6 ago 2012

Ley "de gradualidad" y gradualidad "de la ley"


Ley "de gradualidad" y gradualidad "de la ley"

Los padres sinodales, dirigiéndose a los que ejercen el ministerio pastoral en favor de los esposos y de las familias, han rechazado toda separación o dicotomía entre la pedagogía, que propone un cierto progreso en la realización del plan de Dios, y la doctrina propuesta por la Iglesia con todas sus consecuencias, en las cuales está contenido el precepto de vivir según la misma doctrina. No se trata del deseo de observar la ley como un mero “ideal”, como se dice vulgarmente, que se podrá conseguir en el futuro, sino como un mandamiento de Cristo Señor a superar constantemente las dificultades. En realidad no se puede aceptar un “proceso de gradualidad”, como se dice hoy, si uno no observa la ley divina con ánimo sincero y busca aquellos bienes custodiados y promovidos por la misma ley. Pues la llamada “ley de gradualidad” o camino gradual no puede ser una “gradualidad de la ley”, como sí hubiera varios grados o formas de precepto en la ley divina, para los diversos hombres y las distintas situaciones. Todos los esposos están llamados a la santidad en el matrimonio, según el plan de Dios, y esta excelsa vocación se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad. Por tanto, los esposos a quienes no unen las mismas convicciones religiosas, no pueden limitarse a aceptar de forma pasiva y fácil la situación, sino que deberán esforzarse, con paciencia y benevolencia, por llegar a una voluntad común de fidelidad a los deberes del matrimonio cristiano.

Juan Pablo II, ‘Alocución en la Clausura de la V Asamblea General del Sínodo de los Obispos’ (25 de octubre de 1980), n. 8

Sería un gravísimo error concluir... que la norma enseñada por la Iglesia sea de suyo solamente un “ideal”, que deba adaptarse, proporcionarse, graduarse –como dicen– a las posibilidades del hombre “contrapesando los distintos bienes en cuestión”. Pero ¿cuáles son las “posibilidades concretas del hombre”? ¿Y de qué’ hombre se está hablando? ¿Del hombre dominado’ por la concupiscencia o del hombre redimido por Cristo’? Porque se trata de esto: de la realidad de la Redención de Cristo. ¡Cristo nos ha redimido!’ Esto significa que nos ha dado la posibilidad’ de realizar la verdad entera’ de nuestro ser. Ha liberado nuestra libertad del dominio’ de la concupiscencia. Si el hombre redimido sigue pecando, no se debe a la imperfección del acto redentor de Cristo, sino a la voluntad’ del hombre de sustraerse de la gracia que deriva de aquel acto. El mandamiento de Dios es, ciertamente, proporcionado a las capacidades del hombre: pero a las capacidades del hombre a quien se ha dado el Espíritu Santo; del hombre que, si ha caído en el pecado, siempre puede obtener el perdón y gozar de la presencia del Espíritu.

Juan Pablo II, ‘Discurso a los participantes a un curso sobre la procreación responsable’ (1 de marzo de 1984), n. 4

La observancia de la ley de Dios, en determinadas situaciones, puede ser difícil, muy difícil: sin embargo jamás es imposible. Ésta es una enseñanza constante de la tradición de la Iglesia, expresada así por el concilio de Trento: «Nadie puede considerarse desligado de la observancia de los mandamientos, por muy justificado que esté; nadie puede apoyarse en aquel dicho temerario y condenado por los Padres: que los mandamientos de Dios son imposibles de cumplir por el hombre justificado. “Porque Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas” y te ayuda para que puedas. “Sus mandamientos no son pesados” (1 Jn 5, 3), “su yugo es suave y su carga ligera” (Mt 11, 30)» (Ses. VI. Decreto sobre la justificación ‘Cum hoc tempore’, cap. 11: DS, 1536; cf. can. 18: DS 1568. El conocido texto de san Agustín, citado por el Concilio, está tomado del De natura et gratia’, 43, 50 (CSEL 60, 270).

Juan Pablo II, Enc. Veritatis Splendor’ (6 de agosto de 1993), n. 102

☩☩☩

5 ago 2012

Del lógos de los griegos y de los romanos al Lógos de Dios



Cuando Jesús se convierte en caso. 

Benedicto XVI y la valentía de abrirse a la amplitud de la razón

Está en lanzamiento el libro «Ampliare l’orizzonte della ragione. Per una lettura di Joseph Ratzinger — Benedetto XVI» (Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2012, 77 páginas) del arzobispo prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. Publicamos pasajes de uno de los capítulos que retoma el texto de la intervención en el congreso «Del lógos de los griegos y de los romanos al Lógos de Dios. Recordando a Marta Sordi» (Milán, Universidad católica del Sagrado Corazón, 3 de noviembre de 2011).

Gerhard Ludwig Müller

En la lección de Ratisbona —un momento mágico de la historia universitaria alemana— Benedicto XVI puso nuevamente de relieve la síntesis entre fe y razón, y entre libertad y amor. Cuatro conceptos que hoy un mundo secularizado querría reclamar para sí, al tiempo que no reconoce a la Iglesia el derecho de presentarse como fundamento o fuente de una vida sensata de la sociedad. Quien no cree en Cristo como único e insuperable mediador de salvación, alardea de la propia apertura mental y capacidad de tolerancia, acusando al mismo tiempo a la Iglesia de constricción de las conciencias y de imperialismo espiritual. Pero esta tolerancia elevada a absoluto en una visión pluralista del mundo al parecer decae cuando se trata del cristiano y de su opción fundamental de fe.

Detrás de todo esto se oculta a menudo la idea de que el hombre sólo puede llegar a un conocimiento más profundo de manera  unidimensional, puramente inmanente. Lo no visible queda confinado al campo de la psicología o de la mitología, como modelo de superación subjetiva de una realidad insostenible, y por ello no se le atribuye ninguna existencia real. No existe, por consiguiente, ninguna pretensión de verdad, una medida última, un Dios. Pero, ¿cómo es posible emitir, con una actitud agnóstica, ese juicio tan apodíctico?

Nace así la dictadura del relativismo, de la que hablaba el cardenal Ratzinger en la apertura del cónclave del que saldría como Benedicto XVI.

El relativismo aplicado a la verdad no es sólo un razonamiento filosófico, sino que desemboca inevitablemente en la intolerancia respecto a Dios. Los enunciados centrales sobre Dios, Jesucristo, la Iglesia, se consideran, como mucho, una subcultura de una agrupación religiosamente motivada. Dios se convierte en un «ideal» utilizable para la edificación o la pedagogización de los hombres. Jesucristo se convierte en un «caso» particularmente adecuado para servir de modelo a la moral de la sociedad, y la Iglesia es una libre unión (como una asociación) de personas con las mismas opiniones subjetivas en materia de religión.

