30 mar 2008

Sobre el influjo de Joaquín de Fiore



Joaquín de Fiore (1130-1202)

Abad calabrés del s. XII, de personalidad compleja, discutida y polifacética: místico, reformador, profeta, teólogo, filósofo y exegeta; venerado por algunos como santo y considerado por otros como impostor.

Las ideas de Joaquín de Fiore «tienen su origen en la profunda convicción de poseer una llamada personal a la misión profética. Se siente el Bautista y el Elías de los nuevos tiempos. Este profundo convencimiento se acrecienta en la meditación de la Sagrada Escritura, que interpreta llevando el método alegórico a las mayores y arbitrarias exageraciones» (E. Bettoni). En la Sagrada Escritura todo es símbolo. El Antiguo Testamento es símbolo del Nuevo Testamento y éste no puede ser otra cosa que símbolo de una tercera edad que realizará plenamente la verdad misteriosamente prefigurada en él. La tercera edad (del Espíritu Santo, del amor) sucederá así a las del Padre (del temor) y del Hijo (de la gracia).

Joaquín de Fiore en eclesiología afirma claramente la provisionalidad de la Iglesia sobre todo con respecto a la estructura jerárquica, ya que, según él, la tercera edad será la del Espíritu con sus caracteres: edad perfecta y conclusiva, triunfo del amor que destruirá el temor servil y toda interferencia de autoridad entre Dios y sus hijos; será la edad de los perfectos. Craso error por cuanto el valor de la Iglesia no radica en una función temporal o meramente histórica, sino en estar en posesión plena y segura del depósito de la Revelación.

Influjo en el ecumenismo actual

Teorías de tipo relativista tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio). En consecuencia, se retienen superadas, por ejemplo, verdades tales como la inseparabilidad −aun en la distinción− entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia católica, única Iglesia de Cristo.

Las raíces de estas afirmaciones hay que buscarlas en algunos presupuestos, ya sean de naturaleza filosófica o teológica, que obstaculizan la inteligencia y la acogida de la verdad revelada. En Fiore pueden encontrarse los orígenes de determinadas concepciones ecumenistas que se presentan como “reinocéntricas” (III Edad: Reino del Espíritu), como reacción a un supuesto “eclesiocentrismo” del pasado (II Edad: Iglesia de Jesucristo). Estas tesis son contrarias a la fe católica porque niegan la unicidad de la relación que Cristo y la Iglesia tienen con el Reino de Dios:

«Al considerar la relación entre Reino de Dios, Reino de Cristo e Iglesia es necesario, de todas maneras, evitar acentuaciones unilaterales, como en el caso de “determinadas concepciones que intencionadamente ponen el acento sobre el Reino y se presentan como ‘reinocéntricas’, las cuales dan relieve a la imagen de una Iglesia que no piensa en sí misma, sino que se dedica a testimoniar y servir al Reino. Es una ‘Iglesia para los demás’ −se dice− como ‘Cristo es el hombre para los demás’... Junto a unos aspectos positivos, estas concepciones manifiestan a menudo otros negativos. Ante todo, dejan en silencio a Cristo: El Reino del que hablan se basa en un ‘teocentrismo’, porque Cristo −dicen− no puede ser comprendido por quien no profesa la fe cristiana, mientras que pueblos, culturas y religiones diversas pueden coincidir en la única realidad divina, cualquiera que sea su nombre. Por el mismo motivo, conceden privilegio al misterio de la creación, que se refleja en la diversidad de culturas y creencias, pero no dicen nada sobre el misterio de la redención. Además el Reino, tal como lo entienden, termina por marginar o menospreciar a la Iglesia, como reacción a un supuesto ‘eclesiocentrismo’ del pasado y porque consideran a la Iglesia misma sólo un signo, por lo demás no exento de ambigüedad”». (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Dominus Iesus, 19).

Veamos que afirma Santo Tomás, Doctor común de la Iglesia, sobre la supuesta venida de la nueva era del Espíritu (o del Reino):

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I-IIae (Prima Secundae)

CUESTIÓN 106. De la ley evangélica, llamada ley nueva, considerada en sí misma


Después de la ley antigua hemos de tratar de la ley evangélica, que se dice ley nueva (cf. q.93 introd.). Y primeramente, de esta ley considerada en sí misma; luego, comparada con la ley antigua (q.107), y, finalmente, de los preceptos que en ella se contienen (q.108).

Sobre lo primero formulamos estas cuatro preguntas: [...] 4. De su término: ¿Ha de durar hasta el fin del mundo o ha de sucedería otra?

ARTÍCULO 4. ¿La ley nueva ha de durar hasta el fin del mundo?

Parece que no ha de durar hasta el fin del mundo la ley nueva.

Contra esto: Está la palabra del Señor que dice en Mt 24, 34: Os digo que no pasará esta generación sin que todo esto sea cumplido. Lo que San Juan Crisóstomo expone de la generación de los fieles de Cristo. Luego el estado de los fieles de Cristo permanecerá hasta el fin del mundo.

Respondo: De dos maneras pueden variar los estados del mundo:

La una, según la diversidad de la ley.

De este modo no sucederá al estado de la ley nueva ningún otro estado. Sucedió al estado de la ley antigua el de la ley nueva, como un estado más perfecto a otro imperfecto. Pero ningún estado de la presente vida puede ser más perfecto que el estado de la ley nueva, pues nada puede haber más cercano al fin que lo que inmediatamente introduce en el último fin. Y esto hace la ley nueva, por lo que dice el Apóstol a los Hebreos 10, 19 s: Teniendo, pues, hermanos, en virtud de la sangre de Cristo, firme confianza de entrar en el santuario, que Él nos abrió como camino nuevo y vivo..., acerquémonos con sincero corazón. De manera que no puede darse estado más perfecto de la presente vida que el estado de la ley nueva, pues tanto una cosa es más perfecta cuanto más se acerca a su último fin.

De otro modo puede variar el estado de los hombres, según la diversa actitud más o menos perfecta de éstos para con la misma ley.

