad del pueblo de Dios en la idolatría, en tiempos de los jueces y en el de Salomón.

Rex autem Salomon amavit mulieres alienigenas multas […] fueruntque ei uxores quasi reginae septingentae et concubinae trecentae, et averterunt mulieres cor eius. Cumque iam esset senex, depravatum est cor eius per mulieres, ut sequeretur deos alienos; nec erat cor eius perfectum cum Domino Deo suo sicut cor David patris eius, sed colebat Salomon Astharthen, deam Sidoniorum, et Melchom idolum Ammonitarum.

“El rey Salomón, además de la hija del Faraón, amo a muchas mujeres extranjeras … tuvo setecientas mujeres de sangre real y trescientas concubinas, y las mujeres torcieron su corazón. Cuando envejeció Salomón, sus mujeres arrastraron su corazón hacia los dioses ajenos, y no era su corazón enteramente de Yahvé, su Dios, como lo había sido el de David. Y se fue Salomón tras de Astarté, diosa de los sidonios, y tras de Milcom, abominación de los hijos de Amón” (I Reyes, 11, 1.2-5).

Retengamos: “Salomón rindió culto a Astarté, Milcom, Kemos y Molok...” El culto a Molok era la inmolación de las víctimas humanas; a veces, la víctima era el hijo del inmolador.

Ahora bien, y es adonde debíamos llegar, Salomón es el arquetipo de la sabiduría. Sin ser privado de ella por Dios, cae al fin de sus días en una múltiple idolatría, profesa un sincretismo idolátrico, en el cual está comprendido el horroroso culto a Molok. Y cabe preguntarse si dada la sabiduría y la ciencia de Salomón, se explica que cayera en tales aberraciones idolátricas, desafiando las iras del auténtico Dios, por mera seducción de sus mujeres extranjeras. No es lógico, ni verosímil, ni probable. Lo inducible ha de ser que sea seducido precisamente a través de su misma sabiduría, dada su inherente e insaciable ansia de saber. Tal ansia, tan propia de sabio, es natural que lo llevase a querer conocer los “misterios” de todas aquellas idolatrías siendo iniciado en sus más recónditos esoterismos. Su casamiento con la hija del faraón egipcio, con una hija del dios Ra encarnado, le debió dar derecho a ser iniciado por los sacerdotes egipcios en su egoteísmo, secreto último de sus misterios, por ellos exportados a Fenicia, Grecia y Siria… No sería una excepción Israel, teniendo un rey hijo político del “dios encarnado”. Aquel egoteísmo de los misterios egipcios, aquella deificación del iniciado en ellos, verdadera posesión diabólica para nosotros cristianos, era el oculto e indomable impulso al mal, cuya expresión mas satánica eran los sacrificios humanos perpetrados con mayor o menor publicidad y en mayor o menor número por la inmensa mayoría de los idólatras.

Lo ratificamos, la caída de Salomón en las idolatrías tan solo puede tener explicación por una previa perversión doctrinal con simultánea experiencia mágica, en cuya iniciación adquiere conciencia de su autodivinidad: la Cábala.

Los lectores habrán visto que, a partir de Salomón, incluso el mismo, se pueden contar con los dedos y sobran dedos, los reyes que permanecen fieles al Dios de Israel, Mas, incluso cuando reinan estos, salvo en el caso de Josías, el culto a Yahvé que debía ser el culto de una minoría, se oficia simultáneamente con los cultos idolatras; sin duda porque los reyes no se atreven o carecen de fuerza, para prohibirlos y destruir los templos y lugares de abominación.

Al iniciar esta síntesis bíblica de la idolatría de Israel insinuamos la existencia en todas las idolatrías de unos “misterios”, de unas doctrinas esotéricas profesadas por la élite intelectual y política, constituyendo el oculto soporte ideológico-mágico (para el profeta, demoníaco) de los groseros y sangrientos cultos idolátricos de las masas.

FUENTE: Julio Meinvielle, ‘De la cábala al progresismo’ (Buenos Aires, 1994), páginas 97-99.

Páginas 108-110 del documento .pdf:

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4 feb 2013

El pecado mortal de la circuncisión

El pecado mortal de la circuncisión

EUGENIO IV, 1431-1447

CONCILIO DE FLORENCIA, 1438-1445, XVII ecuménico
(unión con los griegos, armenios y jacobitas)

Decreto para los jacobitas

[De la Bula ‘Cantate Domino’,
de 4 de febrero de 1441 (fecha florentina) ó 1442 (actual)] [*]

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Concilium Florentinum, ‘Decretum pro Iacobitis’ (anno 1442): DS 1330, 1348


Dz 703, DS 1330 La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro […]

Dz 712, DS 1348 Firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituidas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, y empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento. Y que mortalmente peca quienquiera ponga en las observancias legales su esperanza después de la pasión, y se someta a ellas, como necesarias a la salvación, como si la fe de Cristo no pudiera salvarnos sin ellas. No niega, sin embargo, que desde la pasión de Cristo hasta la promulgación del Evangelio, no pudiesen guardarse, a condición, sin embargo, de que no se creyesen en modo alguno necesarias para la salvación; pero después de promulgado el Evangelio, afirma que, sin pérdida de la salvación eterna, no pueden guardarse. Denuncia consiguientemente como ajenos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo, observan la circuncisión y el sábado y guardan las demás prescripciones legales y que en modo alguno pueden ser partícipes de la salvación eterna, a no ser que un día se arrepientan de esos errores. Manda, pues, absolutamente a todos los que se glorían del nombre cristiano que han de cesar de la circuncisión en cualquier tiempo, antes o después del bautismo, porque ora se ponga en ella la esperanza, ora no, no puede en absoluto observarse sin pérdida de la salvación eterna.


Dz 703, DS 1330 Sacrosancta Romana Ecclesia, Domini et Salvatoris nostri voce fundata […]

Dz 712, DS 1348 Firmiter credit, profitetur et docet, legalia Veteris Testamenti, seu Mosaicae legis, quae dividuntur in ceremonias, sacra sacrificia, sacramenta, quia significandi alicuius futuri gratia fuerant instituta, licet divino cultui illa aetate congruerunt, significato per illa Domino nostro Iesu Christo adveniente cessasse, et Novi Testamenti sacramenta coepisse. Quemcumque etiam post passionem in legalibus spem ponentem et illis velut ad salutem necessariis se subdentem, quasi Christi fides sine illis salvare non posset, peccasse mortaliter. Non tamen negat a Christi passione usque ad promulgatum Evangelium illa potuisse servari, dum tamen minime ad salutem necessaria crederentur, sed post promulgatum Evangelium sine interitu salutis aeternae asserit non posse servari. Omnes ergo post illud tempus circumcisionis et sabbati reliquorumque legalium observatores alienos a Christi fide denuntiat et salutis aeternae minime posse esse participes, nisi aliquando ab iis erroribus resipiscant. Omnibus igitur, qui christiano nomine gloriantur, praecipit omnino, quocumque tempore, vel ante vel post baptismum, a circumcisione cessandum; quoniam sive quis in ea spem ponat, sive non, sine interitu salutis aeternae observari omnino non potest.