Aquí hay que buscar los motivos por los cuales los temas religiosos se convierten en tabúes en la esfera pública; y también los motivos por los cuales el mensaje cristiano y la Iglesia son excluidos del debate político.

La Iglesia, se dice, está constituida por personas motivadas religiosamente, que sin embargo no poseen ningún derecho de intervención y participación en la configuración del mundo. Están sujetas a un paradigma cultural limitado, que sin embargo por lo general no es vinculante, sino que más bien entra en la esfera de la subjetividad individual y colectiva.

También por la idea que la teología cultiva de sí misma, esta valoración de la fe no queda sin consecuencias. ¿Constituye aún una genuina investigación sobre Dios con los auspicios de la razón, o solamente un programa al que se dedican algunos de sus miembros?

El liberalismo relativista como forma agente del pluralismo no puede tolerar que Dios se haya revelado efectivamente al hombre, pues en ese caso se debería admitir que el hombre no es la medida de todas las cosas, sino que se debe al amor divino que otorga libertad. El liberalismo relativista, que absolutiza el placer y el lucro, se contrapone al hombre eucarístico, que debe a Dios su propia existencia y redención, y participa de la libertad y de la gloria de los hijos de Dios.

¿Puede tener éxito un mundo sin Dios? Este interrogante no se plantea en un nivel puramente teórico. Es necesario vincularlo a la premisa de que Dios existe y que nosotros lo separamos de lo que es su propiedad. No se trata, por lo tanto, de la cuestión de si Dios existe o no, sino del neto rechazo de su presencia. Quien reconoce que Dios es el perno y el eje de su propia vida, con frecuencia es objeto de burla no por el hecho de que no exista un Dios al que podríamos dirigirnos, sino porque se desearía desterrarlo conscientemente de la realidad. Una razón ilustrada se proclama Dios y sugiere que el hombre se basta a sí mismo.

Pero nuestra profesión de fe contiene ya el germen de un encuentro con Dios orientado según la razón humana. Razón y racionalidad no son conceptos incompatibles con la fe, aunque este es el reproche recurrente que hace la modernidad pluralista y relativista. Nosotros, en cuanto seres racionales, somos concebidos de manera tal que no escondemos a Dios ante la razón. Él la ha creado, él es el Lógos omnicomprensivo, en suma el único que puede guiarnos hacia la experiencia y el conocimiento. El hombre se piensa a sí mismo y piensa el mundo, y piensa su motivo trascendental que da origen a todo. Emplea su propia razón. Pero, ¿cómo puede la razón pensarse a sí misma sin hacer referencia a Dios?

El pluralismo relativista y el laicismo salen al encuentro de ese hombre que querría vivir sin Dios para no tener que sujetarse a reglas, reglas que sin embargo derivan precisamente del hecho mismo de ser hombre.

Un debate sin este punto de referencia desquicia al hombre. Porque ya no existe una base capaz de mostrarle quién es él, en sustancia. Sin el dominio liberador de Jesucristo, lo que constituye esencialmente al hombre se transforma en una farsa. Privado de consistencia, él se transforma en un monstruo, terror de quienes no son capaces de defenderse. Los ejemplos están a la vista de todos: los millones de abortos, la investigación con células madre embrionarias y la eutanasia.

Precisamente por esto, el mundo necesita una razón que no sea sorda respecto a lo divino. El Lógos divino asumió la naturaleza humana en Jesucristo. Esta es la fe que la razón enseña a comprender; esta es la razón que llega a la fe; esta es la libertad que actúa según la conciencia.

Fuente: L’Osservatore Romano, número 32, domingo 5 de agosto de 2012, página 7.

26 jun 2012

Memoria de Zumalacárregui: Carlismo y cuestión social (castellano y euskera)


Memoria de Zumalacárregui: Carlismo y cuestión social (castellano y euskera)

ZUMALAKARREGI*
Sevilla. Ediciones Montejurra. 1960

[Castellano]

Carlistas:

Corría el año de 1833. Había comenzado ya la primera guerra carlista. Un día, en un campo de las tierras de Navarra, se hallaban concentrados los voluntarios de don Carlos. De pronto, un jefe guerrero de unos cuarenta y cinco años de edad y alta graduación –patillas, boina roja, zamarra de piel de merino, mirada viva y penetrante...– surge a caballo en medio del campo. Y dirige la palabra a los voluntarios de don Carlos. El tono de su voz es a la vez firme y paternal.

Sus labios desgranan bellas palabras: Dios, Patria, Fueros, Rey legítimo... Y dicen también algo jamás escuchado en ocasiones análogas: “Desde mañana es imposible daros dos reales de prest, como se ha hecho hasta ahora; en lo sucesivo no se dará más que un real de vellón diario”.

Sí, así se expresó el gran Zumalacárregui el día en que se hizo cargo del mando supremo del ejército de don Carlos.

La mayor parte de los jefes militares, y no digamos, de los jefes políticos, no rebajan sino elevan, en semejantes ocasiones, la paga a sus subordinados, y además les halagan con promesas –como se dice ahora– de “enchufes” atrayentes.

Sin embargo, cuando Zumalacárregui terminó su arenga, los leales voluntarios de don Carlos, locos de entusiasmo, y lanzando al aire sus boinas, prorrumpieron en repetidos gritos de ¡Viva don Carlos! y ¡Viva Zumalacárregui!

Este sucedido nos muestra claramente que los carlistas de aquellos tiempos, al igual que los de ahora, no se movían en política por motivos de orden material, sino únicamente por su desinteresado amor a la bandera de Dios, Patria, Fueros, Rey.

Dios... Al igual que Zumalacárregui, los carlistas de hoy somos, ante todo y sobre todo, católicos, apostólicos, romanos.

Cuenta una leyenda que, cuando el general liberal Rodil quemó el convento de Aránzazu,

no pudiendo soportar
tan villana acción
dicen que
Zumalacárregui lloró.

Nosotros, los carlistas, hemos estado siempre de perfecto acuerdo con aquellas palabras memorables de Carlos VII: “Yo no daré un paso más adelante ni más atrás que la Iglesia de Jesucristo”. Sin embargo, los carlistas de hoy estamos incluso dispuestos a dar un paso más adelante que la Iglesia en la llamada cuestión social.

Patria-Fueros... Con estas palabras los carlistas queremos expresar que somos españoles y españolistas; pero al propio tiempo amantes sinceros de los fueros, usos y costumbres, y lenguas de los diversos pueblos de las Españas. Para nosotros las libertades de estos pueblos, las libertades regionales, no tienen más que un límite: la unidad de la gran patria española.

Rey... Finalmente, los carlistas de hoy somos, como Zumalacárregui, monárquicos. Pero, para nosotros, no hay más Rey que el legítimo. El Rey que reúna la doble legitimidad de la sangre y del ejercicio. Para nosotros, por ejemplo, no es Rey legítimo quien no sea amante verdadero del auténtico pueblo. Ni tampoco el que no haya jurado previamente, bajo el árbol de Guernica, los Fueros del País Vasco.