Conforme a esto, el estado de la ley antigua se mudó frecuentemente, pues a veces eran observadas las leyes perfectamente; otras, del todo eran cenadas en olvido. Del mismo modo se diferencia el estado de la ley nueva conforme a los diversos lugares, tiempos y personas, en cuanto la gracia del Espíritu Santo la poseen algunos con mayor o menor perfección. Sin embargo, no es de esperar un estado en el que la gracia del Espíritu Santo sea poseída con más perfección que hasta aquí, sobre todo por los apóstoles, que recibieron las primicias del Espíritu, esto es, primero que los otros y con más abundancia que ellos, según dice la Glosa sobre Rom 8, 23 .

Objeciones y respuestas

Objeción 1 por las que parece que no ha de durar hasta el fin del mundo la ley nueva.

1. Dice el Apóstol en 1 Cor 13, 10: Cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto; pero la ley nueva es imperfecta, pues dice el mismo Apóstol en el mismo lugar (v.9): Al presente, nuestro conocimiento es imperfecto, y lo mismo la profecía. Luego la ley nueva tiene que desaparecer para que otra más perfecta le suceda.

A la objeción 1: Cuenta Dionisio en De eccl. hier. tres estados de los hombres: el primero, el de la ley antigua; el segundo, el de la ley nueva: a éste sucederá un tercero, pero no en la vida presente, sino en la futura, esto es, en la patria. Y como el primero era figurativo e imperfecto respecto del estado evangélico, así éste es figurativo e imperfecto respecto del estado de la patria. Cuando éste llegue, desaparecerá aquél, como allí se dice (v.12): Ahora vemos por un espejo y oscuramente; entonces veremos cara a cara.

Objeción 2 por las que parece que no ha de durar hasta el fin del mundo la ley nueva.

2. El Señor prometió a los discípulos, en la venida del Espíritu Santo, el conocimiento de toda verdad, como consta por Jn 16, pero la Iglesia no ha alcanzado todavía el conocimiento de toda verdad en el estado del Nuevo Testamento; luego habrá que esperar otro estado en que nos sea manifestada toda la verdad por el Espíritu Santo.

A la objeción 2: Según San Agustín en Contra Faustum, Montano y Priscila afirmaron que la promesa del Señor sobre el Espíritu Santo no se cumplió perfectamente en los apóstoles, sino en ellos. Otro tanto afirmaron los maniqueos, que esta promesa se realizó en Maniqueo, a quien llamaban el Paráclito. Por esto, ni unos ni otros recibían los Actos de los Apóstoles, en los que manifiestamente se declara que aquella promesa se cumplió en los apóstoles, como el Señor reiteradamente lo había prometido en Act 1, 5: Seréis bautizados en el Espíritu Santo antes de muchos días. Esto se cumplió el día de Pentecostés, como se lee en Act 2. Todas las vanidades de los herejes quedan excluidas por lo que se dice en Jn 7, 39: Aún no había sido dado el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado. De donde se entiende que, glorificado el Señor por la resurrección y la ascensión, luego fue dado el Espíritu Santo. Por aquí también queda excluida la vana ilusión de algunos, los cuales querrían decir que se debe esperar otro tiempo del Espíritu Santo.

Enseñó el Espíritu Santo a los apóstoles toda verdad necesaria para la salvación, sea de las cosas que hay que creer, sea de las que hay que practicar; pero no les enseñó de los sucesos futuros; esto no les tocaba a ellos, como se dice en Act 1, 7: No os toca a vosotros conocer los tiempos y los momentos que el Padre ha fijado en virtud de Su poder soberano.

Objeción 3 por las que parece que no ha de durar hasta el fin del mundo la ley nueva.

3. Como el Padre Se distingue del Hijo, y el Hijo del Padre, así el Espíritu Se distingue del Padre y del Hijo. Pero hubo un estado que convenía a la persona del Padre, a saber, el estado de la ley antigua, en el cual todos los hombres se aplicaban enteramente a la generación; igualmente hay otro que conviene a la persona del Hijo, a saber, el estado de la ley nueva, en el que predominan los clérigos, dados a la adquisición de la sabiduría, que se atribuye al Hijo; luego tiene que haber un tercer estado, el del Espíritu Santo, en el que predominen los varones espirituales.

A la objeción 3: La ley antigua no sólo fue del Padre, sino también del Hijo, pues Cristo era en ella figurado; por donde dice el Señor en Jn 5, 46: Si creyerais en Moisés, creeríais en Mí, pues de Mí escribió él. Asimismo, la ley nueva no es sólo de Cristo, sino también del Espíritu Santo, según aquella sentencia de Rom 8, 2: La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. No hay, pues, lugar a esperar otra ley del Espíritu Santo.

Objeción 4 por las que parece que no ha de durar hasta el fin del mundo la ley nueva.

4. Dice el Señor en Mt 24, 14: Será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, y entonces vendrá el fin. Pero el Evangelio de Cristo ha sido predicado ya en todo el orbe, y aún no ha llegado el fin; luego el Evangelio de Cristo no es el Evangelio del reino. Y habrá de venir otro Evangelio del Espíritu Santo y otra especie de ley.

A la objeción 4: Habiendo dicho Cristo desde el principio de la predicación evangélica: El reino de los cielos está cercano (Mt 4, 17), es una grandísima necedad afirmar que el Evangelio de Cristo no es el Evangelio del reino. Pero la predicación de Cristo se puede entender de dos maneras: la una, en cuanto a la divulgación de la noticia de Cristo, y de este modo el Evangelio fue predicado en todo el orbe aun ya en tiempo de los apóstoles, como dice San Juan Crisóstomo. Según esto, lo que se añade: Y entonces será el fin, se entiende de la destrucción de Jerusalén, de la que entonces hablaba a la letra. De otro modo se puede entender la predicación evangélica en todo el orbe plenamente eficaz, de manera que en todas las gentes se establezca la Iglesia. De esta suerte, dice San Agustín, en la carta «Ad Hesych.» todavía no fue predicado el Evangelio en todo el mundo; pero, cuando esto suceda, vendrá el fin.

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15 mar 2008

Leonardo Castellani, Credo del Incrédulo



«Creo en la Nada Todoproductora, dónde salieron el cielo y la tierra.
Y en el Hómo Sápiens, su único Rey y Señor,
que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de la Santa Materia,
bregó bajo el negror de la Edad Media.
Fue inquisicionado, muerto, achicharrado,
cayó en la miseria, inventó la Ciencia,
y ha llegado a la Era de la Democracia y la Inteligencia.
Y, desde allí, va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el Libre Pensamiento,
la Civilización de la Máquina,
la Confraternidad Humana,
la Inexistencia del pecado,
el Progreso Inevitable,
la Putrefacción de la Carne
y la Vida Confortable. Amén».