SUMA TEOLÓGICA

Parte I-IIae
Cuestión 103. Duración de los preceptos ceremoniales


Artículo 4: Después de la pasión de Cristo, ¿se pueden observar los ritos legales sin pecado mortal?

Objeciones por las que parece que después de la pasión de Cristo se pueden observar los ritos legales sin pecado mortal.

1. No es de creer que los apóstoles, después de recibir el Espíritu Santo, hayan pecado mortalmente; pues, según dice San Lucas (24,49) ‘habían sido llenos de su plenitud’. Pero los apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo, observaban los ritos legales, pues se dice en Act 16,3 que San Pablo circuncidó a Timoteo, y en Act 21,26 se lee que el mismo Apóstol, siguiendo el consejo de Santiago, ‘tomando consigo a los varones y purificado con ellos, entró en el templo al día siguiente, anunciando el cumplimiento de los días de la consagración, para saber el día en que pudiera presentar la ofrenda por cada uno de ellos’. Luego se podía después de la pasión de Cristo observar los ritos legales sin cometer pecado mortal.

2. Se ordenaban las observancias legales a evitar el trato con los gentiles. Pero esto lo practicó el primer pastor de la Iglesia, según se dice en Gál 2,12, que ‘antes de venir algunos de los de Santiago comía con los gentiles; pero, en cuanto aquéllos llegaron, se retrajo y apartó...’. Luego sin pecado mortal se pueden observar los ritos legales.

3. Los preceptos de los apóstoles no podían inducir a los hombres a pecado; pero por el decreto de los apóstoles se estableció que los gentiles guardasen ciertas observancias legales, según consta por Act 15, 28 ss: ‘Porque ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna otra carga que estas necesarias, que os abstengáis de las carnes inmoladas a los ídolos, de sangre y de lo ahogado y de la fornicación, de lo cual haréis bien en guardaros’. Luego sin incurrir en pecado se pueden observar, después de la pasión de Cristo, los ritos legales.

Contra esto: está la sentencia del Apóstol, que dice a los Gálatas 5,2: ‘Si os circuncidáis, Cristo no os aprovechará de nada’. Pero nada excluye el fruto de la redención de Cristo, fuera del pecado mortal; luego el circuncidarse y observar los otros ritos legales después de la pasión de Cristo es pecado mortal.

Respondo: Son las ceremonias otras tantas profesiones de la fe, en que consiste el culto interior; y tal es la profesión que el hombre hace con las obras cual es la que hace con las palabras. Y, si en una y otra profesa el hombre alguna falsedad, peca mortalmente. Y, aunque sea una misma la fe que los antiguos patriarcas tenían de Cristo y la que nosotros tenemos, como ellos precedieron a Cristo y nosotros le seguimos, la misma fe debe declararse con diversas palabras por ellos y por nosotros, pues ellos decían: ‘He aquí que la virgen concebirá y parirá un hijo’, que es expresión de tiempo futuro; mientras que nosotros expresamos la misma fe por palabras de tiempo pasado: que la Virgen ‘concibió y parió’. De igual modo las ceremonias antiguas significaban a Cristo, que nacería y padecería; pero nuestros sacramentos lo significan como nacido y muerto. Y como pecaría quien ahora hiciera profesión de su fe diciendo que Cristo había de nacer, lo que los antiguos con piedad y verdad decían, así pecaría mortalmente el que ahora observase los ritos que los antiguos patriarcas observaban piadosa y fielmente. Esto es lo que dice San Agustín en ‘Contra Faustum’: ‘Ya no se promete que nacerá Cristo, que padecerá, que resucitará, como los antiguos ritos pregonaban; ahora se anuncia que nació, que padeció, que resucitó, y esto es lo que pregonan los sacramentos que practican los cristianos’.

A las objeciones:

1. Sobre este punto una fue la sentencia de San Jerónimo, y otra la de San Agustín. Distingue San Jerónimo dos tiempos: uno, antes de la pasión de Cristo, en que los ritos de la ley no eran ‘muertos’, como si no obligasen o no tuviesen, a su modo, la virtud expiatoria; ni eran ‘mortíferos’, pues no pecaban los que los practicaban. Pero luego de la pasión de Cristo empezaron a ser no sólo muertos, esto es, sin virtud y sin obligación; pero también mortíferos, pues pecaban mortalmente quienes los observaban. De aquí venía a decir que nunca después de la pasión habían los apóstoles observado de verdad los ritos legales, sino con cierta piadosa simulación, para no escandalizar a los judíos e impedir su conversión. Esta simulación se ha de entender, no en el sentido que ellos no ejerciesen de verdad aquellos actos, sino que no los ejecutaban como impuestos por la ley, como si alguno se quitase la película del miembro viril por motivo de salud y no por observar un rito legal.

Mas, porque no parece decoroso que los apóstoles, por evitar el escándalo, ocultasen las cosas tocantes a la fe y a la doctrina cristiana y que en cosas tocantes a la salvación de los fíeles usasen de simulación, por eso San Agustín, con más razón, distinguió tres tiempos: uno, antes de la pasión de Cristo, en que los ritos legales ni eran mortíferos ni muertos; otro, después de la divulgación del Evangelio, en que esos ritos son muertos y mortíferos; y un tercero, medio entre los dos, desde la pasión de Cristo hasta la divulgación del Evangelio, en que los ritos legales eran muertos porque carecían de toda virtud y nadie estaba obligado a observarlos; pero no eran mortíferos, y los convertidos a Cristo de entre los judíos los podían lícitamente observar, con tal que no pusieran en ellos la esperanza y la consideración como necesarios para la salvación, como si la fe de Cristo fuera insuficiente para justificar sin los ritos legales. Pero los gentiles que se convertían a Cristo no tenían motivo para observarlos. Por esto San Pablo circuncidó a Timoteo, nacido de madre judía, pero se resistió a circuncidar a Tito, que era nacido de padres gentiles.

Y no quiso el Espíritu Santo que desde luego se prohibiera a los judíos convertidos la observancia de los ritos legales, como se prohibía a los convertidos gentiles los ritos de la gentilidad, para mostrar la diferencia entre unos y otros. Pues los ritos gentiles eran repudiados como ilícitos y prohibidos por Dios, mientras que los ritos de la ley cesaban, por cuanto la razón por la que habían sido instituidos quedaba cumplida con la pasión de Cristo.