Cuenta la Historia que, hallándose agonizante Zumalacárregui, le preguntaron cuáles eran los bienes que dejaba, y que el general carlista contestó: “Dejo mi mujer y tres hijas, únicos bienes que poseo; nada más tengo que poder dejar”. ¡Ejemplo aleccionador para muchos gobernantes de hoy del mundo entero que no piensan sino en enriquecerse!

Pero, a decir verdad, Zumalacárregui dejó a su muerte algo más, muchos más: en primer lugar, su nombre inmortal.

Dicen unos conocidos versos de la época:

El nombre de Zumala
y su fama
se extiende lejos;
en las Cortes de los Reyes
en las villas y en los campos
¿hay alguno que no oiga
hablar de Zumala?

Y hace ciento quince años el poeta Iztueta escribía:

El mundo entero
recordará
hoy y siempre
a Zumalacárregui.

Actualmente, se conceptúa a Zumalacárregui como uno de los más grandes generales de todos los tiempos de Europa. Y, a mi modesto juicio, después de San Ignacio, es el hombre de más talla nacido hasta el presente, no ya en Guipúzcoa, si no en todo el País Vasco. Por ello, bien merece que se le erija un gran monumento en la capital de Guipúzcoa, en San Sebastián, al ilustre hijo de Ormáiztegui.

Juntamente con su nombre inmortal nos dejó también algo más Zumalacárregui: el ejemplo de su lealtad al Rey legítimo, sellada con su muerte.

Carlistas: hace ciento veinticinco años murió Zumalacárregui, precisamente en este mismo pueblo de Cegama. La muerte de Zumalacárregui fue una gran pérdida para la causa carlista, hasta el punto de que muchas gentes creyeron sinceramente que con ella el carlismo había dejado también de existir. Pero, a pesar de ello, y al cabo de ciento veinticinco años, aún pervive el carlismo, y por cierto con mejor salud y más esperanzas que nunca.

Y ahora, para terminar, dos palabras y un llamamiento a los que no militáis en las filas carlistas.

Al igual que los carlistas de los tiempos de Zumalacárregui, los carlistas de hoy tenemos los brazos abiertos para cuantos deseen incorporarse a nuestras filas. Para ello, no es absolutamente necesario que aceptéis íntegramente nuestra doctrina política. Bastará que admitáis los principios fundamentales de ella. Y si alguno, por el motivo que fuese, no se atreviere o animare a acercarse a nosotros, tenga presente que nosotros no tenemos inconveniente alguno en salir a mitad de camino en su busca.

Y vosotros, hermanos carlistas, ¡adelante! Adelante todos bajo la gloriosa bandera de Dios, Patria, Fueros, Rey que tan gallardamente enarboló el gran Zumalacárregui; bajo la bandera siempre vieja, pero a la vez siempre nueva e invariable de la Tradición. ¡Adelante siempre!

[Euskera]

Zarronzaleak! Karlista anaiak!

Milla ta zortzireun ta ogeita amairugarren urtea aurrera zijoan. Karlisten lenengo gerra asi berria zan oraindikan. Egun batez, Nafarroa’ko lurretako zelai batean, Don Karlos’en bertako ta inguruko probintzietako boluntarioak elkarturik arkitzen ziran. Ontan, berrogeita bost-bat urteko patilladun gerrari-buru bat-txapela gorria buruan, ardi-larruzko zamarra soiñean ta argitasun sarkor-bizia begietan agertzen da zaldi-gaiñean zelaiaren erdian. Ta Don Karlos’en boluntarioei itzegiten die sutsu baña zurki, zorrotz baña maiteki...

Baña zer dio? Jaungoikoa, Fueroak, Lege-zarrak, Errege bidezkoa ta beste orrelako itz ederrak irteten dira bere aotik zerurontz.

Zer geiago dio? Egundaño orrelako egokiera batean iñortxok ere esan ez duan zerbait. “Orain arte –esaten die gerrari buruak bere soldaduei–, orain arte erreal bi jaso dituzute egunean bakoitzak. Emendik aurrera erreal bat bakarra jasoko dezute, geiago ezin genezake eman-da. Baldin gero, uste degun bezala, gauzak obeto jartzen bazaizkigu, aziko zaizute saria”.

Bai, jaunak: Zumalakarregi aundia, Don Karlos’en soldadu guzien buru egin zan egunean, orrela mintzatu zan.

Gerrari-buru geienak, ta esan bearrik eztago noski politika alderdietakoak, orrelako egokieretan, beren mendokoei soldata ez jatxi, baizikan jaso egin oi diete, ta gañera losentxatu gaur esaten dan bezala, entxufe eder-ugariak eskeñiaz eta aginduaz.

Ala eta guziaz ere, Zumalakarregi’k bere itzaldia bukatu zuanean, Don Karlos’en boluntario leialak, pozaren pozez zoratuta bezala, ta txapelak aidera botaz, “Gora Don Karlos eta Zumalakarregi!” deadarka aldi luze batean jardun ziran.

Gertaera onek argi ta garbi erakusten digu, orduko karlistak, oraingoak be zelaxe, etzutela politika-saillean diruaren irabaziagatik jokatzen; Jaungoikoa, Soterria, Lege-zarrak eta Erregea’rekiko banderaganako maitasun garbiutsarengatik baizik.

Jaungoikoa... Bai, orduko karlistak bezelaxe, Zumalakarregi bezelaxe, gu ere lendabizi ta gauza guzien gaiñetik, Jaungoiko-zaleak gera.

Ipuiak dio, Rodil jeneral liberalak Arantzazu’ko eliza erre zuanean:

Alako salkeria
Ezin eramanik
Negar egin omen zun
Zumalakarregi’k.

gaurko olerkari esan duan bezala.

Karlistak beti bat etorri gera Karlos setimoren itz gogoangarri auekin: “Nik ez det oinkada bat, nik ez det pauso bat emango, Jesukristo’ren Eliza’k baño aurrerago ta atzerago”.

Baña, alaz guziaz ere, gaurko karlistak –ta ondo entzun– erderaz cuestión social deritzaion gizarte arloan, prest eta gerturik gaude bear bada Eliza’k berak baño oraindik oinkada bat, pauso bat aurrerago emateko.

Sorterria, Lege-zarrak... Itz auezaz esan nai degu, Españitarrak eta Españizaleak gerala, baña aldi berean Euskalerri’ko ta Españi’ko beste erri guzien lege-zar, Fuero, oitura ta izkuntza-zale amorratuak. Gure zaletasun onek muga bat, esi bat bakarrik du: Españi’ko erri guzien elkartasuna, batasuna.