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29 feb 2008

Golpe a la teología feminista


Ciudad del Vaticano, 29 FEB 2008 (VIS).

Se ha publicado hoy la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe [latín, español] a dos cuestiones relativas a la validez del Bautismo conferido con fórmulas diversas de la establecida.

La primera es: ¿Es válido el Bautismo conferido con las fórmulas «I baptize you in the name of the Creator, and of the Redeemer, and of the Sanctifier» y «I baptize you in the name of the Creator, and of the Liberator, and of the Sustainer»? («Yo te bautizo en el nombre del Creador, y del Redentor y del Santificador»; «Yo te bautizo en el nombre del Creador, del Liberador, del Sostenedor»).

La segunda: ¿Deben ser bautizadas en forma absoluta las personas que han sido bautizadas con estas fórmulas?

Las respuestas son: A la primera: Negativo. A la segunda: Afirmativo.

Benedicto XVI durante la última audiencia concedida al cardenal Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, aprobó esta respuesta decidida en la sesión ordinaria de ese dicasterio y ordenó la publicación. La respuesta lleva la firma del cardenal Levada y del arzobispo Angelo Amato, secretario del mismo dicasterio.

En una nota explicativa, se aclara que la «presente respuesta se refiere a la duda sobre la validez del Bautismo conferido con dos fórmulas en lengua inglesa en el ámbito de la Iglesia católica. [...] La duda, obviamente, no concierne al inglés, sino a la fórmula en sí misma, que podría expresarse en otra lengua».

«El Bautismo conferido en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo –prosigue la nota– obedece al mandato de Jesús, referido al final del Evangelio según San Mateo» y la «fórmula bautismal debe expresar adecuadamente la fe trinitaria: no valen formas aproximadas».

«Las variaciones de la fórmula bautismal, según designaciones de las Personas Divinas, diversas de las bíblicas, consideradas en las Respuestas, proceden de la llamada teología feminista para evitar decir Padre e Hijo, consideradas palabras masculinas, sustituyéndolas con otros nombres. Pero esas variaciones trastocan la fe en la Trinidad».

«La respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe constituye una declaración doctrinal auténtica, que tiene efectos canónicos y pastorales muy amplios. La respuesta, efectivamente, afirma implícitamente que las personas que han sido bautizadas o serán bautizadas en el futuro con las fórmulas en cuestión, en realidad no están bautizadas. Por lo tanto deben ser tratadas a todos los efectos canónicos y pastorales con los mismos criterios jurídicos de las personas que el Código de Derecho Canónico considera en la categoría general de “no bautizados”».

CDF/FORMULA BAUTISMO/LEVADA VIS 080229 (440)

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28 feb 2008

Victor Tambone, Bioethics and New Age


Victor Tambone – Department of Anthropology and Applied Ethics at the Rome Biomedical University Campus



Date of pubblication: 28/02/2003


TABLE OF CONTENTS

1. Cyclical Vitalism, chemically induced abortion and IVF
2. Cyclical Vitalism like reincarnation and euthanasia
3. Religion, UFOs and Cloning
NOTES

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Victor Tambone, «Bioethics and New Age»

New Age as a cultural phenomenon can now be considered outdated since the prediction involving universal happiness linked to the age of Aquarius did not materialise and does not even appear to be happening. Hence the astrological vision of social transformation has left space for a more sincerely individualistic version known as Next Age and which appears to find an ethical equivalent in «Rational Selfishness» [1] and an indirect reflection in «Global Ethics» [2].


On the other hand in this period of ours the New Age trend is undergoing a hugely fecund moment as far as the induction of types of behaviour and the modulation of ethics at a social level are concerned [3]. This is why the New Age phenomenon is a current trend and also a very interesting one. One of the fields in which this paradigm is active is that of Bioethics, in the form presented as follows which due to the time available is extremely concise [4].

Cyclical Vitalism, chemically induced abortion and IVF

I believe that New Age tends to destroy three of the four transcendents of human beings; first of all the uniqueness in such away that the understanding of human life leaves out the acknowledgement of its personality and individuality: it is reduced to one of the possible forms in which Life, an impersonal elan vitale, manifests a circular dynamic in which its different forms are transformed into each other. This is the Circle of Life that finds in Gaia (the goddess Earth) its real point of reference.

One is affected, reading work by Baulieu (inventor of the abortion pill RU 486) when at a certain point one finds an approach to the concept of Life within the framework that belongs to Cyclic Vitalism [5]. This affects one even more strongly when the same concept is found in work published by Edwards [6] (a pioneer in ETIVF). On this basis, abortion becomes «anti-gestatorial» meaning the modulation of the different forms in which life organises itself and not the suppression of a personal life.

With this anthropological choice the objective is probably the cultural suppression of the culture of abortion and the reduction of the transmission of human life to something that is fundamentally physiological. This is a very serious ideological project, because one is not only limiting the rights of the embryo but one is even laying the foundations for denying individual life itself: this way one goes beyond a racist attitude regards the embryo because one tend to totally ignore it.

All this becomes possible only when Cyclical Vitalism becomes the key for the new interpretation of the Human Life.

In this the New Age vision of Life is active and fecund and ontologically based Personalism represents an inalienable formative resource.

Cyclical Vitalism like reincarnation and euthanasia

This dynamic vision of life reproposes, in a vaguely ecological version, the idea of reincarnation (not what we have until now understood as metempsychosis). Basically death is simply a transformation into some other form of life that is still part of the Life of Gaia.

Furthermore, the destruction of the transcendents truth and goodness leave the category of «beauty» as the only category useful for evaluating existence: I evaluate what I know only on the basis of its emotional perception replacing the rational conscience (judgment using reason regard to the goodness or the evil of a real act) with a pseudo emotional conscience (positive or negative emotional perception of life).

From this point of view a chronic or incurable disease makes no sense at all because one can die to be then transformed in a new positive and pleasant form of life.

Euthanasia appears therefore as a self-modulating step of ones own state of life when the current state of ones existence is no longer a sign of beauty and pleasantness.

Religion, UFOs and Cloning

One of the characteristics of New Age is the so-called «channelling» meaning the presence and the link with guiding spirits in a parallel world. Extraterrestrials (the Elohim) experience this idea in such a manner that one can transfer the role of the rational conscience to their revealed knowledge which will be the source of practical regulating illumination [7].