2. Según San Jerónimo, San Pedro simulaba apartarse de los gentiles para evitar el escándalo de los judíos, cuyo apóstol era, y así no había en esto ningún pecado, y de manera también simulada le reprendió San Pablo para evitar el escándalo de los gentiles, de quienes era apóstol. Pero San Agustín reprueba esta interpretación, porque San Pablo, en una escritura canónica (Gál 2,11), en la que no está permitido admitir que haya cosa falsa, dice que Pedro ‘era reprensible’. Así que sin duda que pecó San Pedro y que San Pablo le reprendió de verdad. Ahora bien, no estuvo el pecado de Pedro en haber observado algún tiempo los ritos legales, porque, como a judío, le era permitido, sino por haber puesto extremada diligencia en esta observancia por temor de escandalizar a los judíos, aunque con escándalo de los gentiles.

3. Dijeron algunos que tal prohibición de los apóstoles no se ha de entender a la letra, sino en sentido espiritual, a saber, en la prohibición de la sangre, el homicidio; en la prohibición de lo ahogado, la violencia y la rapiña; en la de las carnes inmoladas, la idolatría; y la fornicación se prohíbe como cosa de suyo mala. Tienen esta opinión de ciertas glosas que exponen místicamente estos preceptos. Pero como el homicidio y la rapiña eran tenidos por ilícitos aun por los gentiles, no había por qué darles semejantes preceptos a los que de la gentilidad se convertían a Cristo.

Por esto dicen otros que la prohibición de esos comestibles se ha de entender a la letra, no como observancias legales, sino como medios de reprimir la gula. Y San Jerónimo dice sobre Ezequiel (44,31): ‘Condena a los sacerdotes que en sus comidas y otras cosas tales no guardan, por amor de la gula, estos preceptos’. Mas, porque hay otros manjares más delicados y que más provocan a la gula, no parece había razón para que éstos, más que aquéllos, fueran prohibidos.

Por esto dice una tercera sentencia que esas prohibiciones se han de entender a la letra, no como observación legal, sino como preceptos destinados a fomentar la unión de los gentiles y judíos que habitaban juntos. A causa de la antigua costumbre, a los judíos les eran cosas abominables la sangre y la carne ahogada, y el comer de las carnes inmoladas a los ídolos podía engendrar en los judíos sospechas de idolatría de parte de los gentiles. Por esto se prohibieron estas cosas en aquel tiempo, en que era nueva la reunión de los judíos y los gentiles. Andando el tiempo y cesando la causa, cesó también el efecto, una vez divulgada la verdad de la doctrina evangélica, enseñada por el Señor, de que nada de ‘lo que entra por la boca mancha al hombre’, como se lee en Mt 15,11, y de que ‘no se ha de rechazar nada de lo que se toma con hacimiento de gracias’ (1 Tim 4,4). La fornicación se prohíbe de modo especial porque los gentiles no la tenían por pecado.


ARTICULUS 4

[38134] Iª-IIae q. 103 a. 4 arg. 1 Ad quartum sic proceditur. Videtur quod post passionem Christi legalia possint sine peccato mortali observari. Non est enim credendum quod apostoli, post acceptum spiritum sanctum, mortaliter peccaverint, eius enim plenitudine sunt induti virtute ex alto, ut dicitur Lucae ult. Sed apostoli post adventum spiritus sancti legalia observaverunt, dicitur enim Act. XVI, quod Paulus circumcidit Timotheum; et Act. XXI, dicitur quod Paulus, secundum consilium Iacobi, ‘assumptis viris, purificatus cum eis intravit in templum, annuntians expletionem dierum purificationis, donec offerretur pro unoquoque eorum oblatio’. Ergo sine peccato mortali possunt post Christi passionem legalia observari.

[38135] Iª-IIae q. 103 a. 4 arg. 2 Praeterea, vitare consortia gentilium ad caeremonias legis pertinebat. Sed hoc observavit primus pastor Ecclesiae, dicitur enim ad Gal. II, quod, cum venissent quidam Antiochiam, ‘subtrahebat et segregabat se Petrus a gentilibus’. Ergo absque peccato post passionem Christi legis caeremoniae observari possunt.

[38136] Iª-IIae q. 103 a. 4 arg. 3 Praeterea, praecepta apostolorum non induxerunt homines ad peccatum. Sed ex decreto apostolorum statutum fuit quod gentiles quaedam de caeremoniis legis observarent, dicitur enim Act. XV, ‘visum est spiritui sancto et nobis nihil ultra imponere oneris vobis quam haec necessaria, ut abstineatis vos ab immolatis simulacrorum, et sanguine, et suffocato, et fornicatione’. Ergo absque peccato caeremoniae legales possunt post Christi passionem observari.

[38137] Iª-IIae q. 103 a. 4 s. c. Sed contra est quod apostolus dicit, ad Gal. V, ‘si circumcidimini, Christus nihil vobis proderit’. Sed nihil excludit fructum Christi nisi peccatum mortale. Ergo circumcidi, et alias caeremonias observare, post passionem Christi est peccatum mortale.

[38138] Iª-IIae q. 103 a. 4 co. Respondeo dicendum quod omnes caeremoniae sunt quaedam protestationes fidei, in qua consistit interior Dei cultus. Sic autem fidem interiorem potest homo protestari factis, sicut et verbis, et in utraque protestatione, si aliquid homo falsum protestatur, peccat mortaliter. Quamvis autem sit eadem fides quam habemus de Christo, et quam antiqui patres habuerunt; tamen quia ipsi praecesserunt Christum, nos autem sequimur, eadem fides diversis verbis significatur a nobis et ab eis. Nam ab eis dicebatur, ecce virgo concipiet et pariet filium, quae sunt verba futuri temporis, nos autem idem repraesentamus per verba praeteriti temporis, dicentes quod concepit et peperit. Et similiter caeremoniae veteris legis significabant Christum ut nasciturum et passurum, nostra autem sacramenta significant ipsum ut natum et passum. Sicut igitur peccaret mortaliter qui nunc, suam fidem protestando, diceret Christum nasciturum, quod antiqui pie et veraciter dicebant; ita etiam peccaret mortaliter, si quis nunc caeremonias observaret, quas antiqui pie et fideliter observabant. Et hoc est quod Augustinus dicit, contra Faustum, ‘iam non promittitur nasciturus, passurus, resurrecturus, quod illa sacramenta quodammodo personabant, sed annuntiatur quod natus sit, passus sit, resurrexerit; quod haec sacramenta quae a Christianis aguntur, iam personant’.