Errege... Azkenik, Zumalakarregi bezelaxe, errege-zaleak gera. Baña ez edozein erregeren zaleak, errege bidezkoaren zaleak baizik. Ez da, guretzat, errege bidezko egiazkoa, odolez bakarrik bidezkoa dana. Ez. Guretzat errege bidezkoa da, odolez eta gañera egintzaz bidezkoa dana. onela, ta esate baterako, guretzat ez da bidezkoa bere erri xearen maitale egiazkoa ez dan erregea. Ez eta Gernika’ko arbolapean Euskalerri’ko Fueroa’k ziñeztu ez dituan erre gea ere.

Beragatik, guk ez degu artuemanik, guk ez degu trata-biderik, guk ez degu zer-ikusirik orain ogeita bederatzi urte, “or konpon!” esanaz, eta Españi osoa errevolucioaren atzaparretan utzirik, atzerrira iges egin zuan errege edo errege or dezko arekin ta bere seme ta ondorengoakin.

Kondairak dio, Zumalakarregi’ri iltzeko zorian zegoala galde-egin ziotela, ea ze ondasun uzten zituan. Ta Zumalakarregi’k erantzun zuala: “Emaztea ta iru alaba. Beste ondasunik ez det uzten. Ez det-eta”.

Erakuspen ederra gaurko mundu guziko gobernari berekoi ta diru-zale askorentzat...

Baña, egia esan, beste zerbait ere utzi zuan Zumalakarregi’k. Lenengoz, bere izen aundi illezkorra.

Zumalaren izena
Ta aren omena
Urrun da edatzen;
Erregeen kortetan
Iri ta kanpañetan,
Nork ez du aditzen
Zumalaz mintzatzen?

diote euskal-bertso zar ezagun batzuek.

Iztueta’k, orain eun ta amabost-bat urte. “Guipuzkoa’ko Pronbintziaren Kondaira”-n ezarritako bertsoak dira berriz beste auek:

Mundu guzti guztiak
Orain eta beti
Gogoan izango du
Zumalakarregi.

Egungo egunean berriz, sekulan lurbira guzian izan diran gerrariburu garaie netako bat bezala jotzen da Zumalakarregi. Ta, nere uste apalez, San Inazio’z landara, bera da iñolaz ere Gipuzkoa’n eta Gipuzkoa’n ezezik Euskalerri osoan jaiotako ta sortutako gizonik aundiena.

Beraz, egoki izango litzakeala derizkiot, Gipuzkoa’ko uri nagusian, Donostia’n. Zumalakarregi’ri oroikarri aundi-eder bat, monumentu bat, altzatzea, jasotzea. Merezi du-ta noski Ormaiztegi’ko seme ospetsuak.

Bere izen aundiarekin batera, utzi zigun Zumalakarregi’k beste zerbait ere: bere Errege bidezkoa ganako jaiera ta leialtasun egiaz-koen oroimena. Bere eriotzaz egiztatu zituan jaiera ta leialtasunaren oroimena.

Jaunak: orain eun ta ogeita bost urte il zan Zumalakarregi, ain zuzen ere emen bertan, Zegama’n. Galera aundia izandu zan karlistentzat Zumalakarregi’ren eriotza. Ain aundia ezik, non orduko jende geienak uste izan zuten, karlistak etzutela geiago bururik altxako, jasoko. Baña, oraindik ere, bizi gera karlistak. Ta iñoiz baño osasun obeagoarekin eta itxaropen aundiagoarekin, gañera.

Ta orain, bukatu baño len, itz bi ta dei bat karlistak ez diranentzat.

Zumalakarregi’ren denborako karlistak bezelaxe, gaurkoak ere besoak za bal-zabalik daduzkagu guregana etorri nai duten guzientzat. Ortarako ezta bear-bearrezkoa gure politika guzia osoro ta buruaren buru onartzea. Nai koa da gure politikaren oñarri nagusienak begi onez ikustea. Ta bateon bati lotsa-edo ematen badio guregana urbiltzeak, jakin beza guk ez dagukagula eragoz pe nikan beraren billa erdibidera irteteko ta joateko.

Ta zuek, zarronzaleok, karlista anaiak, aurrera guztioz! Aurrera Zumalakarregi aundiak ain goien paratu zuan Jaungoikoa, Sorterria, Lege zarrak eta Erregearekiko banderaren azpian; beti zarra, beti berria ta beti berdiña dan bandera eder-garbiaren azpian. Aurrera, mutillak! Aurrera beti!

* Zegama’n, 1960’eko Garagarrillaren 26’an egindako itzaldia, urte berean Sevilla’n, Memoria de Zumalacarregui liburuan argitaratua.

Liburu berean, Francisco Elías de Tejada eta Melchor Ferrer’ek egun orretan Zegama’n egindako itzaldiak.

MEMORIA DE ZUMALACÁRREGUI
En Cegama el 26 de junio de 1960

☩☩☩

6 abr 2012

Viernes Santo en Qala-i-Naw, Afganistán


Semana Santa en Afganistán

Fotografía tomada el Viernes Santo 06APR12 en la Base española “Ruy González de Clavijo”, Qala-i-Naw, Afganistán.

Personal del Escuadrón de Reconocimiento del Grupo de Reconocimiento de Caballería «Reyes Católicos», portando el Cristo de la Buena Muerte entre la séptima y octava estaciones del Vía Crucis que recorrió los viales de la Base española, en plena guerra.

Un fuerte abrazo Legionario.

¡Viva España!
¡Viva La Legión!

Benedictus Dominus Deus meus,
qui docet manus meas ad prælium,
et digitos meos ad bellum.
Misericordia mea, et refugium meum:
susceptor meus, et liberator meus:
Protector meus, et in eo speravi.

“Bendito el Señor Dios mío,
que adiestra mis manos a la pelea,
y mis dedos a la batalla.
Misericordia mía, y refugio mío
amparador mío, y libertador mío:
Protector mío, y en él he esperado”.

(Salmo 143. Oración de un rey pidiendo la victoria)

☩☩☩

7 mar 2012

Los cinco remedios de la tristeza según Santo Tomás de Aquino


Los cinco remedios de la tristeza o dolor (Suma Teológica I-II Qu. 38)

1. Cualquier delectación
2. El llanto
3. La compasión de los amigos
4. La contemplación de la verdad
5. El sueño y los baños

De los remedios de la tristeza o dolor
Suma Teológica I-II Qu. 38

Corresponde a continuación tratar de los remedios del dolor o tristeza (cf. q. 35 introd.). Esta cuestión plantea y exige respuesta a cinco problemas: 1. ¿Se mitiga el dolor o tristeza por cualquier delectación? 2. ¿Se alivia con el llanto? 3. ¿Por la compasión de los amigos? 4. ¿Por la contemplación de la verdad? 5. ¿Con el sueño y los baños?