An example of the destructive potential of this behaviour is the sad experience that the Raelians are proposing at the moment regards to human cloning. Although phenomena of this kind can be considered laughable one must instead grasp that it is a way of preparing a certain category of public opinion to accepting cloning as a positive event, by using emotional, alogical and Gnostic type of approach, which are the characteristics of the New Age phenomenon.

NOTES

[1] With the words «Rational Selfishness» I mean an ethical definition of the utilitarian school that could by concisely stated in the idea that it is possible to be bad and content. The formulation of this position can be found in Rawls who envisages a state, understood as a human situation, in which rational selfishness becomes the basis for the principles of justice.

Rational Selfishness, concisely, supports the idea that one of the things that should be done so as to be happy, is to free oneself from unselfishness, discovering and accepting the moral rectitude of a rationally selfish life, favourable to the person, that will always be beneficial to ourselves, and all the same useful also to others and to society. Naturally it is not surprising that such a vision develops in a cultural environment linked to libertarian capitalism (see for example Ayn Rand, «The virtue of selfishness as a definition for a new concept of selfishness», La virtù dell’egoismo, come definizione di un nuovo concetto di egoismo).

[2] See Barragán JL., Global Ethics: the new paradigm, Osservatore Romano, January 11th 2003, p. 6.

[3] It is important to take note that behavioural modulation is, in the work of Naomi Klein that we agree with on this specific point, the main motor of the globalisation phenomenon as far as its more specifically commercial and economic aspects are concerned (see. Klein N., No Logo).

[4] Due to the amount of time available we shall not discuss here the relations between New Age and the reappearance of Magic Medicine for which we advise Tambone V., Medicina basata sulle Evidenze e Medicina New Age, MEDIC Voi. 7, N 1, 1999, pp. 36-38.

[5] «However fertilisation is not the unique determining event in the conception of a new human being. (...) Thus the generation of life, and human life specifically, is a continuous process that involves interdependent sequential events and that cannot be attributed uniquely to fertilisation» (Baulieu EE., RU 486 as an anti-progesterone Steroid, JAMA, October 6th 1989, p. 1813.

[6] «Fertilisation does not begin life. Life is a continuous (...)» (Edwards RG., In Vitro Fertilisation and Embryo Transfer, Annals of the New York Academy of Sciences, 1985, Voi. 442, p. 565).

[7] One this occasion the reference is to Ufological Cults understood as followers of «contacts» and not the category of UFO specialists who do not have a religious interest in this subject. As is clear in the CESNUR report dated December 4th 2000, there are currently in Italy five organised groups: their name are Religione Raeliana, Unarius (Universa! Articulate Interdimensional Understanding of Science), Associazione Giordano Bruno, Nova Convivia and C.O.O.P.C.O.S.M.O.

[8] The Raelian religion is the largest ufological cult at world level and its member believe that mankind was created in laboratories by extraterrestrials, called the Elohim. These Elohim revealed to Rael that God does not exist, nor does the soul and eternal life, but the deserving will be recreated on their planet.

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25 feb 2008

Los Cantos del Siervo



Catecismo de la Iglesia Católica, 713

«Los rasgos del Mesías se revelan sobre todo en los Cantos del Siervo (cf. Is 42,1-9; Mt 12,18-21; Io 1,32-34; después Is 49,1-6; Mt 3,17; Lc 2,32, y en fin Is 50,4-10 y 52,13-53,12). Estos cantos anuncian el sentido de la Pasión de Jesús, e indican así cómo enviará el Espíritu Santo para vivificar a la multitud: no desde fuera, sino desposándose con nuestra “condición de esclavos” (Phil 2,7). Tomando sobre Sí nuestra muerte, puede comunicarnos Su propio Espíritu de vida».

Primer Canto del Siervo (Is 42,1-9)

«He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones. No vociferará ni alzará el tono, y no hará oír en la calle su voz. Caña quebrada no partirá, y mecha mortecina no apagará. Lealmente hará justicia; no desmayará ni se quebrará hasta implantar en la tierra el derecho, y su instrucción atenderán las islas. Así dice el Dios Yahveh, el que crea los cielos y los extiende, el que hace firme la tierra y lo que en ella brota, el que da aliento al pueblo que hay en ella, y espíritu a los que por ella andan. Yo, Yahveh, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes, para abrir los ojos ciegos, para sacar del calabozo al preso, de la cárcel a los que viven en tinieblas. Yo, Yahveh, ese es mi nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos. Lo de antes ya ha llegado, y anuncio cosas nuevas; antes que se produzcan os las hago saber».

Segundo Canto del Siervo (Is 49,1-6)

«¡Oídme, islas, atended, pueblos lejanos! Yahveh desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre. Hizo mi boca como espada afilada, en la sombra de su mano me escondió; hízome como saeta aguda, en su carcaj me guardó. Me dijo: “Tú eres mi siervo [Israel], en quien me gloriaré”. Pues yo decía: “Por poco me he fatigado, en vano e inútilmente mi vigor he gastado. ¿De veras que Yahveh se ocupa de mi causa, y mi Dios de mi trabajo?”. Ahora, pues, dice Yahveh, el que me plasmó desde el seno materno para siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a él, y que Israel se le una. Mas yo era glorificado a los ojos de Yahveh, mi Dios era mi fuerza. “Poco es que seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra”».

Tercer Canto del Siervo (Is 50,4-10)

«El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás. Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado. Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante? ¡que se llegue a mí! He aquí que el Señor Yahveh me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá. El que de entre vosotros tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de Yahveh y apóyese en su Dios».

Cuarto Canto del Siervo (Is 52,13-53,12)

«He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera. Así como se asombraron de él muchos −pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana− otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán. ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló? Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; [le vimos] y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros. Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca. Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca. Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano. Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes».