[38139] Iª-IIae q. 103 a. 4 ad 1 Ad primum ergo dicendum quod circa hoc diversimode sensisse videntur Hieronymus et Augustinus. Hieronymus enim distinxit duo tempora. Unum tempus ante passionem Christi, in quo legalia nec erant mortua, quasi non habentia vim obligatoriam, aut expiativam pro suo modo; nec etiam mortifera, quia non peccabant ea observantes. Statim autem post passionem Christi incoeperunt esse non solum mortua, idest non habentia virtutem et obligationem; sed etiam mortifera, ita scilicet quod peccabant mortaliter quicumque ea observabant. Unde dicebat quod apostoli nunquam legalia observaverunt post passionem secundum veritatem; sed solum quadam pia simulatione, ne scilicet scandalizarent Iudaeos et eorum conversionem impedirent. Quae quidem simulatio sic intelligenda est, non quidem ita quod illos actus secundum rei veritatem non facerent, sed quia non faciebant tanquam legis caeremonias observantes; sicut si quis pelliculam virilis membri abscinderet propter sanitatem, non causa legalis circumcisionis observandae. Sed quia indecens videtur quod apostoli ea occultarent propter scandalum quae pertinent ad veritatem vitae et doctrinae, et quod simulatione uterentur in his quae pertinent ad salutem fidelium; ideo convenientius Augustinus distinxit tria tempora. Unum quidem ante Christi passionem, in quo legalia non erant neque mortifera neque mortua. Aliud autem post tempus Evangelii divulgati, in quo legalia sunt et mortua et mortifera. Tertium autem est tempus medium, scilicet a passione Christi usque ad divulgationem Evangelii, in quo legalia fuerunt quidem mortua, quia neque vim aliquam habebant, neque aliquis ea observare tenebatur; non tamen fuerunt mortifera, quia illi qui conversi erant ad Christum ex Iudaeis, poterant illa legalia licite observare, dummodo non sic ponerent spem in eis quod ea reputarent sibi necessaria ad salutem, quasi sine legalibus fides Christi iustificare non posset. His autem qui convertebantur ex gentilitate ad Christum, non inerat causa ut ea observarent. Et ideo Paulus circumcidit Timotheum, qui ex matre Iudaea genitus erat; Titum autem, qui ex gentilibus natus erat, circumcidere noluit. Ideo autem noluit spiritus sanctus ut statim inhiberetur his qui ex Iudaeis convertebantur observatio legalium, sicut inhibebatur his qui ex gentilibus convertebantur gentilitatis ritus, ut quaedam differentia inter hos ritus ostenderetur. Nam gentilitatis ritus repudiabatur tanquam omnino illicitus, et a Deo semper prohibitus, ritus autem legis cessabat tanquam impletus per Christi passionem, utpote a Deo in figuram Christi institutus.

[38140] Iª-IIae q. 103 a. 4 ad 2 Ad secundum dicendum quod, secundum Hieronymum, Petrus simulatorie se a gentilibus subtrahebat, ut vitaret Iudaeorum scandalum, quorum erat apostolus. Unde in hoc nullo modo peccavit, sed Paulus eum similiter simulatorie reprehendit, ut vitaret scandalum gentilium, quorum erat apostolus. Sed Augustinus hoc improbat, quia Paulus in canonica Scriptura, scilicet Gal. II, in qua nefas est credere aliquid esse falsum, dicit quod Petrus reprehensibilis erat. Unde verum est quod Petrus peccavit, et Paulus vere eum, non simulatorie, reprehendit. Non autem peccavit Petrus in hoc quod ad tempus legalia observabat, quia hoc sibi licebat, tanquam ex Iudaeis converso. Sed peccabat in hoc quod circa legalium observantiam nimiam diligentiam adhibebat ne scandalizaret Iudaeos, ita quod ex hoc sequebatur gentilium scandalum.

[38141] Iª-IIae q. 103 a. 4 ad 3 Ad tertium dicendum quod quidam dixerunt quod illa prohibitio apostolorum non est intelligenda ad litteram, sed secundum spiritualem intellectum, ut scilicet in prohibitione sanguinis, intelligatur prohibitio homicidii; in prohibitione suffocati, intelligatur prohibitio violentiae et rapinae; in prohibitione immolatorum, intelligatur prohibitio idololatriae; fornicatio autem prohibetur tanquam per se malum. Et hanc opinionem accipiunt ex quibusdam Glossis, quae huiusmodi praecepta mystice exponunt. Sed quia homicidium et rapina etiam apud gentiles reputabantur illicita, non oportuisset super hoc speciale mandatum dari his qui erant ex gentilitate conversi ad Christum. Unde alii dicunt quod ad litteram illa comestibilia fuerunt prohibita, non propter observantiam legalium, sed propter gulam comprimendam. Unde dicit Hieronymus, super illud Ezech. XLIV, ‘omne morticinum etc., condemnat sacerdotes qui in turdis et ceteris huiusmodi, haec, cupiditate gulae, non custodiunt’. Sed quia sunt quaedam cibaria magis delicata et gulam provocantia, non videtur ratio quare fuerunt haec magis quam alia prohibita. Et ideo dicendum, secundum tertiam opinionem, quod ad litteram ista sunt prohibita, non ad observandum caeremonias legis, sed ad hoc quod posset coalescere unio gentilium et Iudaeorum insimul habitantium. Iudaeis enim, propter antiquam consuetudinem, sanguis et suffocatum erant abominabilia, comestio autem immolatorum simulacris, poterat in Iudaeis aggenerare circa gentiles suspicionem reditus ad idololatriam. Et ideo ista fuerunt prohibita pro tempore illo, in quo de novo oportebat convenire in unum gentiles et Iudaeos. Procedente autem tempore, cessante causa, cessat effectus; manifestata evangelicae doctrinae veritate, in qua dominus docet quod nihil quod per os intrat, coinquinat hominem, ut dicitur Matth. XV; ‘et quod nihil est reiiciendum quod cum gratiarum actione percipitur’, ut I ad Tim. IV dicitur. Fornicatio autem prohibetur specialiter, quia gentiles eam non reputabant esse peccatum.

NOTAS Y ABREVIATURAS

[*] Msi XXXI 1735 D ss; Hrd IX 1023 A ss; BR(T) 5, 59 b SS; MBR I. 344 b ss; cf. Hfl VII 794 ss; cf. Bar(Th) 1441, 1 ss (28, 354 a ss).

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Msi = MANSI, IOHANN. DOMINICI, ‘Sacrorum Conciliorum nova et amplissima collectio’, tomo I, Florencia 1759 ss (después París, Leipzig).

Hrd = HARDUINI, P. IOHANNIS, S. I., ‘Conciliorum Collectio regia maxima’ (Labbei et Cossartii) sive: ‘Acta Conciliorum et Epistolae Decretales ac Constitutiones Summorum Pontificum’, París 1715 (tomo I) ss.

BR(T) = ‘Bullarum, Diplomatum et privilegiorum sanctorum Romanorum Pontificum Taurinensis editio’ [Bullarium Taurinense], Turín 1857 (tomo I) ss.