ARTÍCULO 1 ¿Se mitiga el dolor o tristeza por cualquier delectación?

Objeciones por las que parece que no toda delectación mitiga cualquier dolor o tristeza.

Objeciones: 1. En efecto, la delectación no mitiga la tristeza sino en cuanto le es contraria, pues las medicinas actúan por los contrarios, como dice II Ethic. Pero no toda delectación es contraria a cualquier tristeza, como se ha dicho anteriormente (q. 35 a. 4). Luego no toda delectación mitiga cualquier tristeza.

2. Lo que produce tristeza no mitiga la tristeza. Pero algunas delectaciones producen tristeza, porque, como dice IX Ethic., el malo se entristece por haberse deleitado. Luego no toda delectación mitiga la tristeza.

3. Dice San Agustín en IV Confess. que él huyó de su patria, en la que acostumbraba a conversar con su amigo fallecido, porque sus ojos le buscaban menos allí donde no tenían costumbre de verse. De lo cual se puede concluir que aquellas cosas en las que nuestros amigos muertos o ausentes se relacionaron con nosotros se nos hacen gravosas por el dolor de su muerte o ausencia. Pero su comunicación con nosotros fue principalmente en cosas placenteras. Luego las mismas delectaciones nos resultan molestas cuando estamos afligidos. Por consiguiente, no toda delectación mitiga cualquier tristeza.

Contra esto: está lo que dice el Filósofo en VII Ethic., que la delectación, si es intensa, ahuyenta la tristeza, tanto la contraria como cualquier otra.

Respondo: Como consta por lo dicho anteriormente (q. 23 a. 4; q. 31 a. 1 ad 2), la delectación es cierto reposo del apetito en el bien conveniente, mientras la tristeza proviene de aquello que es contrario al apetito. De ahí que la delectación sea a la tristeza en los movimientos apetitivos lo que el reposo es a la fatiga en los cuerpos, fatiga que proviene de alguna transmutación no natural, pues la misma tristeza implica cierta fatiga o enfermedad de la potencia apetitiva. Y así como todo reposo del cuerpo constituye un remedio contra cualquier fatiga proveniente de cualquier causa no natural, así toda delectación es un remedio para mitigar la tristeza, sea cual fuere su procedencia.

A las objeciones: Soluciones: 1. Aunque no toda delectación es contraria a toda tristeza según la especie, lo es, sin embargo, según el género, como se ha dicho anteriormente (q. 35 a. 4). Y, por tanto, por parte de la disposición del sujeto, toda tristeza puede mitigarse con cualquier delectación.

2. Las delectaciones de los malos no les causan tristeza en el presente, sino en el futuro; es decir, en cuanto los malos se arrepienten de los males de que se alegraron. Y a esta tristeza se pone remedio con las delectaciones contrarias.

3. Cuando existen dos causas que inclinan a movimientos contrarios, ambas se impiden mutuamente, y, sin embargo, finalmente, triunfa aquella que es más fuerte y duradera. Ahora bien, en el que se entristece de aquellas cosas en las que acostumbraba a deleitarse juntamente con el amigo muerto o ausente, se encuentran dos causas que producen movimientos contrarios. Porque el pensamiento de la muerte o de la ausencia del amigo inclina al dolor, mientras el bien presente inclina a la delectación. Por consiguiente, ambos se atenúan mutuamente. Pero, no obstante, como el sentimiento de lo presente mueve con más fuerza que el recuerdo de lo pasado, y el amor de sí mismo es más duradero que el amor de otro, de aquí que, finalmente, la delectación ahuyenta la tristeza. Por eso San Agustín añade un poco más adelante que su dolor cedía el paso a la misma clase de placeres de tiempos anteriores.

ARTÍCULO 2 ¿Se alivia el dolor o la tristeza con el llanto?

Objeciones por las que parece que el llanto no alivia la tristeza.

Objeciones: 1. Ningún efecto disminuye su causa. Pero el llanto o gemido es efecto de la tristeza. Luego no disminuye la tristeza.

2. Así como el llanto o gemido es efecto de la tristeza, así la risa es efecto de la alegría. Pero la risa no disminuye la alegría. Luego el llanto no alivia la tristeza.

3. En el llanto se nos representa el mal que nos contrista. Pero la imaginación de la cosa que contrista aumenta la tristeza, como la imaginación de lo deleitable aumenta la alegría. Luego parece que el llanto no alivia la tristeza.

Contra esto: está lo que dice San Agustín en IV Confess., que cuando se dolía de la muerte de su amigo, sólo en los gemidos y en las lágrimas hallaba algún descanso.

Respondo: Las lágrimas y gemidos alivian naturalmente la tristeza por dos razones.

En primer lugar, porque todo lo nocivo que se guarda en el interior aflige más, pues la atención del alma se concentra más sobre ello, pero cuando se manifiesta al exterior, entonces la atención del alma en cierto modo se desparrama sobre las cosas exteriores, y así disminuye el dolor interior. Y, por eso, cuando los hombres que se hallan atribulados manifiestan su tristeza exteriormente por el llanto o gemido, o también por la palabra, se mitiga su tristeza.

En segundo lugar, porque la operación que conviene al hombre según la disposición en que se encuentra le es siempre deleitable. Ahora bien, el llanto y los gemidos son operaciones que convienen al hombre entristecido o con dolor, y, por tanto, se le hacen deleitables. Así, pues, puesto que toda delectación alivia de alguna manera la tristeza o dolor, como se ha dicho (a. 1), se sigue que la tristeza se alivia por el llanto y los gemidos.

A las objeciones: Soluciones: 1. La relación de causa a efecto es contraria a la relación de lo que constrista al contristado, pues todo efecto es conveniente a su causa, y, por consiguiente, le es deleitable, mientras que lo que contrista es contrario al contristado. Y por eso la relación del efecto de la tristeza con el contristado es contraria a la que con el mismo tiene lo que contrista. Y así, por razón de dicha contrariedad, la tristeza se mitiga por su efecto propio.

2. La relación de efecto a causa es semejante a la relación de lo deleitable al que se deleita, porque en uno y otro caso hay conveniencia. Ahora bien, todo lo semejante produce aumento en su semejante. Y por eso, la risa y otros efectos de la alegría aumentan la alegría, a menos que accidentalmente haya un exceso.

3. La imaginación de la cosa que contrista, de suyo, está ordenada a aumentar la tristeza, pero por lo mismo que el hombre se imagina hacer lo que le conviene en tal estado, resulta de esto cierta delectación. Y por la misma razón, si a uno se le escapa la risa en unas circunstancias en que le parece debería llorar, se duele de ello, como de hacer lo que es impropio, según dice Tulio en II De tuscul. quaestionibus.

ARTÍCULO 3 ¿Se mitigan el dolor y la tristeza por la compasión de los amigos?

Objeciones por las que parece que el dolor del amigo que se compadece no mitiga la tristeza.