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18 feb 2008

Catholic answer on the Doctrine of Justification


Diálogo teológico entre la
Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial (1998)
Respuesta oficial de la Iglesia católica

Congregation for the Doctrine of the Faith, Pontifical Council for Promoting Christian Unity, «Official “reply” of the Catholic Church to the Common declaration on the Doctrine of Justification between the Catholic Church and the Lutheran World Federation» [1998]


DECLARATION


The «Joint Declaration of the Catholic Church and the Lutheran World Federation on the Doctrine of Justification» represents a significant progress in mutual understanding and in the coming together in dialogue of the parties concerned; it shows that there are many points of convergence between the Catholic position and the Lutheran position on a question that has been for centuries so controversial. It can certainly be affirmed that a high degree of agreement has been reached, as regards both the approach to the question and the judgement it merits (1). It is rightly stated that there is «a consensus in basic truths of the doctrine of justification» (2).

The Catholic Church is, however, of the opinion that we cannot yet speak of a consensus such as would eliminate every difference between Catholics and Lutherans in the understanding of justification. The Joint Declaration itself refers to certain of these differences. On some points the positions are, in fact, still divergent. So, on the basis of the agreement already reached on many aspects, the Catholic Church intends to contribute towards overcoming the divergencies that still exist by suggesting, below, in order of importance, a list of points that constitute still an obstacle to agreement between the Catholic Church and the Lutheran World Federation on all the fundamental truths concerning justification. The Catholic Church hopes that the following indications may be an encouragement to continue study of these questions in the same fraternal spirit that, in recent times, has characterized the dialogue between the Catholic Church and the Lutheran World Federation.

CLARIFICATIONS

1. The major difficulties preventing an affirmation of total consensus between the parties on the theme of Justification arise in paragraph 4. 4 The Justified as Sinner (nn. 28-1,0). Even taking into account the differences, legitimate in themselves, that come from different theological approaches to the content of faith, from a Catholic point of view the title is already a cause of perplexity. According, indeed, to the doctrine of the Catholic Church, in baptism everything that is really sin is taken away, and so, in those who are born anew there is nothing that is hateful to God (3). It follows that the concupiscence that remains in the baptised is not, properly speaking, sin. For Catholics, therefore, the formula «at the same time righteous and sinner», as it is explained at the beginning of n. 29 («Believers are totally righteous, in that God forgives their sins through Word and Sacrament ... Looking at themselves ... however, they recognize that they remain also totally sinners. Sin still lives in them... »), is not acceptable.

This statement does not, in fact, seem compatible with the renewal and sanctification of the interior man of which the Council of Trent speaks (4). The expression «Opposition to God» (Gottwidrigkeit) that is used in nn. 28-30 is understood differently by Lutherans and by Catholics, and so becomes, in fact, equivocal. In this same sense, there can be ambiguity for a Catholic in the sentence of n. 22, «... God no longer imputes to them their sin and through the Holy Spirit effects in them an active love», because man’s interior transformation is not clearly seen. So, for all these reasons, it remains difficult to see how, in the current state of the presentation, given in the Joint Declaration, we can say that this doctrine on «simul iustus et peccator» is not touched by the anathemas of the Tridentine decree on original sin and justification.

2. Another difficulty arises in n. 18 of the Joint Declaration, where a clear difference appears in the importance, for Catholics and for Lutherans, of the doctrine of justification as criterion for the life and practice of the Church.

Whereas for Lutherans this doctrine has taken on an altogether particular significance, for the Catholic Church the message of justification, according to Scripture and already from the time of the Fathers, has to be organically integrated into the fundamental criterion of the «regula fidei», that is, the confession of the one God in three persons, christologically centred and rooted in the living Church and its sacramental life.

3. As stated in n. 17 of the Joint Declaration, Lutherans and Catholics share the common conviction that the new life comes from divine mercy and not from any merit of ours. It must, however, be remembered –as stated in 2 Cor 5,17– that this divine mercy brings about a new creation and so makes man capable of responding to God’s gift , of cooperating with grace. In this regard, the Catholic Church notes with satisfaction that n. 21, in conformity with can. 4 of the Decree on Justification of the Council of Trent (DS 1554) states that man can refuse grace; but it must also be affirmed that, with this freedom to refuse, there is also a new capacity to adhere to the divine will, a capacity rightly called «cooperatio». This new capacity given in the new creation, does not allow us to use in this context the expression «mere passive» (n. 21). On the other hand, the fact that this capacity has the character of a gift is well expressed in cap. 5 (DS 1525) of the Tridentine Decree when it says: «ita ut tangente Deo cor hominis per Spiritus Sancti illuminationem, neque homo ipse nihil omnino agat, inspirationem illam recipiens, quippe qui illam et abicere potest, neque tamen sine gratia Dei movere se ad iustitiam coram illo libera sua voluntate possit».

In reality, also on the Lutheran side, there is the affirmation, in n. 21, of a full personal involvement in faith («believers are fully involved personally in their faith»).

A clarification would, however, be necessary as to the compatibility of this involvement with the reception «mere passive» of justification, in order to determine more exactly the degree of consensus with the Catholic doctrine. As for the final sentence of n. 24: «God’s gift of grace in justification remains independent of human cooperation», this must be understood in the sense that the gifts of God’s grace do not depend on the works of man, but not in the sense that justification can take place without human cooperation. The sentence of n. 19 according to which man’s freedom «is no freedom in relation to salvation» must, similarly, be related to the impossibility for man to reach justification by his own efforts.

The Catholic Church maintains, moreover, that the good works of the justified are always the fruit of grace. But at the same time, and without in any way diminishing the totally divine initiative (5), they are also the fruit of man, justified and interiorly transformed. We can therefore say that eternal life is, at one and the same time, grace and the reward given by God for good works and merits (6). This doctrine results from the interior transformation of man to which we referred in n. 1 of this «Note». These clarifications are a help for a right understanding, from the Catholic point of view, of paragraph 4. 7 (nn. 37-39) on the good works of the justified.

4. In pursuing this study further, it will be necessary to treat also the sacrament of penance, which is mentioned in n. 30 of the Joint Declaration. According to the Council of Trent, in fact (7), through this sacrament the sinner can be justified anew (rursus iustificari): this implies the possibility, by means of this sacrament, as distinct from that of baptism, to recover lost justice (8). These aspects are not all sufficiently noted in the above-mentioned n. 30.

5. These remarks are intended as a more precise explanation of the teaching of the Catholic Church with regard to the points on which complete agreement has not been reached; they are also meant to complete some of the paragraphs explaining Catholic doctrine, in order to bring out more clearly the degree of consensus that has been reached. The level of agreement is high, but it does not yet allow us to affirm that all the differences separating Catholics and Lutherans in the doctrine concerning justification are simply a question of emphasis or language. Some of these differences concern aspects of substance and are therefore not all mutually compatible, as affirmed on the contrary in n. 40.