MBR = ‘Magnum Bullarium Romanum a beato Leone Magno usque ad Benedictum XIV’, Laertii Cherubini, ed. novissima cum Continuatione, Luxemburgo, [o más bien, Ginebra, cf. SCHERER, ‘Handbuch des Kirchenrechts I’, Graz 1886, 293 n. 11] 1727 (1742) tomo I ss.

Hfl = HEFELE, CARL IOSEPH V. (HERGENRÖTHER-KNÖPFLER), ‘Conciliengeschichte’, 9 tomos. Friburgo 1873 (tomo I) ss.

Bar(Th) = Baronii, Caesaris S. R. E. Card. (Od. Raynaldi et Iac. Laderchii), ‘Annales Ecclesiastici’, ed. Aug. Theiner. Bar-le-Duc 1864 (tomo I) ss.

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8 dic 2012

Benedicto XVI sobre las ideología del liberalismo y la tecnocracia




BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

1. [...] Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado. Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres. [...]

4. [...] El que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales. Estos derechos y deberes han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros, empezando por los civiles y políticos.

Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. Esto se debe a que, cada vez más, el trabajo y el justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no están adecuadamente valorizados, porque el desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. El trabajo es considerado una mera variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. A este propósito, reitero que la dignidad del hombre, así como las razones económicas, sociales y políticas, exigen que «se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan» [Carta enc., Caritas in veritate (29 junio 2009), 32: AAS 101 (2009), 666-667]. La condición previa para la realización de este ambicioso proyecto es una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad. A este bien corresponde un deber y un derecho que exigen nuevas y valientes políticas de trabajo para todos.

5. Actualmente son muchos los que reconocen que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Tanto el desarrollo integral, solidario y sostenible, como el bien común, exigen una correcta escala de valores y bienes, que se pueden estructurar teniendo a Dios como referencia última. No basta con disposiciones de muchos medios y una amplia gama de opciones, aunque sean de apreciar. Tanto los múltiples bienes necesarios para el desarrollo, como las opciones posibles deben ser usados según la perspectiva de una vida buena, de una conducta recta que reconozca el primado de la dimensión espiritual y la llamada a la consecución del bien común. De otro modo, pierden su justa valencia, acabando por ensalzar nuevos ídolos.

Para salir de la actual crisis financiera y económica – que tiene como efecto un aumento de las desigualdades – se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad. Desde otra perspectiva, sin embargo, el éxito auténtico y duradero se obtiene con el don de uno mismo, de las propias capacidades intelectuales, de la propia iniciativa, puesto que un desarrollo económico sostenible, es decir, auténticamente humano, necesita del principio de gratuidad como manifestación de fraternidad y de la lógica del don [cf. ibíd., 34. 36: AAS 101 (2009), 668-670; 671-672]. En concreto, dentro de la actividad económica, el que trabaja por la paz se configura como aquel que instaura con sus colaboradores y compañeros, con los clientes y los usuarios, relaciones de lealtad y de reciprocidad. Realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Se encuentra así trabajando no sólo para sí mismo, sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo digno.

En el ámbito económico, se necesitan, especialmente por parte de los estados, políticas de desarrollo industrial y agrícola que se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático. Es fundamental e imprescindible, además, la estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales; éstos han de ser estabilizados y mejor coordinados y controlados, de modo que no se cause daño a los más pobres. La solicitud de los muchos que trabajan por la paz se debe dirigir además – con una mayor resolución respecto a lo que se ha hecho hasta ahora – a atender la crisis alimentaria, mucho más grave que la financiera. La seguridad de los aprovisionamientos de alimentos ha vuelto a ser un tema central en la agenda política internacional, a causa de crisis relacionadas, entre otras cosas, con las oscilaciones repentinas de los precios de las materias primas agrícolas, los comportamientos irresponsables por parte de algunos agentes económicos y con un insuficiente control por parte de los gobiernos y la comunidad internacional. Para hacer frente a esta crisis, los que trabajan por la paz están llamados a actuar juntos con espíritu de solidaridad, desde el ámbito local al internacional, con el objetivo de poner a los agricultores, en particular en las pequeñas realidades rurales, en condiciones de poder desarrollar su actividad de modo digno y sostenible desde un punto de vista social, ambiental y económico.


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1 oct 2012

Bartholomew Kiely, La atención de las personas homosexuales. Nota psicológica


La atención de las personas homosexuales. Nota psicológica

Bartholomew Kiely, S.J.

1. Introducción. 2. El origen de la homosexualidad masculina. 3. El origen de la homosexualidad femenina. 4. Carácter defensivo de las relaciones homosexuales. 5. Variedad concreta de la condición homosexual. 6. Transición a la valoración moral objetiva. 7. Algunas implicaciones para la atención pastoral de las personas homosexuales

La atención de las personas homosexuales. Nota psicológica

1. Introducción

El objetivo de este artículo consiste en mostrar al lector no especialista en psicología una visión sintética de la condición homosexual a la luz de la psicología contemporánea, añadiendo alguna referencia bibliográfica para una mejor comprensión de la Carta. La tarea no es sencilla. Entre los psicólogos contemporáneos hay algunos que se inspiran en el empirismo mecanicista y otros en la filosofía de Platón y, entre estas dos posiciones extremas, se encuentra toda una gama de posiciones intermedias. La «crisis de valores» de los últimos veinte años ha tenido también su repercusión en el campo psicológico: son muchos los psicólogos que no aceptan un orden moral objetivo [1]. Además, existe un debate en la psicología-psiquiatría sobre la valoración de la condición homosexual. Algunos piensan más o menos del siguiente modo: la gratificación de las necesidades más intensas de la persona es de importancia central para su realización como persona; no existe un criterio objetivo para discriminar entre necesidades moralmente aceptables y necesidades no aceptables, sino que todo depende de las preferencias subjetivas de la persona individual; la persona que encuentra en sí tendencias homosexuales tiene un derecho a la gratificación sexual igual al de la persona con tendencias heterosexuales. Este planteamiento relativista se encuentra incluso en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders de la American Psychiatric Association, tercera edición [2], que considera la homosexualidad un desorden sólo cuando no es querida por la persona; es decir, cuando es «ego-dystonic» (pp. 281-282) [3].

[1] Nótese que el relativismo moral no es una característica de la psicología en cuanto tal. La psicología puede también desempeñar un papel positivo como aliado de las ciencias sagradas; depende del modo en el que se estructura la necesaria integración. Sobre este punto se volverá al final del artículo.

[2] American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Third edition, A.P.A., Washington D.C., 1980.

[3] El proceso por el que se ha llegado a esta posición sobre la homosexualidad, que supone un componente relevante de presión política, lo discute SOCARIDES en Socarides C.W., «The Sexual Deviations and the Diagnostic Manual», American Journal of Psychotherapy, 32 (178) 414-426.