Objeciones: 1. Los efectos de los contrarios son contrarios. Pero como dice San Agustín en VIII Confess.: Cuando el gozo es de muchos, en cada uno de ellos es el gozo más abundante, porque se enfervorizan y se inflaman unos a otros. Luego, por la misma razón, cuando muchos se entristecen a la vez, parece que la tristeza es mayor.

2. La amistad exige que se devuelva amor por amor, como dice San Agustín en IV Confess. Pero el amigo que se conduele se duele del dolor del amigo afligido. Luego el dolor mismo del amigo que se conduele es causa de nuevo dolor para el amigo que ya se dolía de su propio mal. Y así, duplicado el dolor, parece crecer la tristeza.

3. Todo mal del amigo contrista como mal propio, porque el amigo es otro yo. Pero el dolor es un mal. Luego el dolor del amigo que se conduele aumenta la tristeza del amigo a quien compadece.

Contra esto: está lo que dice el Filósofo en IX Ethic., que el amigo que se compadece en las tribulaciones consuela.

Respondo: El amigo que se conduele en las tribulaciones es naturalmente consolador. De lo cual da dos razones el Filósofo en IX Ethic.

La primera de ellas es porque, siendo propio de la tristeza el apesadumbrar, implica la idea de cierto peso, del cual procura aligerarse quien lo sufre. Así, pues, cuando alguien ve a otros contristados de su propia tristeza, se hace como una ilusión de que los otros llevan con él aquella carga, como si se esforzaran en aliviarle del peso, y, por eso, lleva más fácilmente la carga de la tristeza, como también ocurre en la transportación de las cargas corporales.

La segunda y mejor razón es que, por el hecho de que sus amigos se contristan con él, entiende que le aman, lo cual es deleitable, como se ha dicho anteriormente (q. 32 a. 5). Luego, mitigando toda delectación la tristeza, según se ha indicado antes (a. 1), síguese que el amigo que se conduele mitiga la tristeza.

A las objeciones: Soluciones: 1. La amistad se manifiesta en uno y otro caso, esto es, alegrándose con el que se alegra y condoliéndose con el afligido. Y, por consiguiente, ambas cosas se hacen deleitables por razón de la causa.

2. Aún más: La contemplación de la del amigo de suyo contristaría, pero la consideración de su causa, que es el amor, más bien deleita.

3. La respuesta es evidente por lo dicho.

ARTÍCULO 4 ¿Se mitigan el dolor y la tristeza por la contemplación de la verdad?

Objeciones por las que parece que la contemplación de la verdad no mitiga el dolor.

Objeciones: 1. En efecto, dice Si 1, 18: Quien aumenta el saber, aumenta también el dolor. Pero el saber pertenece a la contemplación de la verdad. Luego la contemplación de la verdad no mitiga el dolor.

2. La contemplación de la verdad pertenece al entendimiento especulativo. Pero el entendimiento especulativo no mueve, como dice III De anima. Siendo, pues, el gozo y el dolor movimientos del alma, parece que la contemplación de la verdad no contribuye nada a la mitigación del dolor.

3. El remedio de la enfermedad debe aplicarse donde está la enfermedad. Pero la contemplación de la verdad está en el entendimiento. Luego no mitiga el dolor corporal, que se halla en el sentido.

Contra esto: está lo que dice San Agustín en Soliloq.: Parecíame que si aquel resplandor de la verdad se descubriese a nuestras mentes, o que yo no habría de sentir aquel dolor, o que, ciertamente, lo habría tenido por nada.

Respondo: Como se ha indicado anteriormente (q. 3 a. 3), la mayor delectación consiste en la contemplación de la verdad. Ahora bien, toda delectación mitiga el dolor, según se ha dicho antes (a. 1). Por consiguiente, la contemplación de la verdad mitiga la tristeza o el dolor, y tanto más cuanto más perfectamente es uno amante de la sabiduría. Y por eso los hombres se alegran en medio de las tribulaciones por la contemplación de las cosas divinas y de la futura bienaventuranza, según aquello de Jc 1, 2: Tened, hermanos míos, por sumo gozo el caer en diversas tribulaciones. Y lo que es más, semejante gozo se encuentra en medio de los tormentos corporales, como el mártir Tiburcio, que, andando con los pies desnudos sobre carbones encendidos, dijo: Paréceme que camino sobre rosas en el nombre de Jesucristo.

A las objeciones: Soluciones: 1. Quien aumenta el saber, aumenta también el dolor, ya por la dificultad y el defecto de encontrar la verdad, ya por el hecho de que por la ciencia el hombre conoce muchas cosas contrarias a su voluntad. Y así, por parte de las cosas conocidas, la ciencia causa dolor; mientras, por parte de la contemplación de la verdad, causa delectación.

2. El entendimiento especulativo no mueve el ánimo por parte de la cosa contemplada, pero sí lo mueve por parte de la misma contemplación, que es un bien del hombre y, naturalmente, deleitable.

3. En las potencias del alma se produce una redundancia desde la superior a la inferior. Y conforme a esto, la delectación de la contemplación, que está en la parte superior, redunda en el sentido para mitigar el dolor que padece.

ARTÍCULO 5 ¿Se mitigan el dolor y la tristeza por el sueño y los baños?

Objeciones por las que parece que el sueño y los baños no mitigan la tristeza.

Objeciones: 1. En efecto, la tristeza reside en el alma. Pero el sueño y el baño conciernen al cuerpo. Luego en nada contribuyen a la mitigación de la tristeza.
2. El mismo efecto no parece ser producido por causas contrarias. Pero tales cosas, siendo corporales, son contrarias a la contemplación de la verdad, que es, como se ha dicho (a. 4), causa de la mitigación de la tristeza. Luego la tristeza no se mitiga por tales cosas.
3. La tristeza y el dolor, en cuanto pertenecen al cuerpo, consisten en una cierta alteración del corazón. Pero tales remedios parecen ser propios más bien de los sentidos y miembros externos que de la disposición interior del corazón. Luego la tristeza no se mitiga por ellos.

Contra esto: está lo que dice San Agustín en IX Confess.: Había oído que el baño es llamado así porque arroja del alma la tristeza. Y más adelante: Me dormí y desperté, y hallé en gran parte mitigado mi dolor. Y cita lo que se dice en un himno de San Ambrosio, que el sueño restablece los miembros debilitados para el trabajo, alivia las mentes fatigadas y libera a los angustiados de su pena.

Respondo: Como se ha indicado anteriormente (q. 37 a. 4), la tristeza es contraria según su especie al movimiento vital del cuerpo. Y por eso aquellas cosas que restablecen la naturaleza corporal a su debido estado de movimiento vital son contrarias a la tristeza y la mitigan. Además, por el hecho de que mediante estos remedios vuelve la naturaleza a su debido estado, son causa de delectación; pues esto es lo que produce la delectación, según se ha dicho anteriormente (q. 31 a. 1). Luego por estos remedios corporales se mitiga la tristeza, ya que toda delectación la mitiga.