If, moreover, it is true that in those truths on which a consensus has been reached the condemnations of the Council of Trent non longer apply, the divergencies on other points must, on the contrary, be overcome before we can affirm, as is done generically in n. 41, that these points no longer incur the condemnations of the Council of Trent. That applies in the first place to the doctrine on «simul iustus et peccator» (cf. n. l, above).

6. We need finally to note, from the point of view of their representative quality, the different character of the two signataries of this Joint Declaration. The Catholic Church recognises the great effort made by the Lutheran World Federation in order to arrive, through consultation of the Synods, at a «magnus consensus», and so to give a true ecclesial value to its signature; there remains, however, the question of the real authority of such a synodal consensus, today and also tomorrow, in the life and doctrine of the Lutheran community.

PROSPECTS FOR FUTURE WORK

7. The Catholic Church wishes to reiterate its hope that this important step forward towards agreement in doctrine on justification may be followed by further studies that will make possible a satisfactory clarification of the divergencies that still exist. Particularly desirable would be a deeper reflection on the biblical foundation that is the common basis of the doctrine on justification both for Catholics and for Lutherans. This reflection should be extended to the New Testament as a whole and not only to the Pauline writings. If it is true, indeed, that St. Paul is the New Testament author who has had most to say on this subject, and this fact calls for a certain preferential attention, substantial references to this theme are not lacking also in the other New Testament writings. As for the various ways in which Paul describes man’s new condition, as mentioned in the Joint Declaration, we could add the categories of sonship and of heirs. (Gal 4,4-7; Rom 8,14-17). Consideration of all these elements will be a great help for mutual understanding and will make it possible to resolve the divergences that still exist in the doctrine on justification.

8. Finally, it should be a common concern of Lutherans and Catholics to find a language which can make the doctrine on justification more intelligible also for men and women of our day. The fundamental truths of the salvation given by Christ and received in faith, of the primacy of grace over every human initiative, of the gift of the Holy Spirit which makes us capable of living according to our condition as children of God, and so on. These are essential aspects of the Christian message that should be a light for the believers of all times.

(1) Cfr. «Joint Declaration», n. 4: «ein hohes Mass an gemeinsamer Ausrichtung und gemeinsamem Urteil».
(2) Ibid. n. 5: «einen Konsens in Grundwahrheiten der Rechtfertigungslehre» (cf. n. 13; 40; 43).
(3) Cf. Council of Trent, Decree on original sin (DS 1515).
(4) Cf. Council of Trent, Decree on justification, cap. 8: «... iustificatio... quae non est sola peccatorum remissio, sed et sanctificatio et renovatio interioris hominis» (DS 1528); cf. also can. 11 (DS 15619).
(5) Cf. Council of Trent, Decree on Justification, cap. 16 (DS 1546), which quotes Jn 15,5: the vine and the branches.
(6) Cf. ibid. DS 1545; and can. 26 (DS 1576)
(7) Ibid. cap. 14 (cf. DS 1542)
(8) Cf. ibid. can. 29 (DS 1579); Decree on the sacrament of Penance, cap. 2 (DS 1671); can. 2 (DS 1702).

This Note, which constitutes the official Catholic Response to the text of the Joint Declaration, has been prepared by common agreement between the Congregation for the Doctrine of the Faith and the Pontifical Council for Promoting Christian Unity. It is signed by the President of the same Pontifical Council, which is directly responsible for the ecumenical dialogue.


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11 feb 2008

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?



JUAN PABLO II, Carta Apostólica Salvifici doloris (11 de febrero de 1984), sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, 18:

«Después de las palabras en Getsemaní vienen las pronunciadas en el Gólgota, que atestiguan esta profundidad —única en la historia del mundo— del mal del sufrimiento que se padece. Cuando Cristo dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué Me has abandonado?”, Sus palabras no son sólo expresión de aquel abandono que varias veces se hacía sentir en el Antiguo Testamento, especialmente en los Salmos y concretamente en el Salmo 22 [21], del que proceden las palabras citadas (Ps 22 [21],2). Puede decirse que estas palabras sobre el abandono nacen en el terreno de la inseparable unión del Hijo con el Padre, y nacen porque el Padre “cargó sobre Él la iniquidad de todos nosotros” (Is 53,6) y sobre la idea de lo que dirá San Pablo: “A Quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros” (2 Cor 5,21). Junto con este horrible peso, midiendo “todo” el mal de dar las espaldas a Dios, contenido en el pecado, Cristo, mediante la profundidad divina de la unión filial con el Padre, percibe de manera humanamente inexplicable este sufrimiento que es la separación, el rechazo del Padre, la ruptura con Dios. Pero precisamente mediante tal sufrimiento Él realiza la Redención, y expirando puede decir: “Todo está acabado” (Io 19,30).

Puede decirse también que se ha cumplido la Escritura, que han sido definitivamente hechas realidad las palabras del citado Poema del Siervo doliente: “Quiso Yavé quebrantarlo con padecimientos” (Is 53,10). El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. Y a la vez ésta ha entrado en una dimensión completamente nueva y en un orden nuevo: ha sido unida al amor, a aquel amor del que Cristo hablaba a Nicodemo, a aquel amor que crea el bien, sacándolo incluso del mal, sacándolo por medio del sufrimiento, así como el bien supremo de la redención del mundo ha sido sacado de la cruz de Cristo, y de ella toma constantemente su arranque. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua viva (cf. Io 7,37-38). En ella debemos plantearnos también el interrogante sobre el sentido del sufrimiento, y leer hasta el final la respuesta a tal interrogante».

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27 ene 2008

Liturgia romana tradicional y Liturgias orientales





V/. Sancta María, Stella Orientis.
R/. Ora pro nobis.



V/. Santa María, Estrella de Oriente.

R/. Ruega por nosotros.