- La posición de este Manual sobre la homosexualidad se basa, en última instancia, sobre los presupuestos generales de la subjetividad de los valores; no se trata de una posición puramente científica. Un sondeo independiente hecho entre psiquiatras americanos mientras el Manual se estaba preparando ha mostrado que la mayoría continuaban considerando la homosexualidad una alteración [4].

[4] H. L. LIEF, Sexual Survey n° 4: current thinking on homosexuality, Medical Aspects of Human Sexuality, 11 (1977) 110-111.

- En la psicología contemporánea, quien acepta la objetividad al menos de algunos valores, sobre todo la madurez motivacional y la libertad de la «sobredeterminación» (over-determination) en la motivación y en el comportamiento [5], en general considera la homosexualidad objetivamente un desorden y, con más precisión, una estrategia o mecanismo de defensa contra problemas más profundos enraizados en la persona a causa de su propia historia evolutiva; por ejemplo: Socarides [6], Lesse [7], Barnhouse [8], Moberley [9], y Bieber & Bieber [10]. En los párrafos siguientes intentaré presentar en forma sintética esta visión más crítica de la condición homosexual, con algunas de las razones principales por las que la homosexualidad se considera una condición objetivamente desordenada. Es importante notar que aquí se usa el término «desorden» en su sentido psicológico-psiquiátrico y todavía no en un sentido moral.

[5] Cf. SOCARIDES, op. cit., pp. 415-418.

[6] Op. cit.

[7] S. LESSE, Editorial, American Journal of Psychoterapy, 27 (1973) 151-154; S. LESSE, Edtorial, American Journal of Psychoterapy, 28 (1974) 1-3.

[8] R. T. BARNHOUSE, Homosexuality: a symbolic confusion, Seabury Press, New York, 1977.

[9] E. MOBERLEY, Homosexuality: structure and evaluation, Theology, 83 (177-184).

[10] I. BIEBER, T. B. BIEBER, Male Homosexuality, Canadian Journal of Psychiatry, 24 (1979) 409-421.

2. El origen de la homosexualidad masculina

Probablemente, el modo más fácil de llegar a comprender la condición homosexual es considerar su origen.

La cuestión de una posible predisposición biológica hacia la homosexualidad es una cuestión que todavía no ha sido completamente aclarada [11]. De todos modos, aun en el caso de que exista esta predisposición biológica, de ahí no se sigue que esta predisposición se deba considerar normal; existen, al parecer, predisposiciones biológicas a otras alteraciones psíquicas que no por esto se consideran «normales». La evidencia de la que se dispone indica que la evolución psíquica de la persona, durante la que forma sus procesos simbólicos, es de importancia central en el desarrollo de una orientación homosexual.

[11] R. CREEN, Homosexuality, in: Comprehensive Textbook of Psychiatry, third edition, ed. Freedman A. M. et al., Williams & Wilkins, Baltimore, 1980, vol. 2, pp. 1762-1780.

- La investigación más seria y amplia hecha sobre este tema ha sido resumida por Bieber & Bieber en un artículo de 1979. Se refiere a la homosexualidad masculina, que ha sido más estudiada que la femenina. Bieber & Bieber basa sus conclusiones en entrevistas realizadas a más de mil homosexuales varones, y también en entrevistas hechas a alrededor de cien parejas de padres que tenían un hijo homosexual.

En la mayor parte de los casos (no en todos) el hijo homosexual tenía una relación demasiado íntima con la madre que se caracterizaba por un cierto tono erótico más o menos escondido; con frecuencia la madre prefería este hijo a su marido. Por el contrario, la relación entre el padre y el hijo se caracterizaba siempre por una actitud de agresión y competencia por parte del padre; a veces de manera escondida y, más frecuentemente, de manera abierta. La relación difícil entre el hijo y el padre dificulta el proceso de maduración psicosexual en el hijo. La tarea del joven varón de separarse de la relación infantil con la madre y establecer en su lugar una identificación preferencial con el padre se ha hecho demasiado difícil. «Un chico que se transforma en homosexual deja la infancia con un profundo odio y miedo al padre, pero también con un enorme deseo del afecto y de la aceptación paterna. No hemos entrevistado nunca a un homosexual masculino que fuese amado y estimado abiertamente por el padre. Hemos dicho y escrito repetidas veces que un chico que goza de una buena relación con su padre no llegará a ser homosexual; ... mientras que no es verdad que el hijo de un padre agresivo tenga que llegar a ser homosexual» [12]. No haber encontrado ninguna excepción a esta configuración de la relación entre padre e hijo homosexual en el estudio de más de mil casos da un peso notable a las conclusiones de estos autores [13]. Los autores indican además que, mientras que un buen padre puede neutralizar el efecto de una madre demasiado íntima (cuando existe este problema en la relación madre-hijo), favoreciendo el crecimiento del hijo hacia una masculinidad madura, un padre demasiado duro por el contrario acaba por reforzar la relación patológica con la madre. Se comienza a intuir en qué sentido el comportamiento homosexual puede tener un significado defensivo; puesto que la sexualidad en general es una realidad muy plástica, capaz de contener muchos significados simbólicos [14], puede expresar tanto el deseo del afecto paterno como la agresión hacia el padre.

[12] BIEBER & BIEBER, p. 411.

[13] SOCARIDES (op. cit., pp. 419-420) menciona las conclusiones alcanzadas por unanimidad por una comisión de once psiquiatras de Nueva York después de dos años de trabajo intenso (470-472); estas conclusiones son muy parecidas a las de Bieber.

[14] M. A. FRIEDERICH, Motivations for Coitus, Clinical Obstetrics and Gynecology, 13 (1970) 691-700.

3. El origen de la homosexualidad femenina

El desarrollo de la sexualidad femenina no ha sido estudiado con la misma atención; parece que, entre las mujeres, la homosexualidad es menos frecuente. De acuerdo con Barnhouse [15], la chica, mientras permanece identificada con su madre, debe establecer una independencia de la madre suficiente para adquirir una identidad propia. Debe aprender de su madre el valor de ser mujer; debe adquirir también una seguridad suficiente en la relación con los varones y, sobre todo, con su padre. La realización de estas tres tareas puede ser defectuosa. La madre quizá no permite suficientemente la individuación de su hija. La madre puede transmitir de maneras diversas a la hija que ser mujer es una desgracia y que la relación con un hombre sólo puede causar sufrimiento. El padre puede ser duro o cruel, y crear en la hija miedo a los hombres en general. Consecuentemente, la hija, buscando conciliar la propia sexualidad con el miedo al hombre y con su deseo de seguridad puede buscar relaciones homosexuales, usando la homosexualidad como estrategia defensiva de modo análogo a la del varón.

[15] 8, op. cit. capítulo 7.