A las objeciones: Soluciones: 1. La debida disposición del cuerpo, en cuanto percibida por el sentido, causa delectación, y, consiguientemente, mitiga la tristeza.

2. Como se ha indicado anteriormente (q. 31 a. 8), las delectaciones contrarias se impiden mutuamente, y, sin embargo, toda delectación mitiga la tristeza. Por lo tanto, no hay inconveniente en que la tristeza se mitigue por causas que se impiden mutuamente.

3. Toda buena disposición del cuerpo redunda en cierto modo en el corazón como en el principio y fin de los movimientos corporales, según dice el libro De causa motus animalium.

***

15 feb 2012

El no conformismo del cristiano


El no conformismo del cristiano

Benedicto XVI, Visita al Seminario Romano Mayor con motivo de la Fiesta de la Virgen de la Confianza (15 de febrero de 2012)

VISITA AL PONTIFICIO SEMINARIO ROMANO MAYOR
CON OCASIONE DE LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LA CONFIANZA

“LECTIO DIVINA” DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Capilla del Seminario
Miércoles 15 de febrero de 2012

Eminencia,
queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos seminaristas,
queridos hermanos y hermanas:

Para mí siempre es una gran alegría ver, en el día de la Virgen de la Confianza, a mis seminaristas, los seminaristas de Roma, en camino hacia el sacerdocio, y ver de este modo a la Iglesia del mañana, la Iglesia que vive siempre.

Hoy hemos escuchado un texto —lo escuchamos y lo meditamos— de la Carta a los Romanos: san Pablo habla a los Romanos y, por lo tanto, nos habla a nosotros, porque habla a los romanos de todos los tiempos. Esta Carta no es sólo la más grande de san Pablo, sino que es también extraordinaria por su peso doctrinal y espiritual. Es extraordinaria también porque se trata de una carta escrita a una comunidad que él no había fundado y tampoco había visitado. Escribe para anunciar su visita y expresar el deseo de visitar Roma, y anuncia los contenidos esenciales de su kerygma; de este modo prepara a la ciudad para su visita. Escribe a esta comunidad, a la que no conoce personalmente, porque es el Apóstol de los paganos —del paso del Evangelio de los judíos a los paganos— y Roma es la capital de los paganos y, por tanto, también el centro, en definitiva, de su mensaje. Aquí debe llegar su Evangelio, para que llegue realmente al mundo pagano. Llegará, pero de modo diverso de como lo había pensado. San Pablo llegará encadenado por Cristo y precisamente encadenado se sentirá libre de anunciar el Evangelio.

En el primer capítulo de la Carta a los Romanos, dice también: de vuestra fe, de la fe de la Iglesia de Roma se habla en todo el mundo (cf. 1, 8). Lo memorable de la fe de esta Iglesia es que se habla de ella en el mundo entero, y podemos reflexionar cómo está hoy. También hoy se habla mucho de la Iglesia de Roma, de muchas cosas, pero esperamos que se hable también de nuestra fe, de la fe ejemplar de esta Iglesia, y pidamos al Señor que logremos que no se hable de tantas cosas, sino de la fe de la Iglesia de Roma.

[…]

Y luego continuamos: {sanctam, Deo placentem, rationabile obsequium vestrum} «Santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual» (Rm 12, 1). Segundo versículo: después de esta definición fundamental de nuestra vida como liturgia de Dios, encarnación de la Palabra en nosotros, cada día, con Cristo —la Palabra encarnada—, san Pablo prosigue: {nolite conformari huic saeculo, sed transformamini renovatione mentis} «No os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente» (v. 2). «No os amoldéis a este mundo». Existe un no conformismo del cristiano, que no se deja conformar. Esto no quiere decir que nosotros queramos huir del mundo, que a nosotros no nos interese el mundo; al contrario, queremos transformarnos nosotros mismos y dejarnos transformar, transformando así el mundo. Y debemos tener presente que en el Nuevo Testamento, sobre todo en el Evangelio de San Juan, la palabra «mundo» tiene dos significados e indica por tanto el problema y la realidad de la que se trata. Por una parte, el «mundo» creado por Dios, amado por Dios, hasta el punto de darse a sí mismo y dar su Hijo por este mundo; el mundo es criatura de Dios, Dios lo ama y quiere darse a sí mismo para que el mundo sea realmente creación y respuesta a su amor. Pero está también el otro concepto de «mundo», kosmos houtos: el mundo que está en el mal, que está bajo el poder del mal, que refleja el pecado original. Hoy vemos este poder del mal, por ejemplo, en dos grandes poderes, que por sí mismos son útiles y buenos, pero de los que se puede abusar fácilmente: el poder de las finanzas y el poder de los medios de comunicación social. Ambos son necesarios, porque pueden ser útiles, pero se puede abusar de ellos tan fácilmente que a menudo se convierten en lo contrario de sus verdaderas intenciones.

Vemos cómo el mundo de las finanzas puede dominar al hombre, cómo el tener y el aparentar dominan el mundo y lo esclavizan. El mundo de las finanzas no representa ya un instrumento para favorecer el bienestar, para favorecer la vida del hombre, sino que se transforma en un poder que lo oprime, que debe ser casi adorado: «Mammona», la verdadera divinidad falsa que domina el mundo. Contra este conformismo de la sumisión a este poder debemos ser no conformistas: no cuenta el tener; lo que cuenta es el ser. No nos sometamos a este poder, más bien utilicémoslo como medio, pero con la libertad de los hijos de Dios.

Luego está el otro poder, el de la opinión pública. Ciertamente, tenemos necesidad de informaciones, de conocimientos de la realidad del mundo, pero puede ser también un poder de la apariencia; al final, cuanto se ha dicho cuenta más que la realidad misma. Una apariencia se superpone a la realidad, llega a ser más importante, y el hombre ya no sigue la verdad de su ser, sino que quiere sobre todo aparentar, ser conforme a estas realidades. Y también contra esto está el no conformismo cristiano: no queremos siempre «ser conformados», alabados; no queremos la apariencia, sino la verdad, y esto nos da libertad, la verdadera libertad cristiana: el librarse de esta necesidad de agradar, de hablar como la masa cree que debería ser, y tener la libertad de la verdad, y así recrear el mundo de una manera que no se vea oprimido por la opinión, por la apariencia que ya no deja aflorar la realidad misma; el mundo virtual se vuelve más verdadero, más fuerte, y ya no se ve el mundo real de la creación de Dios. El no conformismo del cristiano nos redime, nos restituye a la verdad. Pidamos al Señor que nos ayude a ser hombres libres en este no conformismo, que no está contra el mundo, sino que es el verdadero amor al mundo.