Elementos de la Liturgia romana de San Pío V cercanos a las Liturgias orientales

Para recordar los elementos de sólo una de ellas, la Liturgia bizantina, piénsese en:

1º. Las elocuentísimas, instantes y reiteradas oraciones penitenciales.
2º. Los ritos solemnes con los que el sacerdote y el diácono revisten sus ornamentos.
3º. La preparación de las ofrendas en la proscomidia, que ella misma constituye ya de suyo un rito aparte.
4º. La presencia constante en las oraciones y hasta en las ofrendas de la Bienaventurada Virgen María, de los Santos, de la jerarquía angélica (que en la Entrada con el Evangelio es evocada realmente como concelebrante en forma invisible y cuya representación asume la schola cantorum en el Cherubicon).
5º. La iconostasis, por la cual se separan netamente el santuario del templo, el clero del pueblo.
6º. La consagración a ocultas, que es un símbolo del Misterio del Dios Invisible, al que alude también toda la Liturgia.
7º. La ubicación del sacerdote celebrante, que está de pie vuelto hacia Dios y nunca cara al pueblo.
8º. La Comunión administrada siempre sólo por el sacerdote.
9º. Los frecuentes y profundos signos de adoración exhibidos ante las Sagradas Especies.
10º. La actitud verdaderamente contemplativa del pueblo.

Y estas liturgias, también en las formas que implican menor solemnidad, se prolongan por más de una hora, y las frecuentes definiciones (como “tremenda e inenarrable liturgia”; “tremendos, celestes y nutricios misterios”), que allí se encuentran, manifiestan con suficiente claridad la dicha mentalidad.

Nótese finalmente que en la divina Liturgia, sea en la de San Juan Crisóstomo como en la de San Basilio, aparece claramente que el término “cena” o “convivio” está subordinado al de “sacrificio”, de igual modo como está en la Misa romana de San Pío V.

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2 ene 2008

Política internacional y política universal de España



Autor: Pablo Antonio Cuadra Cardenal
Revista: Revista de Estudios Políticos
Número: Número 009. Enero - Agosto. 1943 (págs. 161-166)


Política internacional y política universal de España



I



Aunque nicaragüense, la presencia de España en mi sangre y en mis pensamientos, y la razón de Imperio que mueve mis anhelos, dan suficiente excusa a estas líneas sobre la política exterior de España, la cual, desde el momento en que cruzó el Atlántico e hizo posible una Hispanidad —gracias a la Espada y a la Cruz de nuestros antepasados—, no se pertenece ni puede circunscribirse a un “nacionalismo” fronterizo, porque tenemos tanto interés en ella los que hace cuatrocientos años la llevamos a través del mundo para imponerla, como los que, durante esos siglos, se quedaron aquí para guardarla. Interés que manifestamos —con nuestro dolor, nuestra angustia y nuestra pasión— cuando los que debían guardarla la perdieron, y cuando, perdida, la rescataron. Interés que sigue y aumenta cuando, ya libre, unos y otros la queremos colocar donde la Historia obliga: en la jefatura del mundo. A la cabeza de la política universal.


Es prehistórico para España hablar de política internacional. España, cuando ha vivido conforme a España, cuando ha hecho historia, nunca ha tenido una política “internacional”. La relojería de precisar normas para una Europa hecha piezas, el reajuste mecánico de ideales parcializados y egoístas, la locura de los “nacionalismos” (partidos monstruos para las babélicas Cortes de Ginebra) no fue nunca tema español. El tema de la Historia de España es la unidad. Y por ello, cuando la política de España trasciende, es política universal.

Todo el movimiento del alma y de la vida de España tiende a converger en ese vértice apasionado de la unidad. Hable San Leandro junto al esplendor cristiano de Recaredo. Brille la Espada, casi Cruz, de San Fernando. Digan, las Partidas su literatura para partir hacia el Imperio. Y allí donde avanzan sobre campos sangrientos o sobre páginas blancas Espadas o plumas, allí también avanza la Historia hasta, por fin, cerrarse —en el nombre de Santiago— en las puertas de Granada. Isabel y Fernando realizan la universalidad de España. Y tras de ellos, la cesárea monarquía de los Austrias la hará trascender hacia Europa y hacia América. Flandes o Leyes de Indias. Lucha católica, apostólica y romana.

Viendo terminarse la Edad Media, Carlos y Felipe hacen el empuje titánico de convertirla en “edad entera”. Salvar en su unidad católica a Europa, y con la Europa universal verificar la del mundo, ya completo y redondeado por la gracia cristiana de sus vasallos. Pero fue vencida la acción —que no la pasión— de España. Y con los trozos de aquella universalidad quebrada se quiso reconstruir Europa en mapas de colores y discursos democráticos. Vino el dominio de lo internacional, que tenía que llevar al dominio de la Internacional. El ansia de una “comunidad” desechando el único lazo de unidad, que es el espíritu, tenía que producir el comunismo, que es el franco anhelo de comunión por la materia. Fueron dos siglos de lento raciocinio histórico hacia el desenlace fatal. Hasta que otra vez la conciencia universal de España se levantó a dar la última y decisiva batalla a lo internacional (Ginebra) y a la Internacional (Rusia).

Este es el momento en que toda la Hispanidad recobrada —sacudida por los clarines peninsulares— vuelve sus ojos a la España redentora. Y lo primero que ve es un nacionalismo que apenas logra su cometido se rompe en Imperio. Y lo primero que escucha es una orden de “neutralidad” en el preciso instante en que lo internacional hace sus últimos destrozos, sus últimos esfuerzos caóticos, agónicos, por lograr inútilmente la unidad perdida. Es decir: la Hispanidad toda ha encontrado a España en su puesto en la Historia. Dueña de la unidad. En vísperas de trascender, de imponer por el Imperio su misión, universal al mundo.

II

¿Cuál es esa misión, esa política universal de España?

Tomemos su posición en los paralelos y meridianos del espíritu y de la geografía, y de tal posición desprenderemos su política.

España no es contemporánea al mundo actual. Se ha adelantado,
con una guerra por el espíritu, a otra edad nueva —¡nueva Edad Media!—, a la cual el resto del mundo, que camina tropezándose consigo mismo en un fangal de materialismo y herejía, no ha llegado aún. España, madrugadora y profética, se echó a la guerra de Dios adelantando el reloj de la Historia. Precipitó el “amanecer” de la Cristiandad, mientras el resto, de Europa todavía anda en las tinieblas nocturnas de su pecado contra las unidad.