4. Carácter defensivo de las relaciones homosexuales

Moberley [16], tratando de la homosexualidad en general afirma: «en medio de muchísimos detalles se sugiere un principio constante de modo subyacente: que el homosexual, sea varón o mujer, ha sufrido alguna carencia en la relación con el padre del mismo sexo; y que existe una tendencia correspondiente a reparar esta falta, por medio de relaciones con personas del mismo sexo, esto es, relaciones homosexuales».

[16] 9, op. cit. p. 178.

- Se puede decir, por lo tanto, en pocas palabras, que el encuentro homosexual, tal como es descrito por la persona homosexual en el curso de una psicoterapia parece ser un encuentro entre dos personas, cada una de las cuales se siente incompleta (como varón, o como mujer). Cada persona usa a la otra para completarse a sí misma; deseando no sólo una gratificación sexual en sentido estricto, sino también un sentido de seguridad, protección, autoestima, dominio, etc. En el caso extremo, simulan ser juntos una sola persona más completa. En este sentido el encuentro homosexual es diverso del heterosexual.

El encuentro heterosexual se da entre dos personas diversas físicamente y también psicológicamente y, por lo tanto, complementarias como hombre y mujer; y las diferencias son causa de alegría. Si Romeo posee una hermosa voz baja y profunda, mientras que Julieta es soprano, no se envidian el uno al otro; pueden cantar en armonía. En el encuentro homosexual, sin embargo, falta esta diversidad y complementariedad. Incluso la diferencia numérica entre las personas parece a veces oscurecerse [17]. Para cada uno de los partners, el otro se convierte en parte de su propio «sistema defensivo» [18]. Mientras se mantiene una relación homosexual hay normalmente un aspecto de tensión evidente o latente en la relación [19]. A veces se tiene la impresión de que una relación de este tipo se mantiene fundamentalmente a través de un ciclo de ofensas y reconciliaciones, como si la felicidad o la serenidad de uno de los partners pudiese poner fin a la relación y, por lo tanto, no pudiera permitirse.

[17] J. A. KIEPSTAN, C. S. BEPKO, «The problem of Fusion in the Lesbian Relationship», Family Process, 19 (1980) 277-289.

[18] M. M. R. KHAN, The function of Intimacy and Acting Out in Perversions, in Sexuality and Identity, ed. H. M. Ruitenbeel, Delta Books, New York, 1970, pp. 372-389.

[19] I. BIEBER, Homosexuality, in: Comprehensive Textbook of Psychiatry, ed. Freedman A. M., Kaplan H. I., first edition, Williams & Williams, Baltimore, 1967, pp. 964-965.

5. Variedad concreta de la condición homosexual

Para evitar una excesiva simplificación hay que decir también que la condición homosexual no representa una realidad homogénea describible de manera unívoca. Existen diversos tipos de homosexualidad más o menos irreversibles que pueden estar acompañados por diversos grados de psico-patología.

Según Ovesey [20], podemos distinguir tres categorías diversas de motivación implicadas en las relaciones o tendencias homosexuales: la dependencia afectiva, el poder o dominio, y finalmente la gratificación sexual en sentido estricto. En el homosexual manifiesto (overt), la gratificación sexual posee importancia primaria, aunque también son importantes las motivaciones de dependencia y de dominio. En el pseudohomosexual, sin embargo, prevalece la motivación de dependencia o de dominio (o las dos); la fuerza de estas motivaciones la lleva a establecer con otra persona del mismo sexo relaciones que pueden adquirir, como manifestación secundaria, un carácter erótico. A estos dos tipos descritos por Oversey, parece necesario añadir también un tercero, la homosexualidad imaginaria o temida. Afecta sobre todo a los varones adolescentes en periodos de mayor depresión o inseguridad. Temen ser homosexuales, pero sin haber experimentado nunca una atracción homosexual clara o, a lo sumo, una atracción pasajera; parece, por decirlo de algún modo, una forma de hipocondría psicológica.

[20] L. OVESEY, Homosexuality and Pseudohomosexuality, Science House, New York 1969, pp. 28-31.

- Existen también diversos grados de irreversibilidad en la condición homosexual. La homosexualidad imaginaría o temida es probablemente una preocupación pasajera. La pseudo-homosexualidad debería ser relativamente fácil de superar, siempre que se pueda superar la parte no sexual del problema. La homosexualidad manifiesta, en el sentido de Ovesey, será en general difícil de superar. Existen personas homosexuales, sobre todo de sexo masculino, que han tenido una orientación exclusivamente homosexual desde la pubertad; para estas personas será muy difícil librarse de la orientación homosexual. Para algunos será probablemente imposible cambiar en este sentido.

La persona homosexual, por último, puede no tener prácticamente otras alteraciones que las que se refieren a la tendencia homosexual o puede sufrir simultáneamente otros disturbios, incluso graves [21]. Era necesario hacer referencia a esta variedad general en la condición homosexual para no dar la impresión de una homogeneidad que no existe. Después de esta matización se puede decir también, de todos modos, que el significado simbólico de las relaciones o tendencias homosexuales será en general, aunque con muchos matices diversos, como se ha descrito en las secciones 2-4.

[21] O. F. KERNBERG, Borderline Conditions and Pathological Narcissim, Aronson, New York, 1975, pp. 328-331.

6. Transición a la valoración moral objetiva

Teniendo presente lo que se ha dicho hasta el momento, los actos homosexuales se presentan como la manifestación de una estrategia con la que la persona homosexual intenta defenderse de problemas subyacentes, más o menos inconscientes, que no ha conseguido resolver. En el acto homosexual una persona intenta usar a otra como parte de su sistema defensivo. Este modo de actuar contradice de manera obvia el sentido cristiano de la sexualidad humana como autodonación recíproca en la complementariedad de los sexos, como autotrascendencia en el amor del tú humano y del Tú divino (nn. 6-7 de la Carta). Los actos homosexuales, como otras maniobras defensivas, pueden producir un alivio momentáneo en la persona; pero, a largo plazo, no resuelven sus problemas más profundos, incluidas sus aspiraciones de trascendencia [22]. Los actos homosexuales pueden corresponder a la búsqueda de un bien parcial pero no corresponden al bien integral de la persona [23], en última instancia porque no corresponden al plan del Dios Creador para la realización humana (nn. 2, 6, 7). Finalmente, por lo tanto, las reflexiones psicológicas aquí presentadas coinciden con la valoración moral de los actos homosexuales como «intrínsecamente desordenados»... y «actos privados de sus finalidades esenciales e indispensables», «que no pueden ser aprobados en ningún caso» [24]. Se advierta de todos modos que según el análisis que aquí se ha realizado, la finalidad que falta no afecta sólo al significado procreativo de la sexualidad (no consiste sólo en que los actos homosexuales no pueden ser fecundos); afecta en primer lugar a la integridad del significado unitivo, porque los actos homosexuales son en el fondo defensivos y no autotrascendentes.