[…]

Y, por último, dice san Pablo: {ut probetis quid sit voluntas Dei, quid bonum et bene placens et perfectum} «para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (v. 2). Discernir la voluntad de Dios: Esto sólo lo podemos aprender en un camino obediente, humilde, con la Palabra de Dios, con la Iglesia, con los sacramentos, con la meditación de la Sagrada Escritura. Conocer y discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno. Esto es fundamental en nuestra vida.

Y, en el día de la Virgen de la Confianza, vemos en ella precisamente la realidad de todo esto, la persona que es realmente nueva, que es realmente transformada, que es realmente sacrificio vivo. La Virgen ve la voluntad de Dios, vive en la voluntad de Dios, dice «sí», y este «sí» de la Virgen es todo su ser, y así nos muestra el camino, nos ayuda.

Por lo tanto, en este día oremos a la Virgen, que es el icono vivo del hombre nuevo. Que ella nos ayude a transformar, a dejar transformar nuestro ser, a ser realmente hombres nuevos, y a ser también después, si Dios quiere, pastores de su Iglesia. Gracias.

☩☩☩

28 dic 2011

Elementos de los sacramentos. Énfasis en la “intención de hacer lo que quiere la Iglesia”


Elementos de los sacramentos. Énfasis en la “intención de hacer lo que quiere la Iglesia”

¿De qué elementos constan los sacramentos?

Los sacramentos constan de tres elementos: de ciertas cosas, como materia; de ciertas palabras, como forma, y de la persona del ministro que confiere el sacramento con intención de hacer lo que hace la Iglesia, y si falta alguno de estos tres elementos, no hay sacramento.

Del Catecismo Católico, preparado bajo la dirección del Cardenal Gasparri (Libreria Editrice Vaticana 1933, q. 326).

El ministro, al administrar el sacramento, debe poseer la debida intención de hacer lo que quiere la Iglesia:

S.S. MARTÍN V, 1417-1431

CONCILIO DE CONSTANZA, 1414-1418 [XVI ecuménico (contra Wicleff, Hus, etc.)]

Interrogaciones que han de proponerse a los wicleffitas y hussitas [de la Bula Inter cunctas, de 22 de febrero de 1418]

Dz 672, DS 1262 22. Asimismo, si cree que un mal sacerdote, con la debida materia y forma, y con intención de hacer lo que hace la Iglesia, verdaderamente consagra, verdaderamente absuelve, verdaderamente bautiza, verdaderamente confiere los demás sacramentos.

S.S. EUGENIO IV, 1431-1447

Decreto para los armenios [de la Bula Exultate Deo, de 22 de noviembre de 1439]

Dz 695, DS 1310 [...]. Siete son los sacramentos de la Nueva Ley, a saber, bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio, que mucho difieren de los sacramentos de la Antigua Ley. Estos, en efecto, no producían la gracia, sino que sólo figuraban la que había de darse por medio de la pasión de Cristo; pero los nuestros no sólo contienen la gracia, sino que la confieren a los que dignamente los reciben.

DS 1311 De éstos, los cinco primeros están ordenados a la perfección espiritual de cada hombre en sí mismo, y los dos últimos al régimen y multiplicación de toda la Iglesia. Por el bautismo, en efecto, se renace espiritualmente; por la confirmación aumentamos en gracia y somos fortalecidos en la fe; y, una vez nacidos y fortalecidos, somos alimentados por el manjar divino de la Eucaristía. Y si por el pecado contraemos una enfermedad del alma, por la penitencia somos espiritualmente sanados; y espiritualmente también y corporalmente, según conviene al alma, por medio de la extremaunción. Por el orden, empero, la Iglesia se gobierna y multiplica espiritualmente, y por el matrimonio se aumenta corporalmente.

DS 1312 Todos estos sacramentos se realizan por tres elementos: de las cosas, como materia; de las palabras, como forma, y de la persona del ministro que confiere el sacramento con intención de hacer lo que hace la Iglesia. Si uno de ellos falta, no se realiza el sacramento.

S.S. PAULO III, 1534-1549

CONCILIO DE TRENTO, 1545-1563 [XIX ecuménico (contra los innovadores del siglo XVI)]

SESIÓN VII (3 de marzo de 1547), Cánones sobre los sacramentos en general

Dz 854, DS 1611 Can. 11. Si alguno dijere que en los ministros, al realizar y conferir los sacramentos, no se requiere intención por lo menos de hacer lo que hace la Iglesia, sea anatema.

Cánones sobre el sacramento del bautismo

Dz 860, DS 1617 Can. 4. Si alguno dijere que el bautismo que se da también por los herejes en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, con intención de hacer lo que hace la Iglesia, no es verdadero bautismo, sea anatema.

S.S. ALEJANDRO VIII, 1689-1691

Errores de los jansenistas [condenados en el Decreto del Santo Oficio de 7 de diciembre de 1690]

Dz 1318, DS 2328 28. Es válido el bautismo conferido por un ministro que guarda todo el rito externo y la forma de bautizar, pero resuelve interiormente consigo mismo en su corazón: «No intento hacer lo que hace la Iglesia».

Dz 1321, DS 2331 [...] Condenadas y prohibidas como temerarias, escandalosas, mal sonantes, injuriosas, próximas a la herejía, erróneas, cismáticas y heréticas respectivamente.

S.S. LEÓN XIII, 1878-1903

De las ordenaciones anglicanas [de la Carta Apostolicae curae, de 13 de septiembre de 1896]

Dz 1966, DS 3318 Con este íntimo defecto de forma está unida la falta de intención, que se requiere igualmente de necesidad para que haya sacramento...

DS 3319 Así, pues, asintiendo de todo punto a todos los decretos de los Pontífices predecesores nuestros sobre esta misma materia, confirmándolos plenísimamente y como renovándolos por nuestra autoridad, por propia iniciativa y a ciencia cierta, pronunciamos y declaramos que las ordenaciones hechas en rito anglicano han sido y son absolutamente inválidas y totalmente nulas...

S.S. PÍO XII, 1939-1958

De la intención que ha de tenerse en el bautismo [Respuesta del Santo Oficio, de 28 de diciembre de 1949]

Dz 2304, DS 3874 A esta Suprema Sagrada Congregación le fue propuesta la duda:

Si en los juicios sobre causas matrimoniales, el bautismo conferido en las sectas de los Discípulos de Cristo, Presbiterianos, Congregacionalistas, Baptistas y Metodistas, puesta la necesaria materia y forma, ha de presumirse inválido por falta de la intención requerida en el ministro de hacer lo que hace la Iglesia o lo que Cristo instituyó por lo contrario ha de presumirse válido, a no ser que en caso particular se pruebe lo contrario.

Resp.: Negativamente a la primera parte, afirmativamente a la segunda.

***