A esa su posición de “adelantada” en las rutas de la Historia agreguemos su posición imperial en los caminos del espíritu. España es la única nación en el universo que, a una voz de su genialidad y de su sangre, puede escuchar ecos más allá de los mares procelosos del Oriente o al otro lado —azul y latino— del Atlántico. La única que tiene una misma lengua para perforar el horizonte de veinte naciones en América y de un verde archipiélago en el Asia. La única que puede lograr en haz doscientos millones de labios en una sola oración, hacia un solo Dios verdadero. La única que tiene medio mundo por base para elevar el nuevo monumento de la unidad católica universal. ¡Nadie como ella podrá ofrecer mejores garantías imperiales, ni a los designios de Dios ni a la buena voluntad de los hombres moradores de la Cristiandad!

Y a esa su posición rectora en el imperio universal del espíritu, todavía añadamos su lugar europeo, su posición geográfica capital y decisiva. Ella misma es la válvula del corazón del mundo: el Mediterráneo. En ella se explica, se ata y se desata la circulación del mar. Ella fue el impulso —¡y lo es todavía, corazón enfermo por una decadencia que termina!— de la sangre pura, cristiana y arterial del Atlántico, y a ella llega, en busca incesante de misión, de oxígeno católico y evangélico, la sangre venosa, congestionada de paganismos, de los mares asiáticos.

Centro del mundo: España. Capital y vértice de todas las inquietudes de unidad y de paz, ella es la única que puede levantar una fuerza mundial, dominadora, capaz de enderezar la historia universal. Ella heredó ese destino de Roma, quebrada su historia por la obra de Cristo, dejó para sí la universalidad de la Cruz, encargando a España su imperio y su defensa, o sea: la universalidad de su Espada.

III

Colocada en tal sitio, destinada a tan alta jerarquía, ya vemos cómo España no puede pertenecer —en la actualidad internacionalista— a ningún “eje” de naciones, porque ella es, espiritual y geográficamente, el eje mismo del mundo cristiano. No puede tomar bando ni partido en la política internacional, porque ella es cabeza fiel de unidad en la balanza de la Historia. La encargada y la única posibilitada para darle al internacionalismo la unidad esencial que ha de convertirlo en Ecumenicidad.

Por otra parte, si España se adelantó a la Historia para que la Historia la espere, es decir, para que el mundo cristiano confíe todas sus esperanzas en ella, y si precisamente las esperanzas del mundo nacen porque ella dio la batalla del espíritu, mientras el resto de las naciones, en laberinto de matanza, se desgarran por la carne, por la concupiscencia y por la materia, señal es que su labor imperial vuelve a ser cristiana y cristianizadora. Que Lepanto aún proyecta sobre el porvenir una obligación misionera. Que El Escorial todavía vigila, centinela del Vaticano, por la divina política de Roma. La esencia, pues, de la política interna y externa de España es la catolicidad. España levantó las banderas de su Cruzada para encontrar a Dios en España. No puede levantar las banderas de su Imperio para buscar otra cosa en el exterior.

Y definido así su “ser”, fácil es descubrir su “hacer”, su quehacer universal.

Su Imperio existe. Está sobre el mapa solamente dormido, esperando la voz de resurrección. Por tanto, su labor de conquista, su labor imperial, no puede rebajarse a imperialismo. Su labor de conquista, como antes dije, es la unidad. Y esta unidad imperial, lógicamente, sólo puede y debe lograrse —por esfuerzo del espíritu— en las tierras que responden por historia a la misma misión universal. En América y en las Filipinas. ¡La fuerza del Imperio, que todos en comunidad necesitamos para cumplir el mismo destino ecuménico, está en manos de España! Su labor conquistadora es darnos, como madre y misionera, la lección de espiritualidad que ha de enlazamos dentro de la libertad de un poderío capaz de imponer al mundo su nueva ruta católica. España necesita de América para punto de apoyo en la gran empresa a todos asignada. América necesita de España para alcanzar a Europa en su anhelo, también imperial, de universalidad. Son todas Las Españas las que, sintiendo el mismo soplo vasto y poderoso de su Historia y de su sangre comunes, necesitan reforzarse en esa unión, en esa unidad que, basada en el espíritu, en una labor de espíritu tiene también que rebalsar.

Obligada está España, pues, a no dejar que la brújula de su Imperio decline hacia imperialismos que quebrarían el rumbo de su destino, haciéndola entrar en una nueva decadencia. Pero mientras por una labor lenta e intensa de expansión espiritual produce esta consolación imperial de toda la Hispanidad, su posición geográfica le ordena, por capital y decisiva, a que su neutralidad sea una “neutralidad en acecho”, un apartarse digno de la internacional, pero un vigilar tenso y constante sobre lo universal. En otras palabras, España está obligada a utilizar esa reserva actual para acrecentar su poderío, necesario para el futuro del mundo. Su neutralidad no es “un volver las espaldas”, sino “un estar alerta” para aprovechar todas las circunstancias del derrumbe de lo internacional en beneficio de su grandeza y de su fuerza como potencia. Sea cual sea la solución de esta guerra. Europa está liquidando en ella toda una edad podrida. Quizá estemos ya en el cruce violento de dos épocas. Y la nueva que ha de abrirse, bajo nuevas amenazas, bajo nuevas formas cansadas de la anti-Europa, esa nueva edad, a quien ha de pedir la solución de su angustia naciente, es a quien la tiene y a quien puede dársela. A España, cuya obligación es la de estar firme sobre su geografía decisiva, y la de contar con el respaldo imperial de toda Hispanidad reconstruida.

España, pues, sólo tiene dos caminos —que se juntan y llevan al mismo destino— en su política exterior, en su política universal. Esperar el momento universal de Europa fortaleciendo, en una neutralidad alerta, su potencialidad nacional, destacándose cada vez más, haciéndose cada vez más necesaria, hasta adueñarse de la última palabra en la solución de la nueva edad que se abre. Y para fuerza de este quehacer, para auxilio en esta empresa, para base de la cristianización del mundo que le encarga Roma, tomar la dirección espiritual en la reconstrucción del Imperio de la Hispanidad, dándole a esa Hispanidad una empresa que la unifique: La empresa de la Espada al servicio de la Cruz.

PABLO ANTONIO CUADRA.

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Don Pablo Antonio Cuadra nació y murió en Managua, Nicaragua.
* 4 de noviembre de 1912 + 2 de enero de 2002

Requiem Æternam

Réquiem aetérnam dona eis, Dómine,
et lux perpétua lúceat eis.

Requiéscant in pace. Amen

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