[22] Cf. L. M. RULLA et al., Antropologia della Vocazione Cristiana, II: conferme esistenziali, Edizioni Piemme, Casale Monferrato, 1986, cap. 8.

[23] Cf. Humanae vitae, n. 7; Familiaris consortio, n. 32, 3.

7. Algunas implicaciones para la atención pastoral de las personas homosexuales

La distinción entre una orientación homosexual y los actos homosexuales [25] es de importancia obvia en este contexto. La persona, evidentemente, no es responsable de la tendencia homosexual que experimenta en cuanto se trata del resultado de una historia evolutiva difícil no querida por la misma persona. La responsabilidad de la persona afecta a lo que hace frente a esas tendencias.

[25] Carta a los Obispos, n. 3, 1; Declaración, n. 8.

- Las dos implicaciones principales para la atención pastoral que se siguen del análisis realizado aquí coinciden con dos tema centrales de la Carta. En resumen: hay que ayudar a la persona homosexual de todos los modos posibles, lo que no significa animarla a actuar de acuerdo con sus principios homosexuales, sino lo contrario.

En primer lugar, como las personas homosexuales están ya heridas en su autoestima, hay que tratarlos siempre con mucho respeto y caridad. Hay que respetar siempre sus derechos de persona (n. 10). Tienen una necesidad especial de ser estimulados a llevar su cruz particular y participar así del Misterio Pascual de Jesucristo (n. 12). Adecuados programas de atención pastoral les ayudarán a profundizar en su vida espiritual y sacramental (n. 15). Tienen una necesidad especial del apoyo de la comunidad cristiana (n. 15), también para no definir su identidad exclusivamente en función de su orientación sexual (n. 16). Entre las contribuciones que ofrecen las ciencias psicológicas, sociológicas y médicas (n. 17) se puede sugerir de modo particular la posibilidad de sugerir a las personas homosexuales que emprendan una adecuada psicoterapia del profundo cuando sea posible. Bieber & Bieber [26] afirman que del 30 al 50 por ciento de los varones homosexuales pueden, con la ayuda de una terapia de este tipo, superar el problema de su orientación homosexual. Y cuando no resulta posible para la persona cambiar su orientación homosexual, esta terapia le puede ayudar a alcanzar un mayor dominio de sus impulsos y a tener más paz consigo misma.

[26] BIEBER & BIEBER, op. cit., p. 416.

- En segundo lugar, está claro que todas estas posibles atenciones tienen como objeto ayudar a la persona homosexual a superar sus problemas. Esto es lo contrario de aceptar la homosexualidad como algo normal y después permitir o favorecer su expresión a nivel de actos homosexuales. Sería como dar de beber al alcoholizado; significaría favorecer una estrategia defensiva que es intrínsecamente desordenada tanto moral como psicológicamente, que no resuelve los problemas más profundos de la persona, sino que a largo plazo aumentará la dificultad de su situación. Actuar de este modo no es ni caritativo ni sabio; es simplemente equivocado.

Dada la dificultad en la que se encuentra la persona homosexual, es importante no hacer su situación todavía más difícil presentándole una enseñanza moral falsa o ambigua (nn. 13, 14, 15), cediendo quizá a diversas formas de presión social (nn. 8, 9, 14). Quien se encuentra frente a un deber difícil, pero con la duda de que se trati1 verdaderamente de un deber, no tiene muchas posibilidades de superar las dificultades.

A estas dos indicaciones principales de la Carta se puede añadir también otro punto que está, por así decir, a mitad de camino entre los dos puntos principales. Frente a la debilidad que se puede encontrar en algunas personas homosexuales (como en otras personas), es útil tener presente «la ley de la gradualidad» [27]. La «ley de la gradualidad» es aplicable por analogía también a los problemas de los homosexuales, al menos, según el parecer del que subscribe. Es diferente de la idea de la «gradualidad de la ley» [28] que se encuentra también bajo el nombre de «proporcionalismo». Sin presumir que todas las personas homosexuales carecen de libertad esencial en la esfera sexual (n. 11), hay que reconocer la probabilidad que para algunos de ellos el camino a la libertad presentará dificultades notables. Aunque su libertad esencial no haya sido eliminada, su libertad efectiva puede estar limitada en grados diversos [29]. La «ley de la gradualidad» implica que, cuando existe una debilidad real y no fingida en relación a una norma moral, la persona está obligada a esforzarse sinceramente «para poner las condiciones necesarias para observar esta norma» [30]. En otras palabras, hay que proteger a la persona del desánimo cuando el camino hacia una vida de castidad cristiana presenta dificultades especiales y está acompañado por repetidos fracasos.

[27] Familiaris consortio, n. 34, 4.

[28] Ibid.

[29] Cf. nota 20.

[30] Familiaris consortio, n. 34, 4.

- Un problema como la atención pastoral a las personas homosexuales pone de manifiesto la importancia general de una integración entre las ciencia humanas y las ciencia sagradas para tener una visión más completa de la persona humana en su grandeza de hijo de Dios y también en su división interna (Gaudium et spes, 10). Esta división interna, con raíces también inconscientes, resulta quizá particularmente evidente en un problema como la homosexualidad, pero no se limita a estos problemas dramáticos y no se limita al sector de la psicopatología en el sentido psiquiátrico corriente. Se manifiesta también de muchas otras maneras no psicopatológicas: dificultad en vivir la vocación sacerdotal, religiosa o matrimonial; abandono de estas vocaciones; «protagonismo» y dificultades en la colaboración u obediencia, y en otros modos en los que las personas encuentran dificultades en vivir «según la verdad en la caridad» (Ef 4, 15), dificultades que muchas veces la misma persona no consigue entender a fondo. Una integración apropiada de las ciencias humanas y sagradas puede iluminar muchos problemas que encontramos. Dos obras recientes que afrontan la necesidad de una integración de este tipo pueden ser interesantes para el lector [31].

[31] L. M. RULLA, Antropologia della Vocazione Cristiana, I: Basi interdisciplinari, Edizioni Piemme, Cásale Monferrato, 1985; RULLA y otros Antropologia della vita cristiana, H: conferirte esistenziali, Edizioni Piemme, Casale Monferrato 1986.

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16 sept 2012

Casariego sobre izquierdas, centro y derechas



Jesús Evaristo Casariego, Teniente de Requetés. Óleo de Segura

Le aclararé al lector que yo no soy ni me siento de derechas, ni de centro, ni de izquierdas. Teóricamente me une a la derecha lo que dice y no hace sobre religión y patriotismo; al centro lo que dice y no hace sobre convivencia, moderación y equilibrio; a la izquierda lo que dice y no hace sobre justicia social transformadora. Pero sé muy bien que derechas, centro e izquierdas, como tres grupos divisores y enfrentados, llevarán a España a la ruina y a la perdición.

Jesús Evaristo Casariego

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